
Como cada año en la ciudad de Huamantla, en el estado de Tlaxcala, se llevó a cabo la tradicional “Corrida de las luces”. Noche en la que aficionados provenientes de distintos puntos de la República se reúnen para ser testigos de un festejo con una magia muy particular; magia que se estaba viviendo, hasta que saltó al ruedo el primer toro de la noche…
Por: Montse Pulido.
Uriel Moreno “El Zapata”, Alejandro Amaya y Arturo Macías “El Cejas” fueron los tres espadas anunciados para lidiar seis toros de José María Arturo Huerta en esta edición de la Corrida de las Luces, que además tuvo la peculiaridad de ser, por primera vez, una corrida goyesca.
Al son de “Silverio Pérez”, y siendo casi las ocho de la noche, la Banda de Música que se encontraba en el ruedo se despidió de los aficionados que se deleitaron con el sonido de los pasodobles previos al festejo. Además, dieron paso a un coro de niños, señal inequívoca de que el paseíllo precedente a la corrida de toros, y encabezado por la imagen de la Virgen de la Caridad, estaba por comenzar.
Es éste paseíllo, que se realiza con la plaza iluminada sólo por las velas que sostienen los aficionados en sus manos, y el breve acto litúrgico a cargo del obispo de Tlaxcala que se realiza antes del festejo, lo que convierte a la llamada “Corrida de las Luces” en un festejo muy especial y único en el país. Razón por la cual, este año, ha sido declarado Patrimonio Cultural de Huamantla.
Una vez concluido el acto religioso, los matadores realizaron el paseíllo e inició formalmente la corrida.
El primero en saltar al ruedo fue “Viajero” para el Zapata, quien le recibe con una larga cambiada de rodillas, emocionando al tendido tanto con la capa como con las banderillas. A pesar de haber ido bien al caballo, en la faena el toro desarrolla un comportamiento incierto, se queda corto y por momentos parece tener malas ideas; Uriel no logra redondear la faena, se tira a matar: pinchazo en el primer viaje y culmina con una estocada defectuosa. Ovación.
En su segundo, Zapata se encuentra con el mejor toro del encierro; bravo de fondo, codicioso, con juego y transmisión. Inicia bien su quehacer con la capa, intenta poner los tres pares de banderillas al hilo sin lograrlo con el tercer par y, desgraciadamente, el diestro no logra entender al toro. Pincha en dos ocasiones y da muerte al toro en un tercer intento, tras escuchar el primer aviso. Pitos.
Pide el Zapata un toro de regalo, el sobrero de Mar de Nubes resulta ser un toro sin juego ni casta y digno para el olvido.
Llega el turno de Alejandro Amaya con el segundo astado de la noche, un toro descastado y manso que al igual que el primero del festejo dejó ver desde el inicio un comportamiento nada predecible. El astado es excesivamente castigado en el caballo y a pesar de ello, Amaya logra meterlo en la muleta y regalar al tendido un par de buenas tandas toreando en redondo y muy templado. El esfuerzo, sin embargo, se ve frustrado con el estoque. Palmas.
En el quinto de la noche, Amaya se enfrenta a un toro sin juego y a pesar de un par de pases de buena calidad no logra conectar con el tendido. Amaya tiene gran dificultad para matar a este ejemplar de José María Arturo Huerta y tras cuatro pinchazos, una estocada tendida y el descabello termina su labor con bronca.
El tercero de la noche fue para Arturo Macías, un toro más alegre que sus hermanos y que demostró bravura en el caballo en donde también fue demasiado castigado. A su salida “El Cejas” lo recibe con una larga de rodillas y continúa la brega con un par de chicuelinas. Para iniciar el tercio de muleta, lo hace en los medios con un péndulo y el resto de la faena está llena de detalles arriesgados, innecesarios y muy poco toreros pero que logran despertar el ánimo de la afición. Tras una estocada defectuosa, la petición de oreja es mayoritaria y se concede; continuaba la petición y el juez decide entregarle dos orejas. La entrega de estos premios provoca división en el tendido.
En el último de la lidia ordinaria, Macías hace frente a un astado sin juego en la faena; quizá, una vez más, por el duro castigo en el caballo. No hay un plan en la faena, hace lo poco que puede y abrevia para colocar una buena estocada que recibe palmas.
SOL: El lleno total de una plaza que presenció un festejo bien organizado y que es ya emblema de la ciudad de Huamantla. También es de destacar los detalles de Alejandro Amaya, que aunque breves, fueron muy toreros.
SOMBRA: Una de los problemas más graves que vive la fiesta en nuestro país es la falta de bravura y trapío en los ejemplares que se lidian en las Plazas de toros, el de ayer no ha sido la excepción; salvo el segundo y el cuarto. El encierro fue muy chico, y creo que en esta ocasión los toreros también. Espero que para el año siguiente podamos disfrutar de un cartel diferente, que apueste por la juventud y que refresque un festejo tan tradicional y mágico como lo es éste.
RESUMEN: ¿Cuántos olés sentidos esta noche? Dos: el primero en una tanda de Alejandro Amaya y el segundo… por la Virgen de la Caridad. Olé!



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