Los victorinos y el salario del miedo.

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Por Carlos Ilián. Madrid

A la gente se le había olvidado, o simplemente no conocía, como es una corrida de Victorino en la versión que fundó la leyenda. Hablo de la fiereza, el sentido y la artera embestida rebañando para buscar las femorales. Y ayer salió una de esas corridas que nos retrotraen a los finales de los 60 y primeros 70 cuando decir Victorino era decir salario del miedo.

Ese miedo sacudió ayer la plaza. Sin embargo la gente pedía derechazos y naturales como si aquello fuera una de Garcigrande. El quinto, por ejemplo, que correspondió a Ferrera, se comía, literalmente, la muleta con la que el torero intentaba domeñar por bajo aquella embestida. Un toro que ya herido de muerte por un bajonazo tuvo fiereza para cornear con saña al banderillero Manolo Rubio que intentaba apuntillarlo.

El sexto era blandito pero un canalla de tomo y lomo con el que Aguilar pasó un calvario. El mismo que padeció con el tercero, este el toro más importante de la corrida al que le faltó, al menos, un par de puyazos más. Toro inmenso en todo. Uceda Leal salió a pegar pases y allí lo que procedía era un pugilato, aunque su segundo resultó el más apagado y sosaina.

En todo caso ayer Victorino ganó por goleada. La gente valoró mucho más el peligro que el miedo. Y el peligro pregonado lo ejerció la corrida. El miedo lo padeció la terna. Y es que salir a matar una de Victorino es como comenzar un partido de fútbol con dos goles en contra.

Leer mas: http://www.marca.com/2014/06/06/toros/san_isidro/1402086219.html

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