El día en que el currismo ganó al Cordobés.

 El Faraón de Camas, Curro Romero. ELMUNDO.es
El Faraón de Camas, Curro Romero. ELMUNDO.es

Por Francis Marmol.

Hubo una Feria en que Málaga entera se afilió al currismo. Resultaba muy difícil conseguirlo en aquellos días donde Manuel Benítez El Cordobés era el que mandaba en la fiesta y en los televisores. Estaba aún muy fresca su confirmación en Las Ventas del 20 de mayo de 1964. Una fecha marcada no sólo en la historia de la tauromaquia sino también en la de un país donde a los donnadies se les tenían pocas puertas abiertas. El Huracán Benítez simbolizaba la historia del penúltimo romántico, un joven lumpen que a fuerza de arrojo consiguió encaramarse al éxito.

Aquella tarde en el coso madrileño, el torero de Palma Río casi hace honor a la famosa sentencia que le lanzó a su hermana: «O te compro una casa o te visto de luto», porque el mediático matador salió camino de la enfermería y con muy mal pronóstico. Aún así y de manera inaudita, sin matar su toro, recibió un trofeo. Ese era el torero que tenía a toda España convencida de que el valor y la fiereza eran suficientes para escalar en la vida, el mismo que poco tiempo después de aquel infortunio, de aquel día señalado, en el que mantuvo el pulso de un país parado, disparando las ventas de teles, le tocó volver a Las Ventas y abrir por primera vez su puerta grande. Genio y figura.

Ese era el tiempo y el mismo año de hace medio siglo en el que los cronistas taurinos se negaban, los más valientes, a negarle la torería a aquel hombre cargado de circo pero innegablemente de mucho, mucho valor, y dueño de una gran muñeca izquierda. En aquellos tiempos estaba revolucionando la escena para romper el cuadro de El verano peligroso de Ernest Hemingway, la novela que reflejó la época dorada de los duelos entre Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez, que cristalizó en uno de los mejores manos a mano sobre la arena en una tarde de toros de 1959 en la misma Plaza de La Malagueta. Diez orejas, cuatro rabos y tres patas fue el balance de aquel clamor.

Pulsos entre grandes del toreo

En este mismo coso, llamado a ser testigo de grandes tardes épicas y pulsos entre grandes del toreo, se propició en 1914 otra tarde gloriosa. En aquella ocasión estaban llamados a compartir cartel Belmonte y Joselito, fue un 28 de febrero de 1914, con reses de Murube. Se trató del primero de los manos a mano en los que participaron hasta la prematura muerte del primero en la plaza de toros de Talavera de la Reina en 1920. El pasado 20 de abril se recreó este centenario con una corrida de El Juli y Morante en el mismo recinto costasoleño.

Casualidades de las efemérides, que parece que por estos lares buscan cifras redondas, medio siglo después, en 1964, un 7 de agosto, en la corrida de la Beneficencia se dio otro cartel de torería indiscutible. Estaba en la terna, el fenómeno Benítez junto a El Litri, en voga por aquellos entonces con sus litrazos y un tercero en discordia que no era precisamente sinónimo de éxito asegurado como Curro Romero. Al parecer a los aficionados aquella desproporción de figuras les llamó tanto la atención que la corrida pasó a denominarse coloquialmente como La corrida del bocadillo, por cómo se iban a merendar El Cordobés y Manuel Báez El Litri a aquel aceituno gitano sevillano que ni siquiera entonces había protagonizado su antológica espantada y después gloriosa tarde madrileña de 1967.

Pues bien, la sorpresa saltó en el coso malacitano y allí empezó a fraguarse la leyenda del penúltimo torero artista; el Faraón de Camas. Una legión de espectadores se alistó entonces a su cruzada. Y es que la tarde no pintaba muy bien para sus pintureras formas porque el graderío estaba más por el espectáculo de riesgo que podrían plantear sus dos contrincantes de la tarde. Las entradas habían volado en taquilla, debido a la actualidad de las dos figuras y en la reventa llegó a pagarse un ticket de 300 pesetas en tendido a 900 pesetas. Un fortunón de la época.

Dos orejas y un rabo

Curro Romero, según narra la crónica de ABC, «escuchó una ovación al torear de capa a su primero. Realizó una faena artística, pinturera y templada, con pases por bajo, naturales mandones ligados con el de pecho, redondos y más naturales entre ovaciones». De aquí sacó una vuelta al ruedo y una oreja. Pero el derroche y el comienzo de una corriente filosófica la propició en su segundo toro. «Igualmente ovacionado en verónicas. Gran faena de muleta, en la que, con arte, temple y mando, instrumentó pases por alto, varias series de redondos, dos de naturales ligados con el de pecho, molinetes y adornos, todo ello ovacionado». Incluso con un pinchazo previo a una estocada definitiva, su creativa faena le valió dos orejas y un rabo.

Sus compañeros de cartel tampoco estuvieron del todo mal aquella tarde de hace medio siglo, en la que el currismo comenzó a tener argumentos de peso frente al tremendismo del Cordobés. El Litri le sacó tres orejas a la tarde y el rubio diestro de Palma del Río, dos y un rabo.

Todos salieron a hombros pero estos dos, sorprendentemente, por debajo de la recaudación de trofeos de aquel torerillo de Camas que había terminado por comerse la mayor parte del bocadillo. Era uno de los prólogos de otra leyenda del toreo que por caprichos del destino había elegido escribirse en la arena de aquella Feria de Málaga de 1964.

Hace justo medio siglo.

Via:http://www.elmundo.es/andalucia/2014/08/15/53ee4564268e3efe0a8b4580.html

 

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