Sebastián Castella con “Guadalupano” de Teófilo Gómez y el Inconcluso Misterio Guadalupano.

Desesperadamente los asistentes elevaban una plegaria para tener alegría en día tan señalado. La alegría llegó al echar mano del ya chocante regalo tras nueva derrota de la comodidad ganadera y toreril. No sé que se requiera. Ganaderos y toreros buscan la “calidad” -bobería y nobleza- caminando al ineludible patíbulo.

“Elegidos para la gloria” Sebastián Castella y “Guadalupano” (FOTO: Puntillero)

La crónica de aquella tarde publicada en nuestro sitio un ya lejano 14 de diciembre del 2010:

Por: Luis Eduardo Maya – De SOL Y SOMBRA.

Sobradamente la esperada “Corrida Guadalupana” parecía al comenzar la lidia del sexto toro con hundir el barco de la ilusión. Un toro de “Los Encinos” alto y veleto, se estrelló en el burladero de matadores cuando daba la impresión que podría funcionar. Arturo Saldívar supo que la causa estaba perdida y pasaporto al burel sin mayor trámite.

Quedó gafado el encierro.

A ese punto, la corrida, al culminar su parte ordinaria, engrosaba la ya eterna lista de corridas de decepción en la Plaza México. Principalmente, debido a la pésima elección ganadera. Un encierro parchado, nada impresionante de presencia y todo lo desesperante de flojedad y mansedumbre.

Así, la confirmación tan esperada del joven valor hidrocálido (tengo el acta de nacimiento por si se requiere) quedó en una labor de enfermero ante el acochinado primero, noble y pastueño. Un inicio torero y con sabor a dos manos por alto alentó la esperanza. Ahí, la falta de fuerza hizo quedarse al toro a la mitad del pase, mientras su falta de fondo le impidió crecer.

Saldívar demoró en encontrar distancia hasta una tanda por el lado izquierdo rematada con afarolado y hondo pase de pecho. Ahí parecía que el trasteo enganchado podría despegar.

Pero a las buenas maneras del toreo hizo falta una voz sugerente de atacar poco y dejar espacio, despacio, entre tanda y tanda. Un consejo de no abandonar el terreno que comprende unos pasos más allá de la raya ni derivar en penduleantes cercanías. Con el trasteo a la baja el confirmante acertó con una estocada caída y trasera, entera sí, que fue juzgada con mucha benevolencia en la oreja. A pesar de ello será un gusto volverle a ver torear.

A partir de entonces la baja fortaleza y bravura condicionó el festejo.

Carece de todo interés que un diestro como Sebastián Castella trastee al inválido segundo que se echó a la arena, aún el pase sea largo y templado. Cuando el toro se cae se cae la fiesta. El espadazo defectuoso estrelló la ilusión del respetable. Lo mismo con el anovillado y terriblemente manso cuarto que fue imposible, a tal grado que Castella regaló de último minuto un toro que ya analizaremos.

José Luis Angelino a su primero da todas las ventajas en banderillas apostándole a su entrega posterior.

Los toros sin fondo son malagradecidos.

Apostó a favor y el toro contestó al tirar siempre para atrás hasta en su muerte. El quinto “Misterio” fue un enigma. En tipo santacolomeño, muy chico, de salida volteó a Angelino en terrible y milagrosa escena. Luego el torero remontó tras el puyazo discreto pero soberbio en su técnica de Domingo López “Zotoluco” El toro galopó en banderillas y apretó la salida hacía tablas en emocionante segundo tercio.

Al toro, golpe a golpe, Angelino lo fue cincelando perdiendo pasos, cierto, pero ganando en temple delante de un enemigo tobillero y cabeceante. Lo grande vino con la derecha al tapar más allá de la raya y llevar largo. La faena, que brindó al piquero que se retiraba, creció cuando le dejaba la muleta en la cara. Cambió el terreno y la faena bajó. No fue suficiente la estocada que cobró, la de la tarde, juzgaron a Angelino distinto a Saldívar obviando la estocada del confirmante.

Quedó en saludos tras petición la actuación del Tlaxcalteca previo a la clamorosa vuelta de “Zotoluco” el gran varilarguero tlaxcalteca que partió emocionadamente.

La noche caía y el milagro no aparecía.

Cuando al morir el sexto se anunció a Teófilo Gómez era evidente que el séptimo cajón tenía un letrero de “Reservado”

Empecemos por el principio. Cárdeno claro, ojalado lomitendido y bajo, muy chico para la Plaza México. Algo montado de cuerna y paliabierto. Media tonelada de peso y un trapío nada impresionante. No nos olvidemos que no estamos en una tienta sino en una Plaza.

Salida recta que recoge Castella para lancear con temple y gusto ganando pasos y dejando media torera tras las rayas. En la suerte de varas Doblado picó arriba con mucha justeza, apenas sangró. Pensar en un segundo puyazo, imposible.

Desmonterado el torero la lidia recayó en el capote de Javier Ambel y en las banderillas de Castañeda y Aragón. El peón español dio la espalda a los tableros y lidió ayudando, muy a favor del toro, levantando la mano de salida para no derrumbar en dos buenos capotazos. El toro pasó suavemente y con recorrido, sin ser exigido por abajo. Tras complementar el tercio, decidido, Castella avanzó a su encuentro con la eternidad previo brindis a la multitud.

El concebido péndulo inicial mostró la aptitud del toro a arrancarse de largo y tras el compendio de derechazos y naturales, secos y bien logrados al principio, se intercalaron uno por uno sedosamente hasta romper en giros martinistas y perfectos pases de pecho con la izquierda.

Lo sensacional de los cambios de mano para iniciar o finalizar la tanda, alumbraban el oscuro sendero de la noche y el temple permitió que un toro con recorrido, con más nobleza y menos bravura, caminara por la muleta. Inteligentemente Castella, sin exigir al toro, le llevó perfectamente a su aire.

Un aire milagroso, ante tan poca historia de la tarde. Un aire de impronta verticalísima en los derechazos y el circular invertido en un terreno impensable. Como al levantar la tela, con torería y mando suficiente para no ahogar al toro y con ello desahogar la emoción del público que jaleaba la gran faena.

Castella entendió que a la nobleza se le contesta con tersura y por eso los naturales, rotos y de cintura abandonada, trazaron el arco clásico aunado a su acento moderno que puso las cosas al límite del arte, la conmoción total de sus asistentes.

Pero el misterio es desentrañar el sentido del sacrificio de un animal. Al toro de vacas no se le ayuda o alivia, se le exige. Más que de vacas fue de vacunas, inyección de aliento al público. Castella cambió la gloria por el camino fácil al obviar la suerte suprema. Lo buscó haciendo caso, lo cuenta quien lo oyó, a su mozo de espadas, perdonó la vida a un noble, menos bravo, toro.

La historia, que no admite pretextos, ahorró escribir su nombre en letras de oro. Cambió la personalísima creación por la triste comparsa y por ello los cojines esta vez no le incomodaron.

Situado al borde del abismo, matar o morir en la medianía, tomó la fácil y lo hizo con molinetes y toreo sensacional al paso, demostrando que la obra merecía rúbrica e ignorando que la vida humana se reafirma en la estocada, abismo de gloria o fracaso. Castella no fracasó, cierto, ya sonaba indebidamente la música.

Lo que empezó en liturgia acabó en pachanga, cojines y música incluidos.

El misterio guadalupano quedó inconcluso. Su pontífice renunció a coronar el ritual tras su casi celestial oficio. Indultar a un toro bravo no es un pecado, indultar la gloria mediante un toro noble sí. En el arte del toreo como en los milagros no se duda, no se polemiza.

Los milagros no se dan seguido y quizá la duda que invadió a Castella nos deja en entrever que los enigmas son inescrutables y que al final tener ese “misterio y decirlo…” incluye también el enigma más oculto del torear: el encuentro con la muerte.

Obviarlo mediante la martingala del indulto nos deja claro que preponderamos lo bonito sobre lo hermoso y la nobleza sobre la bravura.

Afortunadamente, en medio de tonos grises, siguió vivo el milagro del toreo.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2010-2011. Diciembre 12. Sexta de Derecho de Apartado. Más de un tercio de entrada en tarde fría sin viento. Corrida Guadalupana.

7 Toros, 3 de Los Encinos (4, 5 y 6) (Divisa Azul, verde y rosa) y 4, 1 de regalo (séptimo) de Teófilo Gómez (4, 5, 6) (Divisa Celeste, plomo y blanco) Terciados, flojos y mansos. El tercero absolutamente manso, el sexto se despitorró al inicial el último tercio. El séptimo “Guadalupano” fue indultado en medio del jolgorio, inmerecidamente. 

Sebastián Castella (Perla y azabache) Saludos, silencio y Gran Ovación en el de regalo que indultó. Salió a hombros. José Luis Angelino (Espuma de mar y oro) Silencio y ovación con saludos tras petición. Arturo Saldívar (Blanco y oro) Que confirmó su alternativa. Oreja con leves protesta y Silencio.

Destacaron Javier Ambel a la brega Luis Castañeda en banderillas. José Doblado y Domingo López “Zotoluco” al picar al séptimo y al quinto respectivamente. En emocionada escena “Zotoluco” se despidió de la profesión tras cincuenta años de ejercicio en tremenda y emotiva vuelta al ruedo.

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