¿La Fiesta en Paz? Perera, una cuestión de dignidad.

En su portal taurino obispoyazabache.blogspot.mx la crítica Luna Turquesa escribió un artículo sin desperdicio acerca de la doble moral torera de los ases importados –el toro en su país y donde lo sepan imponer, y el novillón descastado en México, el país taurino más tonto del mundo– que con su autorización comparto con el lector, aunque no falte quien crea que así se le hace daño a la fiesta, hoy más dañada que nunca por sus falsos promotores.

“Cuando se es una figura del nivel de Miguel Ángel Perera –se arranca Luna Turquesa—, uno supondría que el que parte el queso a la hora de las decisiones es él, no la empresa, no el ganadero. Ora que si en efecto es él y su equipo quien toma las decisiones, la cosa se pone peor, porque de ninguna manera debería aceptar los animales que toreó en la quinta corrida de la Plaza México.”

“¿Cuánta dignidad tendrá que perder nuestra plaza, además de la ya perdida?, ¿cuánta dignidad les queda a los toreros que ahí torean, sea quien sea?, ¿realmente sigue siendo una ilusión para los extranjeros venir a la Plaza México? Lamentablemente, ya no aplica el criterio: la Plaza México, la más importante de América. ¿Importante por qué?, ¿qué le da su importancia ahora?, ¿su capacidad?, ¿los tacos que venden afuera?, ¿los aficionados que todo lo soportan? Seguramente si algunos toreros no aceptaran las condiciones de ganado con las que vienen a torear se cerrarían las puertas de esa empresa, pero ellos ganarían en credibilidad y respeto ante la opinión pública, que vale más que las orejas que actualmente se sueltan en el coso de Insurgentes.

“¿Qué necesidad tiene un torero del nivel de Perera de enfrentarse a los ‘toros’ que le tocaron en suerte en la quinta corrida? Voy de acuerdo que a un muchacho en busca de oportunidad no le quede otra opción que apechugar con lo que la empresa quiera echarle que, irónicamente, siempre para los menos placeados son toros con edad.

Pero, ¿Perera? El día que los toreros con renombre se den su lugar y dejen de aceptar semejantes bichos (perdón… toros versión bonsái con cara de párvulos), ese día, las empresas tomarán en serio su papel. Ora que también puede ser que todos estén coludidos, como en nuestro país, donde tristemente autoridades y delincuencia son una misma entidad, y ahí sí es donde ya nos cargó el payasito a todos, incluyendo a la Plaza México, donde las ‘figuras’ torean novillos y los jueces regalan orejas a la menor provocación, unas orejas más devaluadas que señorita haciendo antigüedad en tabledance.

“Y además los toritos de regalo… Ya es inadmisible, pero todo está estudiado y medido. La suerte está echada, cada quien trae su lote de french poodles y con esos hay que salir a hacerles faena porque ya se sabe que la empresa no echará otra cosa, y todos con la mentalidad de que tienen el recurso del toro de regalo. Lo triste también es que ya la mayoría de los toros en México, salen carentes de bravura, carentes de recorrido y, para ‘emocionar’ al público, los toreros no tienen otra opción que ahogarlos. Faenas encimistas que no conmueven a nadie.

“Y algo sumamente preocupante: la pérdida del tercio de varas, tan importante no sólo para la lidia de un toro, sino para el curso de una ganadería. Increíble lo que está sucediendo en México. Si los toreros iniciaran una campaña de restauración no sólo del prestigio de la Plaza México, sino además del propio, la cosa cambiaría, porque ¿qué validez puede tener una faena hecha, por ejemplo, al primer toro de Perera? Ninguna.

La Plaza México se ha convertido en una pachanga, pero lo peor es que nadie pone un alto. ¿Habrá entre las filas de toreros, ganaderos, apoderados, empresarios, uno con la vergüenza y la ética suficiente como para decir: yo así no le entro, e informe al público? ¿Habrá posibilidad de hacer una fiesta paralela, alejada de quienes ahora ostentan el poder? Un poder que si siguen ejerciéndolo así se les acaba en dos temporadas por falta de público. Ora que a lo mejor esa es su intención de fondo, concluye indignada y suspicaz Luna Turquesa.

Confirma lo anterior la importante actuación de Joselito Adame el domingo pasado en la última corrida de la Feria del Señor de los Milagros, en la centenaria cuanto colonizada plaza de Acho, en Lima, que no sólo importa toreros cada año, sino además encierros, como fue el caso de la citada tarde, en que se lidió una señora corrida de toros –no las ratas que sistemáticamente aprueba en la México una autoridad de utilería–, del hierro colombiano de Achury Viejo. Fue un toro con edad, trapío, pitones y fuerza, al que José primero tuvo que someter para luego hacerle una emocionante faena por naturales, concluida dignamente con una estocada recibiendo que el público, emocionado y entregado, premió con las dos orejas.

Y hoy, la inesperada encerrona histórica.

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