Sebastián Castella:”Soy una persona un poco apartada del mundo taurino, aunque pertenezco a él”

Por: María del Mar Barrientos.

El matador de toros de origen francés nos abrió por primera vez las puertas de su finca ubicada en los terrenos andaluces de Sevilla, donde vivió gran parte de su juventud taurina y en la que ahora disfruta de su tiempo repartido entre sus más grandes pasiones, los caballos, su profesión, la de ser torero y sus más grandes amores, sus hijas y su esposa.

De madre polaca y padre español, el francés que se considera solitario y de pocos amigos dejó la escuela y abandonó su casa cuando apenas era un adolescente. ¿El propósito? Convertirse en torero.

Actualmente Castella triunfa en los ruedos y la afición taurina lo respeta enormemente.

¿Hace cuánto tiempo tienes esta finca?

Llevo cinco años. Soy un ganadero joven, apenas estoy empezando con esta gran ilusión que me provoca la ganadería, pero estoy muy feliz.

¿Por qué en Sevilla?

Vengo de un pueblo francés. Cuando salí de mi casa, estuve en muchos lugares, entre ellos, México. Pero en Sevilla viví toda mi juventud taurina, hace más de 15 años tomé la alternativa y desde hace 18 vivo ahí. El día de hoy es mi hogar, donde vivo con mi familia, mis hijas van al colegio y donde tengo mi finca con mi más grande pasión, que son los caballos.

Fotos: Sergio Bejarano y Javier Arroyo 

Platícanos de tu afición por los caballos.

He nacido con ellos y desde que tengo memoria me han gustado. Me fui de mi casa y emprendí el camino hacia el toreo, dejé todo lo relacionado con los caballos, sin embargo, mi padre siempre ha tenido ganado y han criado caballos. Por ello, heredé mi gusto por estos animales. Empecé poco a poco hasta lograr mi finca.

Tengo la oportunidad de tener mis animales ahí y estoy muy agusto con ellos. En cuanto tuve la finca me entró el gusanito de ser ganadero. Ahora, me encuentro muy dedicado a esto.

¿Les dedicas mucho tiempo?

No todo el tiempo que quisiera, pero cada vez que puedo estoy con ellos. Afortunadamente están en la finca, entonces ahí mismo entreno para el toreo, porque no dejo ni un segundo mi profesión.

Sergio Bejarano y Javier Arroyo 

¿En qué momento decidiste ser torero?

Siempre tuve la inquietud. Desde pequeño me gustaba el futbol, pero hubo un acontecimiento que me hizo entender que no era bueno para eso. Un día estaba jugando y el entrenador me dijo que tenía que reunirme un sábado a las dos de la tarde en la parada del autobús. Cuando llegué ya se había ido todo el equipo, entonces supe que no era bueno ni indispensable y que tenía que dejar el camino futbolístico y dedicar mi tiempo a los toros.

Todavía era un niño, tenía sólo 11 años y no era fácil, aunque Francia es un lugar taurino igual que México y España, en mi pueblo no era común dedicarse a esto, ni había juventud aficionada. Era el único chico del pueblo que quería ser torero y todo el mundo me veía raro. A pesar de que entré a una escuela taurina, era difícil convencer a los mayores que verdaderamente esto era a lo que me quería dedicar. Lo tenía muy claro.

Sergio Bejarano y Javier Arroyo 

¿Alguien de tu familia tenía que ver con esto?

Mi familia tenía la afición, mi padre siempre quiso ser torero, pero por muchas razones nunca pudo concretarlo. Mi madre también tenía un gusto por los toros. Les dije que había personas, como yo, que teníamos las cosas muy claras y era cuestión de decisión. Ni me obligaron a ser torero ni me lo prohibieron, me dejaron ser.

Después de decirles todo esto me fui del pueblo. El primer apoderado que tuve me sacó del colegio, que fue una situación bastante difícil porque mis padres se podían oponer, pero no lo hicieron. Por eso digo que ser torero para mí fue un sacrificio tremendo. Dejé mi juventud y mi casa, todo para lograr mi sueño. Y gracias a Dios ha funcionado.

Tienes una mezcla cultural de tu padre y tu madre que conforman tu esencia taurina

Así es, mi madre es polaca y mi padre español. Esta mezcla ha sido muy positiva porque de mi padre tengo la sangre española que es caliente y apasionada; de mi madre, la sangre polaca que es muy fría. Para torear me ha ayudado mucho, ya que es una combinación entre frialdad y pasión.

Sergio Bejarano y Javier Arroyo 

 ¿De ellos heredaste el gusto por los caballos?

Sí. Hasta hace poco que tuve la oportunidad de tener esta finca, fue cuando tuve mis animales y me propuse la opción de tener una yeguada y de ser ganadero. Estoy plenamente dedicado a estoy muy ilusionado, la verdad es que los caballos me traen loco, aprendo muchas cosas. Estoy criando de pura raza española.

¿Cuándo no toreas, qué haces?

Hago muchas cosas, pero la verdad es que uno dedica su vida entera al toro. Son etapas de la vida, por ejemplo, antes no tenía familia y estaba volcado 24 horas al toreo y a la tienta en el campo, etcétera. Hoy en día, sigo estando en eso, pero ahora que tengo pareja y soy padre, busco mucho más tiempo para disfrutar a mi mujer, a mis hijas y mi etapa como ganadero.

Sergio Bejarano y Javier Arroyo 

Ahora tengo más experiencia y la manera de mentalizarme y concentrarme es distinta. Me encanta vivir la vida porque estuve sacrificado mucho tiempo. No sabía lo que era una fiesta, una copa de alcohol. Pero somos seres humanos y necesitamos vivir, así que ahora mismo me encuentro muy centrado, no sólo en mi profesión, sino también en mi familia y vida personal.

¿Cómo es tu forma de ser?, ¿se refleja en el toreo?

Sí, por supuesto. SoS. Esa es mi forma de ser.

¿Tienes amigos toreros?

Soy una persona un poco apartada de este mundo, aunque pertenezco a él. Un buen amigo es el rejoneador Jorge Hernández Gárate, pero, en general, me gusta estar en el campo y disfrutar la soledad.

¿A qué torero admiras?

Manolete es un torero que me impactó muchísimo por su forma de ponerse delante del toro y por su personalidad. A los demás toreros los respeto, pero si me preguntas por el que me haya marcado, sin duda es él.

¿Vives con el miedo constante a la muerte?

El torero es un humano y sí, vivimos con el miedo a la muerte, que se hace parte de nuestra vida. Es algo normal y si no fuera torero me parecería extraño. Es como los pilotos de Fórmula 1, que viven con ese sentir todos los días, porque por una milésima de segundo pueden perder la vida, pero la pasión por hacer lo que les gusta y las ganas de correr coches es más grande que su miedo a la muerte. Para mí el gusto de plantarme frente a un toro ante tantas personas es mayor que mi miedo.

¿Cómo consideras que es la afición francesa, española y mexicana?

No se pueden comparar. Es muy difícil, porque cada país y cada afición tiene una personalidad propia. En Francia, por ejemplo, son muy apasionados, pero no lo demuestran tanto como en México. En España hay un público muy bueno, pero tal vez un poco más serio. De hecho, dentro de México, las plazas son diferentes. No es lo mismo torear en la de Aguascalientes que en la de Texcoco, en la de Guadalajara o en la Monumental.

Es muy difícil tener una respuesta a eso, porque todas las aficiones tienen cosas buenas. Más bien el torero debe acoplarse y seguir con el mismo estilo, tiene que haber “verdad” en el toreo, porque eso se agradece mucho.

¿Tus hijas te van a ver a la plaza?

Sí, mis hijas van a verme. Me gusta y me emociona que estén porque son mi motivación.

Toreaste y triunfaste en el 70 aniversario de la Plaza México.

Así es. México es un país importantísimo para mí. Tuve una infancia taurina difícil que pasé ahí. Fue una experiencia única porque ahí debuté y también ahí conocí a mi mujer, Patricia Vázquez; tengo recuerdos hermosos de la Plaza México y de otras, como las de Guadalajara y Aguascalientes.

Además, la afición es increíble porque tiene mucha pasión. He vivido cosas en la México que pareciera que son de película. Me acuerdo de un aniversario de la plaza en la que me presenté: los toros no estaban bien, debido a esto la gente estaba realmente furiosa, gritaban todo el tiempo. Cuando pensaba que la afición jamás podría cambiar de parecer, en menos de un cuarto de hora fue diferente. Empecé a hacer pases y el público cambió completamente de humor. Además, ese día se hizo realidad uno de los sueños que tuve desde que era pequeño.

¿Cuál era ese sueño?

Cuando era pequeño y novillero, fui a una corrida y la plaza estaba llena. Antes del paseillo siempre escuchaba el eco de la gente diciendo: “ole”. Soñaba con que algún día me gritaran ese “ole” tan potente que sólo se escucha en la Plaza México y que siempre me ha puesto los vellos de punta. Lo conseguí el 5 de febrero del 2010 y en este 2016.  Hasta la fecha ha sido una de las satisfacciones más grandes de mi vida, una sensación que no olvidaré.

Fuente: http://www.rsvponline.mx/perfiles/desde-sevilla-para-mexico-sebastian-castella

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