
Por Xavier Toscano G. de Quevedo
En la vida cotidiana de nuestra sociedad existen situaciones o acontecimientos que se muestran y se refrendan tan habitualmente, que con la suspicacia e ingenio que caracteriza a nuestro pueblo, dan origen para que de ello nazcan en nuestras expresiones los refranes o dicho populares, que son indiscutiblemente auténticas lecciones de vida. Nuestro emblemático Espectáculo Taurino al formar una parte importante de nuestra cultura y costumbres, también tiene sus sentencias o máximas que nacen de su propia esencia, siendo seguramente la más representativa y que define con toda propiedad el fondo de la “Tauromaquia” que dicta: “El Toro pone a cada quien en su lugar”. Es esta la verdad más importante y categórica de lo que acontece en torno a su majestad, El Toro Bravo.
Recordemos que cuando él está presente en cualquier plaza de mundo, sea la más emblemática, hasta la más humilde, sencilla o apartada, marca claramente la diferencia y la verdad de aquellos héroes —léase toreros— que tienen la entrega y el valor para enfrentarlo, ganándose así el respeto y la admiración de los aficionados y el público. Esto así es, pero obviamente me estoy refiriendo únicamente a su majestad el Toro Bravo, el que sale al ruedo con verdadera edad de toro, con la madurez que sólo da el tiempo real —no el fingido ni adulterado—. Con la presencia y el trapío propio de su estirpe y linaje, que lo convierte en uno de los ejemplares más bellos de la creación. Obligatoriamente con su particularidad, fundamental e ineludible que es “La Bravura” esencia básica y vital, que lo diferencia de todos los demás animales de la creación. Este portentoso galán de la naturaleza, con sus características propias e impares, es quien dio origen para que naciera hace más de ocho siglos —¡uf!, qué excelente y extraordinario— este sorprendente, mágico y maravilloso espectáculo que es La Tauromaquia. Que hoy tristemente vemos —ahora sucedió en Madrid el pasado Jueves 2, al finalizar la lidia del segundo toro de Luis Miguel Encabo— cómo continúa ásperamente atacada y perseguida; ¿por qué?
Posiblemente: ¿Será que en los últimos años nuestra fiesta se encuentra frágil y vulnerable? Y esto la está convertido en un blanco apetecible para sus detractores y oportunistas. Y es que en la actualidad el hecho de que va desapareciendo toda la verdad en lo que se hace —y más particularmente en nuestro México— va originando el abandono de los aficionados y público de las plazas, circunstancia de la que se han valido los censuradores que pretender destruirla.
Sí, nuestra fiesta está muy enferma, y al darse cuenta de ello los aficionados, es hoy, mínimo el caso que le hacen, claramente se ve que están cansados de asistir al espectáculo intrascendente y mediocre que les presentan —¿no será que éste es el motivo por el cual NO se animan a abrir sus plazas los empresarios?— Estamos en una situación crítica, es inaplazable y necesario que se dé inmediatamente el tratamiento adecuado, es decir, que regrese su majestad El Toro Bravo: porque “El toro es el único que pone a cada quien en su lugar”.




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