
Por Xavier Toscano G. de Quevedo
¡Hoy qué tiempos de turbulencia! Nada que ver con lo que sucedía en nuestro México hace más de siete décadas, y que extendería su inercia hasta la época de los años sesenta, iniciando después de un paulatino descenso que se convertiría en algo incontenible y galopante a partir de los ochenta, y finalmente catastrófico y fatal nuestro días. Se podría culpar al fantasma de la intolerancia, necedad e incongruencia de los políticos y sus seguidores empeñados en destruir el espectáculo taurino, Sí, mucha culpa tienen, pero toda ésta situación que vivimos en la actualidad, es el cúmulo de la nefasta y perjudicial actuación de los promotores del espectáculo, acompañados por el mediocre y adverso comportamiento de los actores de “la fiestecita” que hoy padecemos en nuestro país.
Y con este panorama tan caótico e incoherente, hay quienes siguen pensando que son “figuras” (¿?) ¿Estarán equivocados? ¡Sólo ellos! La trascendencia de ser una “verdadera figura” en la vida, siempre lo he sostenido, es privilegio de muy pocos, son únicamente los que tienen la virtud de ser y ostentarse más allá, de lo que lograrían los mejores representantes en cualesquier manifestación de las bellas artes.
Ahora bien, deberíamos recordar que en nuestra mágica Fiesta Brava se cuentan con los dedos de las manos los mitos, o para ser más concretos los que han sido “figuras”, es decir los que alcanzaron el escalafón óptimo de una auténtica jerarquía y autoridad en el toreo.
Siempre serán únicamente, los que han contribuido con su intuición y talento, al desarrollo de nuestra fiesta, debiendo recordar a Pedro Romero, Francisco Montes “Paquiro”, Juan Belmonte, Joselito “El Gallo”, “El Indio Grande” Rodolfo Gaona. Y en la “Época de Oro” a Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, Fermín Espinosa Saucedo “Armillita”, Silverio Pérez y Lorenzo Garza.
Sin embargo después de ellos, sí han surgido más toreros continuadores de la historia, y que ostentan el sello reservado a los elegidos; como el controversial Manuel Benítez “El Cordobés”, Paco Camino y la última figura de nuestra fiesta en México, Manolo Martínez después de él nadie, definitivamente ninguno más en nuestro país, quizás tuvo posibilidades Valente Arellano, pero estas quedaron truncadas por la tragedia. Hoy en día, nada de nada, ¡Estamos en problemas!
Pero, ¿algún día veremos de nuevo el resplandor de la época de oro? ¿Cuándo se logrará contar con auténticas figuras? Las respuestas no serán tarea fácil, y mucho menos se conseguiría por un simple decreto, o por arte de magia, NO, definitivamente no. Ya que esto será únicamente, cuando entiendan y recapaciten –despojándose de su altísima soberbia – los promotores del espectáculo en nuestro país, que tendrán que conducirse –tarea casi imposible– con honestidad. Y aquellos que pretendan ganarse el título de figuras, entregándose con rectitud y vergüenza torera en cada tarde, en todas las plazas, desatendiéndose del cobijo falsario de los parásitos y vividores.
Rectitud, sí –de nuevo ésta palabra– que deberá acompañarlos en el camino, por el sendero único y verdadero dentro de éste asombroso y mágico mundo; el que exclusivamente guía su Majestad, el Toro Bravo.
Publicado en EL INFORMADOR




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