Opinión: Hoy todos quieren opinar

Por Xavier Toscano G. de Quevedo

¡Felicidades! Y una “enhorabuena” —frase utilizada y que es propiedad de nuestro espectáculo taurino, que expresa parabienes— a todas aquellas personas que disfrutan y practican “el arte de la charrería” o también llamado “el deporte nacional”. Aunque preferiría que nos refiriéramos a ella con la palabra “arte”, que también lo es.

Apenas la semana anterior se divulgó la muy agradable y feliz noticia que en el lejano país de Etiopía, bastante retirado de nuestro México, se realizó la asamblea anual de la UNESCO, y en ella declaraban a La Charrería como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. ¡Perfecto, excelente noticia! ¿Pero, qué tendrán que diagnosticarnos, y autorizarnos personas ajenas a nuestra idiosincrasia, lo que podemos hacer en nuestra patria?

Quizás el problema arranca aquí, dentro de nuestro territorio en el que encontramos un número de personas radicales pretendiendo despojarnos de nuestras “libertades” y dañando sin ningún argumento —influenciados y manipulados por ideologías extrañas— nuestras tradiciones y la herencia cultural de nuestro pueblo, como lo son: “El Espectáculo Taurino” y “La Charrería”, ¿Prohibirlas? ¡Por qué!… Motivo, razón, causa.

Situación que también se está viviendo en España, y los demás países de nuestra América, en la que continúa vigente el Espectáculo Taurino, salvándose únicamente con firmeza y orgullo Francia, país en el cual su parlamento dictaminó, categórico, que la Fiesta Brava estaba debidamente salvaguardada, y así los aficionados galos ¡no necesitaron la intervención, ni la autorización de nadie extraño a ellos!

Pero tal vez la tan llevada y traída globalización que se infiltró hace ya algunas décadas, ha implantado una nueva forma de vida en nuestro planeta dando paso a diversos avances, pero de igual forma ha traído e incorporado varios problemas y probablemente uno de los más agudos es la crisis económica que viene arrastrando y asolando a muchos países en nuestro planeta, entre ellos a España, e igualmente a nuestro país.

Complicada situación que ha dado como resultado catastrófico, la vulnerabilidad de nuestro mágico y emblemático Espectáculo Taurino, y la factibilidad para sus detractores de ver cómo, cuándo y por dónde arremeten sus ataques. Así, con la fuerte crisis económica —que no pueden ni atinan a controlar lo gobernantes de España y nuestro México— y las constantes embestidas de los censuradores, la reducción de festejos y la desaparición paulatina de ferias, si ha logrado colocar en un riesgoso predicamento a nuestra Fiesta.

Sin embargo, afortunadamente la intervención oportuna, decidida y eficiente de algunos parlamentos, congresos y personas con escaños gubernamentales, con paso firme y día a día, los discurridos conflictos antitaurinos y sus nefastos autores están viendo hundirse y rodar cuesta abajo sus maquiavélicos y soberbios proyectos de prohibición en contra de nuestra Fiesta Brava. Entonces, ¿necesitamos la intervención y el visto bueno de países y personas ajenas que jamás han tenido, ni conocen absolutamente nada referente al Espectáculo Taurino? Encontramos quienes opinan que sí, pero ¡ya el ejemplo y la pauta nos la marcó Francia y su Parlamento!   

Se tendrá que continuar mostrando firmeza y carácter entre todos los aficionados del planeta de los toros. Comprometerse unidos, para que prevalezca por muchos siglos más la gloria e inmortalidad de este mágico e inigualable Espectáculo, que únicamente gobierna y rige su Majestad; El Toro Bravo.

Publicado en El Informador 

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