Ocho con Ocho: La ruta del toreo Por Luis Ramón Carazo.

En un momento en que el mundo se encuentra en una encrucijada existencial, las manifestaciones culturales como es el caso de la tauromaquia, se viven y padecen con el alma en vilo por no tener claridad en la longitud en tiempo de la sana distancia y cuándo los rituales colectivos se pudieran celebrar con el calor humano que los hace inigualables.

¿Quién que haya estado en una plaza de toros en una faena inolvidable no se ha abrazado con el de al lado conocido o desconocido, por lo que hemos presenciado juntos, reconociendo las cualidades del toro y del torero?

En las circunstancias actuales es imposible y nos acongoja debido a que los hábitos desaparecen y recuperarlos no siempre es posible.

La tauromaquia está bajo constante presión de quienes no la entienden como un ritual y por eso su modelo de negocio del toreo depende -en todos los países en que se celebra-  del ingreso de taquilla principalmente y en mucho menor medida de derechos de transmisión y patrocinios -diría raquíticos ambos- así como de apoyos gubernamentales escasos.

Por si faltara poco, existen quienes suponen que es muy fácil conseguir patrocinios o vender derechos de transmisión, lo cual es descubrir el hilo negro o el agua tibia, todos sabemos lo complejo que es para un espectáculo tan popular como el fútbol mantenerles, imagínese cómo  será para el toreo, al que por diferentes razones no ha podido en muchos años apalancarse con ellos y que en cierto modo lo tienen vetado.

Para poder resurgir en unos años es necesario sobrevivir muchos meses de magros ingresos.

El toreo y me refiero antes de la pandemia, ha perdido atractivo popular.

Sin embargo, ese es un efecto, entender la causa sería motivo de reflexión y no de proponer fácilmente una solución a la ligera o afirmar que se tiene cuando sin rubor y con gran soberbia, señalan con dedo flamígero y culpan a diestra y siniestra, sin aportar.

Los ganaderos están haciendo esfuerzos denodados para un animal que no se detiene en su marcha de crecimiento.

Reducción de camadas, sacrificio de vacas y toros. Algunos han vendido su ganadería, desistiendo de seguir perdiendo lo que han sostenido por años, a la larga será imposible mantenerla, si los festejos no regresan a sus números como antes de la pandemia.

Desde luego, ya se padecían muchas dolencias en las que convendría estar de acuerdo y a partir de ellas diagnosticar los problemas y proponer soluciones si las hubiera, sin olvidar que el toro es el eje de la fiesta.

El torero la otra parte de la ecuación de la tauromaquia, en sus diferentes categorías la estará padeciendo, debido a que el sentón económico es mundial y los honorarios que devengaban por un tiempo largo no serán iguales, al no haber de dónde se puedan retribuir; dado que las entradas son limitadas y los ingresos adicionales de derechos de transmisión y de patrocinio son pírricos.

Por ello y como me dijo Antonio Bañuelos, actual presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia en España: “No sólo está en peligro la Fiesta, sino el toro bravo como especie única. El toro bravo, con las medidas contra las corridas y las exigencias de aforo, va camino de convertirse en especie en riesgo de extinción”

Dentro de este panorama sombrío, los que creemos que el toreo es parte de nuestro acervo cultural, deseamos que los sectores profesionales del toreo se unan y llegar a materializar estrategias que permita su continuación; bajo las condiciones futuras que prevalezcan y por lógica, respetando a quienes invierten tiempo y dinero en hacerlo, entendiendo que vivimos tiempos de supervivencia que se van a prolongar por varios meses hacia adelante.

Con muchos siglos a las espaldas, ¿le queda aún algo nuevo que decir al toreo? Esa es la pregunta, que me parece debemos plantearnos a nivel mundial y es recomendable construir un espacio de regeneración en el tránsito de la tauromaquia, unidos por el vínculo del otro lenguaje que nos une: los toros.

La evolución de los diversos componentes del mundo taurino es necesaria, en manos de los protagonistas está reconstruir un rompecabezas con miles de pequeñas piezas y solamente la cohesión evitará la ruptura, de la ruta que lleva hoy la tauromaquia que no es diáfana y con todo e incertidumbre propongo; tratemos de esclarecerla, olvidándonos de rencores, complejos y teniendo claro que tenemos todos que echar pata pa´lante en época de vacas flacas ¿O habrá de otra?

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