Opinión: Abrir los ojos.

Por Javier Lorenzo.

Hace ya dos meses que a Castella se le llenó la boca en el callejón de Nimes al acabar la última corrida de toros de la feria de la Vendimia. “Tenemos que sentarnos y hablar”, afirmó con la rabia contenida con la televisión o solo él sabe con qué. En realidad, él y todos sabemos por qué. Perera mostró segundos después el mismo argumento al abandonar el coso. Hoy seguimos igual, o se está haciendo algo tan a escondidas que no se está enterando nadie. Me temo que no. Esperamos a que pase el tiempo. Castella hablaba de sentarse, hablar y solucionar los problemas del toreo, pero hoy esos problemas son mucho más que la televisión.

De hecho, la televisión no es el problema. Este año en el que el virus nos puso contra las cuerdas como no lo había hecho nadie en la historia, la tele fue la salvadora para que la Fiesta siguiera respirando. Se han dado festejos, con las medidas y las restricciones impuestas por la COVID-19 y el toreo ha seguido existiendo, de mejor o peor forma, pero ahí ha estado. Se demostró que en su momento se podían dar toros, unos con más acierto que otros. Hubo espectáculos que no tenían sentido ahora con virus ni antes sin él. Le dieron vida mientras los poderosos del toreo se escondieron detrás de la mata sin querer saber nada. No se sabe si están, si siguen… No tienen que jugarse sus cuartos para intentar salvar el toreo en un momento crítico, pero sí buscar las fórmulas para darle continuidad en lo que se le da la puntilla al virus y se empieza de cero. Se pide implicación y apuesta.

Los empresarios tienen que hacerlo y todos tienen que comprometerse para navegar en el mismo barco. Si a empresarios, toreros, novilleros, cuadrillas… les importa el toreo y quieren que siga deben unirse, reinventarse, buscar alternativas y fórmulas para que tenga vida más allá del virus. Todo el mundo debe de ajustarse y comprometerse.

La realidad previa al virus, los honorarios, las fórmulas, las formas hoy ya no valen y hay que buscar un planteamiento excepcional acomodado a la realidad que nos ha tocado vivir sin que nadie la haya elegido. No hay culpables. Nadie lo es, pero entre todos debemos buscar una alternativa para la nueva normalidad. Si no, quien de verdad está interesado en fulminar el espectáculo va a lograr darle la puntilla sin que aparezca una sola gota de sangre. La desmembrada estructura de la tauromaquia, el caos interno y si siguen imperando los intereses de cada uno por encima de los de la propia continuidad de la Fiesta van a servir para darle el trabajo hecho a los que llevan detrás de nosotros mucho tiempo y a los que siempre pudo y venció la fuerza de un espectáculo que hoy necesita ayuda. Castella alzó la voz. Ya se ha ido. Aburrido tal vez. Mejor hubiera sido que lo hubiera hecho por salvar y reestructurar el drama que tenemos. Un grito de guerra para poner a todos al orden. Y abrirle los ojos. Es tiempo de hacerlo. Es tiempo desde hace ya mucho, pero nadie encuentra tiempo. Tiempo y ganas. Y voluntad. Eso es lo que importa, porque nadie de fuera se va a meter en nuestra burbuja para arreglar nuestros problemas. El toreo puede seguir viviendo ajeno a todo pero a este paso puede ser víctima de sí mismo. En quien alcanzó, sufrió y gozó la gloria está hoy la responsabilidad de salvarlo. Y con ellos, todos los demás.

Publicado en La Gaceta de Salamanca

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