Madrid: Oreja al valor de Leo Valadez.

En un cartel de banderilleros, el mexicano confirma con éxito y Escribano se queda en petición.

Por Andrés Amorós. Foto Botan fotógrafos.

En el ecuador de la Feria, una tarde de mucho viento, al cumplirse los cincuenta años del rabo de Palomo, cartel de domingo, con tres banderilleros. Vuelven a Las Ventas las reses de Torrealta, que se mueven con violencia. Buen juego dan los dos remiendos de García Jiménez. Sufre una voltereta Leo Valadez, corta un trofeo; Escribano se queda en petición.

En el sexto, quita por zapopinas. (¡Qué nostalgia de una buena verónica!). Se lucen los tres matadores banderilleando. El toro se mueve pero no se entrega, encuna a Leo, que se lleva una paliza, además de un corte en la oreja y un pitonazo en el muslo. Vuelve a matar muy bien: oreja al valor.

Comparten banderillas sin mucho brillo los tres en el segundo, que pronto se refugia en tablas. (Volverán a hacerlo en el tercero y el sexto). Con oficio, El Fandile saca allí algunos muletazos y mete la mano con habilidad.

De salida, se ve bien al cuarto, un Catalejo castaño, que arrea y desarma. En banderillas, Fandi se libra del percance por sus facultades. El trasteo tiene mérito porque el toro, muy encastado, no para: una pelea emocionante.

Acaba de realizar su hazaña Manuel Escribano en Sevilla, al matar seis miuras, en una demostración de madurez. Recibe al tercero a portagayola; quiebra bien el par al violín. El toro es violento, protesta mucho, los muletazos no pueden salir limpios.

También va a portagayola en el quinto, muy serio, lo propio de un Filósofo. Brilla en el arriesgado par al quiebro por dentro. Aprovecha la nobleza del toro de García Jiménez para ligar muletazos largos, mandones, y logra una estocada trasera, recibiendo el palotazo de una banderilla en la boca. Después de suprimir de los planes de estudio la asignatura, en esta España actual, da pena matar a un buen Filósofo: petición y vuelta.

Resumen claro: cartel de banderilleros, suertes vistosas y premio al valor de Leo Valadez.

Posdata. A muchos que no acuden habitualmente a Las Ventas les sorprende la cantidad de gente joven pero también el parecido con un bar de copas. Una cosa ayuda a la otra. Algunos veteranos achacan a esto las reacciones de parte del público: igual que sucedió en la Feria de Abril, escucho lamentos sobre la escasa exigencia para conceder trofeos y ciertas reacciones difíciles de entender: el lanzamiento de almohadillas, por ejemplo. A mí me preocupa que se aplauda más lo menos valioso: el torear mirando al tendido; las chicuelinas, más que las verónicas; los pases cambiados, más que los naturales. El riesgo es claro: como explicó Juan Belmonte sobre su banderillero, convertido en gobernador civil, todo puede ir «de…de…degenerando».

Feria de San Isidro

MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Domingo, 22 de mayo. Décima quinta corrida. 16.674 personas. Toros de Torrealta, complicados, y Hermanos García Jiménez (1º y 5º), de buen juego.

EL FANDI, de azul marino y oro. Media estocada (aviso, palmas). En el 4º, pinchazo hondo (silencio).

MANUEL ESCRIBANO, de negro y oro. Estocada tendida (aviso, silencio). En el 5º, estocada trasera (petición y vuelta).

LEO VALADEZ, de purísima y oro. Buena estocada (petición y saludos). En el 6º, gran estocada (oreja). Pasa a la enfermería con «heridas en la oreja, mandíbula y erosiones en el escroto».

Publicado en ABC

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