Respetabilísimo, Dignísimo. Triunfa Fandiño en Madrid.

Iván Fandiño en imagen de archivo, triunfa en Madrid.

Pedimos del toro seriedad, casta, raza, miedo. Fernando Cuadri mantiene el “color de la divisa” con el brillo de dejar en Madrid dureza y emoción en el cierre de un San Isidro que en medio de tanta mediocridad de encierros y de diestros remata con dos perlas, los toros la mencionada ganadería onubense y la creciente constante, para fortuna del buen toreo, del bilbaíno Iván Fandiño.

Por «PUNTILLERO»

Son dos condiciones en la Plaza del toro de lidia, bravo o manso. Ayer la corrida de Cuadri plantea varios cambios durante el transcurso de su correr por Madrid.

Imposible el lote de “Fundi”. Otra vez el de Fuenlabrada en medio de dos infiernos, la alimaña –el término se queda cortísimo- que hace las veces de primero y la roca que hace de cuarto. Le desarma el que abre plaza, cierto pero no había otro modo de salvar los papeles. Su segundo es la versión pública de la imposibilidad. Sin más se lo quita de en medio. Le pitan injustamente.

Pero la cosa cambia con el cambiante y emocionante segundo. Le toca a Iván Fandiño. Un toro grande, como es el de Cuadri, requiere una firmeza y un valor no tonto e inocente, sino consiente a plenitud del terreno en que se pisa. Ese ejercicio de elección, esa decisión, requiere toda la atención y los sentidos en alerta plena para no dejar caer la estructura de la obra a partir del razonado valor. Así, con determinación, adelanta el diestro la planchada muleta cerca de las rayas y torea al cuadri que le repite con casta.

Solo que el tercio, por su cercanía a las tablas, complica la labor y eleva la oposición del toro. Viene el ajuste del torero llevando hacía afuera y entonces la cosa crece y se valoriza mayormente cuando Fandiño va por izquierdas en valiosos muletazos al natural. Mucho que torear tiene el toro pero mucho que ofrecer el torero. Así lo toreó con intensidad y fuerza de síntesis. Estocada entera y trasera en la suerte natural retrasa la muerte del toro y la petición de la oreja que contrasta con el vértigo de llevarse al toro por parte de las mulillas. Vuelta merecida y torera.

Intermedio con el castaño a la diabla que salta en tercer lugar. Un tren carguero de brutal velocidad que puede cargar al piquero, mansear en el segundo puyazo y darse el lujo de huir al terreno de los mansos. Eso sí en banderillas aprieta y acorta. Ni que decir su fuerza y su prontitud en la muleta. Alberto Aguilar tiene una papeleta dura y difícil para resolver. Valeroso, casi heroico, se planta al hilo con el torazo que se queda corto, espía y quiere mirar por encima.

Con la muleta frente a su vista, el cuadri arrolla y afortunadamente la Providencia que salva –enésimamente- a la inocencia, libra a Aguilar de las astas del toro y apun le alcanza al entrar matar. Salida y saludos desde el tercio tras la valiente actuación. Solo me queda saber qué habría pasado si hubiese, ante el peligro del castaño, citado cruzado. A toro pasado todos somos toreros, claro.

Sexto toro y misma historia, otro cuadri con sentido. Aguilar lo intenta ante la imposibilidad por el izquierdo y la brusquedad por la diestra. Difcilísimo ahora. Con la espada cerca estuvo de un serio problema. Duro el camino del toro, pero no queda otra más que aguantar y esperar mejor suerte y más rodaje para Alberto Aguilar.

Pero mientras la dureza aunada a la brusquedad marca el lote de Aguilar y la mala leche el lote de “Fundi”, para Fandiño el quinto cierra un lote con altas posibilidades de triunfar o de tragar la derrota. El de Bilbao le recibe con arte toreando a la verónica.

El toro, perfecto de hechuras en su encaste, no sobresale en varas. Incontables son las veces que hemos consignado esto en la presente Feria. Aprieta más en banderillas y desde los medios Fandiño cita con la derecha. No hubo probaduras, sí ligazón. Dos tandas perfectas con la muleta puesta y cuadrada en muletazos completos y abrochados por alto. Pena que le enganchara por el lado izquierdo. Sin embargo, Fandiño, de seguir así, podrá aspirar a una altura que no sospechamos aún. Concepto clásico de gran seriedad, que por algo hay acento vizcaíno, lo mismo en los templados derechazos siguientes que en la vertical columna final del pase de Mondeño.

Dio el pecho, mató ideal, y la oreja ha sido muy justa para un torero que se nos muestra no como una revelación, sino como una gran y real posibilidad. Ojalá, que pocas cosas caerían mejor que un torero de Vizcaya.

La razón por la qué los toreros son héroes está en directa proporción al toro que enfrentan, al que lidian y al que matan con la mayor seriedad. La dignidad, el respeto se ganan así frente a un enemigo de igual catadura. Esa es, a pesar de todo, la máxima lección de San Isidro. Y claro, la exigencia de ser mejores aficionados y el derecho irrestricto de aspirar a un espectáculo mejor.

Que así sea.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Madrid. Plaza de Las Ventas. Viernes 3 de junio. San Isidro 2011. Vigésima cuarta y última de feria. Calor y viento. Lleno total. Seis toros, seis de los Herederos de Celestino Cuadri. Grandes y desiguales de presencia. Destacaron segundo y quinto en la muleta, peligrosísimos primero y cuarto, duro el tercero. “El Fundi” (Esmeralda y oro) Silencio y pitos. Iván Fandiño (Malva y oro) Vuelta tras aviso y oreja. Alberto Aguilar (Berenjena y oro). Al tercio y silencio tras aviso.

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