
Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.
Para Gastón Esquivel
que año con año resiste desde su barrera.
Será casualidad, pero con el encierro de Villa Carmela la pretendida seriedad de la plaza de México una vez más se derrumbó estrepitosamente. Los toros eran en su mayoría de tipo unos novillos impresentables, sin trapío y destinados, sin duda, para un coso de segunda y no para uno de primera categoría.
Pero los toreros mandan y la autoridad claudica. Al final tampoco ocurre nada porque el público, mayoritariamente analfabeto en cuestiones taurinas, poco le importan este tipo de fraudes tan obvios a sus propios bolsillos.
Algunos astados de Villa Carmela, desarrollaron nobleza, algunos hasta tuvieron recorrido, y otros como el séptimo, recibió el polémico honor del indulto.
Siempre que se indulta un toro se genera una gran polémica, entre quienes consideran acertada la decisión y quienes la consideran inadecuada. Creo que ocurre siempre, o al menos en el noventa por ciento de los casos. Puedo entender a quienes argumentan que para indultar a un toro es importante percibir que ese animal desprenda una sensación de peligro por su casta y bravura. Y en muchas ocasiones cuando se indulta un toro, como ayer en La México, nos da la impresión de que ese animal no es especialmente fiero o encastado porque ha sido dominado totalmente por el matador, ya que ha sido obediente y noble, y ha tomado la muleta con” docilidad”.
Por eso el toro, que bajo el dominio del matador se entrega, humilla y persigue el engaño, parece intrascendente, facilón, poco emotivo, pero no olvidemos que esa actitud se debe en algunos casos a su buen fondo de bravura y nobleza, y al dominio del torero.
Quizás ese mismo toro en manos menos expertas que las de Juan José Padilla daría la sensación de ser más poderoso y más fiero. Por eso la mayoría de los indultados que son bravos, con clase y nobleza, terminan entregados con suma docilidad a la muleta y eso se debe a su buena condición, así como a su bravura exenta de genio.
¿Qué Sonajero no acudió al caballo con celo? Es cierto que hay toros indultados más bravos, con más empuje y más encastados que otros, pero todos han embestido humillados innumerables veces, y eso es esencial en la fiesta actual. Sonajero cumplió con lo que el público actual pide, es decir, triunfos en base a faenas con muchos muletazos y en un acto de compasión pidieron el indulto del noble astado. Tampoco hay que olvidar que la vida también es grandeza en la fiesta brava y ver regresar a un toro al campo tras haber entregado todo lo que tenía en el ruedo, es también un acto de justicia y solidaridad con el rey de la fiesta.
Es evidente que Padilla no está tocado por la gracia de la inspiración pero, afortunadamente, el toreo es también dominio y conocimiento, y estas disciplinas sí las conoce este torero. Así lo demostró, al menos, con Sonajero, un astado embrujado por la muleta de Padilla con el que el jerezano nos receto una lección del toreo más vulgar y eléctrico que se haya visto en los últimos años en la capital, pero que tanto gusta a las masas actuales. Al final le indultaron el astado y Padilla salvo su actuación ya que con los dos toros de su lote había estado francamente mal.
El toreo que derrochó Fermín Rivera con su primero fue auténtico; el toreo eterno de un torero artista y dominador, valiente y elegante, capaz de moldear la embestida incierta de un manso y dibujar los más bellos muletazos.
Con la suerte cargada siempre tiró de la embestida para ligar cortas tandas de derechazos largos y templados, eso es, ni más ni menos, el toreo. Así brota la emoción y los olés profundos. Sin embargo, Rivera, fue incapaz de culminar su obra; ya que a la hora de matar señalo un pinchazo que ensombreció su faena y aunque le dieron una oreja, la sensación de un triunfo mas contundente tristemente se esfumo.
El resto del festejo estuvo marcado por la frialdad, esa que desemboca en aburrimiento y desesperación.
El segundo de Fermín Rivera era un inválido que llegó a la muleta con enormes ganas de morirse y con el que Fermín estuvo empeñoso, pero sin conseguir nada positivo por las nulas condiciones del astado.
José Mauricio se las vio con un lote poco propicio. Además, de que en algunos momentos se le veía desconfiado, con un semblante demasiado rígido y con pocas ideas. No es que estuviera a merced de su primero, un toro que dejo la sensación de que era para más, pero se esperaba otra actitud del matador. El otro, incierto y áspero, solo le permitió una faena voluntariosa culminada con una gran estocada.
Once orejas y un indulto llevamos en apenas cuatro tardes de la presente temporada, un balance sin duda triunfal pero que no refleja la realidad de lo acontecido ni ha conseguido llevar más público al tendido. Porque la realidad es que el triunfalismo se ha apoderado de La México; y la incompetencia, del palco. Y esto parece que no tiene arreglo.
El prestigio de esta plaza está por los suelos a causa de un público sin idea, poco exigente y ávido de orejas, y de una autoridad sin criterio ni personalidad que actúa como si presidiera un festival de pueblo.
Es evidente que, sin un mínimo de exigencia, esta fiesta corre el peligro de caer en la vulgaridad total, perder su grandeza e irse desvaneciéndose poco a poco rumbo al olvido.
Es lo que digo yo.
Twitter @LuisCuesta_



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