Promesa cumplida

Por Manolo de la Laguna.

León, Gto.­ La hermosa ciudad del Bajío del Estado de Guanajuato, vio nacer, allá por finales del siglo XIX, al torero más elegante, dentro y fuera de los ruedos, que haya tenido México, llegó a ser llamado por la prensa especialista El “Petronio de los Ruedos”, que lograra grandes faenas tanto en México como en España, siendo un torero completo que domeñaba con extraordinaria facilidad, el segundo tercio, quedando plasmado para la historia taurina, aquel famoso Par de Pamplona, que por efectos ópticos, parece que el cuerpo del diestro está pegado en la cara der bicho, parque, según “El Indio Grande”, ejecutó muchas veces dada su facilidad de rehiletero.

“El Califa de León”, como también se le conoció a Rodolfo Gaona, sin duda alguna, hasta nuestros días, no ha ten ido competencia en cuanto a popularidad y elegancia se refiere, incluido aquel charro mexicano bigotón que hizo popular el grito de ¡Ora Ponciano! y en cuanto al arte de torear reses bravas, sin duda alguna, ahí sí ha habido muchos toreros como él, tanto “deste” lao del charco como de aquél, siendo en la actualidad, el torero más elegante dentro y fuera de los ruedos, el valenciano Enrique Ponce, sin menoscabo de los que antes que él, se placearon y pasearon con elegancia, por todo el mundo taurino hispano­mexicano.

A nosotros no nos tocó la época de Rodolfo, nos faltaban 15 años 15 para llegar a este valle de lágrimas, solamente lo vimos una vez en la plaza México, en una corrida con “El Demonio de Pasión, Manolo Martínez, quien fue el único torero capaz de sacar de su casa al capotero de la elegante Gaonera, para que, como aficionado, el León lo viera torear desde el tendido, cuando ya la fiesta era otra y la forma de torear también.

La vida torera de Gaona, duró la friolera de 20 años 20, enfrentándose en dura competencia, según las crónicas de la época, a todo lo mejor de la torería, hasta que decepcionado por una maja hispana que fue su esposa por dos meses y a la vez, desde “endenantes”, amante del rey Alfonso XIII, el guanajuatense decidió regresar a su patria, de donde nunca debiò haber salido (Renato Leduc, todavía no escribía su soneto Tiempo: De amor y dolor alivia el tiempo ¡joder!) y así llegó su retirada, fue el domingo 12 de abril de 1925.

Sin embargo, los empresarios le siguieron coqueteando al de León de Los Aldama, para que volviera a los ruedos y fracasaron en sus intentos, contando la croniquilla, que un conocido periodista le preguntó al Petronio, el por qué no accedía a las tentadoras ofertas que le hacían para volver a los ruedos a lo que Rodolfo Gaona, engallaó, le respondió: “No volveré a vestirme de torero ni para retratarme” el Indio lo cumplió. Vale.

Fuente: http://informaciontotal.com.mx/2016-07-18-a58a55d4/promesa-cumplida/

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