
Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.
Toda empresa es vulnerable, por grande que sea. No importa lo que ha logrado, ni tampoco importa lo lejos que ha llegado, ni cuánto poder se ha acumulado… es siempre vulnerable al declive.
Prueba de ello es la actual gestión de la empresa Tauro Plaza que gestiona la Plaza México, y que ha terminado prácticamente por echar al público de la plaza en las últimas dos temporadas.
El declive de una empresa es como una enfermedad: difícil de detectar pero fácil de curar en las primeras fases y más fácil de detectar pero más difícil de curar en las posteriores fases.
Tauro Plaza puede parecer fuerte por fuera con Don Alberto Baillères y Javier Sordo como sus socios, pero la realidad es que está enferma por dentro, en peligro y a punto de caer por un precipicio, como hemos podido observar domingo a domingo en la presente temporada.
Don Alberto Baillères, uno de los empresarios más reconocidos y exitosos de nuestro país, conoce sin duda los factores que arrastran a las empresas a la ruina.
Incluso hay algunos académicos que afirman que la caída de una empresa se compone de cinco fases y si sus propietarios son capaces de predecirla y detectarla con tiempo estarán en condiciones de revertirla.
Estas son las cinco fases de declive de una empresa:
La arrogancia nacida del éxito.
La persecución indisciplinada del crecimiento.
La negación del riesgo y el peligro.
La búsqueda desesperada de la salvación.
Capitulación: ser insignificante o morir.
Todas las empresas pueden tropezar y recuperarse. No es posible volver de la fase 5, sin embargo la fase 4 todavía tiene posibilidades. Muchas empresas taurinas y no taurinas terminan cayendo por estas fases, pero la investigación de prestigiados economistas nos indican que el declive empresarial es, en gran parte, autoinfligido y que la recuperación está siempre, en las manos de sus directores y propietarios.
Ante estos tiempos de crisis surge la gran duda: ¿Será capaz Don Alberto Baillères y sus socios de revertir la grave crisis que atraviesa Tauro Plaza, con unas cifras en claro derrumbe y una afición cada vez más desinteresada de lo que ocurre en la plaza?
¿Serán capaces dos de los empresarios más éxitos de México y Latinoamérica de revertir la crisis que vive su empresa y la fiesta en la capital mexicana? o se cumplirá aquélla famosa sentencia de Domingo Dominguín, personaje bohemio, empresario taurino y apoderado de toreros, que decía: “Los toros son un espectáculo brillante en manos de mediocres”
Hoy más que nunca la afición mexicana y el medio taurino están esperando un “plan B” urgente en la Plaza México, porque el “plan A” ya fracasó y el tiempo para revertir la crisis se está agotando.
Es momento de hacer una pausa y pensar en aquéllo que estaba bien y se dejó de hacer, así como en aquéllo que se está haciendo y que ya no está funcionando para eliminarlo.
La afición ya se dejó escuchar alejándose de los tendidos, la respuesta ahora la tiene la empresa.
Es lo que digo yo.
Twitter @Twittaurino



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