Así vio la prensa la actuación de José Adame en Las Ventas de Madrid

Joselito Adame durante el duodécimo festejo de la Feria de San Isidro. Fernando Alvarado, EFE.

De Toros en Libertad – José Antonio del Moral: Joselito Adame se había hecho un lío con el mejor toro de la tarde, un Acurrucén de alta nota, y con el quinto un toro muy manso, se halló con el que embistió con más celo y más fijeza. Tardó en descubrirlo. Pero una vez resuelto el problema, el diestro mexicano gozó como no lo había hecho desde hace tiempo. A los de siempre no les gustó que de concedieran el trofeo. Pero a los demás que hicieron mayoría casi absoluta, sí. Por cierto, falta le hacía a Joselito que en esta temporada no andaba fino.

Joselito Adame llevaba una temporada desnortado. Uno no sabe a qué se debía porque, Joselito, lo que fue siempre es su gran capacidad. Muy por encima de su estilo. Últimamente, le han salido dos hermanos más altos, más guapos y más adornados por el arte que él. Y creo que eso le tiene – le tenía – desnortado. Oye, que debe ser muy duro que un hermano te moje la oreja. Ayer, aunque tardó, Joselito volvió a descubrir su gran capacidad. Tardó en hallarla, si, pero la halló.

Salmonetes ya no nos quedan – José Ramón Marqués: La verdad es que el pobre de don Jesús María Gómez Martín, Presidente del festejo de hoy, lleva dos días que no da una, el hombre. El otro día la lió con lo de expulsar de la Plaza a un toro que no acometía a los capotes como demostración de su supina mansedumbre, que es una de las condiciones de las reses con la que, a veces, tienen que apechugar los toreros. Y hoy se ha lucido con lo de darle a Joselito Adame la oreja (¿oreja u horeja?) tras un bajonazo de los transitivos, de los que pasan de la mente del toreador y se transfieren de él al toro por el sistema de agarrarlo en los blandos, provocando el desagradable vómito y, para más INRI, haciendo guardia, que para los que de esto no chanan significa que el extremo más alejado del mango de la espada asoma por algún lado de la anatomía del toro. Con esto el joven don Jesús María alcanza en tiempo récord a su compañero don Trinidad, que es el primero que tenemos registrado en la moda de dar oreja al espadazo que hace guardia. Con este bochorno de hoy, cada día uno, con esta orejilla devaluadísima de hoy, lo único que han han conseguido ha sido “poner en valor” como se dice ahora a la de ayer de Castella, meritísima a la vista de los inexistentes méritos de Adame, que obtiene su quinta oreja en Madrid; cinco orejas del río Lethes, que los romanos identificaron con el Sil, cuyas aguas producen el olvido.

Adame volvía a los madriles por segunda vez en la Feria del Isidro. A Óscar Bernal le tocó picar los dos toros de la tarde, al primero de tanda y al segundo estando de reserva. En el primero picó de pena, ganándose la censura del respetable, y en el segundo, un mansazo que le llegó huido del picador de tanda, agarró un puyazo en buen sitio en la puerta de cuadrillas y aguantó con entereza el arreón del manso que le llevó a él y a su cabalgadura hasta el burladero del 6. Adame inició su faena al segundo con una verbena compuesta de cinco del Celeste Imperio, tres del desprecio y uno por alto. Bonito inicio a más y, a partir de ahí faena a menos, nula de colocación y fuera de compromiso, por debajo de las condiciones del toro, que se va sin torear y marcha a esperar su juicio en el Valle de Josafat. Lo del quinto, el de la oreja, es ya como de cámara oculta. Adame se va al toro mandando al tendido la neta imagen de que de la cosa de los terrenos anda pez y de que allí hay alguien que va sin plan alguno, a ver qué pasa. Se pone a torear al manso ¡en los medios! Y el bicho en uno de cada dos se le trata de escapar a zonas de menos conflicto, viendo que aquello no progresa, se lo trae al tercio del 9 y allí, erre que erre el bicho que se quiere ir: el muletazo hacia tablas lo sigue, pero en el que da hacia los medios se le va. Adame sigue la inclinación de animal de nuevo hacia los medios con idéntico resultado que al principio y, de pronto, alguien le dice o él lo piensa que hay que llevarse al bicho hacia chiqueros. Ahí consigue al menos que no se le vaya el toro y allí vende su burra al facilón público de este sábado a base de dejar la pierna escondida, de citar desde la oreja del toro, de estar siempre por afuera y, si acaso, de aplicar cierta técnica no quitando la muleta de la cara para empalmar un cabezazo del toro con el siguiente; al producirse el empalme de los trapazos nace el ya clásico bramido de los que creen que lo está haciendo muy bien y con la degollina haciendo guardia le dan una oreja por una labor deslavazada que hace veinte años no habría sido ni para saludar desde el tercio. La verdad es que al hombre se le veía contento

De SOL y SOMBRA – Luis Cuesta: José Adame ha salvado una actuación que pudo ser desastrosa, si lo tradujéramos en términos futbolísticos, podríamos decir que en tiempos extras.

Ha estado bien con el malo, pero no ha estado a la altura del toro bueno. José Adame como Dr. Jekyll y Mr. Hyde nos ha enseñado las dos caras de su toreo, que consistieron en un toreo sin mucho selló con su primero ante un toro noble encastado que embestía con codicia, casi planeando en su muleta y un toreo con oficio y bullidor ante su segundo, con un manso perdido, pero muy noble y de temperamento muy similar a lo que suele matar en su país, al que finalmente, después de media faena de andar dandole vueltas, se atrevió a dejarle la muleta en la cara para encelarlo y conseguir ligarle unos muletazos rapidillos pero templados, que calentaron a un público entusiasta que le perdonó y le aplaudió todo, hasta una estocada entera pero algo caída.

Seguramente la oreja le supo a gloria al mayor de los Adame, pero no hay que olvidar que pudieron ser otras dos para su cuenta, si contamos el primero de su lote de Alcurrucén y otro toro de su pasada actuación.

Al final cortó una oreja, que sin duda le dará un poco de oxigeno, pero que sinceramente no tapará una actuación con muchos altibajos en el serial isidril.

La Vanguardia – Javier López: El mexicano Joselito Adame fue otro de los toreros en aprovechar las ya eternas rebajas que cierto público de Madrid mantiene por San Isidro, al cortar una oreja de muy poco peso a un manso, huidizo y deslucido toro de Alcurrucén, al que solamente robó dos tandas a derechas antes de matarlo de cualquier manera.

Porque la espada cayó muy baja, y provocó derrame al animal, que, como no podía ser de otra manera, cayó fulminado sobre el albero, algo que incomprensiblemente entusiasmó todavía más a una parroquia inmersa en una fiesta que ya se ha convertido en toda una “rave” taurina, y que no tiene pinta de finalizar hasta el próximo 10 de junio.

Y no se dan cuenta de que por el hecho de dar y regalar orejas no se mejora el espectáculo, todo lo contrario, lo adultera de tal manera que lo convierte en algo totalmente irreconocible, más todavía en una plaza donde la exigencia había sido, hasta ahora, santo y seña de una afición a la que cada vez le van comiendo más terreno esos otros espectadores más festivaleros y, por supuesto, menos entendidos.

Los mismos que vibraron de forma totalmente desmedida con la labor de Adame ante un quinto manso, huido y remiso a cualquier afrenta.

El mexicano parecía desesperarse, igual que el personal, que veía que se marchaba a casa sin nada que poder contar, de ahí que, tras dos tandas a derechas, en las que el de luces consiguió medio sujetar al manso, llegara la locura, con gente puesta en pie aplaudiendo como si Adame hubiera cuajado la faena de su vida. Y fueron dos tandas, dos, meritorias por sudadas, pero tampoco nada del otro mundo.

Ya está dicho que la espada se le fue un palmo abajo. Dio igual. Como también el aparatoso y desagradable derrame de sangre del animalito, según se desplomaba patas arriba sobre la arena. Los pañuelos no tardaron en aflorar, vistiendo los tendidos de blanco, y al usía (otra vez el mismo que le negó el triunfo a Fortes hace ocho días) no le quedó otra que asomar también el suyo.

Algo todavía más preocupante es que Adame paseó la oreja en una eterna y celebradísima vuelta al ruedo, olvidándose posiblemente del toro que se le había ido en su primer turno, el único con posibilidades del envío, aunque solo fuera por el pitón derecho.

El de Aguascaliente no se acopló en ningún momento con él. Demasiado acelerado y deslavazado, sin acabar de someter al animal por abajo, y haciendo un toreo de inercias, a media altura, sin mando y entre incontables enganchones. Pero así y todo, y tras otra estocada defectuosa, hubo algunos que ya en ese momento hasta se atrevieron a pedirle la oreja. Ver para creer.

Marca – Carlos Ilián: Pero además estos Lozano tienen suerte porque en la mansada se coló un quinto toro, igualmente manso pregonado, al que Joselito Adame se obstinó en torear en el tercio a pesar de que el toro pedía la querencia. En ese empeño de cuajar la faena en el terreno hostil para el toro el diestro mexicano tuvo la habilidad de taparle la salida, metido en el cuello fue ligando sin solución de continuidad hasta lograr derechazos que calentaron a la gente y con un bajonazo calentar la petición de oreja, que el palco concedió a pesar de las protestas.

Y ya no tuvo más historia la tarde porque el propio Adame, con un principio de faena torerísimo en su primero, fue decayendo en un trasteo anodino.

COPE – Sixto Naranjo: El lucero segundo, ancho de sienes y largo de viga, también manseó de lo lindo. Miguel Martín y Fernando Sánchez lo bordaron con las banderillas. Joselito Adame también lo bordó en el inicio de faena. Los estatuarios y los pases del desdén sacándose al toro al tercio tuvieron sabor. A derechas el toro tuvo emoción en sus humillados viajes. Entendió la distancia y la altura Adame, que templó y ligó por este pitón. Al natural no hubo igual entendimiento y la faena no recobró la intensidad hasta las manoletinas finales con las que el mexicano epilogó su labor. La estocada rinconera dio paso a una petición que no cuajó en mayoritaria.

Se protestó la presencia del zancudo y vareado quinto. Muy alejado del trapío de Madrid pese a los dos leños que coronaban su testa. No quiso caballo, se dolió en banderillas y salió suelto después de cada muletazo de Adame. Otro manso de tomo y lomo que peso aún más por la deriva de la tarde. Muy inteligente, el hidrocalido logró ligar los pases. La estocada, caída, y la muerte rápida y espectacular del toro elevó la obra al premio de la oreja que tuvo mayoría de pañuelos y que salvaba in extremis la feria de Adame. Las protestas por la concesión del trofeo acompañaron la vuelta al ruedo con el trofeo.

ABC – Andrés Amorós: He dejado para el final a Joselito Adame. El segundo se crece en el caballo, mete bien los riñones. Parean muy bien Miguel Martín y Fernando Sánchez. El toro repite, con suavidad y nobleza, se come la muleta, transmite emoción. El diestro comienza haciendo la estatua, muestra su oficio pero poco más, la faena va a peor.

En el quinto vivimos el momento más interesante de la tarde. Se le recibe con protestas, el toro se frena, mansea claramente, cocea en el caballo y las protestas aumentan. Un irónico vecino se pregunta: «¿Se devolverá otra vez a un toro sólo por manso?» Gracias a Dios, no se ha repetido. De hecho, el manso, yendo hacia chiqueros, embiste fuerte al picador de reserva. El toro está muy suelto y Adame comienza intentado hacer la faena habitual, con derechazos y naturales, en el lugar de siempre: como es lógico, el toro sigue yendo a su aire y no pasa nada. Mediada la faena, cambia de táctica y hace lo que debía haber hecho desde el comienzo: aceptar que el toro vaya a su querencia, sujetarlo por bajo, pelearse con él; es decir, lidiarlo. Para sorpresa de muchos, resulta, entonces, que el toro sí embiste, saca casta, transmite emoción. Mata bien y corta la oreja. Aunque algunos protesten el trofeo, la mayoría se ha emocionado como si hubiera visto algo insólito. Sin quitarle mérito al oficio y la decisión de Joselito, la realidad es que ha hecho lo que tantas veces ha supuesto un triunfo grande, en Las Ventas: Paco Camino, Capea, Roberto Domínguez, Fernando Lozano, Enrique Ponce, Roca Rey, bastantes más…

La Razón – Patricia Navarro: Jugó, con permiso de la palabra, con el factor sorpresa. Porque la tarde no iba. Y el toro tampoco. Hablamos del quinto, un toraco feo de hechuras y cornalón. De la corrida de Alcurrucén. Y del mexicano Joselito Adame. De un buen lleno madrileño en plena feria. Una feria que cada día respira distinto y que cada jornada Fortes vuelve a la cabeza, por aquella injusticia y otras que nos quedan con dudas. Manseó el toro con ganas, descaro incluso, como si no se avergonzara dentro de su condición de toro bravo porque, además, su encaste Nuñez se lo permite.

La tecla vino con el cambio de terrenos y dejándole al toro elegir, le correspondió el animal la generosidad descolgando algo la cara en el viaje, lo que en verdad ya había hecho en el capote y con repetición. Después de la seguridad que imprimió al trasteo, se fue detrás de la espada muy de verdad, con la misma verdad que el acero se fue abajo, caidita, eso sí de efecto fulminante. Se le pidió el trofeo. Y se le concedió. Con protestas en este caso. Y cuestionable el lugar exacto de la espada. Remendaba las grietas que había dejado en el segundo, que fue el toro con más nota del encierro.

Se desmonteraron con él Miguel Martín y Fernando Sánchez tras exponer al parear. Tuvo el toro movilidad y repetición y más entrega por el pitón diestro. Por ahí sostuvo Adame la mejora tanda, después del comienzo por estatuarios. Cuando cambió al pitón zurdo no le cogió la medida, tenía el animal menos cualidades, y tiró el mexicano por una faena de recursos, de circulares y manoletinas sin una estructura real que la mantuviera en pie.

Por el Pitón Derecho – Dario Juárez: Segundo paseíllo para Joselito Adame. En el retrovisor, la gran tarde de su hermano hace unos días y la sensación de que el devenir de lo que pudiera suceder fuera la cruz definitiva de Madrid.

Lamentable, como viene siendo habitual, fue la falta de seriedad de los tendidos al pedir la oreja del quinto tras una estocada notoriamente caída. Es cierto que el mayor de los hermanos acabó entendiendo lo que podía regalarle el animal, pues su condición fue huidiza, mansa a más no poder y sin ninguna emoción. Pero la entendió demasiado tarde. Mostró tesón para engañar al toro dejando la muleta en el hocico sin dejarlo pensar. Poco más.

Con el segundo, al que no le sobraron las fuerzas, estuvo muy apático. Quiso encauzar la embestida encastada que traía el pitón derecho con un toreo en profundidad que despedía hacia fuera. Todo ello tras un inicio de faena por estatuarios y remates por abajo muy toreros. Lo demás fue paja y pases mudos. Destacar en su haber el porte y la categoría de su cuadrilla de a pie, especialmente en la figura de un gran tercero como Fernando Sánchez.

Diario Crítico – Por Emilio Martínez: El festejo, con ciertos altibajos, rayaba lo mínimamente aceptable en cuanto a espectáculo en los dos primeros toros, que a pesar de su mansedumbre, iban y venían. Y que comparados con lo que saldría después eran de lujo. Pero a partir del tercero la escasa casta del encierro se vino abajo definitivamente y, claro, los tendidos aprovecharon una faena despegada y populachera de Joselito Adame en el quinto para divertirse y creer que aquello era el toreo. Y no.

El toro no se empleó en ninguno de lo tercios anteriores y llegó a la flámula desentendiéndose del engaño, máxime si Adame se empeñaba en torearlo en el platillo. Cuando el aburrimiento iba a alcanzar su grado máximo, el burel se fue, por decisión propia, a la querencia de chiqueros y allí, su matador, retorciéndose antiestéticamente hasta el infinito y aprovechando el viaje de su enemigo tendente a tablas, le endilgó varias series de redondos descargadísima la suerte que fueron jaleadísimos por un público en su mayoría más propio de Benidorm que de la cátedra.

Encima, Adame le pasaportó de un horrendo bajonazo y esa mayoría enloqueció creyendo que habían visto a Belmonte, a la cumbre del toreo. La verdad es que la afluencia de moqueros estaba en el límite para conceder o no el trofeo. ¿Y qué pasó? ¡Exacto! Otro usía también tipo talanqueras, Jesús María Gómez, la concedió, mientras el resto de los asistentes, la minoría que entiende, quería suicidarse y protestó con mucha fuerza.

Adame en su segundo, comenzó su labor al segundo con cinco estatuarios y pudo extraerle algunas series de redondos, pero también ventajistas y la cosa quedó en casi nada.

El País – Antonio Lorca: Joselito Adame que se las vio en quinto lugar con un manso de libro, el peor presentado del festejo, que se negó a embestir hasta que el mexicano comprendió que se estaba jugando el futuro y decidió presentar la muleta como mandan los cánones. Embistió, entonces, el toro y la faena alcanzó una intensidad inesperada; tan inesperada que le cortó una oreja, protestada con razón por parte del público.

Ese mismo torero conoció la hiel ante el segundo, el más encastado y fiero, con el que se lucieron, y bien, Miguel Martín y Fernando Sánchez en banderillas. Adame lo intentó de veras; primero, con ceñidos estatuarios, un recorte y un largo pase de pecho torerísimos. Continuó después con buen tono con la mano derecha, pero al tiempo que el quehacer del torero intentaba sin éxito alcanzar la emoción aumentaba la fijeza, la codicia y la exigencia de su oponente. Total, que quedó la certera impresión de que el toro se fue sin torear y que Joselito no le había llegado ni a las pezuñas.

El Mundo – Zabala de la Serna: Puntuó el alcurrucén que hacía segundo. Girón, chorreado, bajo, fino de pitón. Notables hechuras. Una pintura. Joselito Adame vio las posibilidades. Que las entendiese todas fue otra cosa. El toro viajaba pronto, largo y descolgado. Adame no le cogió el aire siempre. Ni el sitio para dejársela en la cara. Recogió el torero de México los cuajados aplausos en el tercio como consuelo. Más unánime sonó la ovación para Segoviano.

Cuando saltó el quinto a la arena, se comprendió pronto que entró a última hora por alguna de las bajas. Feas las hechuras de la bestia. Toro al carrer. Bou de las calles. No quería trato con nadie. Volvía grupas y se volvía al revés. La faena de Joselito derrochó fe. Paciencia y tenacidad. El “7” recriminaba cosas. Un zambombazo con la espada tiró sin puntilla al manso. Delantera la colocación. Sitio mortal el rincón. La oreja más trabajada de toda la feria sembró la polémica.

El Español – Juan Diego Madueño: El quinto tenía la frente afilada y dos puntas oscuras, dagas que nacían en la sombra de la cara, partida por la zona umbría de los ojos. Huyó siempre con la rabia comprimida. Empujó al caballo que guardaba la puerta, trasladando al autobús hasta los terrenos del 6. Con el titular no quiso nada.

Cada vez que se daba la vuelta del revés en la muleta, avanzaban un tanto el matador y él, apurando la distancia hasta chiqueros. Marcaba los terrenos el alcurrucén. Se empeñó Joselito Adame en torear en la orquilla del 9 y el 10. Intentar ganar a un toro por cabezonería es entrañable. En su territorio salía desentendido pero se dejaba agarrar con la muleta puesta. Y se paró también. Si se le atacaba a su altura y sin espacios iba y venía penosamente y Adame garabateó dos tandas que entusiasmaron, sin parar la última con todo el repertorio de remates ofrecido. Eso los volcó. No ví aquí ninguna maniobra brillante del mexicano. A Adame le sonó el despertador justo a tiempo. La estocada tuvo un efecto inmediato, caída y mortífera, derrumbando al toro panza arriba. La petición se alimentó de las protestas. La oreja vino en tromba, debatida. El público lo vivió con desenfreno. A ver por donde desemboca todo esto.

Al segundo los tramos blancos de piel le sentaban como a una cordillera las manchas de nieve, las zonas todavía por derretir. Por la barriga, la frente, el rabo, en las axilas. Con hechuras aerodinámicas, fino. Se lo reservó todo para la muleta.

El inicio de faena de Joselito Adame fue un chispazo. A la trincherilla llegó la gente metida. Esa intensidad se mantuvo en la siguiente tanda y en la otra. Joselito Adame ligó varios derechazos y el público respondía. Al natural se fue el WiFi. El toro mantuvo el gas. Salía con todo hacia la muleta. Se tantearon por ese pitón, Joselito lo desplazaba, el alcurrucén había bajado un punto, perdida completamente la conexión. Entre sus defectos la faena fue cayendo. El último tramo lo hizo lanzado el mexicano. Con el piloto automático. Hubo protestas al saludo.

Taurología – Redacción: Pese a todas sus deficiencias, hubo dos toros que tuvieron mayores opciones de las que se vieron en el ruedo. Se corresponden con el lote de Joselito Adame. Y así el 2º, el único que peleó con cierta nota ante los montados, pedía una receta diferente a la que aplicó el de Aguascalientes. Cierto que el calambrazo del final de las suertes no facilitaba las cosas, pero con un poquito más de ritmo y de argumento, el relato muletero debería haber ido a más.

El quinto llevaba el cartel de manso, pero un manso que metía la cara por abajo cuando se le provocaba. Adame tardó demasiado tiempo en en decidirse a que el de Alcurrucen se asentera en ese su lugar de paz que para el eran tableros de toriles, Allí hasta obedecía bien cuando se le ponía muleta y se trataba de llevarlo muy metido en ella, sin dejarle espacio para salirse de la suerte, hasta hilvanar las series, que ahora sí prendieron más en los tendidos. A sus dos toros los mató en el célebre rincón, de tanto y tan rápido efecto. Este fue uno de los factores por lo que un sector del público protestara la concesión de la oreja del 5º.

Twitter @Twittaurino

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2 comentarios en “Así vio la prensa la actuación de José Adame en Las Ventas de Madrid”

  1. Devaluada la fiesta, cada día más, también en Madrid. Está para llorar. Finalmente, se hace evidente que, también de aquel lado, el aficionado pensante, entendido y crítico se ha salido de la plaza cansado de ser abusado por empresas, ganaderos, supuestas figuras y “críticos” complices y quienes hacen el grueso de la entrada es un público con ánimo de diversión y cachondeo. Faena de muy apenitas que a lo mucho era de salida al tercio. Una oreja que no pesa y, por lo tanto, de poco o nada le servirá . En fin, así las cosas. Pobre fiesta, pobre..

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