
“Si quieres saber cómo está el país, asómate a los toros”.- Ortega y Gasset.
Por Juan Carlos Valadez – De SOL y SOMBRA.
Quien manda en La México? o ¿Donde está la autoridad? ¿Mandan las autoridades, los toreros, los ganaderos o la empresa? ¿Y la afición? ¿Quien defiende a la afición? Pues tristemente nadie al parecer, porque ni ella misma se defiende o se da a respetar domingo a domingo en la Plaza México.
¿Y ha qué viene todo esto de la autoridad se preguntarán ustedes? Pues a las innumerables pifias que en apenas dos corridas de la presente Temporada Grande ya se han cometido.
Empecemos por los encierros lidiados.
¿De verdad los encierros de Barralva y el de La Estancia eran dignos de lidiarse en la Plaza México?
“El encierro de Barralva en la corrida inaugural” escribió en su crónica Luis Eduardo Maya “fue una bueyada, por juego. Inaceptable por presencia. Pero como no hay resistencia taurina por parte de la Autoridad, el régimen tiene puerta abierta para la tan socorrida autocomplacencia. Esa es la razón por la cual a la empresa le importe muy poco qué echan por toriles. ¿Qué otra?”.
¿Quien estaba en el palco de la autoridad? El señor Jorge Ramos.
¿Y el encierro del pasado domingo de La Estancia como fue?
Escribe nuevamente Luis Eduardo Maya en su crónica para De SOL y SOMBRA:
“La Estancia se suma a la nueva lista de “bienamados” de la Plaza México que liga dos encierros y dos moruchadas. Llena de debilidad, plena de mansedumbre, variopinta y sin mayor fondo de casta, la ganadería de Guanajuato hunde por completo cualquier esperanza de triunfó.
Y el daño no es otro más que la falta de trapío, de casta y la agotadora hasta el hartazgo, flojedad. Por ello, La Estancia vuelve a cargarse una corrida de manera impune y fatal, como en Querétaro ese mismo año en el terrible mano a mano de Enrique Ponce y Diego Silveti.” describe a la perfección el resultado del encierro y otra nueva tropelía en esta ocasión del juez Jesús Morales.
Entonces: ¿A quien defiende la autoridad de la México? Porque está muy claro que al aficionado que paga un boleto no.
Pero tampoco defiende al toro ni que este sea serio, y con buenas hechuras. En la México se aprueba todo y nadie dice ni pío. La autoridad no ha sabido defender la categoría de la plaza, por tanto, no ha protegido los intereses del aficionado y del público. Cada año qué pasa estamos viendo estos abusos en formas muy descaradas, con lo que queda al descubierto el gran fraude que se comete domingo a domingo en la plaza de manera sistemática.
Pero todo esto es posible también gracias a la manipulación de los medios, que más que informar y educar se dedican a promover y consecuentar estos agravios, además de la gran incultura taurina que acusa la afición actual, con lo que están creando un exterminio lentamente de la fiesta brava en la capital mexicana.
Producto de tantos años de manipulación, es que al aficionado nuevo ya le da igual el toro, los encastes, el trapío y la manipulación de las astas de los toros mientras se corten orejas o se produzcan indultos cada domingo.
La consigna es muy clara y se trata de tapar todo ‘lo malo’ y darle la versión de ‘Bambi’ al público, porque primero se tiene que defender al promotor taurino a toda costa o se les expulsa de la plaza, dos ejemplos de esto fueron los comentarios de los periodistas Rafael Cué y Guillermo Leal durante la transmisión por televisión del festejo del pasado domingo.
Leal por ejemplo mencionó que el sexto toro tenía un “impresionante trapío” cuando el toro era anovillado y tenía dos platanitos como pitones. Aquí la prueba:

Y Cué mencionó que las múltiples caídas del tercer toro de la tarde de La Estancia, eran porque Diego Silveti le cambiaba la dirección al toro y no por debilidad o falta de casta.
Muy respetables las opiniones de ambos, pero también muy cuestionables.

Está bien en parte apoyar al espectáculo y al promotor que hace un gran esfuerzo por dar festejos taurinos en una industria en crisis y poco lucrativa, pero debe de existir una ética y sobretodo un respeto hacía el aficionado. La salida de Murrieta al no haber cedido a la presiones del actual promotor y de su gente, ha destapado en los micrófonos de la Plaza México una caja de Pandora.

Entonces, ¿en manos de quienes están los accionados taurinos de la capital mexicana? Pues al parecer del Espíritu Santo, porque está muy claro que hoy más que nunca existe un vacío de autoridad, de ética y de seriedad en esa plaza como nunca antes se había visto.
Ahora, los únicos que podrían revertir esta situación son los aficionados, pero al parecer y por lo que hemos visto en las pasadas corridas de toros, el aficionado nuevo de la Plaza México ya solo se limita a ponerse de pie y aplaudir. Ya no existe en la mayoría del público la intención de protestar por la falta de trapío y mansedumbre que se produce cada domingo en el ruedo de La México, es por eso que el nivel de participación del espectador durante los festejos ha disminuido en ese rubro, ya que la nueva afición sólo busca en las corridas de toros la diversión -y no la emoción- en el corte de orejas, sin importar que estas sean otorgadas por bajonazos o por faenas mediocres.
Por estas razones el aficionado culto, serio y cabal esta desapareciendo de la plaza y tiene el ánimo por los suelos, ya que gracias a todos los factores que hemos mencionado, se ha perdido la identidad de un espectáculo que se ha alejado de la emoción y que no encuentra un referente ni en los toreros ni en las ganaderías actuales.
Pero todo esto continuará mientras los actuales promotores de la plaza y sus publicronistas intenten seguir disfrazado la crisis artística y de autoridad que disminuye las colas en las taquillas y desorienta a los aficionados.
Es por esto que la fiesta brava en la capital mexicana pierde cada día más su identidad y la huida de los espectadores, hace que la fiesta se desplome; y lo hace de manera irremediable. Porque decir que la entrada del domingo pasado fue buena con menos de doce mil personas, en una plaza con un aforó de más de 40 mil asientos y en una ciudad que tiene más de 20 millones de habitantes es otro síntoma de la decadencia.
Y decadencia es la palabra que mejor define la situación actual de la fiesta en la capital mexicana; y no por culpa de alguna crisis económica, sino porque se ha perdido la emoción que produce la bravura, y el toro que se lidia carece de las condiciones necesarias para la lidia; y porque sus actuales promotores han preferido convertir las corridas de toros en una fiesta social y en un espectáculo mediocre. Además de que la actual empresa ha perdido hasta su valores más básicos, como el sentido de servicio al público. Porque aquí por lo general se le engaña y se le trata mal al que paga una entrada.
Es por eso que nos volvemos a preguntar: ¿A quien defiende la autoridad?
Al aficionado está muy claro que no, defienden únicamente al promotor que invierte su dinero, pero que de seguir por esta senda, ese multimillonario promotor se va a terminar quedando solo en la plazota con sus publicronistas, sus toritos y sus empleados de lujo esperando que algún día regrese la afición, esa que tanto maltrataron durante muchos años.
De verdad espero qué impere nuevamente la cordura antes de que sea demasiado tarde y que no se olvide que el toro es el principal protagonista y sostén de esta hermosa fiesta. Por eso hay que cuidar y respetar siempre al toro para que la fiesta nunca se desplome.
Que pena que los actuales promotores de la plaza y los taurinos que laboran en ella, no lo crean así.
Twitter @Twittaurino
PD: ¿Y la comisión taurina de la Ciudad de México sigue de vacaciones o están muy agusto en el callejón de La México saludando a todo el mundo como reinas de la primavera?



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