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Ocho con Ocho: El rabo madrileño Por Luis Ramón Carazo

En la plaza de Las Ventas en Madrid otorgar un rabo a un matador es prácticamente imposible; en su historia si no me equivoco, se cuentan hasta antes del 9 de junio de 2018, 11 los concedidos a 10 matadores de toros, el único con doblete es Juan Belmonte y el único mexicano que lo consiguió fue Lorenzo Garza, el 29 de septiembre de 1934, la misma tarde que Curro Caro lo logró con toros de Martín Alonso.

Dos hermanos Manolo y Pepe Bienvenida lo obtuvieron y el del último fue el décimo el 24 de mayo de 1939, antecedente del undécimo concedido a Palomo Linares el 22 de mayo de 1972, tarde en la que actúo al lado de Andrés Vázquez y de Curro Rivera que logró cuatro apéndices, por cuatro y el rabo para Palomo.

Muchos sin saber afirman que el presidente de aquella tarde, José Antonio Pangua le otorgó el máximo trofeo para opacar a nuestro paisano, es falso, el trofeo fue anterior a la faena de Curro y ambos salieron en hombros; Vázquez recibió un trofeo en tarde triunfal y finalmente el rabo le costó el puesto a Pangua por su atrevimiento de otorgarlo.

En Madrid aunque existe pues la posibilidad reglamentaria de otorgar el rabo, hacerlo es anatema, y por ello lo acontecido el 9 de junio de 2018 con Diego Ventura es insólito por ser el primero que se otorga en la historia de la plaza a un rejoneador.

Varias veces he planteado que los reglamentos taurinos al contemplar al espectador como participante a través de pañuelos y hoy más bien con la voz se integra en la decisión, con sus ventajas y sus riesgos, de premiar lo que le gusta o no en el ruedo.

Seguramente por ello los regleros se cuestionan el conocimiento de los asistentes, como es el caso de Diego con el buen toro de los Espartales de José Luis Iniesta y seguramente están en contra de su concesión por sentir que se pierde el rigor solemne de la plaza.

En general a los festejos de rejones, asisten un puñado de conocedores del toreo a caballo y muchos más que poco frecuentan las plazas por ello se mira con cierto desdeño el desenlace de los acontecimientos, sin embargo, y aprovechando el viaje en gran medida esto también acontece con los matadores de a pie, actualmente son menos los aficionados frecuentes y la gran mayoría, son asistentes esporádicos.

Ello no implica no celebrar el momento de madurez que vive Diego Ventura que arrasa dónde se presenta y ya acumula 16 puertas grandes en Madrid, además de ser el primero y único que ha logrado el máximo trofeo en su categoría en la historia del coso de la calle de Alcalá.

Su tarde a través de la imágenes en pantalla fue de arrebato, con sus excelsas cabalgaduras y por ello el presidente de la corrida Gonzalo de Villa con el consentimiento popular, le otorgó en la faena a su segundo muy buen ejemplar Bienplantao de los Espartales el máximo trofeo a quién parece no tener techo; Andy Cartagena se fue también en hombros por haber obtenido un trofeo en dos toros.

Curiosamente el último rabo otorgado para un matador de toros fue para Palomo Linares y el primero de rejoneador son de toreros apoderados por la Casa Lozano. Ahora se cocina el que Diego en la Feria de Otoño lidie en solitario seis ejemplares y seguramente por todo lo expuesto constituirá todo un acontecimiento.

Para aquellos que reclaman la laxitud del palco madrileño, déjenme que les cuente que varios amigos que poco hablan de toros, me han mencionado el hecho y esa me parece buena publicidad para el toreo y desde luego para Diego.

Si queremos más espectadores, no les hablemos solo de reglas sino de sentimientos me parece muy útil para el toreo, en estos tiempos.

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