Manzanares huele a Puerta del Príncipe

 

La falta de acierto con la espada ha impedido hoy a José María Manzanares abrir la puerta grande de la plaza de Valencia.

Por T. Villegas

Una “armoniosa y bonita” corrida de Núñez del Cuvillo, más de la mitad de la cual no debió pasar el reconocimiento en una plaza de primera, se llevó por delante uno de los carteles más rematados de Fallas. Una pena, porque desde por la mañana en la ciudad del Turia había el mejor ambiente. Pese a todos la tarde no la echamos a pachas. Muy al contrario, comprobamos con gozo que Manzanares está en ese momento en el que los toreros huelen a Puerta del Príncipe, a poco que la mano que saque la bolita en el sorteo tenga buen bajío. Comprobamos también que Morante mantiene su sello mágico, incluso en el espectador de ocasión, y que Luque empieza el año arreando. La pobreza de los cuvillos impidieron que todo quedara en una declaración de intenciones. Las mejores intenciones, por cierto.

Valencia respondió a la llamada de Morante de la Puebla y José María Manzanares, con el complemento joven de Daniel Luque. Y respondió con un tiempo más templado, de primavera mediterránea, y una excelente entrada, rozando el lleno total. Buen comienzo.

Pero ya desde el comienzo se vio de qué iba la tarde. Hoy lo oficial era que los cuvillos formaban una corrida “armónica y bonita”, luminosa expresión que en las horas previas levantó las mayores suspicacias entre los aficionados de Twitter. Pues se abrió el portón y… comprobamos, lamentablemente, que los twitteros tenían razón.

Para qué engañarnos, pese a lo visto esta tarde, los toros de Núñez del Cuvillo marcan en este momento el listón de máximos en casta y raza que toleran las figuras. Pues hoy, ni eso. Hasta se quedaron por debajo de los límites permisibles en trapío, con la matizada excepción del sexto, con algo más de bulto, que se desentonaba en la dichosa armonía. Una corrida, en suma, sin terminar de hacer,  a la que le faltaba más de un hervor. Y más de un pienso. En la que, además, picados ya de toriles salieron del primero al cuarto; el quinto era un mulo distraído y el sexto sacó algo más de genio, que no raza. Con clase la mayoría, desde luego, pero sin resuello para dejarlo ver. Un menú que al comensal no tiene más remedio que dejarle con hambre de toros.

A parte de por el buen ánimo de la afición valenciana, si las cosas no se dieron aún peor fue por el clímax casi mágico que rodea a Morante y por el momento extraordinario que atraviesa Manzanares, que a base de un toreo soberbio  taparon muchos defectos y carencias de sus enemigos.

En efecto, la gente está con Morante, que se ha construido –con bastante fundamento— una aureola de torero diferente que lleva mucha gente a los tendidos y hace rejuvenecer a la afición. De verdad de verdad, marca de la casa, una media verónica de ensueño en su primero. El resto tuvo un buen tono, con personalidad, pero carente de ese punto de emoción que es necesario para poder vibrar en el tendido, cómodo tendido de la nueva plaza, por cierto. Al cuarto lo mató con prontitud. Para qué perder el tiempo con semejante cuvillo.

Si delante hubiera habido una corrida de toros auténtica, a estas horas estaríamos escribiendo que Manzanares cuajó una gran tarde. Pero como no fue así, porque le tocó la corrida “armoniosa y bonita”, sólo podemos decir que está en el momento clave de su carrera. En ese punto de sazón que huele a Puerta del Príncipe, a poco que haya suerte en los sorteos. Yo que usted, amigo lector, iba encargando los billetes para el AVE, que luego en Sevilla es un jaleo.

No se puede torear más lento y más templado de lo que hizo el alicantino esta tarde. Hasta el punto de llegar a transmitir sentimientos al tendido, pese a los negativos comportamientos de sus dos toros. No se sabe si ha sido este descanso obligado por el desgraciado percance de Utrera, que le impidió hacer las Américas. O porque ha alcanzado el punto de madurez. Lo cierto es que, oído cocina, este Manzanares nos va a dar tardes para recordar.

Arrebatado desde el principio salió Daniel Duque, que no quería ser el convidado de piedra en el menú de los elegidos. Se estrelló con el zapatito debilucho que hizo tercero, pero se fajó como un hombre con el genio del sexto. En su haber, los lances de recibo a su primero, cruzando prácticamente la plaza, haciendo el lance con perfección.

Y ahora, a esperar otra corrida ”armónica y bonita”. Así nos ejercitaremos en la virtud de la paciencia, que es muy conveniente. El Santo Job, oiga, hace falta ser.

Sexta de la Feria de Fallas Valencia, 17 de marzo de 2011 Lleno, en una tarde agradable. Toros de Núñez del Cuvillo, pobres de presentación, con las fuerzas menos que justas, aunque con un punto de clase. Morante de la Puebla (de rosa capote y oro), ovación y silencio. José Mª Manzanares (de azul eléctrico y oro), una oreja y gran ovación. Daniel Luque (de burdeos y oro), silencio y palmas

Twitter @Taurologia