Sombras y Marismas – En la Muerte de Armando Rosales “El Saltillense”.

A ojo propio, arte pleno.

Me toma la terrible noticia en el carro camino a casa tras la corrida de Pachuca causando un tremendo pesar porque Armando Rosales Gámez se ha ido y solo Dios sabe cuanto arte y taurinismo, cuanto corazón y cuanta nobleza, en un solo ser humano enmarcadas, se pierden con su irreparable partida.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Su figura y la finura de su lente fueron siempre un paradigma y un mito para mi.

Antes de adentrarme en el ambiente taurino, confieso que aún desde niño, “El Saltillense” significaba todo un concepto para mi, la personal expresión de un sentir a través de la cámara. Después lo sabría con más precisión pero mi sensación infantil es que las fotos que tenían abajo de la firma un estoque, se miraban diferente.

Supe que era uno de todos esos personajes que vi en un famoso y taurinísimo  restaurante de Azcapotzalco. Enteré después que era uno de esos taurinos que acudían a visitar a Luis Del Valle “Vallito” en su guarida también en tierras del “Hormiguero”. Conocí además que había tenido un pasado prácticamente legendario y que además había sido torero.

Inmediatamente, adentrado en los toros, supe a su justa escala de quien se trataba.

La leyenda vistió de luces. Uno de los más bravos de los ruedos, vivió sobre las arenas a fuego cruzado, a cara o cruz, en una historia que hubiese soñado López Pinillos para una cruda y negra novela taurina. Armando Rosales “El Saltillense”, tras conocer a ojo propio el drama de la fiesta, toma una de las alternativas más soñadas en el toreo. En su tierra, saliendo en apoteosis y éxtasis total, a modo de redención a su tortuoso paso vestido de luces.

Pero cuando las corridas escasearon, la raza del torero, la indeclinable afición, su inquebrantable espíritu de superación personal hizo de Armando Rosales el ejemplo de superación general, ya no taurina, sino de vida. Por eso el doble mérito de su resurrección entraña en el hecho de dar la pelea, como ha sido hasta hace unas horas. Y resistir y desafiar su propio destino tras el lente de una cámara.

Irónico podría ser. No para un torero, pues torear es hacer posible lo que no puede ser, triunfar y vencer el más infranqueable de los obstáculos o prevalecer ante la situación más difícil. Por ello, “Saltillense” triunfó -y de qué manera- detrás de una cámara porque ese era el pitón difícil que el toro de la vida le hizo enfrentar para superarle con todo el arte y por todo lo alto.

Cada fotografía de Rosales Gámez es una iluminación. “La vaca y la vaquilla” en el atardecer taurino, aporta no la luz de fotones compuesta, sino la luz del genio que capta y trasmite un alumbramiento dentro del inevitable ocaso. Y lo hace, a partir del juego de las penumbras en una composición digna de Alex Phillips, amo del claroscuro.

La fotografía, la necesaria e imperecedera imagen taurina, conserva en Don Armando la fuerza de sus valores instantáneos, el sello de su profundidad de planos y por supuesto el cariz de sus ángulos. La Tauromaquia de “El Saltillense” en ese sentido, brinda al espectador una historia en sí misma y no solo una mera ilustración.

A veces, da la impresión que Don Armando realiza un punto más que fotografía. Con él es imposible evitar el recuerdo de la escena donde una mujer de extracción indígena acude a los toros sobre la tapia de una plaza de piedra en un pueblo.

Ahí, sentada de frente a la cámara con el rostro de perfil, dirige su mirada al ruedo donde el festejo transcurre mientras que en su regazo, alimenta a un niño de brazos que, por increíble que parezca, mira asombrado lo que ocurre en la lidia. Ese instante, humano y taurino, que reflejan los asombrados ojos de cada uno de los retratados representa la conjunción sublime entre naturaleza y sensibilidad humanas. Es el parpadeo exacto como resultado de la suma de su percepción la que deja a nuestro homenajeado en la posición preeminente.

Ese ojo –uno solo que vale por mil- fue en “El Saltillense” el faro que, como en la foto comentada, alumbra la revelación de la mencionada conjunción, pues para ello se necesita un artista que tenga en su pozo taurino las mencionadas virtudes sublimadas.

Nunca tendré empacho en decir que, personalmente, considero uno de los hitos de la fotografía taurina la histórica placa blanco y negro y en juego de sombras que “El Saltillense” obtuvo en el Patio de Cuadrillas de la Monumental de Pachuca a principios de los ochentas, cuando, previo al paseíllo, la lente retrata de espaldas “El Saludo del Armisticio” con el que Manolo Martínez y Curro Rivera ponían relativo fin a un menos que absoluto distanciamiento.

La foto, perfecta, marca la estela del final de las horas previas y el comienzo del andar taurino de los toreros por el sendero del paseíllo , parpadeo del tiempo en el que Rosales detiene entre la mexicanidad del alguacil que avanza, la obscuridad del miedo de los toreros, envueltos por el túnel y al final, en fondo, la iluminada Plaza que en su caleidoscopio mostrará momentos después la cara de la emoción.

La foto es tan maravillosa que aún se advierte, en la penumbra, la línea de la sonrisa característica de Manolo.

Algún día el Maestro me confesaría que esa tarde había entrado retrasado, que nada tendía que haber hecho en el túnel pues su sitio, para ese momento, estaba en el callejón. Ahí radica lo grande de Armando, hacer de la ocasión la oportunidad ideal para derrochar arte incluso en un terreno por el cual no apostaba.

Así descubrió su técnica, majestuosa, de la foto solución. Y claro, pocos lo saben o lo entienden pero “El Saltillense”, mediante la incontestable virtud de la sencillez, fue un espléndido pintor, un hombre que nace con el famoso don del trazo. No olvidemos, que en el arte, justo en la sencillez está la virtud.

Por eso en “La Tauromaquia de El Saltillense” –debe existir un volumen así nombrado- no es raro encontrar en ocho trazos la redondez y lo astifino de un toro. Simple y en blanco y negro. Rematado en sepia, intercalado azabaches y oros, “Saltillense” plasma la bajada de los toreros muertos hasta el fondo de sus marismas, “para torear entre sombras, sus propias sombras perdidas”. Quizá Don Armando, en esa frase que es toda suya, se concreta como un artista renacido, lo haya sabido mejor que nadie.

Cada placa de Rosales es un instante, decíamos, de iluminación. Y anticipo que su última iluminación es, lamentablemente, postrera. Existen un número indefinido e indeterminable de fotos “inéditas” de “El Saltillense” que no se pueden por ningún motivo perder, la historia nos juzgará si en el afán mercantilista el gran acervo taurino de este gran hombre llegase a diluirse. Y se perfectamente a quienes podríamos culpar…

Menos mal aún se logró un homenaje previo a que guardara, como decía su amigo “Canito”, “su máquina” tras la inauguración este año de La México. Fue la última vez que le saludé.

Desde aquí insto a las autoridades culturales, a “los mecenas” e incluso a la propia Universidad Nacional a impulsar la preservación y digitalización de este gran y único archivo, pues “El Saltillense” es algo más que un fotógrafo taurino y, anticipo polémicas, el mejor fotógrafo taurino de treinta años para acá. Solo cuando se pueda valorar la obra de Armando Rosales, su devoción por el cuerpo humano y la captación fotográfica de las más sublimes emociones humanas, sabremos entonces lo que hemos perdido hoy.

Yo lo conocí y le admiré siempre. Jamás olvidaré su eterna alegría, resultaba un gusto verle llegar a los sorteos, salir de ellos, arribar a sus burladeros con su grito casi de guerra: “¡Qué Viva España!”, el de guasa: “¡Acá las Tortas!”, como aquel dia que brindamos, tequila almendrao, en la Corrida Mil de la Plaza México.

Su finura personal y por supuesto su concepto de locura son para mi inolvidables, que como dice la signorina no hay nada más raro en el mundo que ser normal. Miraba sus cajones con millones de negativos y decía: “Es para volverse loco, ¿Verdad?” Es, Maestro, como tiene que ser.

Por eso me entristece terriblemente su partida, porque él era luz. Como aquella noche donde en la Torre Ejecutiva de Petróleos Mexicanos, tres pisos se le dedicaron con su puesta en “Cuatro Tiempos” de a color, blanco y negro, oxidaciones y foto soluciones. Ese día, como tantos otros, “El Saltillense” fue el Rey. Por artista y torero, por incondicional amigo.

Recuerdo su relato del paso que tuvo por España. Como contaba su amistad con “Canito”, con quien se escribía. Lo difícil que los toreros, para serlo, representaba el medio español y recuerdo principalmente su respeto por José Cubero “Yiyo” y los golpes bajos del taurinismo.

Su mayor ilusión era ese libro que por fin saldrá, tras ver frustrado sus intentos por la voracidad de la gente del toro quienes siempre buscaron su ventaja y no la del arte. Subrayo de nuevo la necesidad de revisar y no dejar perder el “Archivo Saltillense”. Pues, en el fondo, seguro estoy que a un artista, aún sin que él estuviera de acuerdo, la mejor forma de honrarlo es estudiándolo.

Un toro en Guadalajara que embiste a unas palomas en el ruedo que salen elevándose es otra de sus magnas obras. Recuerdo como en Salvador Rojas conservan fotografías monumentales del Maestro, una es esa, la que demuestra la nobleza de la naturaleza en medio de los cosos taurino.

Y quedan al vuelo las columbas que, como en esa foto del torazo de Guadalajara, recorren el volar hacía el eterno cielo, justo donde “El Saltillense” en luz perpetua descansa ahora.

Descanse en Paz, Maestro. Le extrañaré siempre. 

Twitter: @CaballoNegroII.

Adiós, Saltillense…

El Matador de Toros y gran fotógrafo taurino, Don Armando Rosales Gámez, “El Saltillense” (Saltillo, Coahuila 1943) murió la tarde del sábado, 10 de diciembre de 2011 en su ciudad natal luego de una larga enfermedad Los restos de “El Saltillense” son velados en la capilla Renacimiento, en el boulevard Nazario Ortiz Garza de Saltillo.

4 Comentarios »

  1. Armando fue mi compañero de la primaria era ya un galan en la escuela centenario, muchas chiquillas lo buscaban. pero era a mi a quien siempre me decia “maria te quiero” y abria las manos como para abrazarme pero yo corria, era una niña muy timida y me daba mucha verguenza, hubo varias veces que el y sus amigos me carreteaban por toda la calle de Abasolo. Me lo volvi a encontrar en año 1963 y siempre diciendome lo mismo yo ya estaba estudiando la carrera de contadora, y le pregunte que haces tu de tu vida. y me dijo yo sigo con mis toros, no lo volvi a ver, pues yo emigre a los Estados unidos, vivo desde 1967. Me comento una compañera de carrera que Armando ya habia muerto… me senti muy desconsertada y hoy buscando en el internet, veo que si es cierto me duele ya que fue un hombre jugeton muy amable y dejo bonitos recuerdos de mis años en la primaria y muchas anegdotas muy chistosas de ese hombre con corazon de niño…

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  2. HERMOSO MUY DIGNO EL BREVE, PERO MUY BREVE COMENTARIO DE NUESTRO RELATOR Luis Eduardo Maya Lora “CABALLO NEGRO II”, SE AGRADECE EN VERDAD LA SENTIDA RESEÑA DE UN GRAN TORERO Y TAURINISIMO PERSONAJE DE LEYENDA, PORQUE ASÍ ERA NUESTRO GRAN ARMANDO ROSALES “SALTILLENSE”, UN HOMBRE CON GRAN SENSIBILIDAD EN TODOS LOS ASPECTOS HUMANOS Y TAURINOS, Y SI SUENA A REPETICIÓN “EL GRAN ” ES PORQUE ASÍ FUE EL SALTILLENSE, UN GRANDE QUE SIEMPRE REPETÍA EN SU OBRA DE GRAN CALIDAD Y SU TRATO CON LOS AMIGOS DE GRAN CUALIDAD,.

    AFABLE AMIGO, COMO SIEMPRE QUE SE NOS ADELANTA EN EL CAMINO, ALGUIEN A QUIEN QUEREMOS, NO PODEMOS CREERLO YA QUE QUISIÉRAMOS QUE ESTUVIERAN POR SIEMPRE CON NOSOTROS, QUE FUERAN ETERNOS.
    ARMANDO ROSALES GÁMES “SALTILLENSE” , MUCHO TE ECHAMOS DE MENOS QUIENES TENEMOS EL TESORO DE TUS OBRAS Y MUCHO MÁS TUVIMOS TU AMISTAD PEDIMOS A DIOS POR TU DESCANSO ETERNO.

    AMEN.

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  3. se fué un gran taurino por donde quiera que se le quiera ver,como persona,como torero y no se diga como fotografo,se te va a extrañar hermano,que dios te vendiga donde quiera que estés.

    Sigfrido Ortiz Vazquez,tu amigo,descansa en Paz.

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  4. Adiós Salti:
    Apenas fuimos amigos los últimos 5 años, pero parecía que lo hubiéramos sido toda la vida.
    Te vamos a extrañar y mis hijos que tanto te querían por todo lo que les enseñaste y obsequiaste, tu arte y lo mejor que tenías, tu propia persona!!
    adiós mi Salti…

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