
A Juan José Padilla lo recibieron en Pamplona como el hombre que contra viento y marea insiste en disfrutar su profesión: Desde dos días antes de la corrida del 14 de julio pasado ya le habían gritado, antes de iniciar el recorrido del encierro de la corrida de ese día, el ”¡Illa, Illa, Illa, Padilla maravilla!” Cómo reconocimiento a su gran voluntad para recuperarse, del grave percance que le costó la visión de un ojo en Zaragoza el año pasado.
Desde entonces usa un parche negro en su ojo izquierdo, en su manera de imaginarse cosas, los aficionados de Pamplona lo definieron alegóricamente cómo pirata de los siete mares. Las Banderas piratas saludaron al torero del parche. Una de esas banderas la ondeó Padilla en la vuelta al ruedo con la oreja en la mano. Una oreja de recompensa por gran estocada y tantos años de entrega.
También un tercio de banderillas que levantó clamores. Qué importa lo malo que fue el encierro de Torrehandilla, desigual y falto de celo el 14 de julio de 2012, fue el día del reconocimiento navarro para el de Jerez, y él cumplió sobradamente.
Reconocer también, que el toreo es para los verdaderos buscadores de aventuras, para seres desafiantes de las reglas, las normas y las leyes de la naturaleza. Los toreros cada uno a su modo y manera, se guían precisamente por eso. Por eso y por otras cosas que les han hecho encarar a la muerte en innumerables ocasiones. En el caso de Padilla después de Zaragoza era imposible atreverse a suponer que iba a regresar a los ruedos.
Esas sensaciones las ha vivido Juan José, cada vez que ha emprendido una corrida y ha conseguido volver a casa sano y salvo. Cada vez que ha toreado, después de verle poner todo su empeño para recuperarse, corriendo, haciendo gimnasia, siguiendo al pie de la letra las instrucciones de sus doctores, poniendo de su parte para seguir disfrutando de la vida.
Etimológicamente la palabra “pirata” viene de la griega peirates, con la que se calificaba a los aventureros que intentaban suerte en el mar. El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia señala que pirata es el “ladrón que anda robando en el mar”, y corsario “dícese del que manda una embarcación armada en corso con patente de su gobierno”. Corsario viene en realidad del latín “corsus” o carrera, porque es correr la mar.
El mismo diccionario citado, aclara que corso es la “Campaña que hacen por el mar los buques mercantes con patente de su gobierno para perseguir a los piratas o a las embarcaciones enemigas”. Su bandera negra (o roja) era el símbolo de su libertad y la enarbolaba como oposición a los pabellones nacionales.
Tal vez por ser símbolo de libertad es que los aficionados navarros decidieron homenajear así al torero de Jerez. Por eso con ese buen humor que acompaña a Padilla, lo vimos tomar la bandera negra con la calavera con un parche, para enarbolarla con orgullo y dar la vuelta al ruedo en el ruedo de Pamplona, que cumplió 90 años de inaugurada, parte de la construcción esto es, sus columnas, provenientes de la fallida Monumental de Sevilla, a la que tanto le apostó en los primeros años de los veinte del siglo pasado, el inolvidable Joselito.
Me parece un hecho natural que en la Temporada Grande de la México, Juan José Padilla sea contratado, es uno de los toreros que provoca buenas entradas por su interpretación del toreo y por lo que representa como ejemplo por sus ganas de vivir y de disciplinarse para seguir ejerciendo su oficio. Lo esperamos para que haga campaña en un país en el que poco lo hemos visto. Que así sea.
En la segunda novillada de la plaza México ante una entrada aceptable para el tipo de festejo, Antonio Lomelín supero la actuación de la semana pasada, particularmente con el capote nos gustó la calidad en las verónicas y en una media de ensueño con el primer novillo de La Guadalupana de Don Juan Flores, su encierro en general fijo y noble, en lo positivo, débil en la parte negativa, pero que permitió el lucimiento de los tres integrantes del cartel.
Por sus fallas con la espada, César Ibelles perdió una oreja, que bien se hubiera ganado en el quinto. Ricardo Frausto de Aguascalientes, tuvo una presentación que provoca esperanzas, además de buena percha, inclinación por el toreo erguido y con temple en el capote y en la muleta, al sexto le armó una faena muy bien estructurada que le valió para la vuelta al ruedo y perdió la oreja por ser la estocada un tanto caída, pero el público asistente la solicitó con fuerza y se ganó la repetición a la brevedad.
El domingo 15 de julio de 2012, salimos de la Plaza México ateridos y mojados, pero contentos después de una novillada en la que vivimos momentos de buen y fresco toreo de los tres alternantes. ¡Enhorabuena!




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