FERIA DE ABRIL »Manzanares, consentido de una vergonzosa Maestranza

José María Manzanares, con el primer toro de su tarde. / JOSÉ MANUEL VIDAL (EFE)
José María Manzanares, con el primer toro de su tarde. / JOSÉ MANUEL VIDAL (EFE)

 Por Antonio Lorca.

La plaza de la Maestranza estuvo a punto de vivir una de las páginas más tristes de los últimos años. Si la presidenta no aguanta la presión de la mayoría de los tendidos y concede la segunda oreja a Manzanares en el quinto de la tarde, el torero alicantino hubiera salido por la Puerta del Príncipe sin mérito alguno para ello. Tanto es así que, a pesar de que cortó dos orejas, ofreció una imagen paupérrima como torero desbordado, sin recursos y ventajista, defectos que el público convirtió en virtudes y creyó estar viendo a una figura en plenitud.

Será verdad aquello de que unos nacen con estrella, y otros, estrellados. José María Manzanares es de los primeros, y debe de ser una bendición venir al mundo con la suerte de que la gente te cante todo lo que haces sea bueno o una mamarrachada. Por razones diversas, por ser hijo de quien es, por su buena fachada, por su innata elegancia, o vaya usted a saber por qué, Manzanares ha caído de pie en esta Sevilla tan veleidosa. Tan de pie, que muchos, sin conocerlo de nada, le llaman Josemari, con esa familiaridad tan falsa como cercana.

Pues Josemari es un consentido de esta plaza; pero lo es para vergüenza de esta desconocida y hundida afición que ayer causaba bochorno con su actitud bullanguera y triunfalista ante un torpe torero que fue incapaz de domeñar la dificultosa embestida de su lote. Sin embargo, amigo, haga lo que haga Manzanares, se analiza con buenos ojos que parecen estar asistiendo a una obra de arte.

Le pidieron con fuerza la oreja de su primer toro, un manso al que no quiso o no pudo ver con el capote, y que llegó con agresividad y corto viaje al tramo final. El torero hizo lo imposible por quitárselo de encima en lugar de mandar en la embestida, desconfiado e inseguro en todo momento. Tomó la zurda, se quedó al descubierto por un golpe de viento y una temible colada le hizo cambiar de mano para no volver jamás a la izquierda. Alargaba el brazo hasta la ridiculez, aprovechaba el viaje del toro y nunca le ganó la pelea. Allá en chiqueros consiguió un par de ajustados derechazos y otro de pecho, y los tendidos explotaron de emoción. 

Tampoco hubo suerte con el capote en el quinto, con el que se lució en banderillas Curro Javier, a quien acompañó la música. Manzanares repitió la historia anterior, desbordado, con pocos recursos, menos ideas y siempre despegado. No floreció faena alguna; es verdad que el toro se rajó y que un desarme acabó de romper toda esperanza. Pero un arrimón final y una gran estocada que tumbó al toro patas arriba desbordó el entusiasmo. La plaza se inundó de pañuelos, y, por un momento, se presagió el derrumbamiento total del prestigio ya mermado de esta plaza. La presidenta sacó un pañuelo y los enloquecidos partidarios pedían y pedían la segunda oreja, que hubiera acabado en un gran despropósito. Afortunadamente, prevaleció el sentido común y la bronca de los decepcionados la debe dar por buena la señora presidenta. Dos —una y una— es un injusto premio solo merecido por un consentido de esta plaza sevillana que hace tiempo perdió el norte y la vergüenza torera.

Tomó la alternativa Lama de Góngora, que camino lleva de ser querido sin motivo. El chaval tiene buenas maneras, pero su primero era un buey de carretas, con el que actuó como enfermero con cierta gracia, y pare usted de contar. Sonó la música, se cantaron olés, pero aquello carecía de la necesaria emoción. Tampoco pudo levantar su tarde en el último, que pronto se vino abajo y no fue posible el entendimiento.

Ponce actuó como padrino de la ceremonia. Y por ello cobró. Marmolillos fueron sus oponentes y él no expuso un alamar. La experiencia es un grado.

PONCE, MANZANARES, LAMA

Toros de Victoriano del Río, correctos de presentación, mansos, descastados y blandos.

Enrique Ponce: estocada caída (silencio); casi entera tendida (silencio).

José María Manzanares: estocada (oreja); gran estocada (oreja).

Lama de Góngora, que tomó la alternativa: tres pinchazos y un descabello (ovación); tres pinchazos (silencio).

Plaza de la Maestranza, 18 de abril. Cuarta corrida de feria. Lleno.

2 Comentarios »

  1. Este tal Lorca es un amargado de la fiesta, traumado e incapaz de ver la Extraordinaria actuación que tuvo Manzanares el día 18 de Abril. Torerazo. Lorca tu andas ya barbeando las tablas, reculando y a punto de echarte, para recibir una sonora rechifla en el arrastre.

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  2. Que amargado esta este tipo, o será que escribe así porque no le dan su “mochada”……. Que barbaridad, y hace unos días y meses pensar que se emocionaba locamente por un torero como el CID que no transmite ni el mas mínimo sentimiento y emoción, además casi llora con unas faenas por demás sobrevaloradas y sentimentalistas del Maestro Espartaco, saben que, yo ya no entiendo a estos periodistas de media tabla……..
    A ver quien entra primero al manicomio, o estos personajes o nosotros los aficionados, como diría mi abuelita, pa’que te amargas hijo con estos seres tan obscuros y tenebrosos.
    Buenas noches y ojalá mañana veamos una extraordinaria corrida y que estén bien los tres espadas y que el ganado hable para bien.

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