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Análisis Sevilla | Temporada 2015: Un año con escasa brillantez artística

ESPARTACO

Por Luis Nieto.

La temporada en la Maestranza sevillana, que se cerró el pasado lunes con el triunfo de Miguel Ángel Delgado, quien cortó una oreja, estuvo marcada por la ausencia de cuatro figuras –José Antonio Morante de la Puebla, Julián López El Juli, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante– por el archiconocido litigio con la empresa Pagés, que comenzó allá por diciembre de 2013 cuando Eduardo Canorea descalificó a esos cuatro toreros, además de a José Tomás y a José María Manzanares. Éste último sí llegó a un acuerdo de contratación en la pasada Feria de Abril.

La crisis económica, primeramente, y las ausencias de figuras, posteriormente, han hecho estragos en el número de abonados en las últimas temporadas, lo que ha traído consigo un menor peso del aficionado, con un público más heterogéneo y, en consecuencia, una menor exigencia en una plaza que ha ido perdiendo personalidad y seriedad en este sentido.

La campaña 2015, que en su conjunto tuvo escasa brillantez, contó con dos salidas a hombros por la Puerta del Príncipe -el matador de toros Juan Antonio Ruiz Espartaco y el rejoneador Diego Ventura-.

El comienzo de la temporada deparó dos reapariciones ocasionales, la del mencionado Espartaco y la del también sevillano Eduardo Dávila Miura. El torero de Espartinas, en la corrida del Domingo de Resurrección, en su retorno y retirada, cortó dos orejas -una a cada toro- y fue sacado a hombros por un nutrido grupo de toreros por la mítica Puerta del Príncipe como tributo a su grandiosa carrera. Afloró solera en su primero y se entregó en plan espartaquista en el otro. Dávila Miura reapareció en la Feria de Abril en la corrida del 75 aniversario de la ganadería de Miura lidiando consecutivamente en Sevilla y cortó una oreja en una actuación digna.

Tres alternativas se sumaron a las efemérides citadas anteriormente, ya que fueron doctorados el espartinero Borja Jiménez, el sevillano Lama de Góngora y el pacense José Garrido; siendo el primero el único que consiguió un trofeo.

La faena de la temporada la firmó Antonio Ferrera en la Feria de Abril. El diestro extremeño sacó con solera todo el buen fondo del toro Mecanizado, de Victorino Martín, al que se le premió con una vuelta al ruedo generosa, ya que en el tercio de varas se rajó en el segundo puyazo. Desgraciadamente no la culminó acertadamente con los aceros y Ferrera, muy torero en la notable victorinada, no consiguió trofeos.

El alicantino José María Manzanares, quien asumió el peso del abono, muy arropado por el público sevillano, con cuatro tardes, rozó el triunfo, pero no redondeó, pese a que uno de los días contó con un gran lote de Núñez del Cuvillo, la ganadería más destacada. Manzanares sí rubricó la suerte suprema el sábado 18, con dos estocadas de nivel superior a toros de Victoriano del Río, que le valieron una oreja de cada astado.

En la Feria de San Miguel destacó el madrileño Alberto López Simón, quien cortó una oreja en una actuación en la que se mostró firme como una roca. Y también el camero Esaú Fernández, quien dejó de ganar un par de trofeos por el fallo con los aceros en la última del ciclo otoñal y, posiblemente, otro en la corrida del 12 de octubre.

Uno de los matadores de toros más destacados en el presente curso ha sido Manuel Escribano, quien se entregó sin reservas ante victorinos y miuras en el ciclo abrileño, jugándose el pellejo en largas cambiadas de rodillas frente a toriles y en banderillas, con pares escalofriantes, y con buenas estocadas, además de cumplir con las telas. Consiguió un trofeo en cada tarde.

Joselito Adame, Antonio Nazaré, Pepe Moral, Juan José Padilla y el ya citado Eduardo Dávila Miura cortaron una oreja cada uno. Dejaron buenas impresiones Sebastián Castella, en faena de temple y valor; Juan Serrano Finito de Córdoba, aunque se quedó en sólo apuntes al natural ante un gran toro de El Pilar, que mereció más; Daniel Luque, con el capote; José Garrido, por su garra, y Galván por su entrega. Se esperaba más de Manuel Jesús El Cid, Enrique Ponce, Iván Fandiño, Miguel Abellán y David Fandila El Fandi.

En cuanto a los novilleros, quien mejor impresión dejó fue Andrés Roca Rey -ya matador de toros-, quien cortó una oreja a cada uno de sus oponentes, cayó herido y salió a hombros por la Puerta de Cuadrillas. Pablo Aguado, Ginés Marín, Joaquín Galdós, Filiberto, Posada de Maravillas, David de Miranda y Miguel Ángel Silva consiguieron un trofeo cada uno.

En rejoneo, Diego Ventura atravesó la Puerta del Príncipe -muy holgada y generosa- por décima vez en su carrera, con una gran actuación del excelente caballo Sueño; Andrés Romero cortó dos orejas y Fermín Bohórquez realizó su última faena en Sevilla, consiguiendo el único trofeo de la matinal de rejones.

En la cantera, David Martín se alzó como triunfador con entrega y arrojo en el ciclo de promoción de nuevos valores, en cuya final compartió cartel con Juanito y Emilio Silvera.

En cuadrillas han destacado, entre otros toreros, los banderilleros Curro Javier, Curro Robles, José Chacón, Rafael Rosa, Abraham Neiro, Javier Ambel, Alcalareño, Lipi, José Manuel Montoliú, Ángel Odero, Raúl Ruiz y Fernando Sánchez y los picadores Manuel Jesús Ruiz y Juan Francisco Peña.

En ganado, el nivel ha sido superior al artístico en el conjunto de la temporada. En la Feria de Abril destacaron las corridas de Núñez del Cuvillo, la más completa y con un toro excelente, el segundo, Encumbrado, que le tocó a Manzanares. Del encierro de Victorino Martín destacaron tres astados, el ya citado Mecanizado y otros dos. Otra ganadería con buen nivel ha sido la de Fuente Ymbro, con un cuarto extraordinario, Turulato. Y también hubo toros sueltos notables de distintos hierros: Cayetano Muñoz, El Pilar, Victoriano del Río, Jandilla y Miura. En término medio, Jandilla. Y en la cara opuesta, fracasaron Montalvo y Torrestrella. Para rejones, la corrida de Bohórquez resultó noble en distinto grado y la de Benítez Cubero dio un juego desigual. En San Miguel, con Alcurrucén -juego variado- y Las Ramblas -se salvó un toro-, el nivel no fue bueno.

La crisis, la ausencia de varias figuras y el descenso del número de abonados en los últimos años ha desembocado en un menor peso de los aficionados y una rebaja en las exigencias propias de una plaza de máxima categoría. Y dentro de este contexto se ha vivido una temporada que ha tenido en su conjunto una escasa brillantez artística.

Fuente: http://www.diariodesevilla.es/article/toros/2132257/ano/con/escasa/brillantez/artistica.html

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Sevilla: Lo que no puede ser es imposible

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Por Antonio Lorca.

Entre los tres toreros sumaban poco más de una quincena de actuaciones en España y América en toda la temporada; los tres se jugaban en la Maestranza una parte importante de su futuro; y los tres llegaron al hotel cabizbajos porque no consiguieron el objetivo propuesto.

Normal, por otra parte, porque lo contrario hubiera sido el gordo de la lotería y eso es una casualidad muy grande. Está claro que cuando no se torea, el toro pasa una factura de peso incalculable, máxime cuando el escenario es de tanta responsabilidad como la plaza sevillana, aunque sea cada vez más pueblerina y bullanguera.

Y, en esta ocasión, la culpa no fue de los toros de Alcurrucén, que, en mayor o menor media, con un punto general de sosería en sus embestidas, facilitaron la lidia y posibilitaron el triunfo, si sus matadores hubieran manejado los engaños, y, sobre todo, la espada, con más pericia.

Se llevó la palma Esaú Fernández; atisbó la gloria entre comillas y la mandó a paseo al fallar estrepitosamente con el estoque en sus dos toros. Quizá, en caso contrario, hubiera cortado una oreja en cada uno, pero más por su entrega y las dos volteretas que sufrió que por la profundidad de su toreo.

Le tocó la perita el dulce del primero de la tarde, que acudió a la muleta con nobleza y recorrido, y Fernández lo toreó con temple y relajo en un par de tandas con la mano derecha y otra de naturales muy estimables. Alargó en exceso la faena porque no alcanzó la emoción que la calidad del toro requería; cuando quiso lucirse con una arrucina sufrió una espectacular voltereta de la que, no se sabe cómo, salió ileso. Después, mató mal y se acabó la historia.

Esperó al cuarto de rodillas en los medios. Tardó el toro en salir, y cuando lo hizo se paró a un metro del torero, lo miró, lo midió y, antes de que le diera tiempo de recobrar la verticalidad, lo empaló por la corva de la pierna izquierda y lo lanzó por los aires, pero como el muchacho es joven y debe ser de chicle, se levantó como si tal cosa y lo capoteó como pudo. Con este toro, que acudió con buen son a la muleta, aunque con la cara a media altura, dibujó algunos naturales aceptables, sin redondear la labor que se esperaba. En esta ocasión mató aún peor.

A pesar del impresentable mitin con la espada, tuvo la osadía de coger el capote y salir al tercio a saludar las palmas de cuatro amigos. ¡Incomprensible! ¿Cómo es que alguien no lo retuvo y le facilitó una toalla para que se tapara la cara entre barreras en lugar de salir a ridiculizar su dignidad? En fin…

Borja Jiménez y Lama de Góngora estuvieron por debajo de las condiciones de sus nobles oponentes. Decidido, pero muy despegado, acelerado, sin reposo y sin fondo el primero, y Lama, que no se vestía de luces en público desde el día de su alternativa, el 18 de abril, en esta misma plaza, evidenció que no está placeado; derrochó voluntad, le faltó seguridad y ajuste, y le sobró un toreo mecanizado y mudo.

Sin duda, los tres dieron lo mejor de sí, pero que está visto que la experiencia es un grado, que la Maestranza impone mucho, aunque ya no sea la que fue, y que triunfar en las condiciones que llegaron los tres era como comprar un décimo y que te toque el gordo. O sea, que lo que no puede ser es imposible.

Toros de Alcurrucén, bien presentados, cumplidores en los caballos, sosos y nobles; destacó el primero por su movilidad.

Esaú Fernández: tres pinchazos _aviso_ pinchazo y estocada (ovación); seis pinchazos, media baja _aviso_ y tres descabellos (saludos por su cuenta).

Borja Jiménez: cuatro pinchazos _aviso_ dos pinchazos y casi entera (silencio); estocada baja (ovación).

Lama de Góngora: estocada (silencio); dos pinchazos y estocada (silencio).

Plaza de la Maestranza. Segunda y última corrida de la Feria de San Miguel. 27 de septiembre. Media entrada.

Lo que no puede ser es imposible | Cultura | EL PAÍS
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/09/28/actualidad/1443420377_643683.html

FERIA DE SAN MIGUEL DE SEVILLA: Penosa flojedad, docilidad perruna

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El torero López Simón da un pase con la muleta al toro al que cortó el único trofeo en el mano a mano con el diestro Manuel Escribano, en la plaza de la Real Maestranza de Sevilla. / JULIO MUÑOZ (EFE)

Por Antonio Lorca.

La corrida se anunció como un mano a mano cuajado de expectación, pero entre los toreros, el ganadero, la empresa y la presidenta, con la ayuda inestimable del público y la banda de música, se la cargaron. Hicieron el paseíllo dos toreros de moda, revitalizados a lo largo de una exitosa campaña, eligieron una ganadería comercial, el ganadero escogió los toretes más bonitos que tenía en el campo, los aprobó la autoridad y el público se hartó de aplaudir.

Pero todo fue un engaño, una estafa, un desastre y un espantoso ridículo de cuantos algo tuvieron que ver con tan bochornoso espectáculo.

La corrida, en general, estuvo muy mal presentada, inválida en mayor o menor grado toda ella, descastada y mansa. Un regalo. Noble, sí, dócil como un perrito, al estilo de todas las ganaderías apetecidas por las figuras, pero incapacitada para el toreo que encierre unas gotas de emoción.

Error mayúsculo, pues, de los dos toreros, que se estrellaron ante toros sin sangre en las venas, pura carne fofa y mustia, en estado comatoso. Pero la banda de música no cesó de tocar sin causa justificada y el público de aplaudir como si estuviera viendo a Belmonte y Joselito en tarde de gloria.

Pues, no; no hubo gloria ni nada que se le pareciera, a pesar de la oreja que cortó López Simón, entregado como su compañero, pero sin posibilidades de lucimiento verdadero.

Para empezar, sucedió algo muy extraño: Escribano esperó a su primer toro de rodillas en los medios; sale el animal con andares beodos, pasa por allí como quien no quiere la cosa y, de pronto, se despanzurró en el albero; se levantó a duras penas y ya no pudo mantener la verticalidad, se derrumbó varias veces y fue devuelto. ¿Qué le pasó a ese toro? Extrañísimo comportamiento el suyo.

El sobrero fue una piltrafa, y el torero trató vanamente de justificarse; el tercero, inválido como sus hermanos, fue muy protestado, pero se quedó en el ruedo. Se le caía la cara de bondadoso, pero no podía con un alfiler. Algún natural dibujó Escribano en una labor desdibujada por la ausencia de ánimo de su oponente.

Lo intentó de veras ante el quinto, de la misma especie, con escaso recorrido y nula casta, pero sus muletazos no movieron la pasión de los bullangueros espectadores, dispuestos a aplaudirlo todo. Tanto es así, que ovacionaron con alto interés par de banderillas olvidables, puyazos inexistentes y muletazos insufribles, pero así está la fiesta, incluso en esta plaza, otrora sabia.

La música sonó con fuerza y de manera inexplicable en la primera faena de muleta de López Simón ante un animalito insufrible, con el que el diestro hizo alardes de valor ante un proyecto de cadáver. Su labor careció de intensidad, no le concedieron la oreja que algunos pidieron tras una buena estocada y se marcó una vuelta al ruedo barata, barata.

Sí paseó un apéndice del cuarto, (otra vez, la banda, tachán, tachán), que se mantuvo en pie, y su matador mostró quietud y entrega en una labor con altibajos. Mató bien otra vez y de ahí vino lo de la oreja con escaso peso.

Y el festejo se cerró con el más complicado; el sexto acudió al caballo con menos tristeza, pero puso en apuros a la cuadrilla y llegó al tercio final con serias dificultades para el torero. López Simón aguantó miradas de poco amigo y mostró que el valor es de sus cualidades esenciales. El público se emocionó ante la bronquedad del animal y la entrega del torero y trazó derechazos estimables. Marró con la espada.

Toros de El Pilar-Moisés Fraile, -el primero, como sobrero-, anovillados, inválidos, descastados y nobles.

Manuel Escribano: estocada tendida (silencio); casi entera (ovación); estocada (ovación).

López Simón: estocada (vuelta); estocada (oreja);dos pinchazos y media baja (ovación).

Plaza de la Maestranza. Primera corrida de la Feria de San Miguel. 26 de septiembre. Tres cuartos de entrada.

Penosa flojedad, docilidad perruna | Cultura | EL PAÍS: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/09/26/actualidad/1443292688_379045.html

Manuel Escribano y Alberto López Simón la apuesta por Sevilla

López Simón y Manuel Escribano durante su comparencia ante los medios este martes. TOROMEDIA

De SOL y SOMBRA.

Manuel Escribano y Alberto López Simón comparecieron este mediodía ante los medios sevillanos para manifestarse sobre los pormenores de una temporada importante para ambos y la apuesta por Sevilla el próximo sábado en la primera corrida de San Miguel.

Vuelvo a sentirme muy feliz de torear en Sevilla. Me encuentro muy bien delante de los toros, y espero disfrutar la próxima tarde del sábado”. Así se expresó el torero sevillano ante el expectante “mano a mano” que abrirá la Feria de San Miguel. De igual forma dijo sentirse el madrileño. “

Pensar en Sevilla ya me hace feliz, torear en la Maestranza es un privilegio, además me fui muy triste al no tener buenas sensaciones en mi última corrida aquí, y estoy deseando de sacarme esa espina. Espero estar a la altura de la plaza y de la afición, y no defraudar”.

Con respecto a su particular temporada dijo Manuel sentirse muy satisfecho de cómo le están saliendo las cosas. “Conforme más toreo mejor me encuentro, disfruto de todos los tercios de la lidia y me encuentro muy seguro y feliz”.

También Alberto se refirió a su estado de salud tras la reciente cornada sufrida en la Feria de Albacete. “Mi estado físico es fenomenal, el cuerpo me permite estar delante del toro y aunque la herida ha supurado en los últimos días, el descanso, de aquí al sábado, me vendrá fenomenal”.

El madrileño también habló de la extraordinaria temporada del sevillano. “Manuel ha puntuado todas las tardes y está en un momento muy bueno. Los triunfos se le cuentan por puertas grandes. De todas formas, mi preocupación es sólo por mi, de qué me sirve preocuparme por lo que pueda hacer el compañero si después yo no estoy bien”.  Por su parte Escribano dijo de López Simón que “el mayor competidor es en verdad uno mismo, aunque en este caso los dos somos rivales directo puesto que los dos estamos en el mismo nivel”.

La cita el próximo sábado en la plaza de toros de la Maestranza a partir de las 18.00 horas

Twitter @Twittaurino

Opinión: El Rey pisa el albero

Por ANTONIO BURGOS

En Sevilla, ciudad de duales barrocos, se da una de las contradicciones más hermosas del mundo. La plaza de los toros está en el barrio del Arenal, como han pregonado cien mil millones de coplas y catorce mil millones de poemas, muchos de ellos no malos: malísimos. Bueno, pues estando en El Arenal, es la única del mundo que no tiene arena. Arena, la de la plaza de Bilbao, hasta tal punto negruzca que los políticamente correctos la llaman subsahariana. Arena, la de la plaza de Madrid, con esos montículos a modo de medias pirámides que hacen con ella en los burladeros.

Pero la plaza del Arenal de Sevilla, contra lo que su mismo nombre indica, no tiene arena: tiene albero. Albero de Alcalá de Guadaíra, esa población a la que gracias a las prisiones de Isabel Pantoja ha aprendido España entera a ponerle el acento donde le corresponde al río que la apellida. O como la podía apellidar el albero, palabra que escuché de labios de Su Majestad el Rey Don Felipe VI (que Dios guarde, por la cuenta que nos trae), al entregar en la plaza los premios taurinos y universitarios de la Real Maestranza.

Yo sabía que a Don Felipe VI le venía de rama, de Doña María de las Mercedes, si no la afición, sí el respeto por el toreo. Lo demostró este San Isidro. Cogió y se plantificó en una barrera…¡el primer día del abono! No en la Corrida de la Prensa, que es la costumbre, ni en la Beneficencia, que es tradición regia de palco, no. El primer día, como un chaval que se acaba de sacar el abono, a inaugurar la isidrada y sin avisar. Y en El Arenal sevillano me terminó de convencer de su afición y respeto por la Fiesta. Porque hay que echarle valor para, tal como están las cosas, plantarse en una plaza de toros a entregar unos premios. Universitarios, sí, a los mejores expedientes de la Hispalenmse, pero también taurinos: a los hombres de oro y plata triunfadores de la Feria de Abril y a las figuras de la novillería andante que vienen arreando. Y más valor todavìa hay que echarle si esa plaza es propiedad de una Real Maestranza: ojú, lagarto, lagarto, cosa de nobles y de marqueses, cuánta carcundia de lo políticamente incorrecto. Y por si fuera poco todo esto, presidir el acto en el que los taurinos llaman “pisoplaza” y referirse a la arena no con esa palabra, sino como le decimos los sevillanos y el toreo todo: albero.

Y por si no bastara, va Don Felipe VI y elogia a estos cuerpos nobiliarios, «a todas las Reales Maestranzas, unas instituciones que han contribuido históricamente al mantenimiento de los principios, la cultura y las tradiciones desde un profundo sentido de lealtad y servicio a España».

Y esperen, que hay más: aparte de los premios a los mejores expedientes universitarios y a Padilla y otros esforzados triunfadores de la Feria, Su Majestad entregó los galardones en especie a los novilleros sin caballos ganadores del ciclo que patrocina la Real Maestranza en su plaza. Esos premios son un vestido de torear, un capote de paseo y un capote de brega. El vestido de torear, vale, porque lo trajo un criado y Su Majestad se lo entregó simbólicamente al novillero premiado. Pero el capote de paseo se lo echó al brazo, como si toda su vida se hubiera llevado con un capote de paseo, y lo entregó. Y luego cogió el capote de brega, y lo tomó por la esclavina, vamos, con la soltura de Luque Gago o El Vito.

¿Y saben cómo se llama todo esto que les cuento? Pues no avergonzarse ni de España, ni de sus instituciones nobiliarias, ni de su Fiesta Nacional, sino, por el contrario, enaltecerlas. Así le pegaron la ovación que le pegaron, al llegar y terminar el paseíllo hasta la presidencia, ¿no se la van a dar? Por poco lo sacan a saludar al tercio, como a Espartaco y a Dávila Miura en sus recientes gestas. Y luego, al término de su faena de veinte muletazos justos en forma de discurso. Con razón, al irse, salió Don Felipe por la Puerta del Príncipe. Fue faena de Puerta del Príncipe la del Rey en la Maestranza.

¡Óle los Reyes echando la pata alante sobre las verdades de España y asentando las plantas sobre el albero de nuestra Patria!

Fuente: ABC Sevilla

La justa recompensa a un Miura

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Por Antonio Lorca.

El Miura recompensado justamente se llama Eduardo, es torero, y reapareció después de nueve años durmiendo como un señor. Le concedieron una oreja y estaba el hombre que irradiaba felicidad; tanto es así que más que una vuelta al ruedo salió a ver a los amigos, y tardó un mundo en recorrer el anillo porque se paró con unos y otros, los llamó por su nombre y compartió con todos su inmensa alegría. No era para menos. La verdad es que lo suyo tiene mérito; reaparecer en Sevilla con dos toros de su familia para celebrar el 75 aniversario de la presencia continuada de este hierro en la Maestranza es una machada. Se le notó la inactividad, como era lógico, pero fue encomiable su disposición para no desmerecer en una ocasión trascendental para su propio prestigio. Se las vio, primero, con un toro muy complicado, impropio para el toreo moderno, y se justificó sobradamente, aunque su pelea no fue la de un aspirante hambriento. Se confió más con el noblón cuarto y porfió muy decidido. La faena no era de premio, pero cobró una estocada de efecto fulminante y se le recompensó justamente el gesto valiente de celebrar de tal manera el aniversario, en lugar de haber organizado una fiesta familiar, que es lo propio en estos casos.

Otra oreja paseó Escribano, pero este torero tiene más delito. Le tocó en suerte el único toro de verdad potable de la tarde, Trapero de nombre, que empujó en el caballo, galopó en banderillas y tenía quince muletazos largos en la muleta, y el torero no fue capaz de ligar una sola tanda, ni de ganarle la pelea a su oponente, ni de satisfacer al público, que se sintió con razón decepcionado. Mejoró ante el noble quinto, al que le hizo una labor destemplada, algo embarullada y con poco fondo, pero mató pronto, y ese público, que antes había parecido entendido, pidió las dos orejas y demostró que de esta historia de toros y toreros no tiene ni zorra idea.

El tercero en discordia fue Iván Fandiño, y anda el hombre cabizbajo, o, al menos, esa es la impresión que transmite. Su lote fue infumable, pero evidenció que no está en su mejor momento, que lo aparcó el Domingo de Ramos en Madrid cuando las cosas no le rodaron bien. Es humano y tiene derecho a sufrir baches en su profesión, pero este torero tiene capacidad para superar su tristeza actual, aunque los toros de Miura no le ofrecieran margen alguno para recuperar la confianza perdida.

Por la mañana, se celebró el tradicional festejo de rejoneo en el que, con algo menos de media entrada y tiempo desapacible, se lidiaron toros de Beñítez Cubero, para Fermín Bohórquez (oreja); Joao Moura (vuelta); Leonardo Hernández (ovación); Manuel Manzanares (ovación); Luis Valdenebro (vuelta), y Lea Vicens (vuelta).

A la chita callando, acabó la feria, desbordante de desesperanza y escasa en alegrías. Lo peor, quizá, el cambio que ha dado la plaza de la Maestranza. Desconocida es poco.

MIURA / DÁVILA, ESCRIBANO, FANDIÑO

Toros de Miura, bien presentados; el segundo, bravo y encastado; mansurrones y sosos los demás; nobles cuarto y quinto; deslucidos, primero y tercero. El sexto, alegre en el caballo y bronco.

Dávila Miura: estocada que asoma, pinchazo y un descabello (ovación), estocada desprendida (oreja).

Manuel Escribano: pinchazo y estocada (ovación); estocada caída (oreja).

Iván Fandiño: estocada, dos descabellos —aviso— un descabello y el toro se echa (silencio); pinchazo y bajonazo (silencio).

Plaza de la Maestranza. 26 de abril. Decimotercera y última corrida de feria. Casi lleno.

Fuente: http://elpais.com/m/cultura/2015/04/26/actualidad/1430078123_923998.html

FERIA DE ABRIL: Una mala película de aventuras

El diestro Juan Jose Padilla torea con unos pantalones vaqueros tras ser cogido en la faena. / JULIO MUÑOZ (EFE)
El diestro Juan Jose Padilla torea con unos pantalones vaqueros tras ser cogido en la faena. / JULIO MUÑOZ (EFE)

Por Antonio Lorca

La lidia del primer toro fue una película de acción. Todo transcurrió a un ritmo trepidante, en el que se sucedieron secuencias de amor, aventuras, sustos, carreras, una buena dosis de dramatismo y hasta la inesperada presencia de dos extras que desataron la pasión en los tendidos.

Todo comenzó cuando Padilla enfiló parsimonioso el diámetro de la plaza, capote en mano, para recibir a su primero de rodillas en los medios entre la algarabía popular. Hasta tres largas cambiadas -las dos últimas en el tercio- ejecutó, y ya inhiesto citó por delantales. Tan confiado estaba que el toro se le vino encima y lo volteó con saña en un golpe seco que hizo temer que se había producido la cornada. El torero quedó inerte en el albero mientras las cuadrillas acudían a socorrerlo y la plaza se encogía ante la dramática escena. Tardó Padilla en incorporarse y a duras penas consiguieron llevarlo hasta la barrera más cercana, donde lo volvieron a bautizar con agua mineral sin gas y se enfundó un pantalón vaquero tipo pirata para esconder el estropicio que el pitón del toro había hecho en el traje de luces. Afortunadamente, no había sucedido nada irreparable, pero el susto fue tremendo.

Puso banderillas con más voluntad que acierto, brindó al público y se dispuso a torear. Bueno, eso es un decir. Lo que hizo Padilla no se puede llamar toreo, por mucho que el público lo jalee. Siempre despegado, en línea recta, sin gusto ni hondura, con el pico por bandera, nunca se colocó en el sitio que exigía un toro correoso y dificultoso qu no dejó de embestir y acudir al cite del torero. Después, mató muy mal y hasta sus fervorosos partidarios se desinflaron, Pero, héte aquí que cuando el toro cayó por fin, saltaron al ruedo dos antitaurinos con el torso desnudo, que corrieron como descosidos con papeles en las manos mientras la plaza estallaba en un griterío y los operarios de la plaza y varios policías trataban de detenerlos. Uno de los activistas consiguió llegar hasta el toro, que yacía fenecido, y se abrazó al animal, momento en que fue reducido y expulsado del ruedo. A renglón seguido, apareció una pancarta en el tendido que decía ‘Queremos que la fiesta vuelva a Barcelona’, que fue recibida con una ovación de los tendidos, pero la alegría duró poco porque un guarda de seguridad decidió incautarla y ahí se acabó la presente historia.

El comienzo fue espectacular. Una pura aventura; el resto de la película, infumable. Ante el cuarto, Padilla cambió el pantalón vaquero por un espectacular vendaje, pero su sentido del toreo fue el mismo. ¡Un horror! Le concedieron una oreja porque esta plaza no la conoce ya ni el que la fundó, pero lo que mereció fue una seria reprimenda.

Tampoco tuvo su tarde Abellán, voluntarioso y valentón, pero muy por debajo de la corrida, que obligaba a dar un paso que no dio. Y El Fandi fue la misma versión de sí mismo. Fácil y espectacular con las banderillas y un dolor con la muleta.

¿Y los toros? Una corrida para toreros que quisieran jugarse el tipo. Pero eso no interesó a los de luces, y, lo que es peor, ni a los bullangueros espectadores.

Jandilla/Padilla, Abellán, El Fandi

Cinco toros de Jandilla-Vegahermosa, correctos de presentación, cumplieron en varas, sosos, duros, exigentes y correosos; el tercero, de Fuente Ymbro, noble.

Juan José Padilla: media tendida _aviso_ y siete descabellos (silencio); estocada (oreja).

Miguel Abellán: estocada (ovación); pinchazo, media y un descabello (silencio).

David Fandila El Fandi: media perpendicular (ovación); media (ovación).

Plaza de la Maestranza. 25 de abril. Undécima corrida de feria. Casi lleno.

Fuente: El País.

Feria de Abril: La perfecta corrida moderna

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Manzanares es volteado por su segundo toro. / JULIO MUÑOZ (EFE)

Por Antonio Lorca.

El ganadero Núñez del Cuvillo ha vuelto a reencontrarse con el toro artista, ese que durante años ha buscado para deleite de las figuras y gozo de los públicos toreristas. Así, ha vuelto a la Maestranza por la puerta grande, porque la suya ha sido la perfecta corrida moderna: pareja de hechuras y presentación, con celo en el caballo, larga en banderillas y repetidora en la muleta con exquisita bondad y nobleza. El toro soñado para el torero y el espectador del siglo XXI. Si tuvo un defecto es que fue blanda y, en consecuencia, su paso por el picador fue un mero trámite. Pero no fue tontuna, porque hasta tres volteretas se sucedieron por un exceso de confianza: el subalterno Juan García y los matadores Manzanares y Galván volaron por los aires sin consecuencias. A pesar de ello, fue una corrida carente de épica y desbordante de estética.

Hubo, eso sí, seis toros de triunfo. Paradójicamente, no se cortó una sola oreja, pero eso es harina de otro costal. Los tendidos vibraron y los taurinos buscaron en su agenda el teléfono del ganadero para hacer cola en la finca a partir de mañana.

Volvió, al menos, la ilusión del toro que embiste y busca con tesón los engaños; volvió la alegría del toro que galopa y obedece al cite con prontitud. Volvió el toro, no ese poderoso y desafiante, bravo y con fiereza, pero el toro de hoy que permite el lucimiento de los toreros.

Se lució y mucho Manzanares, que cayó de pie en esta corrida, elegida con mimo para él. El toro artista para el más moderno galán del toreo actual. Se encontró con el segundo de la tarde, un auténtico bombón, excepcional para la muleta elegante del alicantino, y lo toreó a placer, sin apreturas, como quien se está deleitando con eso, con un bombón de chocolate. La Maestranza se lo pasó pipa, hasta un fandango se abrió paso entre la generalizada alegría, y el torero volvió a decir que sabe estar a la altura de estos oponentes tan sabrosos. Mató mal y se esfumaron las dos orejas que tenía ganadas. Por cierto, la faena, bonita, muy bonita, pero pulcra y fría, porque faltaron la fiereza del toro y la pasión del torero. Otro buen oponente fue el quinto, con el que se confió en exceso y el animal se encargó de reprenderlo con una voltereta. La labor no tuvo el fondo de la primera, pero la gente estaba dispuesta a darle la pata si hubiera sido preciso. No lo fue porque volvió a fallar con los aceros. El que sí triunfó otra tarde fue Curro Javier, glorioso con el capote y las banderillas.

Reapareció Rivera Ordóñez y tal como vino se fue. Desaprovechó dos toros, y Sevilla lo aguantó y despidió con un silencio ensordecedor. A buen entendedor…

El tercero, David Galván, dio la impresión de padecer miedo escénico. La corrida le vino grande y solo después de la voltereta que sufrió en el sexto pareció despertar; pero ya era tarde.

Del Cuvillo / Paquirri, Manzanares, Galván

Toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados, muy parejos, cumplidores en los caballos, blandos, muy nobles y con calidad.

Rivera Ordóñez Paquirri: estocada trasera (silencio); estocada (silencio).

José María Manzanares: pinchazo hondo, un descabello —aviso— cuatro descabellos (ovación); dos pinchazos —aviso— pinchazo y estocada (vuelta al ruedo).

David Galván: pinchazo, casi entera tendida —aviso— (silencio); pinchazo —aviso— y media estocada (vuelta al ruedo).

Plaza de la Maestranza. 24 de abril. Décima corrida de feria. Lleno.

Fuente: http://elpais.com/m/cultura/2015/04/24/actualidad/1429902873_260459.html