La Apostura y la Impostura – Águila y Sol de Antonio Ferrera en La México.

Ferrera al natural en los medios con “Abuelo” un “torito de plomo” de Santa Bárbara con el que triunfa en La México. FOTO: TAR/Aplausos.

Belleza es aquello que visto o contemplado, agrada. Santo Tomás no erraba: sabía o asumía que hay conexiones, incluso neurológicas, que hacen sentir al diletante lo que el interprete siente al momento de ejecutar. Antonio Ferrera llega a La México con un decepcionante encierro, en presencia y en juego, de Santa Bárbara que echa un bombón al que revienta buscando la conexión con la plaza pero, no se sorprendan, mostrando dos aspectos desiguales de su toreo. En esas Juan Pablo Sánchez y su desesperante uso de la espada vuelven a dejar una muy buena faena, en suspenso. Mientras que un remiendo de Lebrija acaba aportando la única cuota de seriedad ganadera en un festejo donde importa todo menos el toro.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA. Plaza México. FOTO: Tadeo Alcina Rivera.

Se da el quinto festejo de la Temporada, 9 de Diciembre. Esto ocurre no irónicamente.

Sucede hace setenta y dos años un día como hoy, la corrida más cara de la historia donde, ahí sí, hubo golpes por un boleto, ya en manos todo de la reventa. Ese día iniciaría el breve pero muy intenso romance de “Manolete” y México, desde su confirmación con la corrida de Torrecilla anunciada, recordemos, como “toros españoles del Marqués de Saltillo” y de la cual bordaría a “Gitano”, cuya cabeza por años lucía orgulloso el Doctor Alfonso Gaona en su piso de la Torre Latinoamericana.

Por algo, los colores de Santa Bárbara son azul por Saltillo, rosa por San Mateo y verde por la mencionada Torrecilla.

Para que las referencias queden claras.

Pero la línea mexicana Saltillo-Zacatecas, la de San Mateo y Torrecilla, siempre ha tenido sospechas por su trapío. Alfonso de Icaza les llamaba toritos de plomo pues no había explicación de cómo daban el peso para venir a El Toreo. De esta línea lo mismo sale un toro como el de José Julián Llaguno o San Antonio de Triana que otro como el de Jesús Cabrera.
Resulta que Santa Bárbara nos trae una vuelta al pasado, auto regalándose la vuelta al ruedo, remontándonos casi a los tiempos del Pacto de San Martín Texmelucan, cuando los aficionados de El Toreo protestaban las “becerradas llaguneras” de esa temporada dividida entre las ganaderias de Zacatecas y Tlaxcala que estaban en plena guerra ganadera.

Pero este encierro es para echarlo todo atrás, ni siquiera rabo traen. Ante tanta ligereza de carnes y discreción de pitones, debajo de la raya del trapío. ¿Qué podría salvarlos? La bravura.
Como aquel 9 de diciembre de 1945: dos rabos y una cornada.

Esta vez, la bravura escasea y el trapío aun más.
Se protesta, con razón, lo anovillado del primero, un burel manso y afligido, berreón y con poca fuerza, mínimo común múltiplo de todo el encierro. Antonio Ferrera lo lee perfectamente, tiene una capacidad y una viveza para leer y oír a un tendido que le protesta que no se traga los lances donde el burel le engancha y le desluce la media. Ese tendido ni siquiera hace por verle banderillear.
Afortunadamente.
Porque la cuadrilla logra sujetar y brindar aire al manso. Ferrera con su listeza sabe que tiene que convencer ante un enemigo con poco poder y sí mucha reserva, lo saca de tablas y comienza, por fuera, justo lo que requiere el burel, de empaparlo de muleta con los derechazos con temple y largueza, el paso cansino del toro que resta emoción pero que se encela, a su modo, cerca de tablas. A veces, encorvado, a veces vertical y por fuera, destaca en los remates por bajo y se nota que en La México, eso entusiasma.
Aun estando por fuera, Ferrera logra encelar y torear por ambos lados, sin ayudado liga los pases con la derecha, perdiendo dimensión pero mostrándose inteligente en los pasos y en los terrenos. La espada cae abajo y la gente divide la petición bien negada. Cosa que no impide mostrar la primera gran desigualdad de las formas del torero: un muy torero saludo desde los medios se echa a perder por una vuelta que nadie pide.
La gente está tan necesitada de aplaudir que ya consiente cualquier cosa.
Por eso sorprende el segundo, el remiendo de Lebrija que acaba por ser, quizá, el más serio de los lidiados en toda la Temporada. Bellísimo de lámina, muy rematado, bien armado y con cara muy seria, de esos que no gustan a los toreros sin preparación o sin valor. Su lámina es de examen de pintas, lo dejaremos en berrendo en cárdeno, con mucho poder en la embestida y su bautismo, apenas mandado hacer: “Hermoso”.

Mira entre los lances y aprieta a Jerónimo en las salidas. Desde ahí el poblano, saliendo para atrás en la rebolera muestra sus resabios.
Peor aun, las jacas no son utilizadas correctamente. Un segundo puyazo habría sido lo adecuado. Pero volvemos al punto, todo mundo en La México da las cosas por sentado. Las chicuelinas avivan al toro, lo mismo que el segundo tercio y para el inicio por doblones, Jerónimo se fija más en las miradas del toro y en la postura que en hacer notar sus posibles virtudes, sobre todo en cimentar la faena en el aguante, este no llega y el torero se nota rebasado, tembloroso en los parones y poco efectivo con la espada.
Para el quinto, el toro es otro débil a más no poder y solo rescata una buena estocada.

Una vez más en este escenario Juan Pablo Sánchez hace lo que de él siempre se espera, el buen toreo, sin mayor puesta en escena que su capote y muleta, que su temple y su apostura. Sánchez ayer torea por nota al reservón, débil y descastado tercero antes de estrellarse con el anovillado sexto, veleto pero insulso que no debió ser ni embarcado.
Sin embargo, torear tan bien, reservarse en el capote dominando bregando de lado al lado dando los adentros, administrar la cabalgadura y marcar perfecto la brega, sirven para ineludiblemente dar rienda suelta a la naturalidad del derechazo tras un inicio espléndido caminando de espaldas a los medios sacando al toro de las tablas. Y la secuencia lógica de decisión y movimientos que desbocan en muletazos con la rotundidad de esa tanda al natural, donde Juan Pablo se gusta y regusta a la Afición.

La faena, maciza con aguante, evidencia la falta de casta de un oponente con apenas lo mínimo pero con el que Sánchez brilla en plenos medios.
Tristemente, su brillo se esfuma por el terrible pinchazo. Y las fallas del puntillero.
Como cada año hay frustración. Ojalá se le vea pronto.
La mesa queda perfectamente puesta para Ferrera y sus arabescos de recibo con el capote. Uno de esos frescos alardes a una mano inauguran la salida de otro “torito de plomo” muy bajo y degollado, de abrochados pitones blancos. Todo el tipo de la casa pero chincolo y berreón. No se entiende a la verónica, adelantando un poco los lances pero recupera terreno en la media.
Aquí, circunstancialmente, en uno de los momentos destacados de la tarde, el burel se encela con el perfecto cite del picador y dada la raquítica cuadra de La México, el puro encontronazo derriba la jaca mas no el romaneo que no lo hay. Ferrera, que ya preparaba el capote por detrás, muy listo, cambia el procedimiento y se da a la chicuelina, rápido entre lance y lance, hacen que el burel no pare y dibuje la comba de una media por pitón el derecho donde recarga la suerte y luce en el que quizá es el momento más torero de su actuación.
Será porque en la verónica y su remate siempre estará del toreo, lo fundamental.
Ferrera solicita cambiar el tercio y tapa cualquier posible réplica en quites y cualquier exceso en el caballo. La gente por fin tiene un buen ejemplo, vale más la pena ver como crece la arrancada del toro en la brega que es de largueza y su vivacidad en banderillas, en vez de verle perseguir a un banderillero que siempre le ha dado por la ventaja.
De ahí que en un momento de iluminación taurina, por primera vez en años, una faena inicia en los medios, sin cambiados por la espalda.

A lo clásico, Ferrara traza dos tandas de derechazos, se confía porque el astado tampoco es el segundo de la tarde, muy rotundas y largas, la segunda abierta con vitolina y en ellas se muestra vertical y torero, con el trazo amplio y muestra en los remates que el toro no es el que prometía en el caballo.
Su casta no sobra y toma la muleta por encima del palillo.
Y le faltan las fuerzas en la tanda por la izquierda. Ferrera ajusta alturas y liga, en el momento mejor de su faena, los naturales dejando fluir el trazo, tirando del toro pase por pase y rematando, en espléndida composición, por abajo en bonito pase contrario.

Pero la cosa se rompe cuando de la apostura Ferrera pasa a la postura y a un intento de establecer la naturalidad, como si esta se pudiera predisponer. Y entonces el toro que requiere que se le tape, se le deja ir a su aire, pasando a media altura, el diestro le tolera y sus pases naturales con la derecha se van de uno en uno.
Pega un pase y a reponer. Pega otro y a reponer, mirando el tendido y el efecto que tienen, que es sensible la Plaza México, en los remates por bajo. Claro, el burel sin apretar permite a Ferrera eso y más. Como la afectación de plegar la muleta antes del cite o exagerar la voz. O pegar medios pases con el toro sin embestir o componer la figura. La desigualdad final emborrona una faena que raya mitad en lo clásico pero rebaja, la otra mitad, en lo vulgar, enarbolando una bandera que no se finge.
La naturalidad.
El primero de la tarde se llamó “Calesero”sabemos por qué y sabemos por quién. Siempre seguía la naturaleza trianera, esencia torera y belleza capotera de Alfonso Ramírez el principio de Oscar Wilde, la naturalidad es la mejor de las poses. Algo que no se finge. Ferrera opta por mostrarse complaciente y afectado de manera predispuesta ante la vacilante embestida del toro que acaba rajado. Dirán algunos, es para ayudar al toro.
Todavía hubo quien quería que no entrara a matar.
Ferrera lo hace, bien y por alto. Una oreja basta. Pero no, en terrenos de Jesús Morales, Jorge Ramos es Juez. Obsequia la segunda y un arrastre lento que confunde y difunde la mala idea que en México el toro es así.
Cierta parte de la línea Saltillo-Zacatecas lo es. La nobleza puede más.

Lo que no nos tragamos es la desfachatez del ganadero de darse, por su cuenta, una vuelta al ruedo no solo inmerecida por este bombón de nombre “Abuelo” sino porque ha tenido el descaro de traer a la Monumental toros que ni rabo traían.
Menos mal, a lo mejor menos habrían podido de traerlo.
Viento nuevo de Ferrera.
Tan solo esperamos que la real naturalidad, esté por venir.

Twitter: @CaballoNegroII.


RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2018-2019. Domingo, Diciembre 9. Quinto festejo de Derecho de Apartado. Menos de un cuarto de plaza en tarde fría con viento fuerte en diversos momentos de la corrida. Mal la Autoridad que preside al aflojar la segunda oreja y el homenaje una vez finalizado el cuarto turno.
6 Toros, 5 de Santa Bárbara (Divisa Azul, Rosa y Verde) Chica y anovillada, todos berreones y chincolos, barbeando la mayoría las tablas. Con la presencia suficiente para desecharla toda, teóricamente, uno fue rechazado o reservado descompletando el encierro. Terribles los lidiados en quinto y sexto lugar que tan solo salir al ruedo mostraban su incapacidad. Pese a lo ligera de carnes, todos padecieron de fuerza, salvo el cuarto, siempre berreón, burel de bonita aunque anovillada hechura y que a la postre mostraría bravura en distintos momentos de su lidia como al tumbar al caballo no obstante acaba en plena puerta de toriles, nombrado “Abuelo” fue homenajeado excesivamente con el Arrastre Lento. El resto para el olvido, mansos y descastados, el primero lo rescata el refugio del tercio y las tablas, mientras que al manso cuarto lo salva el temple del tercer espada, antes de rajarse. Y 1 de Lebrija (Divisa Naranja y Olivo) muy serio y de preciosa capa berrenda en cárdeno, lidiado en segundo lugar. Bien rematado en carnes brinda una lidia ascendente con poder en la embestida siempre y dispuesto a atacar. Desarrolla sentido derivado de la lidia otorgada y es ovacionado en el arrastre.
Indebidamente, los ganaderos de Santa Bárbara participan de una vuelta al ruedo forzada y que no se justifica.
Antonio Ferrera (Aguamarina y Oro) Saludos desde los medios con vuelta por su cuenta tras petición y Dos Orejas. Salió a Hombros. Jerónimo (Turquesa y Oro) División y Palmas. Juan Pablo Sánchez (Noche y Oro) Ovación y Silencio.
Equivocadamente desde la presentación de carteles la empresa invierte el orden de los espadas, anunciando como primer espada a Jerónimo y a Ferrera en segundo término, contrario a la antigüedad de los diestros.
Jorge Ramos, niega atinadamente la oreja en el primer turno pero afloja el segundo apéndice y el Arrastre Lento en el cuarto.
Saluda tras tremendo segundo tercio ante el tercero, Alejandro Prado. Fatal Ricardo García “Caminito” al estrellar a ese mismo tercero dos veces en el burladero de la Porra y pasar en falso en el segundo tercio.

Destaca la cuadrilla del segundo espada, especialmente con el cuarto de la tarde.

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