Rosas para Mi Plaza – Décima de Temporada de Novilladas 2010.

El pronóstico no falló. Porque en el planteamiento empresarial del festejo grande de la Temporada Chica no hubo martingalas de ninguna clase, ni se recurrió a niños o erales ni a novilleras desentrenadas. Un encierro serio, de categoría y novilleros con nivel. Menos de tres horas de deliciosa tarde taurina, en las que el público salió a gusto todavía bajo los últimos polvos dorados del sol.

Por: Puntillero – De SOL Y SOMBRA.

Saliendo bajo el sol declinante y con el regusto de haber acudido a una tarde harto interesante, me acerqué a Don José Garfias de los Santos. Vino la enhorabuena por el quinto y movió la cara como no queriendo aceptar el mensaje. “Solo el quinto” dijo. Tenía toda la razón. La vuelta del ganadero debió ser solo saludos.

Solo el quinto reunió lo que esperamos en el juego del novillo bravo. Una rosa para La México; bravura ascendente a cada tiempo de la lidia con mayor entrega y disposición, eso sí con nobleza.

A veces a Pepe Garfias manda lo bravo y encastado. Ayer “Insurgente” ha sido un noble guerrero bravo a las telas pero noble cuando tiene a su enemigo indefenso y a merced. Surca la arena con el morro y, no obstante la debilidad que lo tiene echado durante el primer tercio de la lida en los medios, termina embistiendo pujante por bajo.

Un guerrero de cabeza seria. La media luna de las armas de su frente da importancia aún más a su lidia y su presencia en la arena es ya un lujo. Va siempre a más y por supuesto merece el arrastre lento, solamente. Homenaje que la falta de sitio del Juez Andrade niega. Pisa la rosa.

En el éxito del festejo resulta fundamental la presencia del encierro. Salvo la fea cornamenta del tercero, el trapío de la novillada, a pesar de su mansedumbre general, mantiene el interés de un público ávido de emocionarse a todo momento y que recibe los novilleros con un cálido saludo luego de romper el paseo que tiene añorante sabor taurino.

Los que no están a esa altura son cuarto y sexto, fallaron por informalidad de aquel y lo desrazado de este último.

Con el encierro más serio de la Temporada el público contempla como al novillo boyancón y tardo se le puede torear al límite e incluso más allá de sus aparentes posibilidades.

El autor de esa obra, a pesar de la constante reticencia de su enemigo a tomar el engaño es Jaime Ruiz, quien no obstante lidia a la contra con el capote, una vez que desiste del chocante péndulo en los medios consigue encontrar pronto la distancia precisa del tercio hacía fuera con varios de los mejores pases de la tarde: arrastrado el engaño, embraguetándose y haciendo vibrar al natural, abrocha por arriba barriendo lomos.

El triunfo parece llegar pero el toro rechaza por completo el final de faena por alto y Ruiz pierde todo con la espada, arma que maneja terriblemente. Tristeza porque su  toreo de valía se diluye tal como su actitud ante el juego del vulgar cuarto, al que le falta un puyazo.

Jaime pierde los papeles con la espada y eso le condicionará. Es una desgracia. Su primera faena habría merecido premio. Lástima que el ambiente en que vivimos no se hará justicia a ese trasteo. Queda en pálida rosa como su terno.

A la salida del segundo el sol sale. Ninguno de los toreros lo ven claro al recibir con el capote. Godoy destaca solo en el remate. Pero tras brindar a la empresa, un manso con poder se cruza en el camino del tapatío que se pone justo en el viaje del novillo potosino. Un manso amenazante de estropear las rosas de su amagentado terno.

Cerca y con una pasmosa serenidad de pies se pasa al manso de un lado a otro. Sin dudar un solo instante, toca preciso y camina despacio sobre el terreno hacía el cual su enemigo raja, los toriles. Una batalla frontal e inteligente, donde medido y al paso castiga en un muletazo de trinchera con el que ruge la Plaza México.

Y luego las cercanías manejadas con fría precisión pero cimentadas en torera pasión  anteceden emocionante entera al volapié en la suerte contraria frente a la puerta que ayer ha sido de los sustos. Un debut inmejorable. Oreja y vuelta clamorosa para un debutante que parece un maestro con el toro malo.

Ya con el bueno, el quinto, ofrece un ramo de rosas delante del ya mencionado “Insurgente”. Manojo de flores cuyas únicas espinas resultan ser los desarmes y el derribo que sufre el novillero.

Debo decir que la faena, importante y en momentos con temple, no fue revestida de esa majestad o exquisitez que le pedía el quite por caleserinas que intenta o lo humillado del inicio del viaje del burel, sobre todo por el izquierdo. Sin embargo, aunque lo ataca demasiado, Godoy consigue tandas de tremenda valía, que apuntan el toreo bueno, reunido y por abajo.

Ello, sin embargo, no puede hacernos sonar campanas previamente.

Los circulares tienen hondura y oportunidad pero siento que apresura demasiado pisar el terreno en algún momento de la lidia. Faena grande sí, pero estoy seguro que con el tiempo el torero rematará aún más allá.

Solo queda la media docena de rosas en la vuelta al ruedo.

Y el último manojo, quizá el más fresco de los ramos de rosas que recibe ayer la Plaza México, es el que Lorenzo Garza Gaona pone a las plantas de la Monumental. Lo hace desde el paseo con ese precioso salmón y oro y luego con el capote por detrás.

El garcismo teórico y práctico echa de menos no “echarse el capote” A cambio, se lo coloca por detrás y primero han sido a pies juntos dos gaoneras sensacionales. Este tercero, muy manso, pega vueltas al ruedo despavorido. Garza tiene el mérito de primer hacerse del novillo, sujetarlo y no dejarlo escapar de los medios.

Ahí, a campo abierto, con un concepto de irrenunciable sabor y torería, le encuentra las vueltas en muletazos de personalidad y gusto en los remates. Sobretodo esa verticalísima flor invertida, remanguillera y enceladora de la embestida del novillo, que para cuando se traga el de Garfias completo el de pecho, en momento estelar, la Plaza se vuelca por entero.

Al momento de la estocada, asignatura pendiente, con cierto sector dividido, cosa que viene fenomenal, encuentra un espadazo topeteando y delantero que derrumba al novillo. Sin embargo, a punto del desaguisado del cachetero, se desata la petición censurada por algunos pero celebrada por la mayoría.

Se esperaba mucho menos de un novillero con un concepto difícil para lo que es el toreo hoy en día, corto el trazo pero amplio el sentimiento. Eel verdor y el escaso rodaje se suplen con sello personal. El compás abierto, la pata a´lante y el estoque cruzado pueden dificultar el toreo pero Lorenzo ayer parece encontrar al toro pronto.

Como en las gaoneras clásicas a compás abierto o los poderosos doblones al protestón sexto, novillo que tras sentirse podido renuncia a seguir el engaño. El torero gusta por su derroche de afición e insisto, su acusada personalidad. Media garcista y saludo en el tercio.

Quizá se le hace tarde a la empresa, alentada por algunos a no dar novilladas pero cuando más lo necesitábamos sale el sol. Deberá salir de nuevo para que veamos a Godoy y Garza de nuevo.

Para entonces de nuevo contemplar la frescura de las rosas. Me deja tranquilo el hecho de que un poco de imaginación taurina puede ser la causa del mejor de los efectos, el de la calidad. Con más festejos así pensados, a este nivel la Plaza México retomará el paso.

Ojalá que aunque vayamos en la diez, no sea demasiado tarde. Las rosas, casi siempre, se secan en otoño.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Décima de Temporada de Novilladas 2010. Menos de un cuarto de entrada. Nubes durante el primero con sol en los siguientes y viento a partir del tercero.

6 novillos, 6 de José Garfias (Divisa Naranja y morado) El cuarto sustituyo al originalmente reseñado en el sorteo lastimado de una pata. Salvo el tercero, chico y de fea cabeza, el resto serios algunos tocados de cornamenta. Mansos segundo, tercero, cuarto y sexto. Débiles primero y cuarto. El quinto “Insurgente” de nota alta injustamente no se homenajeó, como debió ser, con el arrastre lento.

El ganadero dio una vuelta al ruedo con Godoy tras la muerte del mencionado quinto.

Jaime Ruiz (Rosa palo y oro con remates negros) Palmas y Silencio tras dos avisos. Oliver Godoy (Bugambilia y oro) Oreja y vuelta. Lorenzo Garza Gaona  (Salmón y oro) Oreja protestada y Al tercio.

Godoy y Garza debutaron en la Plaza Monumental.

Destacó en cuadrillas Luis Castañeda (Corinto y azabache) al banderillear al primero con el que saludó en el tercio.

Se guardó un minuto de silencio finalizado el paseíllo por las muertes del ganadero de San Joaquín, Luis Barbabosa, así como por el banderillero Zenón Romero.

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