Carlos Septién García “El Tío Carlos” Cronista Taurino

Manolete cogida en Alicante

Por El Guerra

La Escuela Católica de Periodismo, que hoy lleva el nombre de su segundo director, Carlos Septién García (1915 – 1953) fue fundada el 30 de mayo de 1949, cuatro años (y poquitos meses) después de la Monumental Plaza de toros México. La EPCSG, fue la primera en impartir estudios de periodismo en México. Carlos Septién García uno de sus fundadores fue un abogado, político y periodista nacido en la ciudad de Querétaro, pero conocido en el mundo taurino por su alias de “El Tío Carlos”, aunque también firmó en lo taurino como “Don Pedro” y “El Quinto”.

Don Carlos, cubrio con su imaginativa narrativa los acontecimientos taurinos de una etapa que resulta importante para la comprensión del devenir actual de la Fiesta en México, pues entre 1941 y el año de su defunción, tuvo la ocasión de presentar a la afición mexicana una visión más o menos ecuánime – su preferencia por Silverio y por Arruza trascienden a su obra – y desinteresada, de lo que sucedía en las plazas de toros de la Ciudad de México y las principales de esta República. Para algunos “El Tío Carlos” fue unos de los mejores cronistas taurinos que ha dado México.

 El 19 de octubre de 1953, fallece en accidente aéreo, al ser invitado dentro de la comitiva periodística que cubriría la inauguración de la Presa Falcón, y el encuentro de los presidentes Eisenhower y Ruiz Cortines. El avión de PEMEX en el que viajaba  junto con el reportero Carlos Violante, también del periódico “El Universal”, y miembros de la Orquesta Sinfónica de México, y que había despegado de Monterrey,  se estrelló contra la sierra de Mamulique.

Hay un dato interesante que esta basado en la cantidad de grandes cronistas taurinos que ha tenido México en su historia y que se han llamado Carlos por ejemplo: Carlos Fernández Valdemoro, “Pepe Alameda”; Carlos Septién García, “el Tío Carlos”; Carlos León González, y Carlos Cuesta Baquero “Roque Solares Tacubac.”

A continuación presentamos “En la muerte de la muerte de Manolete”, que se publicó el 1° de septiembre de 1947, en El Universal, firmada por “El tío Carlos”:

      Por la calle soleada de una ciudad del interior alcanzó la nueva a este cronista. En la tersa amanecida provinciana la noticia fue como un derrote de toro negro sobre un terno rosa y oro. Manolete había muerto. Y la mañana quedó rota como una vena azul. Extrañaba que no goteara sangre por entre el algodón de sus nubes lentas.

(. . .)

      Y Manolete se aplicó a espiritualizar el toreo, que es muy distinto a deshumanizarlo. Dio de nuevo a la tauromaquia su perdido sentido ritual y él se instituyó en el nuevo oficiante de la nueva liturgia. Los toros no eran una fiesta, sino un sacrifico

      Con ello, aparecía en el toreo la más alta expresión estética: el arte místico.

     Manuel Rodríguez se entregó así a su misión de purificar el arte de torear. Lo purgó de excrecencias y proliferaciones abigarradas e inútiles; lo libró de toda torcedura equívoca y de toda desorbitación de mal gusto. (. . .) Él quería no el triunfo de los ojos halagados por las formas fáciles, sino el triunfo difícil del alma que se rinde ante la verdad y la belleza sentidos, entendidos y deseados con las potencias más que con las pupilas. Él codiciaba siempre la victoria total del espíritu. Y con nada menos se conformaba.

      No la razón sola, ni la intuición aislada, ni el cuerpo gracioso. La bestia domada por el pensamiento y la belleza. Tal el ideal manoletista…

      Y luego su silencio…

      Aquel silencio que parecía envolver el ámbito cuando toreaba: aquel silencio que acallaba todo ruido de lucha, todo fragor de batalla, todo estrépito de pelea: aquel silencio solemne en cuyo centro de paz se iba desenvolviendo el ritmo quedo y profundo de sus faenas: aquel silencio de claustro, de salmo musitado, de siglos…

(. . .)

      Silencio en que el torero se consumía intensamente durante las horas rituales de la lidia; silencio en el que brotaba el vuelo firme y quedo de los naturales o el callado aletedo del águila imperial de su verónica; silencio de vida interior que iba fecundando las cuentas del rosario de sus faenas armoniosas; silencio de cielos altos, de crestas nevadas, de abismos de raza…

(. . .)

      Nada puede igualar tu vida, sino tu muerte. Porque hiciste de la fiesta de toros rito, sacrificio y mística; y fuiste leal a tu liturgia. Leal hasta la muerte.

 

1 comentario »

  1. Les comparto esto que es un reconocimiento al matador de toros Gabriel Priede España quien fue brutalmente asesinado en el mes de octubre de este año. Hay una obra importante que realizo este personaje. Ojala que puedan hacer una mención en su programa taurino.

    http://www.facebook.com/note.php?saved&&note_id=332421960106219#!/notes/hector-perez-garcia/gabriel-priede-espa%C3%B1a-el-origen-del-telet%C3%B3n/332421960106219

    Saludos.

    Me gusta

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