
Por: DE SOL y SOMBRA.
Jesús Muñoz está cumpliendo quince años de muerto.
Hoy el segundo día de agosto, quince años después, vive “El Ciego” Muñoz en la arteria más crucial del taurinismo. Personaje importante de medio taurino en el siglo XX en México, fue un empedernido fumador e irredento bailarín que se la pasaba “raspando suela” en distintas salas de baile, enamorado irrenunciable y sincero amigo.
Auténtico bohemio del toreo fue muy estimado por su don de gente, presto siempre a ayudar a los toreros necesitados y un eficiente distribuidor de noticias taurinas. Quizá sea el “Ciego” Muñoz, un personaje con toda la barba y que además de ella lucía una larga cabellera y gruesos cristales en sus lentes, el ejemplo vivo de que la información no conoce límite alguno, mucho menos lo hizo en una época de cables, de telégrafo de “conferencias” telefónicas.
Estamos convencidos que Don Jesús habría sido también el as de haber vivido esta “revolucionada” época en que todo cabe en 140 caracteres porque era, además, un genio taurino.
Las calles del Centro de México, dese la españolísima Isabel la Católica a la torerísima Bolívar y sus calladas candilejas, son nocturnos reflejos del hoy viejo oro del cuartel general de la gran época del Toreo, el café taurino. De “Tupinamba” a “Cantonés”. De “Campo Amor” a “Do Brasil”, ahí justo donde “El Ciego” era, sin trampa o cartón, la gran figura.
Pisadas en la sombras, miradas en silencio quedan en esas hoy involucionadas callejulas donde Muñoz no era solo capitán general de la información, sino de la categoría torera.
A la muerte de “Don Dificultades” en el año ´59, de un modo distinto más noticioso quizpa , el enramado taurino de la Época de Plata pasa necesaria y completamente por la cabeza de “El Ciego”. El archivo del Toreo estuvo ahí, en su cuartel del Centro Histórico, ya sea el dato local o trasatlántico, de a pie o de a caballo, de oro o de plata, de botos o zapato tenis, ganadero o empresario, todo estaba en la cabeza de Muñoz.
Hermano del matador José “Negro” Muñoz, absolutamente la otra cara de la misma moneda, fue en sus años mozos torero de la legua con una exitosa carrera en el norte del país sentando sus reales tanto en su natal Ciudad Juárez como en Monterrey, donde tenía sus domicilios a los que les llamaba “cueva”, principalmente en esta última ciudad donde derrochaba el albergue para sus compañeros de taurinas andanzas.
Torero, romántico y bohemio de la fiesta brava, “El Ciego” destacó también con su exquisito dominio de las letras en la información diaria del quehacer periodístico e hizo de la información taurina todo un arte con sus grandes habilidades personales. Asimismo, resulta clave en los fondos taurinos, desde su relación con las autoridades hasta en la formación de los toreros. Ahí queda como un ejemplo entre tantos que puede haber, su ojo visor en la formación de su paisano Raúl Contreras “Finito”, en una historia digna de contarse en otra ocasión.
Inspira, por supuesto, a Luis Spota en su clásica novela “Más Cornadas da el Hambre”, una novela taurina en la que, podríamos decir, aparece Don Jesús en dos “papeles”, como “Pancho Camioneto” y como él mismo. Por supuesto, la visión literalizada de “El Ciego” quedaría incompleta si soslayamos la sucesión de cuentos del inolvidable escritor Jorge López Antúnez en “El Zopilote Mojado”, donde aparece también como él mismo en la segunda parte de los relatos. Ahí donde aparece su cueva, su desordenado orden y el ya referido don de mando.
Lógicamente, es por razones más que conocidas, en “Más Cornadas da el Hambre” donde “El Ciego”, a través de “Camioneto”, brinda una muestra hermosa y mayor de su incabable fondo taurino, sobre todo respecto de lo que tiene y no que ser y que estar en un torero, más aún cuando de la legua aspira a las plazas con tranvía. Además, en una sucesión de formativa taurina, el personaje nos indica hasta donde un apoderado es amigo y confidente y hasta que punto gestor y negociante. En todo eso donde Muñoz fue el as.
El mundo taurino fue marcado por “El Ciego” con su personalidad única. En su camino formó un universo de grandes amigos y fervientes admiradores. Incluso entre los que no lo vivieron, Don Jesús hoy es una leyenda.
Fue poeta. Escribió versos y corridos inspirados en la magia de algunos matadores importantes de nuestra tauromaquia y de la española, como es el caso de Juan Belmonte, Juan Silveti, Carlos Arruza, Fermín Rivera y, especialmente, aquellos médicos que ayudaron en sus momentos difíciles a los toreros embestidos por bravos toros, como fue el caso de José Rojo de la Vega y Javier Ibarra, este último con una aparición crucial en “Más Cornadas Da el Hambre”.
Probablemente, su fuerza, su talento y claro, su inmensa categoría taurina fue la que lo puso junto con Manuel Chopera en Madrid y el resto de España, pues un taurino como “El Ciego” tendría que cruzar el charco así con la mayor categoría del mundo, como el “Marqués” que fue.
Hace diez años en la lamentablemente fallida revista “Contrabarrera”, se publicó uno de sus últimos artículos. Aire melancólico, lírico, casi en reproche de la “pésima” situación taurina que en ese entonces ya se vivía -y aún vivimos- con preciosas letrillas, refería al deseo de querer ser torero, de brindar un toro y ya no poder hacerlo, como entonces y ahora parece quedar la Fiesta.
Porque “El Ciego” nunca renunció no solo a ser sino a querer ser torero. Que por supuesto lo fue. El destino hizo que no alcanzara quizá “la gloria taurina”. Pero en el día a día del periodismo taurino fue muy destacado. Se le recuerda su frase que se hizo famosa, “Mi luz, manito, mi luz…” Con todo lo que ello quiera significar y como se quiera entender.
Pero a veces, da la impresión que realmente era “El Ciego” con su cabeza taurina, el que alumbraba con luz las sombras del torerillo.
Twitter: @Twittaurino
Colaboraron en esta historia Luis Eduardo Maya Lora (@CaballoNegro) y Luis Cuesta (@LuisCuesta_)


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