Opinión: El toro le rompió el ritmo triunfal a San Isidro

  

Por José Luis Benlloch

El toro descompuso el ritmo triunfal que llevaba la feria de San Isidro. Ya saben, el hombre propone y el toro descompone. Cuando mejor se las prometían los partidarios del toro, falló. Y alguno más. La semana de las llamadas corridas toristas en Madrid ha resultado un fiasco con todo el dolor de sus partidarios más acérrimos o no tanto, que seguro que las han visto mejor de lo que fueron y desde luego con la decepción del público y toreros en general que sufrieron/sufrimos tardes plúmbeas sin el menor interés.

Los toros de Ibán, Cuadri, Pablo Romero, Adolfo y Victorino Martín, ganaderías de la máxima consideración, hierros de prestigio y mucha historia, no embistieron y con ello salió perdiendo la fiesta no sólo por la decepción puntual de esas tardes sino porque se va limitando progresivamente el mercado para esos encastes que ahora llaman minoritarios y que en otros tiempos eran base de las temporadas y coincidían en los mismos carteles con las figuras del momento.

Ahora no es así y la amenaza de la desaparición planea sobre alguna de las divisas de ese grupo como ya sucedió con los toros de Concha y Sierra, que actualmente pacen en territorio francés en manos de un mecenas de aquel país empeñado en la quimérica ilusión de recuperarles. Otros como los santacolomas, tan demandados no hace tanto, ahora limitan su aparición en las ferias prácticamente a un solo hierro y de camadas cortas, La Quinta.

Semanas como la de Madrid, teniendo en cuenta que esas ganaderías son las más acreditadas del momento en el grupo llamado torista, no impulsan al optimismo. Ni mucho menos puede atenuar la decepción el que la corrida de Victoriano del Río, tan demandada por las figuras, tampoco embistiese. El problema tiene responsabilidades compartidas. El principal son los gustos del gran público. Muchas de las ganaderías desaparecidas lo fueron a consecuencia de la exigencia de un mínimo de kilos que muchos de esos encastes no llegaban a alcanzar y si los alcanzaban, algunos lo lograron, perdían sus principales virtudes. Además, ese mismo público que mira con desconfianza cualquier toro por debajo de los 500 kilos, pide un toreo que con esos toros no es posible hacer. Se comprobó claramente la tarde de El Cid con los victorinos.

Ante esa tesitura las figuras se inclinan por otros encastes, fundamentalmente por los que proceden de la línea Parladé/Mora Figueroa que en la actualidad desemboca en lo que se llama domecq. Y si alguna vez esas mismas figuras eligen anunciarse a modo de gesto con esas divisas consideradas toristas, llegan a la conclusión de que no se lo valoran.

El panorama siendo preocupante no es tan desolador como lo describen los más partidarios de tales ganaderías o en todo caso hay resquicios para la esperanza. No es la primera vez en que se vive un proceso de transformación o evolución del toro que deja atrás encastes y líneas señeras para dar paso a otras. Ese tránsito ha sido constante y seguramente la posición de los aficionados más tradicionales muy parecida a la actual.

Varias de las ganaderías que ahora están en esa situación no hace tanto eran vituperadas por hegemónicas y se les señalaba por haber desplazado a otras que se perdieron en la noche de los tiempos. Llegando a este punto, y para darle un quiebro al pesimismo, hay que recordar que por encima de los encastes y las ganaderías están los ganaderos que acaban imponiendo sus criterios y generando la ansiada variedad. El ejemplo está en las diferencias que hay entre los domecq de Juan Pedro o de Fuente Ymbro o de El Pilar o de Cebada que mezcla domecq y ñúñez que vuelve a tener un tronco común con domecq. En realidad el 90% de las ganaderías de los últimos cien años proceden del mismo tronco Vistahermosa, sean ahora minoritarias o no lo sean.

Los ganaderos afectados también tendrían su parte de responsabilidad en esta situación porque con un estilo u otro, los toros deben embestir y si no lo hacen como ha sucedido en Madrid, nos toca estar escribiendo artículos como este entre la nostalgia, la pena y la esperanza. En cualquier caso esas mismas ganaderías de la semana negra madrileña, esas en concreto, no hay que descatalogarlas ni sus propietarios quemar las naves, tienen su sitio, son necesarias y seguro que volverán a embestir y lo que esta feria es decepción se tornará en nuevas ilusiones. El problema lo tienen los del escalafón siguiente. 
Hoy anuncian miuras, a lo mejor.

Fuente:http://www.lasprovincias.es/culturas/201506/07/toro-rompio-ritmo-triunfal-20150606235648-v.html

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