Opinión: Así me lo platicaron

Por Xavier Toscano G. de Quevedo

El fin de semana anterior celebramos un año más el suceso milagroso que marcó para siempre y puntualizó el inicio de la historia de nuestra extraordinaria nación mexicana. La aparición de La Virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac, acontecimiento que puntualmente conmemoramos con grande devoción y cariño cada 12 de Diciembre desde hace cinco siglos ininterrumpidamente, y a pesar de los numerosos hechos lamentables y tristes que se han vivido a través de nuestra historia, tratándose de la festividad de la Guadalupana siempre se ha respetado su imagen, su día y su Santuario, inclusive por aquellos que están carentes fe.

En nuestro México, esta solemne festividad religiosa siempre ha sido motivo para que en diferentes poblaciones de celebres “festejos taurinos” –hoy sería inapropiado decirles corridas de toros– aunque éstos han descendido en número en las últimas décadas, quizás por la situación económica, y si bien lo más seguro es que los empresarios no encuentran “¿toreros?” importantes que convoquen al público a ir a las plazas y por ello prefieren abstenerse de organizarlos. Este día de nuestra madre Guadalupana es similar a la celebración que en España se da del día 15 de Agosto, Asunción de la Virgen al Cielo, y que ellos nombran como festividad de “La Virgen de La Paloma”, en el que por toda la Península Ibérica llevan a cabo infinidad de Festejos Taurinos, en donde inclusive acuñaron la frase que dicta: “el torero que no actúa en éste día, ya no torea el resto de la temporada”.

Uno de los festejos que programó para este día fue en la ciudad que vio nacer a nuestra primera grande figura de la torería mexicana, “El Califa de León de los Aldamas, Rodolfo Gaona”, ahí programaron al “Payo”, Silveti y al peruano Andrés Roca Rey, con un encierro –vaya usted a saber qué presencia tenían– del dueño del inmueble. Del festejo, ¡así me lo platicaron!: “Qué buen torero es Roca Rey, su actuación fue excelente, es un gran torero, pero las cuadrillas estuvieron desastrosas, y en donde uno de sus elementos se desempeño con desvergüenza y altanería –¿Qué, es de extrañarnos?– ocasionando la molestia y el disgusto de su matador, el enfado y la contrariedad del público, y exhibiendo a una autoridad que mostró su incapacidad –problema afín y cotidiano en nuestras plazas– para solucionar tan nefasto proceder. Ya lo hemos dicho en infinidad de ocasiones, por lo que nunca hay que olvidarlo: “¡Los verdaderos enemigos de nuestra fiesta están asechando dentro de ella!”.

El problema radica que estos funestos, desagradables e insolentes elementos viven pensando que ellos pueden y tienen atribuciones absolutas para proceder a su antojo, y que las autoridades deberán mostrar una completa y discrecional condescendencia y tolerancia para con ellos. Así de enfermo y corrompido está el “espectáculo taurino” de nuestro país, en donde existe la idea de que si no se tiene un alto índice de flexibilidad y entreguismo por parte de las autoridades de plaza para conducir los “festejos taurinos” –qué tristeza, pero todo escrito con minúsculas, y porque no hay menos– se tiene la errónea idea, de que no se es buen aficionado, que no se ayuda a la fiesta, y que se atenta contra la realización del espectáculo.

Estas incongruentes y absurdas afirmaciones son el caballito de batalla de todos los mediocres, parásitos y vividores que inundan y pululan vegetando por larguísimos y desastrosos años, mostrando su incapacidad, prepotencia y corrupción en la fiesta brava de nuestro país.

Problemática de las últimas décadas, pero es más notorio en los años que han transcurrido en este nuevo siglo, en donde se ha convertido ya en algo habitual que las empresas, toreros, actuantes, ganaderos y apoderados infrinjan impunemente o hagan caso omiso de los reglamentos, ya que invariablemente son ayudados por autoridades serviles y complacientes, mostrando así, los individuos involucrados en la actual fiesta, una prepotencia, arrogante y cínica personalidad, en clara actitud de burla y reto hacia los aficionados y público, que con agrado y vehemencia acuden a las plazas con la ilusión y esperanzados de poder presenciar un espectáculo serio y honesto que les provea de emociones y alegrías.

El problema es claro y está presente, no existe el más mínimo respeto a la fiesta, a sus reglamentos y a los aficionados, por parte de todos los actores del espectáculo. Ya que cada día, en cada festejo que se celebra en las plazas de nuestro país, con las pésimas actitudes que toman los elementos en el ruedo, han convertido los festejitos en escenarios absurdos, incoherentes y fuera de todo contexto que en nada, absolutamente en nada se asemeja a la digna y auténtica Fiesta Brava.

Vivimos en un total relajamiento, abandono y entreguismo por parte de las autoridades, que no quieren, no pueden, o no tienen la firmeza y decisión para actuar dentro del espectáculo. Esta desacertada, indolente y apática actitud da pie, y es la coyuntura que aprovechan los deshonestos y nefastos actores de la fiesta, por lo que vemos y vivimos en cada tarde las desastrosas violaciones y los desacatos que se dan y se generan en todos los ruedos de nuestra patria.

Quizás el problema está en que no se ha entiendo todavía que la libertad no radica en querer actuar como nos plazca, y menos con prepotencia, altanería y actitud retadora. Ya que cada uno de nosotros elegimos “libremente” nuestro camino y nuestro trabajo, el que siempre deberemos desempeñar con respeto y ordenadamente de acuerdo a las leyes y normas dictadas… no obstante que algunos cínicos e insolentes vividores piensen y se conduzcan con su “inadmisible prepotencia”.

Y recordemos que dentro del mágico mundo del Espectáculo Taurino las normas son claras y precisas, no se pueden omitir y mucho menos pretender ser violadas por nadie. La Fiesta nació con grandeza y el que no esté dispuesto a respetarla, sería muy prudente que se abstuviera de participar, porque en ella el único protagonista y eje central del espectáculo es y siempre será su Majestad, el Toro Bravo.

Fuente: http://opinion.informador.com.mx/Columnas/2015/12/16/asi-me-lo-platicaron/


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