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La Rígida Exigencia – Repunta Mario Aguilar pese a Nueva Mansada.

Mario Aguilar en el pase contrario por bajo con la zurda.

Parece que el constante fiasco de Carranco se convierte lamentablemente en una tradición anual donde la que sufre y paga los platos rotos es la Afición. Espantoso lote del confirmante Leandro echa a perder todo intento tarde de ceremonia. Desigualdad de Jerónimo que corta oreja ante el único astado con posibilidades pero sufre ante la exigencia de su segundo. Mientras Mario Aguilar vuelve a mostrar lo infravalorado de su toreo, recio y artista.

Por: Luis Eduardo Maya Lora De SOL Y SOMBRA.

Seria, sin concesión o contemplación alguna, con absoluta seguridad de su poderío como artista, Amalia Hernández Navarro supo siempre que su éxito habría de requerir la constante que haría a sus creaciones en movimiento, a su interiorización en la tradición de la danza mexicana, nunca fallar.

Constancia y disciplina.

Dice la crítica extranjera, su gran cuadro de danza con todos los años del mundo permanece joven.

El encierro ayer, casi todo, por su presencia, el tipo de sus astas e incluso sus reacciones al salir al ruedo, trae a la mente el primer número de “Las Navidades en México” del Ballet Folklórico. Ahí, un conjunto de máscaras cornudas similares por sus cornipasas defensas, casi iguales por lo estrechas, a las de los toros Carranco, representan la maldad previo al alumbramiento y al arribo de San Miguel Arcángel.

Al que incluso hieren, teóricamente.

En los toros el peligro ha de ser práctico, expreso, real, material. Decía Curro Cúchares al actor Julián Romea aquella “tarde negra” del sevillano desde el callejón, “Esto no es como lo suyo, Don Julián, aquí se muere uno de verdad y no de mentirijillas… como el teatro.”

Hay un momento de sumo peligro cuando el cárdeno claro segundo estrella contra las tablas al confirmante Leandro. Ocurre al intentar picar al astado que distrae, se va del envite del caballo y topetea al vallisoletano que no puede quitarse, ni tampoco las cuadrillas -había cuatro capotes más el del tercer espada- consiguen cortar al toro cuya tendencia a tablas es expresa.

Menos mal el cornipaso pretende meter más el hocico que los pitones.

Jerónimo intenta lancear de salida pero el toro desluce la suerte, llegan parones a pies juntos y remate que no se consuma por enganchado. El diestro poblano, de la Sierra, eterna esperanza taurina mexicana, mantiene su empaque en ese remate a una mano y al paso con el capote, solo que su falta de ritmo es expresa.

El astado, flojo y con tendencia mansa acentuada con el hocico abierto y la mirada escurridiza, es corto de trapío, su presencia no despierta mayor admiración, sino la preocupación de que no se caiga.

Hoy los toreros cuidan al toro. Antes se cuidaban de él.

Entonces Jerónimo ha de devolver las fuerzas que faltan y eliminar protestas con temple, sutileza pero a la vez firmeza, como la danza cuando es buena, el toque justo a fin de no violentar al toro tras inicio alternado.

Con la derecha el cárdeno cae y obliga al torero encontrar toque exacto a la intensidad precisa.

No más, no menos.

Por un momento parece entenderse pero pasan dos derechazos y el toro o engancha o se frena. Por momentos, en los medios, le hace pasar con la derecha pero la muleta queda en la distancia suficiente para no mandar o ligar sin ahogarse el siguiente muletazo, ahí está la esperanza.

Hay buen trazo en algún momento sin ligazón u hondura que Jerónimo apunta y que brindaría su toreo más genuino. Pases limpios los primeros pases de cada tanda que se van con el toque brusco, pese a lo compuesto de su planta, su encajada barbilla y su cintura quebrada.

A cada toque el toro responde cabeceante y deslucido.

Tira del artificio, afarolado e invertido, algo movidos.

Breve intento con la zurda descubre el tranco aun más largo del toro pero Jerónimo queda en pedacería que compone el centro de la suerte sin enlazar o permitir la alianza plena por pitón izquierdo. Se va derecho, muy decidido y encuentra una gran estocada que empuja la situación, toro espectacularmente derrumbado, hacia la oreja.

En el cuarto se diluye el triunfo del primero ante un toro más serio y demandante de poder, del chicote, del latiguillo que habría bajado ínfulas al negro astado que hace verle en apuros y con preocupaciones que terminan con media que fulmina el turno.

El toque intacto de Mario Aguilar marca diferencia con el tercero, otro estrecho y alto toro, corto y negro en su capa y, como veremos, negro en su fondo. Aguilar trata de templarse a la verónica pero cuesta trabajo con tantas manos por delante del astado. Las navarras del quite tienen tino y ritmo, gira en los medios naturalmente y la Afición responde.

Alinea su tranco el torero, tan necesitado de acariciar la embestida.

Gira y en el tercio de banderillas, Alejandro Prado lo borda pareando, quizá la ejecución mejor lograda del segundo tercio en la tarde y Felipe Kingston, colmillo largo y templado, conduce a la brega sosteniendo la leve esperanza en el Carranco. Y en el propio Mario que a dos manos comienza y brindando aire, tira del toro por la derecha, se gusta y gusta, vuelve al centro de la suerte, todo templado y remata torero.

Decía Amalia Hernández, la danza es “expresar profundamente, con todas las cualidades que uno tiene, tanto materiales, como intelectuales y anímicas algo, lo mejor posible, lo más perfecto”. Pleno en la expresión de su arte, en los medios, a luz menguante, enreda Aguilar molinete a compás abierto al grado de cambiarse de mano cadencioso y salir airoso trastocando el ánimo de la gente.

Que hasta le grita, “¡Artista!”

Transforma la embestida del astado incluso con la izquierda, perfectamente alternado y trazado el perfil natural. Crea la emoción y recrea el aire en el cite por alegrías, arriverado, como si del arte de Terpsícore se tratara, pena que el carranco, en plena aflicción porque la muleta manda, en plena huida rompa la lidia, el arte de Cúchares, y designe no seguir más.

Justo cuando el derechazo crecía de nuevo.

Cosas de manso.

Entonces Mario opta por castigar abajo para buscar el camino de la igualada. Hay un  ayudado por bajo con la zurda de asombro. Entera caída, sobre todo tendida, retrasa la entrega del astado hasta el doble descabello que difumina la posibilidad del triunfo que realmente obtiene, porque en la mente y en el corazón Aguilar aun late. Fortísima ovación en el tercio.

Se muestra torero con el espantoso sexto que no ha tenido, por incapaz de sostener ya no digamos la bravura, sino la fuerza, el esfuerzo de la lida. La gente pide regalar pero no hay condiciones. Será necesario verle, en la vuelta.

Que ha de ser pronta y resuelta.

Leandro confirma, su terno nos recuerda a otro de Valladolid, David Luguillano.

Pero otra vez, el toro de la ceremonia se queda corto pese a que en los lances le ayuda el torero, lo mismo que en las chicuelinas a compás abierto y el precioso remate a pies juntos pero a la hora de la verdad el toro no responde, se niega a embestir porque no tiene casta y sí mucho acortar la embestida.

Pese al desarme Leandro se muestra entendido al cruzarse y citar a media altura pero el astado va para atrás y, tras gran tanda con la derecha, termina su brevísimo fondo bravo. Luego, tras el arropón reseñado, el quinto le dura aun menos que el primero vuelve a estar valiente pero la decepción le lleva a regalar.

Peor aun.

El cornipaso sobrero tiene tan poco dentro que acaba refugiado en la tronera del burladero de la Porra, atrincherado y defendiéndose antes incluso de que Leandro tome la espada. Imposible torear así. A Carranco por alguna misteriosa razón, lleva años así, se le reventó el barzón y… sí, sigue lidiándose.

Recuerdo, hace tiempo ya, que el Ballet de Amalia recreaba un número donde a modo de corrida, se desafía a un bailarín con disfraz de cornúpeta mientras sonaba “El Zopilote Mojado” Claro, la danza refería un cuadro taurino, sin que se pusiera en duda, por tener la Fiesta Brava un origen español, la mexicanidad de la creación.

Hoy hay cosas, tanto en la danza como en el toreo que se tienen olvidadas.

Será porque, según Doña Amalia, “Es un problema de los que nacen aquí. Tienen mamá muy consentidora y quieren que yo también sea así… pero hay un límite en el arte. Porque el arte es disciplina, rígida, que cuesta mucho trabajo… pero yo tengo un chicotito espiritual.” Remataba la gran maestra mexicana.

Ese rigor, nos hemos llenado decirlo, el “chicotito que da en las patitas” de Amalia Hernández, el que no consiente y no hace mutis cuando algo no anda bien.

En la Fiesta anda algo olvidado pero ha devolver, es necesario.

Como esperamos vuelva al Ballet Folklórico de México, pronto, “El Zopilote Mojado”

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2013-2014. Domingo, Enero 5 de 2014. Décima Segunda de Derecho de Apartado. Menos de un cuarto de Plaza en tarde fresca sin viento.

7 Toros, 7 de Carranco (Divisa Rojo, Blanco y Plata) El séptimo lidiado como sobrero de regalo. Desiguales en presencia y tipo. Justo el segundo. Serios cuarto y séptimo. Faltos de fuerza y descastada en lo general, manso el de regalo. El segundo ha tenido recorrido pese a sus constantes protestas con la cabeza. El tercero se apagó en cuanto fue exigido.

Jerónimo (Azul Rey y Oro) Oreja y Silencio. Leandro (Salmón y Oro con remates negros) que confirma su alternativa, Palmas tras aviso, Silencio y Silencio en el de Regalo. Mario Aguilar (Burdeos y Oro) Saludos con fuerte ovación en el tercio y Leves Palmas.

El segundo espada confirmó su alternativa con el negro “Revenido II” número 31 con 474 kilogramos.

A la brega destacaron Sergio González, Felipe Kingston y Alejandro Prado con primero, cuarto y sexto, respectivamente.

Saluda Christian Sánchez en el quinto turno. Pica bien a primero Gabriel Meléndez hijo

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