Archivo de la categoría: Antonio Corbacho

IN MEMORIAM | Adiós a Antonio Corbacho: El gran hacedor.

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Por Salvador Boix, ex apoderado de José Tomás | * Articulo publicado en El MUNDO.

Después del sorteo, hace 14 años le conocí. Me presenté como lo que era, un aficionado de Barcelona. Recién visto “Samourai”, el programa de referencia tomasiana del referente televisivo de los programas de toros en el mundo, “Face au Toril”, del gran Joël Jacobi. Hablamos de nuestro torero.

Acabó la corrida en triunfo grande. Tras la tertulia en el Hotel Presidente me dijo Corbacho que el torero quería cenar conmigo aquella noche. Y cenamos los tres y otros.

Y allí empezó una interesante historia de relaciones humanas salpicada de detalles, también de señales.

Al año siguiente, el del rabo en julio, otra vez de paseo por la mañana tras la rifa, le preguntó no sé quién a Corbacho que quién era su acompañante. Respondió sin inmutarse: “Éste es el futuro apoderado de José Tomás“. Hace 13 años.

Nunca lo conté, más que a los más íntimos. Por pudor y por colosal respeto a los personajes. Le llamaba a menudo hasta 2006.

-¿Dónde andáis?

-Por el mundo…

Siempre me pareció una respuesta sensata, sincera, cabal. Y torera.

-¿Vais a cenar por aquí?

-Si sale vivo……

Corbacho, diáfano, conocedor, torero, el gran hacedor, el visionario. Fuimos un otoño a Montserrat. Nos dieron para merendar la típica coca dulce y cava.

De regreso a Barcelona, mano a mano con Corbacho en mi Renault Exprés, meamos en la cuneta con la montaña sagrada y su virgen negra de fondo; la gran meada compartida, iconoclasta, irreverente.

Llegó 2007 y se enfadó. Mucho. Pero con el tiempo sé que se le pasó. Pude manifestarle el 24 de julio de 2011 en Valencia, con sinceridad, mi alegría por haberle visto tan de cerca el día anterior.

Nunca supe, por no querer, qué pasó. Ni porqués ni razones, si las hubo. Sí supe de algún pobre de espíritu que hoy brindará contra él.

Le llamé al hospital. Charlamos de lo suyo y le mandé mi abrazo. Hoy le recuerdo, con una foto compartida presidiendo estas palabras, porque, como no ha salido vivo, ya no anda por el mundo.

* Via: http://www.elmundo.es/elmundo/2013/07/31/toros/1375300652.html

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Antonio Corbacho “Me siento orgulloso de José Tomás”

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Antonio Corbacho reflexiona sobre el mundo del toro en la última entrevista concedida a LA RAZÓN hace un año.

Por Patricia Navarro – Madrid.

Banderillero retirado, hombre del toro y descubridor de toreros. Acompañó en sus comienzos a José Tomás, con la aventura mexicana incluida. Un camino, el del despertar y despegar, que también compartió con Alejandro Talavante.

Vive en Sevilla, en el retiro. Disfrutando del campo e inmerso en ese concepto tan peculiar de la Fiesta que no deja indiferente.

–¿A qué se dedica ahora Antonio Corbacho?

–A nada. A estar en el campo y estar tranquilo. Los tiempos que corren son para el reposo y la meditación. Está todo el mundo alborotado y hay mucho miedo en la sociedad. Prefiero estar un poco fuera de juego para no contagiarme.

En pleno San Isidro, ¿qué recuerdos le vienen a la mente?

–Muchos. Entre otras cosas porque he hecho unas cuantas veces el paseíllo aquí y me he puesto delante de unos cuantos toros. Y además he vivido triunfos muy emocionantes. De apoderado, claro. Y en Madrid nací y aquí me hice aficionado a los toros con mi padre, que me llevaba todos los domingos a Las Ventas torease quien torease.

–¿Así empezó todo?

–Yo recreaba luego todo lo que había visto en la plaza.

–Y Sevilla es…

–Temple, colorido, sonido. Completamente diferente. Cambian los tiempos. En Madrid, sobre todo antes, la entrega era brutal. Si cerrabas los ojos, estuvieras donde estuvieras, y escuchabas esos olés, bien sabías que eran de Madrid.

–¿Ha disfrutado como apoderado?

–Mucho. No soy un apoderado típico. Cada vez que se ha triunfado, es como si hubiera triunfado yo. A veces me ha dado la sensación de estar toreando en el callejón.

–¿Y las tardes malas?

–Me suelo acordar de los muertos de casi todo el mundo, primero de los míos.

–¿Echa de menos apoderar a alguien?

–Cada uno está donde tiene que estar. Mi ojito derecho es José Tomás. Él ha seguido una filosofía ante la vida y ante el toreo.

–¿Cuál?

–La honradez, el compromiso, el respetarse primero a uno mismo y luego al mundo.

–¿Y Talavante?

–Talavante es muy bueno, pero es mejor todavía de lo que enseña.

–¿Cuál es su forma de apoderar?

–Para mí es acompañar en el camino a alguien que va hacia un lugar. Y eso conlleva hablar mucho de toros. Situar conceptos ante la vida que se están perdiendo.

–¿Cuáles?

–El honor, la dignidad, la hombría. Se tiende a la mentira. Algunos futbolistas se tiran al suelo, se quejan y engañan. Y todo vale por ganar. La dignidad y la ética brillan por su ausencia.

–Y en el toro…

–En el toreo esos valores siguen vivos. Aunque no durarán mucho tiempo porque el peligro del toro está en los taurinos. No se piensa en el futuro. Hay voluntad de trabajo, pero poco creativo.

–¿Cómo recuerda esa primera etapa con José Tomás?

–Muy dura y fructífera. Me siento muy orgulloso de él. Además de por la gran figura del toreo que es, porque ha ejercido la libertad por encima de todo. Ha tenido valor para defenderla.

–¿Siguen manteniendo relación?

–Siempre hemos estado muy vinculados, pero llegó un momento en el que sin saber muy bien por qué, dejamos de mantener relación. Sé que es padre y la mayor alegría que me podría llevar sería que no toreara más y se dedicara a vivir y disfrutar.

–¿Y eso?

–Casi le mata un toro, está vivo de milagro, lo que ha tenido que sufrir para rehabilitar la pierna… Y encontrarse otra vez con la presión y el toro. En Valencia, cuando reapareció lo pasé fatal. No se podía negar un triunfo de esa manera, no sé con qué bastardos intereses.

–¿Qué falta en el toreo?

–Dignidad entre los toreros. Ahí está la prueba de los derechos de imagen y al final todo para nada. Acaban convirtiéndose en títeres.

–¿Habla a un torero mientras está toreando en el plaza?

–En el campo, sí, en una plaza no.

–¿Por qué?

–El protagonista es el torero, no el apuntador. Aquí somos todos muy vanidosos y pensamos que quien corta las orejas somos nosotros. Y no: es el torero. Además, él tiene que estar centrado y no escuchando cosas hasta volverse loco. Demasiado se escucha ya en una plaza.

Y más en Madrid.

–Yo entiendo que la gente proteste si algo no gusta, pero hay que manifestarse en el momento idóneo. Y hay que tener más paciencia.

En la plaza no habla al torero, pero después de un día malo, ¿cómo es la cosa?

–No hablo. Me amargo. Empiezo a dar vueltas a la cabeza, me pregunto en qué he fallado, qué no he sabido trasmitir.

–¿Y en los buenos?

–Acabo muy cansado. Paso mucha tensión. Cuando acompaño a alguien en ese camino solemos retirarnos, cenar, no recibir a mucha gente y pensar en el día siguiente. Lo de las fiestas tiene su momento. Celebrar está bien para los que ganan copas. Pero en el toreo cuando ganas una batalla, al día siguiente la guerra no ha terminado y el enemigo te puede partir por la mitad.

Via: http://www.larazon.es/detalle_movil/noticias/3170272/toros/me-siento-orgulloso-de-jose-tomas-ha-ejercid#.Ufm8sGS9Kc0

Corbacho, un hombre fuera de su tiempo.

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Habrá que ser infantil y demoníaco según entre qué público estemos. ¿La personalidad? Yo creo, amigo mío, que es una versión. Una versión que dan los otros, y que el ser humano, más o menos, acaba por aceptar. César González-Ruano.

Por José Ramón Márquez.

El hecho de que Antonio Corbacho fuese, entre otras cosas, aficionado a los toros, le convierte en un raro personaje dentro del mundillo de los llamados ‘taurinos’ donde lo que usualmente prima es la afición a las pompas del mundo o al becerro de oro.

La afición que nació en Antonio Corbacho en el tendido de Las Ventas y que le llevó a intentar ser torero no fue bastante como para que llegase a tomar la alternativa y, tras una década de novillero donde recibió algunas cornadas, decidió hacerse peón de brega donde se mantuvo dignamente y sin un especial brillo.

Sin embargo, su gran momento llegaría cuando, a través de Victorino Martín, se puso en contacto con un joven novillero de Galapagar llamado José Tomás, sobrino del ganadero, a quien modeló y con quien alcanzó el triunfo en el apoderamiento que no llegó a tener como torero.

Puede decirse que la mejor influencia que recibió aquel prometedor torero, devenido en nuestros días en triste sombra, no fue la que provenía del abuelo Celestino, que a fin de cuentas lo que quería en su casa era una ‘figura’ al uso, sino de Antonio Corbacho, que le dio al torero desde el principio de su relación la armazón ideológica, la mística mucho más que el rudimento técnico, que sirvió para crear el fenómeno José Tomás.

Antonio Corbacho fue el demiurgo que logró sacar de las entrañas del hombre José Tomás al personaje José Tomas.

Luego, cuando Tomás se había transformado ya en la extravagancia que es ahora, lo intentó con Alejandro Talavante, personaje de muy poca personalidad y de muchísima menor complejidad que el de Galapagar, con quien quiso hacer una reedición de Tomás que duró lo que duró la notoria influencia de Corbacho.

Hoy, al conocer el deceso de Antonio Corbacho, es de justicia saludar en él a alguien que defendió con seriedad la dignidad, el honor y la hombría del torero y que no tuvo empacho en señalar en los taurinos a uno de los peligros de la Fiesta. Casi podríamos decir que fue un hombre fuera de su tiempo.

Que la tierra le sea leve.

Murió el hombre que enseñaba a los toreros a morir: Antonio Corbacho.

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Por Francisco Apaloaza.

Solo una personalidad tan arrolladora como la de Antonio Corbacho podría estar detrás de un revolucionario del toreo como José Tomás.

Solo una personalidad tan sideral como la suya fue capaz de enseñar y descubrir los principios últimos del compromiso radical entre el arte y el riesgo.

Corbacho, parte sustancial e inevitable de la historia filosófica del toreo, ha muerto hoy miércoles en Madrid aquejado de una enfermedad hepática que acarreaba desde hace años.

El apoderado nació en Madrid en 1951 y se formó como novillero, pero después de varios percances se pasó a la segunda fila de los toreros de plata, donde desarrolló una carrera con los principales matadores de su época. Se retiró en México y durante esa estancia pasó a ser apoderado.

Al otro lado del Atlántico conoció a José Tomás. Fue un descubrimiento mutuo, un choque descomunal de fuerzas y personalidades que propició la depuración mental y técnica del matador.

También apoderó a otros, como Alejandro Talavante, cuya llegada supuso la ruptura entre el apoderado y Tomás, con quien mantuvo en adelante una relación fría. “Nos dejamos de hablar. Por nada. Nos parecemos mucho, con la diferencia de que él tiene dos cojones y yo no. Es una reacción lógica en un discípulo que supera al maestro. Él es grandioso, yo no”, respondía en una entrevista con este reportero en mayo de 2011.

En los últimos años apoderó a otros matadores como Esaú Fernández y en los últimos tiempos al novillero colombiano Sebastián Ritter, con quien hizo su última aparición en el callejón, tocado con un sombrero negro de fieltro el pasado San Isidro.

Toreros y samuráis

Corbacho aplicaba al mundo del toro el ‘Bushido’ y los códigos de comportamiento de los guerreros japoneses. Se acercó a aquel mundo a través de Michael Von der Goltz, un amigo suyo novillero y barón alemán con el que entraba en los cines a ver películas de Kurosawa después de beber sake.

A partir de ese momento, el apoderado, que resultó un estudioso de autores como Confucio y Anácletas, depuró un código mental, unas reglas radicales de comportamiento que influyeron en sus pupilos. «El toreo tiene que ver mucho con aquel mundo de honor del samurai, de compromiso vital, de aceptación de la propia muerte».

Una parte importante de esas teorías se vieron en los toreros que forjó y en su capacidad para el sacrificio en la plaza, «algo incomprensible hoy en día, en una sociedad en la que la gente se cree con todos los derechos y ninguna obligación».

Para lograr preparar física y mentalmente a los matadores, el apoderado aplicaba sesiones de yoga y de ejercicio extremo, pero sobre todo profundizaba en los conceptos vitales de la tauromaquia a través de una suerte de mayéutica en la que maestro y preparador exploraban juntos las teorías del toreo. «Hablamos mucho, para conocerles y ayudarles a que encuentren su propio camino», decía.

El apoderado, dotado de una conversación austera pero imprevisible y en todo caso deslumbrante, vivía en una pintoresca casa en La Alcornocosa, cerca del municipio sevillano del Castillo de las Guardas rodeado de ovejas, burros, gallinas y otros estrafalarios animales como erizos y un loro.

Durante los últimos años le acompañaban su esposa y Antonio Manuel, un enano que ‘rescató’ de un espectáculo cómico para enseñarle a torear.

Descanse en paz.

Via: http://www.diariovasco.com/rc/20130731/mas-actualidad/cultura/fallece-antonio-corbacho-201307311740.html

De SOL y SOMBRA.

En México apodero al diestro Arturo Macias después de un periodo muy exitoso de Macías, pero que en cuanto comenzó su primera campaña en España, se torno muy oscuro para ambos.

También tuvo algo que ver en algunos momentos en la vida de David Silveti y por un breve tiempo ayudo a Diego Silveti en su etapa de novillero, pero no surgió la química esperada, así que cada quien siguió su camino y tan amigos como siempre.

El Guerra.