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Santiago Martín ‘El Viti’ toreó como es, y es como toreó: Con sencillez y sinceridad.

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Por Lorena Sánchez.

Sueña que torea El Viti, que se enfrenta a ese toro que manda, al que «hace, deshace y dispone», al que le encumbró rey del toreo sobrio en tardes de bonanza y le buscó las cosquillas en el hule con 14 cornadas que dibujan su cuerpo. Sueña dormido la faena inacabada que le brinda la impronta de ser «fiel a sí mismo». Y después, lo hace despierto. Transfiere esa frontera de la realidad y piensa…y piensa, procura acabarla, paladear el toreo en sus muñecas con pases de pecho inacabables. Y vuelve a soñar. Porque quiso ser torero, porque lo sentía, porque le llenaba de verdad.

A Santiago Martín ‘El Viti’ (1938), 14 veces por la Puerta Grande de Las Ventas, le gusta hablar igual que practicó el toreo: con sencillez y sinceridad. Toreó como es, y es como toreó. Por eso desnuda su alma, lo más íntimo: sus pensamientos, en un diálogo con su amigo, el escritor y académico Gonzalo Santonja, director de la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, en la primera de las conversaciones entre toros y vinos, en un ‘Mano a mano’ organizado por El Norte de Castilla y la Junta de Castilla y León, con el libro ‘La Justicia del Rey’ como sobresaliente y en el ruedo de Jamones Blázquez, en Peñaranda de Bracamonte (Salamanca).

Fue un diálogo profundo, desde la «admiración infinita» que Gonzalo Santonja confesó profesar por el matador. Como ese entre Belmonte y Manuel Chaves Nogales, como el desconocido en la poesía de Claudio Rodríguez a Antonio Chenel ‘Antoñete’, o mismamente como el de José Tomás con ‘Navegante’, el que a punto estuvo de quitarle de en medio. Directo y contundente, acompañado de dos vinos, Emina Crianza 2010 y Emina Pasión 2012, y esos ibéricos admiración que curan en las instalaciones charras de Blázquez.

Abrió plaza Carlos Aganzo, director de El Norte de Castilla, con el secretario de la Consejería de Cultura, José Rodríguez Sanz-Pastor, quienes se encargaron de introducir este ciclo que en los próximos meses, y en distintas denominaciones de origen vitivinícolas, anunciará carteles confeccionados por toreros, ganaderos, directores de cine, escritores y periodistas. «Los toros son parte de nuestra cultura y tierra, donde además hay buenos vinos y buenos productos con los que promocionarlos», destacó al respecto el también escritor y poeta, Carlos Aganzo.

Escenario escogido a mimo para lidiar, a través de la literatura, la trayectoria memorable de quien por sus siglas –y aunque aun luzca gesto contrariado cuando lo escucha– fue apodado Su Majestad ‘El Viti’. Espectadores, reducido a un exquisito número de privilegiados, pero aficionados. Mucho. Desde toreros a ganaderos, veterinarios, escritores y responsables del Itacyl. Un lugar propicio para profanar con bondad los recuerdos del matador salmantino.

Y ahí comenzó Santonja. Así, sin santiguarse ni rituales que evoquen supersticiones, el académico comenzó la faena dialéctica. «¿El torero nace o se hace?». Bautizado en los carteles como ‘El Viti’ por su tierra natal, Vitigudino, Santiago Martín vinculó su crecimiento en estos campos con la idea de ser torero. «Somos componentes de un mismo arca, como decía la Biblia. Cada uno en nuestra semilla podemos interpretar, participar y vivir. He sido una más de las muchas semillas en el toreo, uno de tantos miles de los que hemos participado. Estoy convencido de que yo me he hecho torero porque nací en mi tierra, porque ese ambiente, esa semilla está ahí, viva». Y añade.

«Elhombre es como es por dónde nacemos y después dónde nos desarrollamos, pero no nacemos toreros. Si no, preguntemos a cuántos lo han intentado y han nacido como yo».

El temple entre muletazo y muletazo verbal es exquisito. Santiago Martín saborea cada palabra, envidioso confeso de literatos y herederos de Cervantes. Rumia sus pensamientos y ofrece reflexiones para la posteridad. «¡Cuántas veces he dado gracias a Dios de haber conocido al toro, de haber nacido donde nací!», exclama.

Sin salida a hombros

Prosigue en su lidia Gonzalo Santonja, estudioso de la tauromaquia de ayer y hoy, docto en cifras y datos que atestiguan afición ancestral. Y muestra su inquietud por aquel San Isidro del 71 en el que ‘El Viti’, tras desorejar a su oponente –con banderillas negras a uno de Atanasio–, se negó a salir en hombros. El maestro no se muestra contrariado. Argumenta que hasta Joselito y Belmonte no se sacaba a hombros a los toreros y que en plazas como Pamplona los toreros no querían salir a hombros porque la pasión del público es incontrolable. «Era mayor la paliza de la salida que la de si te hubiera cogido un toro». Como ejemplo, el de El Cordobés, que «se pegó un castañazo un día por tirarse cuando lo sacaban a hombros».

El diálogo continúa con un recorrido por sus vivencias hasta su retirada en 1979 en la plaza de Valladolid. Hablan de sus 14 cornadas graves –«después de la primera ya eran demasiadas»– y de aquel percance que a punto estuvo de costarle un brazo. «Estaba en Ceret, en Francia, en el hospital y escuchó decir que le iban a cortar el brazo y finalmente se lo tuvieron que salvar en el sanatorio de toreros de Madrid», comentó Santonja. Así fue, y todo porque ‘El Viti’ recordó la historia de un novillo que tenía la pata inflamada y el veterinario no le pudo poner escayola. Él pidió una navaja que llevaba en su coche «de cuando estaba de pastor» y se quitó la escayola. y efectivamente el brazo lo tenía amoratado.

De los encastes de entonces a la exigencia de la corrida de Miura en Madrid. «Regresó tras doce años de ausencia porque yo me llevaba bien con esa familia y la pedí». O del trato con los toreros de la época, con Ordóñez y El Cordobés, «pero sin oír nunca a nadie lo que uno ganaba o dejaba de ganar».

La faena dialéctica ya avanzaba hacia más de la mitad. Y tocó lidiar con la actualidad, con esas preguntas del respetable que abundaban en los encastes que él toreó y que ahora desaparecen. «Cuando ves a ganaderos a base de sacrificios hay que hacerles un monumento. Es cierto que en mi época había una gran diversificación de encastes y que actualmente no existen, pero no hay que usarlo como un derrotismo. No pierdo la esperanza de que resurjan, porque hace dos o tres siglos había pocos y después se extendieron».

Dice no ser capaz de decir cuál es su torero ideal, aunque recuerda su admiración conocida por Luis Miguel Domínguín, y también, preguntado, dice que le gusta José Tomás. Eso sí, casi en la suerte suprema se moja con las discrepancias entre el denominado G5 de las figuras y su oposición a la empresa de Sevilla. «¿Ahora quién quiere mandar, el público, toreros o ganaderos? Ahora todos y creo que nunca en el toreo han mandado todos.

Pero no se preocupen porque esto ha existido y existirá siempre y a la hora de la verdad las ferias se hacen». Lo último, la puntilla, para medios como la televisión. «La tauromaquia necesita ser divulgada». Y sonó la ovación de tarde triunfal.

Vía: http://www.elnortedecastilla.es/20131220/cultura/viti-santonja-mecen-toreo-201312201050.html

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