Archivo de la etiqueta: San Isidro 2017

Feria de San Isidro: Apoteosis del rejoneo moderno

Diego Ventura.

El Capea / Ventura y Hernández, mano a mano

Toros despuntados para rejoneo de El Capea, justos de presentación, mansos, blandos, nobles, dóciles y descastados.

Diego Ventura: rejón trasero (oreja); rejón muy trasero y caído (dos orejas); pinchazo, rejón trasero y un descabello (ovación). Salió a hombros por la puerta grande.

Leonardo Hernández: rejón trasero (oreja); rejón trasero y un descabello (ovación); rejón trasero y dos descabellos (oreja). Salió a hombros por la puerta grande.

Plaza de Las Ventas. Decimoctava corrida de feria. 28 de mayo. Lleno (21.767 espectadores).

Por Antonio Lorca.

Ventura y Hernández están en la cumbre del rejoneo actual y lo han vuelto a demostrar en la plaza de Las Ventas. Los dos se emborracharon de triunfo y salieron a hombros por la puerta grande (el más veterano, por decimocuarta vez).

Fue una tarde apoteósica, muy completa y divertida por parte de ambos. A su depurada técnica y contrastada maestría añaden dos cuadras de caballos que hacen gala de una doma perfecta y una torería que ya quisieran para sí muchos de los que se visten de luces.

Los dos caballeros basan su tauromaquia en las cercanías, en alcanzar los límites del riesgo y en el temple con el caballo cabalgando a dos bandas. Apuran al máximo que el toro roce con los despuntados pitones el pecho de las monturas, y se lucen —y de qué manera— acompasando la velocidad de la montura a la del toro, con el primero desplazándose de lado, pegado a tablas, con el fin de llevar la congoja y la emoción a los tendidos. Y a fe que lo consiguen, y que hacen la suerte con un conocimiento apabullante.

Pero eso no es todo; dominan todos los tercios, lo que les permite jugar al toro más que torear a caballo.

Ya se conoce, por otra parte, que el público no es muy exigente (no puede serlo quien acude a los toros con dos pollos para regalárselos a los caballeros en las vueltas al ruedo), y solo pretenden que los rejones y garapullos queden prendidos y la muerte del animal sea rápida.

En fin, que tanto Ventura como Hernández se divirtieron como en el patio de su casa, y consiguieron el triunfo deseado.

El primero brilló a gran altura en su primero, con dos caballos estrellas: Sueño y Nazarí, toreros de auténtica categoría. Sueño templó de maravilla y los tendidos rugieron de emoción; Nazarí es de su misma escuela y compite con su compañero en el mismo tercio de banderillas.

Volvió a entusiasmar en el tercero; especialmente, al quiebro, con Fino, y en un par a dos manos sin riendas a lomos de Dólar. Y rubricó su actuación con la primera pareja protagonista y un caballo espectacular llamado Ritz. Mató mal a sus tres toros, pero la muerte de los dos primeros fue rápida, motivo suficiente para que aparecieran los pañuelos.

Hernández, por su parte, un punto menos espectacular que su compañero, también se lució sobradamente y templó con suficiencia en su lote; especialmente, a lomos de Despacio, que le permite poner banderillas al quiebro muy cerca del toro, con el que colocó también banderillas a dos manos. Menos brío demostró el toro cuarto, lo que enfrió los ánimos del respetable y del propio caballero, que se mostró más apagado; y volvió a decir que no quiere perder el tren de cabeza ante el sexto. Montó entonces a Calimocho, un caballo muy torero con el que recuperó la intensidad de su actuación. También mató mal a sus tres toros.

Todo muy bien, pero… El pero es que los toros de El Capea parecen programados para el éxito; nobilísimos, dóciles, buena gente de verdad, con las fuerzas muy justas, carentes de fiereza y desbordantes de clase. 

El toreo, aunque sea a caballo, debiera exigir algo más de casta.

La corrida de hoy

Toros de José Luis Pereda-La Dehesilla, para Morenito de Aranda, Iván Fandiño y Gonzalo Caballero.

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El Madrid televisado no dejó dudas Por Bardo de la Taurina


La televisión en este país siempre ha estado extranjerizada mencionar a los españoles que han transitado por sus venas sería interminable, mas citemos al insustituible madrileño que llego como Carlos Fernández Valdemoro y terminó aquí como ‘Pepe Alameda’ (en recuerdo a la Alameda de Hércules, en Sevilla y a José Gómez ‘Gallito’ – 1941) quien no necesita panegíricos y sobraría con decir que en lo taurino ha sido el más grande y quien aquí acuño el aforismo ‘El toreo no es burla, sino pasión; entrega total y no graciosa huida’ (1944)

La televisión como ha trasgredido todo, ya no se sabe en donde comienza la parte buena y en donde se convierte en espejo de lo reprobable, así que tiremos al inodoro la imagen de la semana en la que aparece un tipo a quien llaman ‘El mesías tropical’ que protagonizó otro capítulo de este culebrón en el que la política se regodea en su propio lodazal, y en donde exhibe sus bajezas y pone en tela de duda hasta los efectos especiales cuando estos son burdos y la escena misma lo es como esa en donde el señor peje lagarto -dicen con fines propagandísticos- se ‘auto agredió’ con un huevito que podría haber sido preparado pa’ que se posara en la maceta de quien quiere ser el actor eterno de las noticias.

Hablando de huevos ¿sabe usted como se preparan los de utilería? que en esencia es el mismo sistema que usan las brujas y los charlatanes pa’ impresionar a los incautos con esos huevos previamente inyectados con tinta china -referente al que le ‘estrellaron’ al político- la preparación se realiza pasando por agua el huevo y cuando se empieza a agrietar con una coladera se saca del líquido y se coloca en un trapo húmedo con el que se forma una especie de nido para que el artesano con una jeringa introduzca por una de las grietas que se le han formado al cascaron un aguja fina y vaya extrayendo la clara y la yema aun blandengues hasta hacerlo inofensivo.

Y siguiendo con los huevos y la televisión, lo que si fue una realidad es lo que la televisión española nos mandó desde Madrid, lo que ocurrió el sábado 27 durante la corrida de la feria de San Isidro, en donde participó un torero mexicano, llamado José Adame quien partió plaza junto con Ginés Marín y Francisco José Espada, confirmante de borla quienes despacharon un encierro del hierro de ‘El Torero’, desde luego la entrada se fortaleció con la reciente Puerta Grande de Marín torero de Jerez de la Frontera, el torero de Aguascalientes, del que las lenguas de doble filo dicen que ‘Joselito’ más bien saca a la gente de los tendidos, cabe decir que pa’ esa tarde era muy importante de cara a las contrataciones que la televisión nos informa se están iniciando con vistas a la temporada de la Plaza México, donde José Adame el invierno pasado, no terminó de convencer al grueso de la no muy gruesa concurrencia.

José Adame mató a tres reses, por lo que la tertulia taurina, televisiva y etílica prometía largueza e intensidad en ‘La Aceituna’ y ¿qué fue lo que paso?

Que en dos y medio toros, no pasó nada, cuando ya había de haber pasado algo desde endenantes, Adame a quien en la televisión dijeron que en México se le considera figura, sabía que del toro anterior debía naturales, los pago, luego se aventó un desplante fuera de cacho, se pasó al toro por la espalda con espectacularidad temeraria, en una modalidad que ya traía preparada dejo incólume la grana muleteril en la arena y con solo la espada se tiró a vencer los dos puñales de ‘Omani’ al que partió por la mitad dejándole solo fuerzas para arrollar a su matador y desplomarse arriba de él de donde a jalones lo sacaron pa’ darle una oreja que arrancó a mordidas y rematar diciendo ante los micrófonos de la televisión que quiere ser figura en España, donde a decir verdad, le falta un tramo tan largo como el que ha recorrido, entre cuyos laberintos está el sello ese que define el estilo de un torero ¿hasta cuándo?, si ya tiene más de veinte años en este asunto y sigue siendo ‘Joselito’.

Y es que una cosa es sacar el ‘guardadito’ y una muy diferente es el convencimiento y en Madrid quedo visto que con las telas no convenció al grado que antes del acto mortuorio ya había gente tomando el olivo.  

¡Las cosas como son!

 

 

Plaza 1 contabiliza más de 300.000 espectadores en 16 festejos


Foto: Briones.

De SOL y SOMBRA.

Plaza 1 ha superado ya el listón los 300.000 espectadores con un total de 16 espectáculos. 

Con el “Hoy hay billetes” del viernes día 26, el número total de espectadores que han pasado por Las Ventas se sitúa en 306.986, con una entrada media diaria de 18.187 asistente, lo que supone el 80,2% del aforo total.

Si estos datos se actualizan con la entrada registrada este sábado –que fue de 17.277 localidades ocupadas–, el número total de espectadores pasa a ser de 324.263, con una entrada media de 19.074, lo que representa el 80,1% del aforo total.

En lo que va de este primer ciclo organizado Simón Casas, se han registrado cinco tardes de “No hay billetes”, una que ha superado el listón del 90%, otras 4 en las que se ha pasado del 80%, una en la que se superó el 70%, dos en las que hubo más del 60% y tres en las que la entrada colocó el listo algo por encima del 50%. Ningún de los festejos ha tenido menos de media plaza.

Fuera de las tardes de lleno total, el festejo que mayor afluencia de público tuvo fue el celebrado el día de San Isidro, 15 de mayo, con el 92,8% del aforo cubierto, con un cartel que integraban Curro Díaz, Paco Ureña y Alberto López Simón, para la lidia de toros de Montalvo.

Entre los toreros anunciados hasta ahora, tan sólo dos han repetido en carteles de “No hay billetes”: Sebastián Castella y Alejandro Talavante. 

Como se sabe, en los 31 festejos que integraron el abono y las dos extraordinarias –Prensa y Beneficencia– en la temporada de 2016 Taurodelta alcanzó la cifra de 620.000 espectadores, lo que representaba un aforo medio cubierto cada día del 86,7%, esto es: 20.633 asistentes. En aquella ocasión, durante todo el ciclo el cartel de “No hay billetes” se colocó en 8 ocasiones.

Leer más de esta nota en Taurología

 

EL APUNTE: TACOS DE FIGURA

Por Paco Tijerina.

De muchos es conocida mi afición por la cocina, así que hoy utilicemos el espacio para preparar unos “tacos de figura”.

Y bien, para preparar “Tacos de figura” se requieren tres ingredientes: huevos, muchos huevos, pero también sesos y corazón; ninguno de los tres se puede obviar o suplantar, puede que halla más o menos de uno u otro, pero se requiere forzosamente de los tres cuando se desea preparar el platillo con verdad.

Huevos, que le dan el necesario valor al plato; sesos, que le permiten dotar a la receta de la necesaria claridad y corazón, elemento esencial, que le brinda el sentimiento y proyección.

Así, con una simple receta de cocina, se puede reseñar la actuación de hoy de Joselito Adame en Las Ventas.

Hay quienes ponderan los huevos del platillo y los pretenden convertir en el ingrediente único de la preparación, pero si en realidad queremos que se trate de una figura no basta con ello, se necesitan sesos y mucho corazón.

No nos ceguemos, reconozcamos el valor de una importante oreja, pero hasta ahí, porque de justicia y sin falsos nacionalismos debemos aceptar que el trofeo fue producto de un momento “efectista”, válido, pero no suficiente para cimentar un poderío.

¿Huevos? También los tiene José Tomás, Castella, Talavante o Roca Rey y en todos, todos, existen marcadas diferencias con lo realizado hoy por Joselito Adame.

No se trata de minimizar un logro, lo que pretendo es ubicar en su exacta dimensión lo conseguido.

José hoy estuvo, como ha estado otras veces, cumplió como siempre ha cumplido, cortó una oreja como las ha cortado en otras muchas ocasiones, pero no ha reventado Madrid y eso es lo que nos debería de preocupar y de ocupar.

Fuente: Burladerodos

¿La Fiesta en Paz?: ¿Qué partido es menos taurino?

  • ¿Qué partido es menos taurino?
  • México en San Isidro

Por Leonardo Páez.

Ora es cuando, aficionados, le han de dar sabor al voto, paráfrasis del popular refrán ora es cuando, yerbabuena, le has de dar sabor al caldo, para indicar que ha llegado la oportunidad largamente esperada y debemos aprovecharla. Por ejemplo, el próximo 4 de junio, cuando podremos, ya, empezar a dejar de estar hartos de tanto saqueador inepto.

¿Hace cuántos sexenios, cuántos candidatos se han referido a la tradición taurina como patrimonio cultural inmaterial de México? 

Ocasionalmente, tres: en 1997, en el Anuario taurino de México, Carlos Castillo Peraza, del PAN, y Alfredo del Mazo González, del PRI, cuando contendieron por la jefatura del Distrito Federal con Cuauhtémoc Cárdenas, del PRD, quien rehuyó el tema taurino. Y en junio de 2000, Andrés Manuel López Obrador, en memorable entrevista para el semanario Proceso, en la cual, con inteligencia, respeto y mesura se refirió a la fiesta de los toros en nuestro país. Posteriormente, algunos gobiernos estatales han blindado a esta función, al declararla patrimonio cultural inmaterial de su entidad, sin más resultados que abstenerse de meter en cintura al empresariado taurino, siquiera en cuanto a la observancia del reglamento se refiere.

Hace 34 años el neoliberalismo nos incorporó, por decreto, no por organización y oportunidades, al grupo de los países globalizonzos, en esa mundialización torpe en que todos debemos ser como iguales, pensar, gustar y hacer lo que el imperio económico global ordene, por lo que ningún mandatario priísta o panista ha osado, en público, manchar sus poco elocuentes labios con la palabra tauromaquia. En lo oscurito, Fox y Calderón reconocen su afición, aunque durante sus desaprovechadas gestiones buen cuidado tuvieron de no molestar con la menor observación a los autorregulados neoliberales que se apropiaron de la tradición taurina.

Las oportunistas, contraproducentes y demagógicas acciones del impresentable parásito del PRI, el Partido Verde Ecologista de México, son de concurso. En su animalismo a rajatabla pretende salvar de maltrato a todas las especies, independientemente de la función y misión para la que hace siglos son criados, de manera que los caballos pura sangre se vuelvan de salto, los gallos de pelea se conviertan en sementales de engorda y los toros de lidia se reduzcan a mero ganado de abasto, mientras los liberados animales de circo se mueren donde ecológicamente puedan, en una percepción miope de la milenaria relación hombre-animal, por órdenes, no olvidarlo, de los compasivos dueños del mundo.

Simonía en Madrid. Dime de qué presumes y te diré de qué careces, reza el viejo refrán. No acababa el elocuente empresario franco-español Simón Casas de dar entrevistas acerca de su luminoso concepto de productor de emociones taurinas, a diferencia del simple empresario, y tras una gala en la que nomás faltaron los Óscares a los histriones más destacados de la fiesta, arrancó con una feria de San Isidro tan ramplona como las de su antecesor.

Entre lo destacable del prolongado serial hay que mencionar la presencia de México, no de toreros mexicanos, en el mismo. Por lo menos en el boleto de la corrida del pasado miércoles se presentó en la Plaza de Las Ventas Rodolfo Rodríguez El Pana –tan bueno que era, dicen los voceritos del sistema- en un estilizado dibujo con coleta, puro y sarape de Saltillo, y en las corridas han abundado las suertes capoteras creadas en México, como gaoneras, saltilleras o zapopinas. 
Algo es algo, dirán los incorregibles mexhincados.

Publicado en La Jornada

Así vio la prensa la actuación de Joselito Adame en Las Ventas de Madrid


Joselito Adame ha cortado una oreja tras una vibrante faena al sexto de la tarde, que coronó con una estocada a cuerpo limpio, como alguna vez lo hiciera el Maestro Lorenzo Garza de novillero en Las Ventas.

A continuación les presentamos la opinión de la prensa acerca de la actuación del torero hidrocálido que hoy ha reafirmado ante los micrófonos del canal @Toros su título de figura con estas palabras: “He conseguido llegar a figura en mi país, ahora quiero serlo aquí”, reconocía el hidrocálido al terminar la tarde.

Habrá que reafirmarlo nuevamente José, pero deja ya la seriedad y la rigidez, regresa al toreo alegre y vistoso que tanto gusta.

Y por favor ya definite de una vez por todas, para que puedas llegar a ser esa gran  figura del toreo que muchos esperan.

Por El Guerra – De SOL y SOMBRA.

José Antonio del Moral para Toros en Libertad: Adame anduvo como siempre muy valiente, capaz y vulgar en sus formas. No del todo a gusto con el segundo toro que resultó manejable aunque echando la cara arriba al final de sus viajes hasta que, por fin, dejó de hacerlo en una templada ronda final de la faena por el lado derecho, inmediatamente antes de que el animal se rajara.

Algo mejor fue el cuarto tras mansear en varas aunque resultó soso. Adame anduvo bien sin mayores aditamentos en una faena demasiado larga aunque tuvo un final con templados medios muletazos sobre el lado derecho tras adornarse con trincheras y desdenes con la gente cansada del ya pesado epílogo. Aviso y estocada baja con descabello y silencio en los graderíos.

Arregló su tarde en el sexto que fue el más bonancible de la corrida. Un toro muy noble por el lado izquierdo, descubierto tras un comienzo de faena por estatuarios y un pase del desdén seguido de una caída del animal, echado sobre la arena. Pero a esta momentánea decepción le siguieron dos rondas por naturales de creciente factura, aislados muletazos diestros y una estocada que recetó tras tirar la muleta estando ya perfilado, de la que resultó feamente atropellado, pisoteado y caído bajo el peso de medio toro sobre las piernas que tuvo que ser sacado por las asistencias como el corcho de una botella e imagino que sufriendo no pocos traumatismos que, de momento, no le impidieron pasear la oreja que le pidieron apasionadamente los espectadores y concedieron de inmediato. El dramático entrar a matar o a morir caló grandemente en los tendidos finalmente agarrados al espectacular incidente para compensar el decepcionante espectáculo hasta ese momento.

Vicente Zabala para El Mundo: Cuajo y hondura tenía el cuarto, uno de los tres cinqueños de la corrida de El Torero, abiertos en los lotes. Noble, humillado y gazapón. Contado el empuje para salirse de los vuelos. Por ello Joselito Adame jugó con las distancias y las inercias en la primera mitad de la faena. Y después con la muleta más retrasada. Oficio y cabeza del mexicano. El toreo hilvanado más que ligado, mucho sitio y no poco metraje. Algo premiosa finalmente su labor.

Como último saltó al ruedo un sexto con cierta armonía. Y cierta clase en su escaso poder. Joselito Adame remontó un derrumbe inicial del domecq. A base del pulso de su izquierda. Los mejores muletazos de 120 minutos. Mucho temple en la palma de la mano. La gente regresó del limbo y se metió en la faena. A más los decibelios y los oles. Y a más con los ¡ayes! de las bernadinas ajustadas. De pronto, Joselito se desentendió de la muleta cuando perfilaba el volapié. Y como un hombre bala se lanzó entre los pitones espada en ristre. La escena de escalofrío. El pitonazo en la ingle brutal. Como la voltereta. Bestial como el espadazo. Antonio José Galán en la memoria. De la escena tremenda rodó el toro muerto encima del cuerpo de Adame. Puro macho, el cabrón. No había sangre tras el boquete de la taleguilla. La raza de México enarbolada como bandera. La oreja tan de ley como la plata de su país. Qué bestia.

Carlos Ilián para Marca: El final de la corrida ha sido el más inesperado, el más estrambótico y también el más heroíco en lo que llevamos de San Isidro. Sí, es que Joselito Adame entró a matar al sexto toro sin muleta, a cuerpo limpio, jugándosela. No tenía salida. Había que encunarse entre los pitones y hundir el acero. Ejecutó la suerte a cara y cruz y salió cara. Estocada fulminante y cogida inevitable, cayendo toro y torero a la vez. Adame debajo de la mole. Conmovió a la plaza y hubo oreja. Oreja a un gesto torero. No añado más. Ah, y hubo una tanda soberbia de naturales de frente a este mismo toro.

Patricia Navarron para La Razón: Un metro tenía de pitón a pitón el segundo, que se abrió la punta de las astas enseguida, pero le faltaba remate por detrás. Tuvo movilidad y nobleza después, aunque otra cosa era empujar de verdad detrás del engaño de Joselito Adame. La faena estaba condenada. Y así fue. Voluntariosa sin más. Mucha más historia tuvo dentro el cuarto, que fue noble y de buena condición, pero a pesar de la firmeza de la faena del torero mexicano la faena no conectó con el público y comenzó a pesar la falta de transmisión, la contundencia de la labor… No rodaba la tarde ni locos. Fue con el sexto con el que vimos a Joselito más relajado, más a gusto, más desprendido de tensiones. Tuvo el toro bondad y calidad aunque con el empuje justo. Quizá al natural llegó la mejor tanda, al final. Dentro de la corrección no conquistaba grandes glorias, pero apostó fuerte Adame y a matar o morir se desprendió de la muleta al entrar en la suerte suprema, resultó cogido, rota la taleguilla, hundió el acero y en tres segundos cayó el toro de manera fulminante, atrapando sobre sus patas al propio diestro al ser derribado. Todo muy volcánico, muy arrebatado, muy loco, aquella capacidad de salirse del guión hizo posible que paseara un trofeo. Y parecía imposible tal y como iba la tarde.

Adame había estoqueado a este ejemplar en sustitución de Franciso José Espada, cogido al entrar a matar al toro de su confirmación, sufriendo traumatismo craneoencefálico y traumatismo facial. Fue una cogida espeluznante. El muchacho había arriesgado para tapar dignamente una actuación trapacera con la muleta.

Dario Juárez Por el Piton Derecho: El protagonista a partes iguales con la dueña del hierro sería el diestro hidrocálido Joselito Adame. Todo sucedería al final, en el quinto de la lidia ordinaria, lidiado en sexto lugar. Aunque la suavidad no existió cuando llegó a la muleta, hay que decir que fue el único animal que se quiso emplear metiendo la cara pero sin ninguna emoción. Serían dos tandas de naturales con sólo tres buenos llevándolo atrás. El público, aburrido testigo, jaleaba cualquier detalle que se pudiera comentar, como el coger la muleta al vuelo cuando te desarma un toro, sin que toque la arena o silbar a dos culés que salían para ver la final de la Copa del Rey. Bernadinas ceñidas y un final sin lógica. Cuadre, engaño al suelo y a volar por los aires. Dejando, eso sí, una estocada entera que haría rodar sin puntilla a este Omaní al querer seguir cebándose con su matador. El sensacionalismo volvía a aflorar para conceder una oreja al no torear sino al tremendismo.

Antonio Lorca para El País: Joselito Adame mató tres toros y dijo no estar dispuesto a marcharse de vacío. Nada interesante realizó ante su primero, enclenque y soso, al que dio muchos pases ante la indiferencia general; otro toro inservible fue el que lidió por la cogida de Espada, parado y sin carácter; y el único que demostró algunas notas de nobleza fue el sexto.

Brindó al público, comenzó con estatuarios, y el animal se derrumbó en la arena. Siguió con la mano izquierda y algún muletazo destacó sobre la sosería general. Insistió el torero mexicano y dibujo finalmente cuatro naturales muy templados, que levantaron los ánimos y envalentonaron a su protagonista. Tanto es así que vio cercana la oreja y no se le ocurrió mejor treta que tirar la muleta y lanzarse sobre el morrillo del animal a pecho descubierto. Salió trompicado y se salvó de milagro de la cornada, pero tocó el triunfo con la mano. Benditas locuras de los toreros…

Cultoro: “Omani” llevaba por nombre el sexto de la tarde, el más armónico de la tarde. Óscar Bernal se encargó del tercio de varas del animal, al que lidió Miguel Martín. El toro respondió con clase ante el inicio por estatuarios de Adame, aunque no demasiada raza.

Buenas fueron las dos siguientes series por el pitón derecho, en las que el torero hidrocálido conectó con el tendido. Por el izquierdo fue el mexicano consiguiendo conectar cruzándose y si no embestía el animal sí lo hizo Adame. Por bernadinas finiquitó faena, arriesgando una barbaridad, y la sorpresa llegó cuando se tiró a matar sin muleta, consiguiendo a sangre y fuego una oreja. En tres segundos cayó el animal, echándose justo encima de Joselito Adame. Al calor de la afición paseó el premio.

EFE: El diestro mexicano Joselito Adame acabó cortando una oreja del último toro de la corrida de hoy de la feria de San Isidro después de que sorprendiera a todos tirándose a matar sin muleta, con tanto riesgo como éxito, en una escena que logró un gran impacto en los tendidos.

Iñigo Crespo para Aplausos: Oreja para Joselito Adame que encogió el corazon de Madrid con una estocada a ley entrando a matar sin muleta, tumbando al toro como una pelota, quedándose debajo del animal. Heroicidad del mexicano en Las Ventas. Esfuerzo sin mácula y sincero. Emoción contenida en Madrid. La faena frente a un animal manejable tuvo pasajes de templada ligazón, destacando los muletazos sobre la mano izquierda de frente. Valiente a carta cabal. Épica de Adame.

Rosario Pérez para El ABC: El mexicano ganó terreno con maestría en la bienvenida al más cuajado cuarto. Se atisbaba buen son en este «Oropéndolo» y el matador hidrocálido trató de amasarlo sobre la derecha en dos tandas de cierto eco. Cuando pasó a la zurda, el viaje era más corto por ese pitón. Adame buscó la templanza, se adornó con la trincherilla y la firma. En el regreso a la mano de escribir, no acabaron de encontrarse en un punto ni toro ni torero, ni las distancias ni el acople.

Adame, figura en México, no quería marcharse en blanco de la grisácea tarde y se creció con listeza en el último, que apuntó calidad por el pitón izquierdo. Estatuarios de aperitivo del hidrocálido, que se centró al natural con dos series de suavidad y calado, exprimiendo con oficio, técnica y temple la clase de «Omaní», con una a pies juntos con sabor. Claro que a un sector lo que más le entusiasmó fue cómo recogió las telas perdidas en las bernadinas… ¡Qué cosas! La sorpresa llegó cuando se desprendió de la muleta en la suerte suprema y se tiró a matar a cuerpo limpio, con el alma y el corazón desnudos. A lo Galán y lo Fandiño, enterró un espadazo a cuerpo limpio, un cuerpo que acabó con erosiones múltiples al ser pisoteado por el toro. La entrega del torero y la emotividad de la escena desataron la pañolada y se ganó una oreja al valor, como militar mayor del ruedo en la jornada de las Fuerzas Armadas.

Juan Diego Madueño para El Español: No había mucho más tiempo. La tarde se despeñaba. Algún natural suelto de Joselito Adame al sexto la sostenía en el filo, cruzándose ahora. De repente una pitada volvió las cabezas. Por una fila del ‘2’ desfilaban despreocupadas tres personas, dos hombres y una mujer: vestían camisetas del Barça. Las rayas verticales, la horterada del azul y el rojo, hicieron de imán y el abucheo fue tomando cuerpo hasta que alcanzaron el vomitorio. Adame seguía cruzándose. Sin prisa, el trío desapareció por los interiores de la plaza, recogiendo pitidos, gustándose, saludando, toreros, en definitiva. La chispa había saltado. Adame citó. Un ole recorrió la plaza, encendida. Habían arrancado los cinco minutos más extraños de la historia del toreo.

Tres naturales más, con el palillo recto, suavidad en el toque, redondearon la embestida del sexto, apagado, noblón, que se dejaba a su altura. Adame consintió primero y ahora recogía. Una ventolera sacudió el ambiente como en Sleepy Hollow. Volaban los programas de mano cuando Adame se colocó para las bernadinas. Hurtador, enorme, paletón, pasó muy cerca. Dos veces más. A la cuarta, el matador se venció. La bestia lo encontró, rebañando la chaquetilla, hurgando en el chaleco. De un cabezazo, Hurtador elevó la muleta, impulsada por el aire. Adame, ileso y en pie, la seguía con la mirada. Vi a Isco recogiendo un balón llovido. A Comanecci completando un ejercicio de suelo: la muleta le cayó en la mano, prendida del palillo, perfecta para torear. Había algunos con las manos en la cabeza. Un desprecio completó la acrobacia. Dos en uno. En el palco de prensa casi sacamos los carteles con la puntuación. Adame había entrado en un búcle heroico. La gente entusiasmada, exclamó. Perfilado para entrar a matar, tiró la muleta al suelo. A cuerpo limpio. Giraba la moneda cuando sólo la mano marcó al ojo. Hurtador marcó la pierna, directo a la ingle. La espada se enterró antes que el pitón. La punta perfiló la vida, arrancando la taleguilla y salió despedido el mexicano. El veneno del acero hizo efecto en Hurtador el tiempo que tardó en caer el matador. Tambaleándose, la fiera lo buscó. Pasó por encima y justo se derrumbó sobre el hombre, muerto, tieso. Adame manoteaba con las piernas enterradas en 580 kilos de carne inerte. Pedía ayuda. Sobre él ya no respiraba nada. Un banderillero lo sacó arrastrado mientras apuntillaban al toro, que descubrió el vientre y al hombre, que volvío al mundo. La oreja hizo desaparecer la cojera. La vuelta al ruedo fue felicísima.

Emilio Martínez para el Diario Criticó: Lo que son las cosas al mayor de la dinastía de los Adame se le habían escapado dos toros de posible triunfo y caminaba cuesta abajo en su primer cartel isidril. Sobre todo ante su segundo, ‘Oropéndolo’ un cinqueño serio y con gran fijeza y movilidad desde que salió y le puso en apuros con el capote. Y que en la flámula derrochó fijeza, casta y nobleza a partes iguales, ofreciendo sus orejas a un coletudo inspirado, que no fue el caso del mexicano, quien para no quedar más en evidencia, limitándose a aprovechar su viaje sin mando alguno, decidió acortar las distancias, que era todo lo contrario a lo que demandaba ‘Oropéndolo’.

Tampoco Joselito Adame supo sacar partido del anterior, que dio menos juego y entraba algo rebrincado al engaño, pero el coletudo no encontró el lugar mágico de las distancias y las querencias y volvió a fracasar. Sin embargo salió a por todas ante el que debía haber correspondido a Francisco José Espada, de menor calidad en su juego que ‘Oropéndolo’, pero al que fue sobando poco a poco y con el que brilló en templados redondos y naturales unidos con la rima de la ligazón. Y para el final se jugó las femorales con unas bernadinas de escalofrío cambiando el viaje del burel.

El cotarro, que ya había perdido casi la esperanza de ver algo artístico en la tarde, se entregó al mexicano. Y éste decidió apostar el todo por el todo despreciando la muleta y echándose sobre ‘Omaní’ a cuerpo limpo-‘¡pues puro macho!’- enterró el estoque aunque se quedó colgado de un pitón y en una escena tragicómica los dos, toro y torero, rodaron por la arena. 

El público, conmocionado, solicitó mayoritariamente la oreja –excesiva por los méritos muleteros- y el usía accedió.

Twitter @Twittaurino

Decimotercera de Feria: A Julián le crecen los enanos (léase los jóvenes)

Por José Ramón Márquez.

Llegando Julián, no falla, siempre hay cosas. Es que no falla. Para su única actuación en San Isidro no se vayan a creer que el chiquitín de San Blas buscó la confrontación con Manzanares o con Talavante o con Ponce o con Roca, nada de eso. 

Como se le va pasando el arroz y por edad ya le tocaría ir abriendo carteles, que nació en el 82, el año del indulto de Belador y de la corrida del siglo, se ha buscado la triquiñuela de poner a uno al que dar la alternativa para que se coma el inicio de la tarde, romper el frío y hacer de prólogo, y como quien hace un cesto hace ciento pues su magín caviló que, ya puestos, mejor dos que uno y el tío se montó una corrida ad hoc con dos actuaciones en el papel de poderdante lo cual le abría ampliamente, a su modo de ver, las posibilidades de poder franquear la Puerta Grande de Madrid subido en el cogote de un capitalista. Parece ser que su obsesión es abrir al precio que sea la Puerta Grande de Madrid; lo mismo que el Capitán Cook estaba obsesionado por llegar más lejos que ningún hombre, Julian el Poderdante está obsesionado por tener al menos una Puerta más que Morenito de Maracay, inolvidable Pepe Nelo, con quien hasta el momento está empatado en salidas como matador.

Para que el contubernio fuera completo hacían falta dos toreros, que en este caso fueron Álvaro Lorenzo y Ginés Marín, un Presidente que tenga un hijo torero, en este caso don Justo Polo, un adiestrado tiro de benhures de la mula que hayan educado a los animales en el paso milímetro a milímetro, en el llamado paso de la ameba y, además, un anónimo colaborador que tarde lo suyo y más en abrir la puerta de arrastre por donde deben salir los benhures. De todo eso dispuso el Julián, convencido de que sería capaz de descerrojar la salida a base del llamado “una más una”: esa fórmula que ha dado tan buenos resultados para ir colando, como quien no quiere la cosa, salidas triunfales de bajo vuelo y nulo recorrido. La ocasión estaba diseñada como la Operación Overlord y aunque la cosa salió más en plan Operación Over and Over (again), nadie puede negar la alambicada urdimbre que se trajo Julián de su casa a ver si era capaz de echar abajo la puerta ésa que, al decir de los que le conocen, tantísimo le obsesiona. Los toros, de Alcurrucén, que es ganadería muy larga y con multiplicidad de productos; encaste Núñez, como es bien sabido.

El primero, Fiscal, número 25, le tocó a Álvaro Lorenzo, de Toledo, nuevo en esta Plaza. El animal arrebató el capote de las manos al matador en los lances de saludo y tras un aceptable paso por las manos del jinete y de los rehileteros se dispuso a dar su Do de pecho en la muleta del toledano. Antes asistimos a la proyección de El Padrino Parte I al lado del burladero del 9 con intercambios, besamanos y zalemas usuales en estos casos. La cara que presenta Álvaro Lorenzo es la que se esperaba en la tarde de hoy, otro torero más en cuyas maneras no se percibe rasgo alguno de personalidad, anegado en la escuela del neotoreo. Como es habitual plantea su trasteo por afuera, al estilo de los aficionados prácticos, y entre sus muletazos va cosechando una gavilla de enganchones que deslucen su labor ya de por sí poco lucida. Da la impresión de que ni él mismo sabe a qué ha venido, acaso superado por las emociones de tan crucial tarde para él. En un derrote Fiscal le quita la muleta, la herramienta de trabajo, y mientras Álvaro Lorenzo deshoja la margarita de su primero Julián en el callejón se retuerce toreando de salón para sí. El final de la actuación de Lorenzo termina en arrimón, como nos imaginábamos, trata de dar el invertido pero el toro dice que nones, se queda clavado en la pala del pitón en un parón y finalmente deja un bajonazo en las carnes de Fiscal como para llamar a la fiscalía.

A continuación le toca su cameo a Castañuela, número 91. Julián decide demostrar su poderío, tan cantado por los rapsodas, y despliega su capote para demostrar que se puede ser poderoso incluso cediendo el terreno al toro. Castañuela sale corriendo ante tal despliegue de poder y corre hacia el picador de reserva, que le sujeta, y luego dándose una carrera hasta el de tanda a su libre albedrío para hacer ver que Julián no estaba por lo de la dirección de la lidia. En banderillas se pone de manifiesto que una buena cuadrilla cuesta dinero y que Julián no está dispuesto a pagarlo. Después asistimos a la proyección de El Padrino Parte II al lado del burladero del 9 con intercambios, besamanos y otras zalemas. Julián se lo saca… ¿con poderío? hacia el tercio y sigue en su línea de poderío construyendo su faena a base de poderosos derechazos bien por las afueras y de series dadas porque sí, como mera demostración de poder, a condición de no cargar la suerte, que eso resta poderío. Luego el toro le quita la muleta, la herramienta, pero eso no es importante porque ahí está Julián con sus carreritas, aunque hoy ha hecho menos que otros días, toreo de runner, pasándose el toro lo más lejos que puede y dejándolo por allá, ensayando el invertido, recorriendo todas las partes de la Plaza, un ratito aquí, otro ratito allá, para, finalmente, recetar un julipié caído, que la bondad del pueblo convierte en la primera oreja del 1+1 con la ayuda principalísima de los benhures de la mula.

Asoma un castaño y ya sabemos que en el ruedo está Favorito, número 60, de carácter algo parado y distraído, que lo que queremos es ver cuanto antes la proyección de El Padrino Parte III al lado del burladero del 9, esta vez con algo de frialdad en los modos. El poderdado es Ginés Marín, de Jerez de la Frontera, nuevo en esta Plaza. Ginés plantea la misma tauromaquia que Julián, pero con bastante mejor tipo. Donde Julián es bajito y culibajo, Ginés es esbelto y elegante; donde Julián es tosco y basto, Gines es fino y delicado; donde Julián es mayor, Ginés es joven. Lo del muleteo, lo mismo que los anteriores, con las salvedades dichas y pondremos aquí el cite en cinco fases: 1) ponerla donde el toro no va, 2) moverse a donde se sabe que tampoco va, 3) moverse a donde el toro se da por enterado de la presencia del torero, 4) ponerse donde el toro va a ir, 5) citar y comenzar la serie. La cosa acaba con una ensalada de medios y cuartos de pase… un perfecto julibis con mejores hechuras. Un pinchazo desprendido, un pinchazo tendido y luego otro y un descabello acabaron con Favorito.

Antes de asistir a la proyección de El Padrino Parte IV al lado del burladero del 9 ya con evidentes signos de hartazgo de tanto toma y daca, vimos las fatiguitas que paso José Antonio Barroso para hacerse con los mandos del aleluya que montaba en las dos entradas al caballo de Cornetillo, número 177; lo de las banderillas es inenarrable. ¡Menuda cuadrilla la de un figuras como Julián! Y es que para tener una buena cuadrilla hay que pagarla, Julián. La faena, como es costumbre, basada en ejercicios lumbares, carreritas, echar el toro como quien tira una servilleta en el suelo de un bar, ratonería con quinquenios y de pronto, oh, milagro, un natural, un auténtico y buen natural de Julián, que anotado queda. Después aguanta un terrorífico parón en el que el torero está en la oreja derecha del toro, toda la cabeza pasada, que entusiasma a las gentes. Ya casi puede tocar Julián la llave de la Puerta Grande: el 1+1 ha funcionado, pero hay que matar y ahí se le atraviesa el julipié, pinchando, luego otro dejando una baja trasera. Todo se enfría y Julián se queda sin su Puerta 1+1, porque 1+0 es 1.

Allá se fue Álvaro Lorenzo a practicar el toreo, o lo que sea, con el quinto, Peleón, número 170 un Núñez muy ensillado al que los peones habían dejado como un acerico con banderillas por diversas partes de su corpachón. Después de Julián Lorenzo brilla porque aunque la faena que propone es la previsible faena post-juliana basada en la ausencia de verdad tiene mejor tipo y es más fresco en su destoreo, al ser más joven. Termina con el Canónico arrimón que todos hacen a los toros que no inspiran miedo y lo mata de una gran estocada, marcando tiempos lentamente y dejando una entera hasta la gamuza ligeramente atravesada. La estocada de la feria hasta ahora, porque no ha habido otra.

Y de postre ahí tenemos de nuevo a Ginés Marín, esta vez con Barberillo, número 117, toro corto que apenas si cumple en varas y de óptimas condiciones para la muleta, con una bonita embestida y un tranco alegre, nada cansino. En este toro se revela la inteligencia de Ginés, que en seguida ve las condiciones del toro, sus ganas de embestir a la distancia, su manera de meter la cara y, sin dudarlo, pone en marcha una faena basada en los mismos principios que todas las del resto de la tarde con dos derivadas, que diría un tertuliano de la radio: de un lado la inteligencia del torero en hacer series muy templadas, verticales y muy bien ligadas, con el toro siempre en movimiento, que es lo que más puede gustar a los públicos actuales, y a continuación finalizar la serie en una fantasía de tres o cuatro remates consecutivos, una trincherilla, un molinete, uno del desprecio y uno de pecho pongamos por caso. El chico pone en ebullición la Plaza con esa claridad de ideas y tiene la cabeza fría como para juntar sus cuatro o cinco series, todas de similar jaez, y en seguida ir a por el acero, dar otra serie de similar remate de fantasía y luego una estocada baja que tira al toro y pone en sus manos las dos orejas que vino Julián a buscar. Ginés, no nos engañemos, ha toreado sobre los mismos argumentos de Julián, pero ha sido capaz de amalgamar a la perfección una faena inteligente y a favor de su obra de la que su valor más elevado es su condición densa, con algunos retazos de calidad algo incierta.

Se fue Julián por la puerta de caballos. Junto al burladero del 9 a Ginés Marín le esperaban las anchas espaldas del Yiyo de Yunquera de Henares para sacarle a hombros hacia la calle de Alcalá, a cumplir su sueño.

Fuentehttp://salmonetesyanonosquedan.blogspot.mx/2017/05/decimetercera-de-feria-julian-le-crecen.html?m=1

Las Ventas: 007


Por Jorge F. Hernández.

Fue tan insulso y desagradable el paso de los toros de Valdefresno sobre el ruedo de Las Ventas que sólo dan ganas de escribir sobre la muerte de Roger Moore, mejor conocido como James Bond y rendir un callado homenaje a las víctimas del enésimo ataque terrorista, ahora en Mánchester del Reino Unido.

007: cero la corrida de por sí parchada con sus propios hermanos de Fraile Mazas y cero las posibles ganas de reconocer lo poco que se esforzaban en hacer los toreros, banderilleros, picadores e incluso, once again, los cabestros capirote de Florito que se tuviern que llevar de vuelta al corral a dos blandengues de Valdefresno y 7, el tendido de los siempre inquietos que por hoy llevaban toda la razón en sus constantes críticas, aplausos de protesta y coros que exigen la presencia del Toro, el de veras, el que fuera bravo y noble, encastado, repetidor, galopante; el que hunde el hocico en la arena con embestidas de embeleso y siembra un respeto inapelable con su bravura a flor de piel, con el cara seria y los belfos cerrados y la mirada de lince… y todo eso que convertía a James Bond en el agente secreto con licencia para matar.

Never say Never, como una de sus películas podría ser el placebo para algunos buenos aficionados que se resignen a reconocerle cierto mérito a Daniel Luque ante el galimatías que le presentó un tal Perseguido del hierro de Carriquiri que parecía haber sido tentado cuando era eral y salió como sobrero para reconocer de memoria no sólo el ruedo y los burladeros, sino al picador con la vara. También hay que celebrar que Fortes se toma tan en serio lo de la torería que camina arrastrando las zapatillas como si lo pintaran al óleo y hay que reconocer esos cuatro naturales de rodillas con los que abrió su faena al infumable Cigarro de Valdefresno que no podía con el alma ni con los 521 de su desabrido encaste y creo que también habrá que reconocer el valor a toda prueba de Juan Leal, sobre todo en la rara geometría con la que tuvo que intentar pasar al agrio y acobardado Pomposico II, una calistenia que parecía triángulo isósceles y que estuvo a punto de costarle una cornada… una trama enredada, con los villanos cornudos sembrando desconciertos y si acaso, un par de banderillas, un par de puyazos como carga de caballería y un par de razones de puro valor y cierta vergüenza que tienen que mostrar los agentes secretos vestidos de oro, plata o pasamanería en azabache para salir airosos en la desgraciada y descastada película en la que han caído las corridas cuando son tan lamentables.

Fuente: El País