Todos los Santos Tapados – Francamente… Triunfa el Encierro en La México.

Natural de José María Mendoza a “Don Ramón” de Aurelio Franco al que cortaría una oreja. FOTO: Víctor Ricardo Flores.

La tercia que presenta La México es rebasada por una ganadería, de un “encaste”, que hacía mucha falta ver. Triunfa el ganadero Aurelio Franco cuyo encierro, por serio y complejo, derrumba la ilusión de los hermanos Macías de Tlaxcala y acentúa la disparidad de esa esperanza taurina llamada José María Mendoza que, pese a la confusión de estilo en la que está, encuentra una estocada que le da una oreja, apretada, pero que quizá lo haga torear más dentro de una estructura empresarial de velo negro como los impuestos a las deidades taurinas de la Plaza.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Si de espantar se trata, la Plaza México consigue el objetivo.

Entrar a la Monumental en estos días es como tratar de entrar a San Agustín por el lado izquierdo, buscar a San Charbel y ver que está bajo el negro velo.

Y sin que ya sea Viernes Santo.

En los toros, eso de llegar a La México y no poder ver el mausoleo de Manolo Martínez, la placa de Mariano Ramos y “Timbalero” de Piedras Negras o los cuadros de Reveles es lesa majestad.

La cuaresma y el ayuno taurino se rompieron hace ocho días, pero no la medianía y la exhibición de las carencias más elementales del actual régimen empresarial mexicano. La comunicación es una de estas, un mantenimiento que nadie avisa. La otra es la programación de dos novilleros tlaxcaltecas en el mismo cartel, limitados por falta de destreza y concepto: los hermanos Macías pegan un petardo enorme.

El primero, Sebastián Palomo, otrora un deslumbrante niño torero, se estrella con un primero difícil, alto, manso y que arrea. Se interpone el viento que interrumpe.

Se le disculpa. Pero lo ocurrido con el muy serio y precioso cuarto, un cárdeno divino, es absolutamente condenable. Si se es novillero hay que estar consciente y preparado para enfrentar en La México un episodio que contiene seriedad y probadura, no se toma la molestia de bregar, de sentir la embestida y como deja las cosas al garete, es decir, en manos de las cuadrillas, el novillo recibe dos varas, es pésimamente lidiado con el capote y en vez de desarrollar para bien, todo desmandado, reduce su embestida.

De milagro resuelve la papeleta.

El otro petardo tlaxcalteca es el muchacho Emilio Macías, hermano del anterior. A él le toca la “buena” (mala) suerte de enfrentar un gran novillo. Y es una desgracia que la gente no lo haya valorado como tal.

Sabemos la gran raíz y origen, tequilero de Jalisco y la gran disputa entre el sur con el Valle de Tequila al frente y los de la Tierra Roja de la Región de los Altos por cuál tequila es mejor. Don Aurelio Franco decide nombrar tequileramente a cada novillo, “Centinela”, el segundo, que tiene una expresión de tequila bueno, de vino agave sincero, que no miente en su hechura como no miente el tequila en su cuerpo.

Y la predicción se cumple.

Novillo espléndido que acomete pronto al primer y único cite, por el lado derecho se rebosa, por el izquierdo tiene emoción. Lo que no tiene, es un digno contrincante al frente. Macías trata de aprovechar el viaje, ante su falta de capacidad a la verónica, no expone todo lo que requiere el novillo que, tras crecer progresivamente en varas y banderillas, tan solo pide el trazo largo y sin reponer demás, no se está quieto, no sabe qué hacer cuando el novillo regresa a tomar el engaño.

Y se va sin torear. Y se queda esperando.

Al tequila no hay que traicionarle para que no lo traicione a uno. Al toro bravo no hay que fallarle, si no, el estigma de no haber estado a su altura pesa para toda la vida o que ponga en riesgo el físico como en el intento de estocada. El pecado de Macías no es solo que el quinto se le va vivo, no le puede por falta de sometimiento sino haber dejado pasar el segundo al que no supo aprovechar como se rebosaba largo y por abajo en uno de los episodios lamentables de la Temporada. Ni siquiera su intento de colleras con el hermano resulta fructífero.

Queda el único de la terna que podría traer la luz donde hay sombra y la remoción del velo taurino. Eso que logran el empaque, el temple y la personalidad. Lo ha mostrado José María Mendoza, incluso en dos momentos con el capote donde luce, las reboleras en ambos turnos y un precioso capotazo genuflexo al tercero. Pero su adelanto es apenas palpable.

Y tiene la mala suerte de enfrentar lo peor de un encierro que trae emoción.

Pero la mala suerte hace que el torero más capaz se tope con un novillo, el tercero, que tiene poca fuerza y que, por alguna razón, José María, tras el puyazo, intenta la zapopina, adelanta la suerte y recorta el pitón derecho, en una necedad de querer el relumbrón cuando más importa cuidar el tranco, para nada sobrado, del astado. Mejor logradas sus chicuelinas al sexto aunque omisas de amplitud por tanto embarrarse de toro.

Hay buenos momentos con la derecha, aunque también rapidez y la renuncia a los fundamentos de su génesis taurina en pro de nuevas formas que copian el cartabón y que, además de hacerle ver automatizado, le quitan el irrenunciable sello y su naturalidad. De qué van unas manoletinas mal dadas al tercero, o los pases atacando por alto al sexto y, principalmente, la falta de domino ante el cierra plaza que, por manso, requería no tapar sino cortar toda salida alternando el terreno.

Confusión de estilo, el peor escenario en el toreo.

Encuentra una estocada entera y contraria, la gente, tan perdida y ávida de premiar, exige la oreja y la Autoridad, afloja. Viene la exageración y la sobredimensión de lo ocurrido, con esa vuelta del ganadero. Sin embargo, queda, como en el tequila bueno, el final de boca que nos recuerda que tomar tequila es tomar un pedazo de esa tierra.

De la tierra alteña, la tierra siempre encastada.

Brava como la sangre buena, astifina en los agaves de Jalisco como en los pitones de sus toros y siempre emocionante, tal como se da en esta novillada donde lo único que ve la luz es la esperanza de que francamente, como hace Don Aurelio Franco, se haga presente, siempre, el toro.

Twitter: @CaballoNegroII.

Plaza México. Domingo 22 de Septiembre de 2019. Temporada de Novilladas 2019. Tercera de Temporada Chica. Menos de un cuarto de Plaza en tarde soleada con algo de nubes después del cuarto turno. Viento durante el segundo.

Se rindió un minuto de aplausos durante el paseíllo en homenaje al ganadero Aurelio Franco por su 65 Aniversario, que no debió de interrumpir el paseíllo.

Equivoca la Autoridad al premiar al tercer espada durante el turno que cierra plaza.

6 Aurelio Franco (Divisa Rosa, Blanco y Negro) 6, desiguales en presencia y juego. Todos nombrados a partir de los afamados tequilas de la Región de los Altos donde se ubica Tepatitlán de Morelos, Jalisco. Muy serio el cuarto, ovacionado desde salida, precioso y maltratado en toda su lidia por las cuadrillas. Feo y zancudo el primero, arrea y cabecea. Extraordinario el segundo, número 6, “Centinela” nombrado, entrepelado y bragado, perfectamente construido y, aunque cornicorto, simétrico y estrecho de sienes, espléndido en los tres tercios y por ambos pitones. Debió ser homenajeado con el Arrastre Lento. El resto, débil y vacilante el tercero, feos el quinto y el sexto, mansos, berreones y rajados.

Sebastián Palomo (grana y azabache) Silencio tras Aviso y Pitos. Emilio Macías (Perla y blanco) Silencio tras Aviso y Pitos tras Tres Avisos. José María Mendoza (Pizarra y Plata) División tras dos Avisos y Oreja.

Tarde para el olvido de las cuadrillas, prácticamente todos los de a pie sufriendo y tocando los lados a los novillos, especialmente al cuarto, sin orden ni temple. Saluda Christian Sánchez, no obstante su actuación el resto de la tarde es espantosa.

1 comentario »

  1. Muy tequilera crónica, a los novilleros tlaxcaltecas les falta añejamiento, sin embargo dentro de lo positivo hay que rescatar ver encierros interesantes en novilladas, aunque nunca mejor dicho la frase de “el toro pone a cada quien en su lugar”, y las oportunidades no se presentan frecuentemente en el ámbito novilleril del país, tienen que sacar esa raza, y hambre de comerse el ruedo y entregarse siempre.
    Saludos

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