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Joaquín Sabina: «Soy cantante por cobardía. Yo quería ser torero».

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Por Rosario Peréz.

«Soy cantante por cobardía. Yo quería ser torero». La frase es universalmente conocida entre los miles aficionados a los toros y fans de Joaquín Sabina, que acaba de publicar «Garagatos».

Su operación de estómago le impidió ir el pasado domingo a ver a uno de sus grandes ídolos, José Tomás. «Iba a ir, y además se lo había prometido a él, pero coincidió con el postoperatorio y con lo de la diverticulitis, y los médicos no me aconsejaban hacer un viaje tan largo en avión», comentó en una muy recomendable entrevista con mi compañero Pablo Martínez Pita, que ABC.es publicará esta noche.

Conocedor de los ataques que sufre la Fiesta de los toros, manifestó: «Creo que hay muchísima ignorancia entre los antitaurinos y muchísimo desprecio a una cosa que ha sobrevivido siglos y que puede ser absolutamente bellísima, una metáfora de la vida y de la muerte como no hay otra en ningún escenario del mundo. Pero ahora va lo políticamente correcto…»

Poeta, cantante y torero a su manera, se ha arrimado mucho a los toros de la vida y se ha llevado más de una cornada. «Sí, alguna me han dado. De hecho tengo una que parece una cesárea».

Quizá tardemos en ver a Sabina en el ruedo de los escenarios, pero sí lo veremos cerca de la arena contemplando las faenas de espadas como López Simón, uno de los toreros que le han calado hondo. Admiración mutua. De purísima y oro…

(Foto: Isabel Permuy)

Fuente: http://abcblogs.abc.es/toros/public/post/joaquin-sabina-los-toros-son-una-metafora-de-la-vida-y-la-muerte-como-no-hay-otra-en-ningun-escenario-16178.asp/ 

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Ocho con Ocho – Reconciliación por Luis Ramón Carazo.

Retornar a La México como lo hizo Octavio García El Payo da gusto relatarlo: la afición antes de iniciar el segundo festejo de Temporada Grande no le dejó salir al tercio con él a saludar y aplaudirle, como si lo hizo con Alejandro Talavante y Arturo Macías. Al finalizar se despidió con carretadas de aplausos y con una oreja en la espuerta (si bien algunos por la suerte suprema protestaron el trofeo)  casi todos coincidimos que toreó por nota a los astados de Barralva.

De la misma manera le pasó a Arturo Macías, quién con todo y la Pelea de Gallos interpretada por la Banda de Música de la Plaza México, paseó una merecida oreja por una faena muy variada y expuesta con el capote y la muleta.

Pasaron muchos meses para el reencuentro de Arturo con la afición capitalina pero éste fue feliz. Sumó una oreja  más, a la larga cadena de triunfos de Macías en el coso capitalino y seguramente la de ayer lo encamina a participar en la continuación de los diez carteles que faltan por  celebrarse.

Talavante tuvo pasajes brillantes en particular con su primer astado de Barralva. Alejandro como torero, es una caja de sorpresas pues su capacidad interpretativa en el capote y la muleta provocan la agradable sensación de no saber lo que sigue cuando se enfrenta a los astados. Le tocó un primer toro de Barralva de buen estilo pero un poco débil al que supo mantener en pie y luego en su segundo un astado de embestida más descompuesta lo supo entender, pero al final como en el primero no pudo concluir con la suerte suprema adecuadamente y perdió trofeos.

Los señores de Barralva Luis y Ramón Álvarez Bilbao mis tocayos, presentaron una corrida propia del encaste de San Mateo, musculosos y con la encornadura típica de este encaste que es más bien sobria y no la gran arboladura característica del otro encaste que mantienen de Parladé.

En comportamiento el quinto fue muy complicado, pero no deja de ser un detalle. La gran nobleza en la embestida del tercero y sexto estuvo por encima de la debilidad manifiesta al inicio de los trasteos de muleta. Bien entendida la calidad de los astados, por El Payo para colocarse y ligar los muletazos con gran conocimiento técnico sin agobiarlos para que con gran lentitud pasarán en la muleta, templados y con cierto punto de codicia emotiva.

Lo mismo le sucedió a Arturo y a Talavante, sus primeros astados eran de un comportamiento similar al los de Octavio, los segundos más complicados pero en general y siendo homenajeado el tercer astado de la tarde que le correspondió a El Payo con el arrastre lento.

Mantuvieron un muy buen nivel los toros queretanos de Barralva.

Los  taurinos sabemos que la fiesta si no es dinámica no es nada, que necesita recuperar sus más puros valores y el domingo 4 de noviembre de 2012 la vivimos en una tarde muy fría de clima, pero cálida en el ruedo, en la que siempre se mantuvo vivo el interés por lo que acontecía en el ruedo capitalino.

Un detalle aparte fue la presencia de Joaquín Sabina en el callejón de La México, como a pocas personas les ha ocurrido en su historia los tres toreros le brindaron un toro. Sabina el día anterior en el dueto que mantiene con Serrat en el Auditorio Nacional, les dedicó su actuación a El Payo y a Talavante y ellos además de Macías por la gran afición del músico y poeta, lo reconocieron.

Antes de iniciar el festejo me platicó Joaquín que había estado en Nimes en la tarde de José Tomás y los ojos le brillaron con el recuerdo. Le comenté que como él los que habían sido testigos de la tarde hablaban como si se tratará de un mítico Sermón de la Montaña del toreo y me dijo ”quién no estuvo ahí se perdió una de las tardes más emotivas de la historia del toreo”

Para el próximo domingo otro cartel muy rematado, El Zotoluco, Castella y Juan Pablo Sánchez con toros de Bernaldo de Quiros. Ahí Dios Mediante nos vemos.

José Tomás y Joaquín Sabina se reencuentran en Madrid (Fotos)

De SOL y SOMBRA

El torero José Tomás y el cantante Joaquín Sabina se encontraron el dia de ayer por Madrid y se fundieron en un fuerte abrazo. Los amigos se alegraron de verse y lo demostraron con este ‘achuchón’.

Joaquin Sabina, poeta antes que cantante, en uno de sus sonetos de Ciento volando escribía a José Tomás: “conque, maestro, acéptame el envite; / te cambio seis sonetos por un quite”…. O por un abrazo.

Capsula del tiempo: De purísima y oro…un 31 de agosto del 2007

José Tomás evolucionaba favorablemente de la cornada recibida un miércoles mientras lidiaba a su primer toro en la plaza de Linares (Jaén), justo el día en el que se conmemoraba el 60º aniversario de la muerte de Manolete. Según el parte medico del hospital de San Agustín de Linares, el diestro pasó la noche tranquilo, sin fiebre y con antibióticos para evitar infecciones en la herida. Su pronóstico era reservado. Desde que habia reaparecido, el 17 de junio en Barcelona, José Tomás habia resultado herido en cuatro plazas hasta ese dia…..

Por Joaquin Sabina desde el tendido 2

Mis hijas no han visto nunca (ni ganas) una corrida de toros: pa lo que había que ver… Pero su padre les contará, babeando de orgullo y emoción, que una tarde en Linares, en el 60º aniversario de la muerte de Manolete, parece que fue ayer, y minutos antes del torniquete de corbatín que no impidió que regara la arena con su sangre, le brindó un toro José Tomás, esta vez, sí, de purísima y oro.

La historia viene de lejos: hasta el abajo firmante, en el dorado ocaso de Curro y Antoñete, estaba a punto de pedir el carné de miembro de la sociedad protectora de animales, cuando empezó su vida pública José Tomás. Como tantos otros que, después de 20 años, o de 60, ayer, en Linares, han vuelto a las plazas para respirar ese perfume de verdad, de misterio y de leyenda que solo él encarna a manos llenas. Nadie que uno haya seguido respeta tanto al toro y a sí mismo hasta el punto de no concederse la más mínima ventaja. Nadie. Su terreno es el del toro. Lo he paladeado en sus cuatro etapas: al principio, la revelación; antes de retirarse, la duda; retirado ya, la tortura interna, la reflexión y, por fin, en su gloriosa y apasionada vuelta, la insobornable madurez, la confirmación cabal de la leyenda. Lo he aplaudido, he sufrido y gozado con él, de qué manera, en Barcelona, Madrid, Lima, El Puerto, Almería, Linares, etcétera. Estuve en la Monumental, del brazo de Serrat, soportando en trance la kale borroka antitaurina la tarde de su ruidosa reaparición. Incluso alguna vez, hace un lustro, me sorprendí a mí mismo en un tendido de Las Ventas peleándome a gritos -sí, como un energúmeno, ¿pasa algo?- con los inevitables antitomistas (los maniqueos, ¿recuerdan?). He disfrutado de su palabra, tan sabia como escasa, de su inquietante mirada y de su noble amistad estos años de ausencia de los ruedos y puedo asegurarles que si, como decía el clásico, se torea como se es, no hay mejor paradigma que Tomás. ¡Qué falta hacía! Como es carne de copla y de soneto he escrito mucho sobre su arte, pero siempre se queda uno tan corto… ¿Cómo estar a la altura de la sangre? Empecé a sospechar cuando me hizo saber por terceros, con exquisita discreción, que quería invitarme a Linares. En el viaje de ida corneaban isleros mi barriga. Hotel Cervantes. Dos entradas de barrera. Como en una postal sepia me acordé de mi padre, con quien iba de niño a la feria de san Agustín. Mesa camilla y pantalones cortos. Sabía, eso sí, que haría el paseo de purísima y oro. No como Manolete, que fue de palo rosa, sino como la licencia cromática que me permití en una canción que ayer acabó de unirnos para siempre.

Tendido 2. Bordados de capote en la barrera. Allá se vino con esa solemne naturalidad marca de la casa que atesora como un sacerdote que oficiara un rito pagano y olvidado. Yo me desmonteré también, temblando (pedazo de panamá, oiga). No diré lo que dijo en el brindis. Eso queda para mí. Pero supe lo que se siente con una montera húmeda en la mano cuando el torero, mi torero, se inmola en el culto sagrado de la vergüenza torera, la pasión y la sangre. También sé que no podré explicarlo. Me haría falta la pluma de Joaquín Vidal con ese tono tan suyo de moderno revistero antiguo. Luego la enfermería, la del cloroformo, la de Manolete, y después los teléfonos ardiendo en el hospital ya de vuelta a Madrid, con una luna como de albero, más redonda y más naranja que nunca, porque toco mañana en Illescas, y con Vinatero (así se llamaba el de Núñez del Cuvillo) esta vez en la barriga y estatuarios en el alma, sintiéndome, perdonen la arrogancia, casi culpable. Cúchares me dispense pero no puedo dejar de pensar que, no tan inconscientemente, el de Galapagar hizo lo posible y hasta lo imposible, porque el toro se las traía y miraba y avisaba, para estar en la misma camilla, en el mismo gajo de terreno, en el mismo purgatorio con azogue del espejo en que se mira: Manuel Rodríguez Manolete. ¿Se trata de un loco? Nada más lejos. Se trata, sobre todo, de un hombre, de un torero, de un artista, con un orgullo que no deja sitio a la vanidad, de corazón caliente y sangre fría con creces derramada. De poetas, no de paparazzis, de telediarios, de informes semanales, no de inmundos tomates. Bendito sea. Más místico que épico. Más heterodoxo que académico, con más duende, más único que nadie. En tiempos de emociones tan triviales, tan de usar y tirar, la mano izquierda de Tomás redime. Que se lo pregunten a Vicente Amigo, a Jorge Sanz, a José Ramón de la Morena y a tantos otros, incluido el sublime Morante de la Puebla, que ayer lo vio, estupefacto, como yo. A estas alturas de cantantes todo a cien, poetas muertos y controles antidoping, me queda una sola adicción y la más grave: se llama José Tomás y, como cura de todo, no tengo intenciones de curarme. Gracias, amigo. Salud, maestro. Cuídate lo justo. (Via http://www.elpais.com)

Fotos y nota del reencuentro via: www.terra.com

Twitter: @Twittaurino