Por Motivos de Leduc. – 29 años sin Renato Leduc, 29.

Dos Artistas, Dos Figuras, Dos Taurinos. María Félix y Renato Leduc.

En el mismo día dos grandes personajes taurinos partieron con quince años de diferencia uno de otro. De SOL Y SOMBRA rindió hace algún tiempo un pequeño y taurino homenaje a Jesús “El Ciego” Muñoz, acaecido hoy hace catorce  años. Toca ahora turno a una de las cabezas más poderosas que jamás hayan escrito sobre el Toreo. Renato Leduc murió un día como hoy hace 29 años (2 Agosto 2015).

Por: Luis Eduardo Maya Lora De SOL Y SOMBRA.

Cuando partió Renato Leduc dejó este mundo en un sábado y ello tiene una lógica.

Leduc no habría podido irse en un día de toros puesto que “Renato, no va a perderse una corrida por nada ni nadie”. Aún quedan, a pesar de que Ustedes no lo crean, aficionados así que siguen ese dogma de fe taurina que alumbró siempre el camino de su magna obra.

“Nací en Tlalpan, Distrito Federal. El 16 de Noviembre de 1897. Mis padres fueron Alberto Leduc, periodista, y Amalia López. Cursé la Primaria en la Escuela Carlos Ma. Bustamante de Guadalupe Hidalgo”.

Y telegrafista fue. Funcionario de Estado, oficial del Servicio Exterior, escritor, periodista, crítico, taurino a ley y aún, pese a su propia negación, un gran poeta.

Fernando Leal retrata a Leduc en 1930.

En Renato Leduc ocurre algo tan peculiar como su personal estilo, tiene el lujo de haber podido ver todo el Siglo XX, el privilegio de ser testigo al menos de la parte que más importa y, en gloria para nosotros, la capacidad de expresarlo en la creación de un universo propio.

De la Revolución y la invasión americana del catorce a la rebelión delahuertista. De la Condesa a La México, de la que hizo su crónica inaugural. Claro, del fervor del gaonismo a las odas del caganchismo, del que fue el eximio y más decidido cantor. Del manoletismo, opositor declarado, hasta el martinismo, del que fue apasionado clérigo.

En su diplomática comisión francesa del año treinta y siete, Leduc dejó escrito: “Después de unos cuantos días de juerga que me sirvieron como capotazo de tanteo para reconocer el medio, me he retirado al estribo porque verdaderamente siento que ya no tengo facultades ni afición para lidiar ganado de esta especie”. Y continúa así, maravilloso, su epistolario con Amalia Fernández Castillón, en su romance clave.

Aquí descubrimos que eso de andar taurinamente “voluntarioso”, como hoy dice bien Morante de la Puebla, nunca habría de caber en una figura como lo es Leduc, pues hay que reconocer las “cosas que son para no ser”. ¿Para qué empeñarse?

Por ello se entiende en su obra, con asombrosa sincronía y armonía entrañable, la convivencia de bailarinas con escépticos, de amores primeros con los segundos y definitivos, de adiós y alumbramiento… de los toros y los toreros.

De la belleza, sutil cualidad de su letra, Leduc está siempre en aptitud de citarle a recibir, mostrando su predisposición hacía lo excelso y lo fino. Pero, en contraste, sus resoluciones irrestrictas, inesperadas, desconcertantes a veces, nos dan la muestra que el arte “no es un conjunto de reglas, sino una armonía de caprichos” en términos de Rubén Darío.

Por ello, puede Leduc rematar sus líricos muletazos con hallazgos de suertes inesperadas, justo cuando a punto quedar a merced del toro del verso tiene el genio de resolver en la forma en que los recortes de su admirado Joaquín Rodríguez remataban a los toros: al paso, a una mano o girando remanguilleramente. Leduc tiene en ese sitio, esa capacidad de resolución. Como los grandes toreros cuando conmueven.

Así en 1932, año de devoción caganchista para la afición mexicana, observamos maravillados “Unos Cuantos Sonetos”, en donde:

“Con motivo de Usted y de la luna
Del cielo azul y de los dulces ojos
Haré apotegmas contra mi fortuna
Con buena letra, pero en versos cojos.
 
En vez de pencil usaré el pensil
Donde florece la galana rosa
Y aromático y verde el perejil
Nefasto al loro y a la mariposa.
 
Usaré del ayer y del antaño
Precedidos de un `Ay, ay cuando añoro´
Cosas que acontecieron este año.
 
Y aunque nacida en provinciano rancho
Será usted mi princesa azul y oro
Como el terno de luces de Cagancho.”

Los últimos dos, maravillosos y eternos versos, son broche de taurina belleza y pedestal de la amorosa idolatría, inigualada y simplemente sin par.

Que para un artista que hace, tal como “El Guerra” hizo en la Plaza, lo que le viene en gana, no es privativo el aroma al temple de la rosa que impregna, aún de distinta manera, también el poderoso y torero abaniqueo del perejil. Oposiciones y reacciones, conjunción que de las mismas Renato Leduc domina.

El arte de la elección en Leduc, al igual que en el toreo, tiene particular posesión en lo bello y además en lo hermoso que solos conjuntan, sin caer en los atajos, la necesidad siempre lo bien rematado, exactamente en reflejo de buen toreo.

No es extraño que al liviano correr de la belleza pueda oponerse, como en la tauromaquia, la majestad faraónica de un ayudado por alto de su admirado gitano diestro. Y en ello Renato Leduc se erige con simpleza y fuerza, como debe ser, en la taurina crítica.

Esto es en 1980, tras la famosa corrida del toro de Reyes Huerta “indultado” por Antonio Lomelín en la Plaza México.

“Esta bronca demostró que la decantada decadencia de la Fiesta es causada en gran parte, no por la falta de toros o de toreros sino por la falta de un público idóneo de verdaderos taurinos… El publiquito actual en el enorme coso de Insurgentes ya no es de taurinos conocedores.”

Por algo dicen que iniciar de una pieza y de un solo modo, por alto, castiga a veces más que comenzar doblando en un argumento perfectamente vigente.

Leduc octogenario.

Leduc para 1939, siguiendo el pétreo monumento que antes de arrancarse a matar formaba “Cagancho”, marca el camino de las razones por las que el animal -entonces habla de dos, al mencionar también el “buen morir” de los caballos de picar- muere en una Plaza.

Así, indica los fines de cada cosa, la función de cada especie, argumento tan crucial hoy en el texto de Francis Wolff. Entonces en “Los Banquetes” señala que “una correcta aplicación de las leyes jurídicas y sociológicas… quieren que se dé a cada pueblo el gobierno que merece, al César lo que es del César y a cada toro la lidia que requiere”. Leduc prácticamente desglosa el punto fino al explicar la Fiesta, a cada cosa brindemos el tratamiento que le es propia, en última instancia éste es un racionamiento de justicia.

¿Salvaje? Se pregunta el de Tlalpan, “¿Y quién ha podido delimitar el salvajismo de la civilización?” con ligazón se contesta. ¿Tortura? se preguntarían algunos. Leduc oficia, “El toro de lidia muere en la arena, a pleno sol, defendiéndose…” Pregunta el que esto escribe, ¿Conoce Usted algún torturado que tenga, apostilla Don Renato“oportunidad –chance, que dicen los americanos” de defenderse?

Parece que nuestro personaje tampoco.

Y el nervio martinista de Renato Leduc, alumbra de nuevo soberbia belleza e inacabable majestad en pleno conjuntadas, arribando al culmen de la explicación mental del suceso de Manolo. Para Leduc es devastadoramente fácil, simplemente: “Piensa como toro.” Racionalidad y sentimiento en la unidad de un solo mensaje. Del hecho queda una placa en la Plaza México: “Brindis de Manolo Martínez a Don Renato Leduc.” Sobran los motivos.

Precisamente, el autoproclamado hombre de abajo -“tú sabes, los telegrafistas somos gente de abajo”- el de las inacabables canas y la ronca expresión. Leduc, el de la sutil letra ligada al bocinazo de la rutinaria y usual interjección, es un hombre de motivos y por motivos, de acusada personalidad y, por supuesto, de tiempo en señorío.

El poderoso cantor que vive todo un sueño torero pues no olvidemos que es Leduc el que aspira a vivir “como en éxtasis, dejando que la tragedia astifina, al pasar, nos rozara el corazón”. Así se fueron casi noventa años de vida.

Y se fue un sábado. Sí, porque en ese año 1986 no había razón para morir el 3 de Agosto, al otro día de cualquier modo no sería domingo.

En La México -revísenlo Ustedes mismos- no habría toros.

Twitter: @CaballoNegroII­.

11 Comentarios »

  1. Releer la biografia del viejo Leduc, en el dacantado gusto de nuestro amigo Lalo Maya, Es vivir esos articulos en la popular revista Orbita, Escandalosa, o volver los ojos a Siempre dirigida por Pepe Pages; es caminar junto al legendario poeta por los trances revolucionarios, al viajero incansable

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  2. Estupendo artículo y seguramente no lo tenemos en el Diccionario de Escritores Mexicanos, de la UNAM, que estamos actualizando. Bienvenidas todos los datos que enriquezcan la ficha de autor de Renato Leduc Querida Paty podrìas ponerte en contacto conmigo para añadir las nuevas referencias y entrevistas que te han hecho (quizá con un café)
    Angélica Arreola (areolamedina30@gmail.com) tels: 56-22-66-66 ext. 49338

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  3. Hola paty buenos días te escribo desde aguascalientes, acabo de leer este escrito que por ciero esta muy bonito y queda como historia, paty ojala hagas un albun de recurdos de don Renato, que padre hubiera sido tener un padre como el tuyo, muchas felicidades, siempre recuerdo a tu papá con todo el corazón.
    atentamente C.P. Victor Manuel Romero Bazán

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  4. Siempre me ha gustado los versos de Renato Leduc.

    Hace mucho que no lo recordaba y menos a partir de su aficion a los toros como lo hacen a quí en Sol y Sombra. Es cierto fue muy aficionado. Yo recuerdo ese dia que Manolo le brindo un toro berrendo, un día que llovia en la plaza Mexico. Era chica y me llevaron mis tíos y mi papá

    Gracias por recordarmelo y emocionarme tanto con esta preciosa semblanza creo que nadie lo recordo salvo ustedes.

    Ojala sigan así con estos recuerdos.

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