Archivo de la etiqueta: Cronica San Isidro 2017

Feria de San Isidro: Un corridón de toros


Por Antonio Lorca.

Quizá sea exagerado el titular, sin duda, pero pretende expresar que fue una corrida distinta, novedosa, sorprendente y, sobre todo, torista en el mejor y más amplio sentido de la palabra. Es exagerado porque el quinto fue devuelto por su manifiesta invalidez; es exagerado porque solo un toro, el segundo, de nombre Hebrea, fue sencillamente extraordinario y recibió los honores de la vuelta al ruedo. Pero valgan esas cuatro palabras porque encierran la experiencia de una corrida en la que embistieron todos los toros, incluido el sobrero de Salvador Domecq; cumplieron sobradamente en varas —de largo y con alegría el segundo, el tercero, el quinto y el sexto—; fueron todos alegres en banderillas y permitieron el lucimiento de Chicote, José Chacón, Domingo Siro, Jesús Arruga y hasta del propio Paquirri, que banderilleó al cuarto. Y embistieron de largo, con nobleza y clase en el tercio final los seis. ¿Quién puede pedir más? Un corridón de toros, aunque pueda parecer exagerado.

El mejor, sin duda, el segundo, el tal Hebrea, de 527 kilos de peso, bien presentado y astifino como toda la corrida. Tuvo defectos, pero hubiera sido indultado en cualquier plaza. Acudió presto en los dos encuentros con el caballo, aunque bien es verdad que no hizo una gran pelea; dobló las manos en el quite de López Simón, y escarbó en varios momentos de la lidia. Pero fue un toro de bandera por su casta desbordante, por su movilidad, su poderío, su fijeza y humillación; en una palabra, por su calidad exuberante en las banderillas —vistoso y alegre galope—, y en el tercio final, de incansable embestida, mejor por el lado derecho que por el zurdo. Era un espectáculo el noble y fiero ímpetu con el que el toro buscaba la muleta, al tiempo que su encastada nobleza realzaba todo el quehacer del torero.

Fue uno de esos toros que justifican una afición y la dedicación y el sacrificio de un ganadero. Un toro para recuperar la esperanza, una vez más, y confirmar de nuevo que el toro bravo y encastado es el protagonista indiscutible de esta fiesta. Cuando hay toro, surge la emoción.

Hebrea recibió los honores de una solemne vuelta al ruedo en la que Las Ventas le rindió sentido homenaje al héroe triunfador.

Pero no fue el único toro bravo de la tarde. El tercero también acudió de largo al cite del picador, permitió el lucimiento de los banderilleros y repitió incansable a la muleta de López Simón. Y el sexto, otro toro bravo en el caballo, perseguidor en el segundo tercio y con las dificultades propias de la casta en la muleta. Repitió hasta la saciedad no sin ciertas asperezas.

Fue muy aceptable el lote de Rivera Ordóñez, nobles ambos, y con menos movilidad, quizá, que los demás en el último, aunque quedará para siempre la duda si fue problema de los toros o de la impericia de su lidiador.

Y fue magnífico el sobrero, que también dejó alto su pabellón ante el piquero, obedeció a los banderilleros y se lució en una faena tan larga como anodina de su matador.

En fin, que la corrida no tuvo más que un fallo: los toreros. Los tres tendrían que haber salido a hombros por la puerta grande, pero todo el premio se redujo a una solitaria oreja que paseó Castella del segundo. ¿Qué pasó? Pues que estuvieron mal; así de sencillo y concluyente.

Veamos: Castella quiso estar a la altura de Hebrea y no lo consiguió. Lo intentó con toda su alma, pero la calidad del animal era insuperable. En su haber, dos naturales circulares templados y hermosos, y muchos buenos pases que levantaron un clamor exagerado. En el quinto, quiso arrancar otra oreja, pero no pudo. Su faena fue larga, irregular y deslavazada, muy lejos de la calidad de su oponente.

López Simón está en horas bajas. Ayer naufragó en sus dos toros, desvaído, insípido, anodino, aburrido y superficial. Tuvo dos toros de premio y los dos desaprovechó.

Se despidió Rivera Ordóñez. No está para estos compromisos. Quiso y eso es todo. Lo intentó de veras, pero su corazón no le permitió heroicidades. Adiós, muy buenas, y que dé las gracias a quien deba por el favor recibido.

Banderilleó al cuarto con voluntad y acierto y fue lo mejor de su actuación.

Fue la suya una despedida sin alma, sin afecto, sin un abrazo; una despedida sin alegría. Vamos, que podía haberlo hecho con un mensaje de Twitter y se hubiera ahorrado el mal trago.

La corrida de hoy

Toros de El Torero, para Joselito Adame, Francisco J. Espada y Ginés Marín.

Anuncios

Feria de San Isidro: David Mora, una reivindicación sin brillo


Se jugaba mucho en esta corrida David Mora después de escuchar los tres avisos el pasado sábado; se jugaba, quizá, la temporada y la propia fe en sí mismo. Por todo ello, sin duda, salió, aparentemente, a por todas en sus dos toros —el mejor lote del encierro—, se le vio tan dispuesto como embarullado, sus dos faenas fueron de más a menos, y en ninguna fue capaz de convencer a la parroquia de que su reivindicación iba completamente en serio. Quiso mucho, es verdad, pero no pudo todo lo necesario para que el borrón quedara limpio como una patena.

Al final, paseó una oreja, pero de poco le servirá. Era un trofeo hueco, inesperado, de esos que hacen más daño que beneficio, porque se recordará siempre que fue un regalo del palco presidencial que, a veces, ofrece razones que la razón no comprende.

Por Antonio Lorca.

Se jugaba mucho en esta corrida David Mora después de escuchar los tres avisos el pasado sábado; se jugaba, quizá, la temporada y la propia fe en sí mismo. Por todo ello, sin duda, salió, aparentemente, a por todas en sus dos toros —el mejor lote del encierro—, se le vio tan dispuesto como embarullado, sus dos faenas fueron de más a menos, y en ninguna fue capaz de convencer a la parroquia de que su reivindicación iba completamente en serio. Quiso mucho, es verdad, pero no pudo todo lo necesario para que el borrón quedara limpio como una patena.

Al final, paseó una oreja, pero de poco le servirá. Era un trofeo hueco, inesperado, de esos que hacen más daño que beneficio, porque se recordará siempre que fue un regalo del palco presidencial que, a veces, ofrece razones que la razón no comprende.

Se lució Mora con el capote en un quite por vistosas gaoneras a su primero, y recibió con empaque a la verónica al sexto. Brindó el tercero al Rey emérito, y, con enorme disposición, se plantó en el centro del ruedo. Impávido, esperó al toro y lo engañó con un pase cambiado por la espalda, y un segundo, que cerró con un largo de pecho, en una tanda tan corta como enhebrada, tan súbita como elegante, meritoria y torera.

Arreciaba el viento en esos instantes, pero el toro tenía buen son y el torero parecía con las ideas a flor de piel. Cita con la mano derecha, surgen varios redondos de peso, y al cuarto, uno que iba para largo y templado, y con el ¡biennn! ya en la boca del respetable, hace el toro ¡plof! y se derrumbó en la arena. Ahí acabó todo.

El animal recuperó la verticalidad, pero nada fue ya igual. El torero se apocó, hubo un derechazo grande, pero aislado en un mar de pocas ideas, falta de contundencia y escasas fuerzas. La ilusión se esfumó con la misma celeridad que momentos antes había inundado la plaza.

Y llegó el sexto, que permitió que Ángel Otero se luciera en dos pares espectaculares, pero menos ajustados que los del pasado sábado. Inició la faena por bajo, con empaque, y coronó el inicio con un molinete y un pase de pecho. Otra vez la ilusión. Tomó la mano diestra, y el toro obedeció sin rechistar; tanto, que embistió mejor que Mora toreó. Surgían los pases, pero a su labor le faltó la gracia que la nobleza del animal exigía. Se empeñó en torear por la izquierda y todo se desinfló. Sin saber el motivo, el presidente sacó el pañuelo sin que antes lo hubiera mostrado la mayoría de los espectadores.

Fue la suya una reivindicación sin brillo, de más a menos, de victoria personal que deja un agrio sabor de boca.

La corrida de Parladé fue una auténtica birria. Para empezar, no pudo lidiarse completa por decisión de los veterinarios, pero los que salieron al ruedo mostraron una presentación muy deficiente, impropia de esta plaza. Para mayor abundamiento, mansos, flojísimos y sin casta en las entrañas. ¿No habíamos quedado en que los ganaderos saben lo que tienen en el campo? Será mentira, porque el de Parladé ni tenía toros ni sabía que sus becerrotes eran mulas de carga.

El primero, por ejemplo, no era un toro, sino un buey jubilado, lisiado y amuermado. ¿No lo sabía el ganadero? Por lo visto, no, y, en consecuencia, debiera estar muchos años sin volver a esta plaza para que dedique su tiempo a conocer lo que guarda en su casa. Y en el destierro debe estar acompañado por el equipo presidencial, que aprobó cinco toros que nunca debieron pisar el ruedo madrileño.

Curro Díaz no tuvo posibilidad de reivindicación alguna. A ese primero lo mató pronto porque el propio toro le pedía con la mirada un trance cortito. Y ante el cuarto, de El Montecillo, se lució con unos recortes por bajo iniciales, y se acabó porque el animal era un muermo sin calidad.

Y Fandiño, que también está necesitado de vitaminas que revitalicen su carrera, estuvo sin estar, pasó apuros y se marchó. A su primero le costaba un mundo acudir al cite y lo hacía sin codicia ni condición de bravo. Muchos pases hubo, pero ingredientes todos de un profundo aburrimiento.

Y el quinto salió con presuntos problemas de vista, manso de libro y lagartos en la barriga. Puso en serios apuros a una cuadrilla que demostró no estar preparada para trances dificultosos, y Fandiño no quiso verlo. Bueno, lo vio y lo mató.

PARLADÉ / DÍAZ, FANDIÑO, MORA

Cinco toros de Parladé, —el segundo, devuelto—, mal presentados, flojos, mansos y descastados; el cuarto —manso y descastado— y el sobrero, —corrido en quinto lugar— muy deslucido, de El Montecillo.

Curro Díaz: media estocada (silencio); pinchazo hondo (silencio).

Iván Fandiño: casi entera trasera (silencio); estocada trasera y cinco descabellos (silencio).

David Mora: estocada trasera (ovación); estocada (oreja).

Plaza de Las Ventas. Octava corrida de feria. 18 de mayo. Más de tres cuartos de entrada (19.656 espectadores).

Asistió, por tercera vez en esta feria, Juan Carlos I.

San Isidro 2017: Curro Díaz, a usted se le fue un toro de lío


Por Carlos Ilían.

El saldo que envió Montalvo a Madrid retrata a la perfección el estado general del campo bravo, en el que apenas quedan rescoldos en el gran incendio de la bravura y la casta. Pero dentro de ese saldo infumable hay un toro, la excepción, el cuarto, que a su vez ha retratado los defectos, la endeblez y la exagerada valoración de que goza en esta plaza alguno, llamado, por ejemplo, de Curro Díaz.

Nadie, ni seré yo quien lo haga, le niega a este torero su disposición hacia una tauromaquia de aroma y buen gusto; pero es que de buenas intenciones no se vive, y menos en esto del toreo. 

Torear no es ponerse bonito, intentar chispazos de aroma en trincheras o pases de la firma. Eso está bien como un añadido periférico. 

Torear es plantarse, templar y mandar dentro de un conjunto en el que el torero ejerce su autoridad. La faena de Curro Díaz al toro Escandaloso, de clase soberana por el pitón izquierdo, fue un conjunto de muletazos hacia fuera, condimentados con un postureo sin fondo. 

Faena mentirosa y barata a un toro, que hasta que se fue rajando, había regalado todo un caudal de embestidas para montar un lio muy gordo.

El primer toro de Curro Díaz cogió de mala manera al subalterno Manuel Muñoz que sufre una cornada grave en el muslo izquierdo. En ese toro Curro dejó un exquisito galleo por chicuelinas para llevar el toro al caballo. En la muleta el de Montalvo claudicó por inválido. 

Paco Ureña, que pasó un trance de infarto contra las tablas en el quinto toro, se empeñó hasta el aburrimiento ante dos mulos.

López Simón en un recital de vulgaridad, toreó al contrapaso ante el borrego lidiado en tercer lugar y en el morucho que cerró plaza se esforzó otra vez entre trallazos. A este torero lo están sacrificando a punta de exigirle por encima de sus posibilidades.

Plaza de Madrid. Quinta corrida. lleno. Toros de MONTALVO (3), un saldo de mansos descastados, con la excepción del cuarto toro que tuvo calidad. 

CURRO DÍAZ (3), de celeste y oro. Bajonazo que atraviesa, bajonazo y dos descabellos (silencio). Bajonazo (pitos y algunas palmas).

PACO UREÑA (5), de azul y oro. Estocada que atraviesa y descabello (silencio). Pinchazo y estocada que atraviesa (silencio). 

LÓPEZ SIMÓN (4), de tabaco y oro. Estocada caída. Un aviso (silencio). Estocada (silencio)

Publicado en Marca