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Javier Cortés: “Cinco tardes en Madrid son cinco tardes que pesan mucho”

El diestro madrileño afronta este viernes, Día de la Hispanidad, su quinto paseíllo de la temporada en la plaza de Las Ventas.

Desde su casa en Getafe se acercó Javier Cortés hasta la Plaza de Colón de punta en blanco, con las marcas en el rostro de la paliza que le dio un toro en Riaza y con la ilusión de afrontar su quinta tarde en Madrid. Junto a Alejandro Talavante será el torero que más veces haya toreado en Las Ventas en esta temporada.

Eso es fruto de su toreo, de su entrega y de su compromiso con esta plaza y esta afición. Mientras posa para la sesión de fotos preguntan los curiosos si es un modelo importante para un catálogo de moda pero no, es un torero que se juega la vida, que no lo ha tenido fácil en el camino y que ganado a pulso, ahora tiene la oportunidad de expresar como entiende el toreo. Lo hará el próximo 12 de octubre en el Día de la Hispanidad.

P: Quinto compromiso en Las Ventas este año, eso es buena señal.

R: Sí, hace tiempo cualquiera me hubiera dicho que fuera a torear cinco tardes en Madrid en un año. La verdad que estoy muy contento porque Madrid ha sido la base de la temporada y gracias a lo que ha pasado en Las Ventas la gente me conoce más.

P: Acabarás la temporada con 10 u 11 festejos, la mitad de ellos en Madrid, es importante ese dato.

R: Justo la mitad sí, se dice pronto. Cinco tardes en Madrid son cinco tardes que pesan mucho y espero acabar el año por todo lo alto.

P: Es una fecha, la del 12 de octubre, por una lado complicada porque llega al final de temporada pero por otra parte buena porque sí pasa algo importante el nombre de Javier Cortés estará en los primeros carteles del 2019.

R: En Madrid cualquier fecha es buena porque todo lo que ocurre en esa plaza tiene repercusión y el 12 es una fecha muy bonita que tenía ganas de torear, este año lo voy a poder conseguir.

P: La de Partido de Resina.

Una ganadería peculiar que tiene un toro muy armónico, muy bonito y esperamos que esa tarde, además de bonitos por fuera sean por dentro.

P: ¿Has toreado algo de Partido de Resina?

No, nunca he tenido la oportunidad y me hace mucha ilusión porque es una ganadería legendaria de las que a uno le hace ilusión poder matar alguna vez en la vida.

P: Tomaste la alternativa en el año 2010 y ha habido temporadas estos años en los que no has toreado nada. Por fin has visto la luz esta temporada.

R: Han sido muchos años de lucha, años en los que no veía ningún fruto, años en los que no podía vestirme de torero y a raíz el año pasado del triunfo en el ciclo de Desafíos Ganaderos he podido volver a Madrid y han salido bien las cosas. He ido a otras plazas y aunque cuesta cerrar contratos, esta temporada ha sido positiva para mí y voy a terminar con un número de corridas que otros años ni pensaba.

P: ¿Cómo se tiene esa paciencia de quedarte años sin torear y confiar en que la suerte cambie?

R: Es muy difícil, tener esa paciencia los años que no se torea y seguir entrenando y seguir luchando es muy complicado. No llegan oportunidades y uno sigue sacrificándose y viviendo para el toro, pero el que tiene paciencia y no desiste al final le llega la recompensa. Ahí estamos, ahora hay que seguir luchando pero ya es diferente porque es vestido de torero y tienes la oportunidad de expresarte delante de un toro.

P: Háblame de tu relación con Madrid a lo largo de estos años. Como novillero ilusionaste bastante.

R: En la etapa de novillero tuve mucho ambiente en Madrid, dejé tardes importantes en esta plaza y el aficionado se guardó mi nombre. Las veces que he tenido la oportunidad de vestirme de torero me han esperado, me han exigido mucho porque esperan mucho de mí y siempre han querido verme en su plaza.

P: Te han esperado y con cariño. Se nota entre el aficionado que cuando está en un cartel el nombre de Javier Cortés, la gente va a ver torear a Javier Cortés.

R: Es bonito que la gente espere y vean mi nombre anunciado y quieran ir a ver esa corrida porque saben de mi lucha y cuando he salido a la plaza he salido a por todas, no me he dejado nada en el hotel. Unos días salen mejor y otros peor las cosas pero la gente siempre que ha salido de la plaza han salido contentos conmigo porque han visto que he salido a triunfar y a por todas pase lo que pase.

P: ¿Esos años de sequía sirven para valorar ahora más las cosas?

R: Sirve para muchísimo. Aprendes a valorar todo, a saber la gente que está a tu alrededor apoyándote, los que estaban simplemente por el momento y eso es muy importante, sobre todo ahora cuando te vistes de torero lo disfrutas mucho más. El estar en ese patio de cuadrillas y hacer el paseíllo cinco veces este año en Madrid es un placer y un lujo para mí.

P: Toreaste en el Desafío y vuelves con la de Partido de Resina, ¿dudaste en decir que sí o a Madrid no se le duda?

R: No lo dudé porque era lo que había, me hubiera gustado estar en Otoño pero me ofrecieron dos tardes, la de septiembre y la del 12 y antes que estar en casa preferí dar la cara en Madrid y volver dos tardes. La gente puede pensar que es una locura pero era lo que había y tenía que tirar para adelante.

P: ¿Qué quieres decirle a la afición de Madrid?

R: Que Madrid tiene un torero aquí que es Javier Cortés y que espero poder darles un triunfo pero quiero que disfruten, que pueda cuajar un toro como yo quiero y rematarlo con una Puerta Grande.

P: Lo bueno es que en esas tardes que has dado la cara en Madrid, Javier Cortés no baja un escalón, o se mantiene o sube un peldaño.

R: Sí y eso es muy difícil, son muchas tardes y he matado corridas de todo tipo y de varios encastes. Es complicado además no teniendo esa suerte de que te embista un toro para estar a gusto con él y poder expresar mi tauromaquia como la siento. Hay que salvar las tardes en Madrid y salir al mismo nivel o por lo menos no bajar ese escalón. La entrega ha sido la base de esas actuaciones y he salido reforzado. Sino lo he hecho con un triunfo grande al menos he mostrado un gran nivel que es lo importante.

Corrida del Día de la Hispanidad | Las Ventas de Madrid. Viernes 12 octubre 17h.

Toros de Partido de Resina
Rubén Pinar, Javier Cortés y Gómez del Pilar

Publicado en COPE

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Obispo y Oro: El valor del valor de los toreros

Por Fernando Fernández Román.

¿Cuánto vale el valor de los toreros? ¿Qué baremación se utiliza y cómo fluctúa su cotización en ese Wall Street taurino que es la Plaza de Las Ventas? ¿Quién o quiénes se encargan del sube-y-baja y del color de sus dígitos? ¿No será obsceno ponerle precio a la sangre derramada?

La cuestión viene de lejos. De muy lejos. Tanto, que habría que remontarse al Rey Alfonso X, conocido como El Sabio en nuestra Alta Edad Media, para leer la primera notificación acerca del ome que recibiese precio por lidiar con alguna bestia, sobre todo por son enfamados los que lidian con bestias brauas por dineros que les dan. De tales afirmaciones se infiere que el famoso autor de Las Partidas consideraba que, ya entonces, no estaba bien visto que el hombre ibérico se ganara la vida haciendo una exhibición de valor frente al toro y cobrara estipendio por ello, de lo cual se deduce que el valor de los toreros ha sido cuestionado desde la más remota antigüedad.

Ayer, la Comunidad de Madrid celebraba su heroico Dos de Mayo de 1808 con una corrida de toros de perfil cortesano y popular, ambientada en los años finales del siglo XVIII y los de principios del XIX: la Goyesca. La Goyesca es una corrida que se inventó el muy ingenioso empresario –catalán, por más señas—Eduardo Pagés en la década del charlestón, y que se ha venido celebrando, bien que de forma intermitente, para rememorar la gesta patriótica del pueblo madrileño con una pequeña remembranza de la época del pintor Goya, don Francisco el de los toros, para lo cual se permite pasear por la arena a los espectadores, antes de que los alguaciles, sable en ristre –es un decir–, les obligue a ocupar sus localidades para que de comienzo el espectáculo. Un espectáculo de abigarrado cromatismo, con chisperos –fragüeros– y manolas –frescachonas de buen ver y admirar—aposentadas en carruajes tirados por troncos de caballos que conducen aurigas y lacayos de sombrero calañés. Así debieron ir a los toros los madrileños/as que acudían a la Plaza de la Puerta de Alcalá, para ver a los toreros valientes frente a los corpulentos toros castellanos, o los ribereños del Jarama o los jijones de más abajo.

Ayer, también se vieron en esta parte de Madrid que emerge a la vera de lo que fuera el viejo Abroñigal, algunos toros que nada tendrían que envidiar en aspecto a los que hubieron de enfrentarse los Romero,Costillares, Pepe-Hillo y compañía. Ayer, un año más, se celebró la corrida Goyesca en el día festivo de la capital del Reino y la Comunidad que le abarca.

Los toros pertenecían al que fuera gran torero madrileño José Miguel Arroyo, Joselito, con los dos hierros de su ganadería: el 8 de El Tajo y el 4 de La Reina. Fue una señora corrida de toros, variada en todo: capa, cuerpo, cuerna y comportamiento. De imponente trapío el que abrió la corrida y aún más imponente el quinto, ambos de pelo colorado, con dos garfios por pitones y bravos, encastados, codiciosos y con su punto de nobleza, lo cual no quiere decir que fueran la tonta del bote. Al contrario, fueron dos toros que exigían mando, firmeza y templanza, porque de lo contrario desenvainaban su armamento, sacaban a relucir su casta brava y acababan imponiendo su autoridad. El otro gran toro fue el sexto (de La Reina). Digo gran en doble sentido: fue grande de peso y grande su caudal de encastada nobleza. Después, el jabonero de La Reina, segundo de lidia, bajó en todos los niveles, de trapío y fortaleza principalmente, lo mismo que el tercero, un cinqueño del mismo hierro, que se vino abajo demasiado pronto y el cuarto, el toro de El Tajo que fue el primero de gran tonelaje al que le faltó raza y embistió andando.

El primer espada, Iván Vicente, es uno de los toreros de Madrid que están mejor considerados por el público. Y a fe que Iván torea muy bien con capote y muleta. Traza los pases con una geometría muy en la línea clásica, y dibuja un toreo de acabados perfiles. El primer toro fue el mejor de la corrida. Bello, y bravo, en el más amplio sentido de la palabra. Salió algo suelto de la primera vara, pero apretó en la segunda y no paró de embestir, con viaje humillado y codicioso. Un toro de triunfo gordo, sí señor. ¿Qué pasó pues? En realidad, le anotamos a Iván dos tandas en redondo con la mano derecha, de largo trazo, templadas y mandonas, que no acierto a comprender por qué no hicieron crujir los tendidos. Lo mismo que otra de naturales de alta calidad y notable ajuste, y los ayudados por bajo de final de la faena. Todo muy torero y muy arrebujado. Estocada hasta la bola, pelín contraria. Petición no atendida y vuelta al ruedo, con las consabidas protestas de algunos (quizá de algunos de los que pidieron la oreja). ¿Qué había ocurrido? ¿La maldición del primer toro y el ambiente frío? Puede ser. Les aseguro que si este magnífico toro sale en cuarto lugar, a Iván Vicente le piden las dos orejas. Pero el cuarto fue ese primer toro grandón de la corrida, al que picó lucidamente Jesús Vicente, bregó superiormente Raúl Martí y clavó un excelente par Rafael González, pero que de dejó la casta brava en esos primeros tercios. La faena fue tan correcta como desangelada y larga. A pesar de que de nuevo mató de una gran estocada escuchó un aviso y le tocaron algunas palmas.

Antes, Javier Cortés había hecho oídos sordos a los pitos que algunos aficionados dedicaban a su primer toro, más que por su falta de trapío –era un toro de correcta presentación, pero menos aparatoso que el anterior–, por el atisbo de ciertas claudicaciones, y se echó el capote a la espalda con una saltillera para recetar tres gaoneras ceñidísimas, de enorme mérito… premiadas con palmitas de cortesía. Un gran par de Abraham Neiro soliviantó al público, lo cual animó al torero a iniciar la faena con el pase cambiado citando a muleta plegada, rememorando los del novillero Antonio Bienvenida al novillo de A.P., en el año 40 (¡Salve, Antoñito Bienvenida!, tituló su crónica Curro Meloja), y los naturales subsiguiente les salieron bordados. Lástima que al toro le faltara fuelle para seguir la escarlata franela. Cortés hubo de liarse a bernadinas ajustadas, previas a un pinchazo seguido de infame golletazo. Y de inmediato Gonzalo Caballero se impuso al cinqueño bajito de agujas, que hizo tercero, un toro de escaso fondo, al que logró endilgar algunos estimables pases naturales y otros pases en redondo y por alto de impertérrita ejecución. Falló con la espada y recibió un aviso.

Hasta aquí, la tarde de toros en Madrid, la tarde de la Goyesca, discurría sin mayores acontecimientos. Una tarde de toros con dos tercios del aforo cubiertos de público, en gran parte de aluvión, por la regalía de la Comunidad madrileña, organizadora del evento. Pero salió el quinto toro…

Era un toro de enorme altura de agujas, zanquilargo y engallado. A su vera, el torero Javier Cortés parecía un alfeñique quebradizo. Y sin embargo, el torero también se creció ante lo que parecía una imponente adversidad y se puso a torear de capa con buen juego de brazos, ganando terreno y rematando con garbo. El picador Juan Francisco Peña y el toro protagonizaron un interesante tercio de varas y el banderillero Antonio Molina colocó dos pares antológicos, porque el animal, de 655 kilos de peso, con dos puñales apuntando al cielo y de nombre Cazador, parecía ir a la caza de toreros, en sus veloces arrancadas hacia quienes osaran desafiarle. ¡Qué dos pares, señores! ¡Qué dos señores pares! Ovación rotunda, no correspondida montera en mano porque el medio queso con que se cubrían los toreros era aditamento inservible en estos casos. Y a continuación llegó el momento cumbre de la tarde: Javier Cortés citó al toro con los pitones por encima de su flequillo, se despatarró y le ligó tres tandas en redondo, dos con la derecha y una de naturales, sencillamente antológicas. Faenón de los gordos. El toro, en principio engallado, acabó por humillar la cerviz ante el mando y el desparpajo del torero. Ahora, el engallado era el hombre. ¡Un tío, este Javier Cortés! Pena que el toro le prendiera en el remate de una de las series, ya al final de la faena. Pareció que el torero había salido ileso, pero en seguida comenzó a manar sangre en abundancia de su pierna izquierda y se hacía posible continuar la lidia; pero Javier quiso rubricar la obra con la espada y citó a recibir con la pierna a rastras y ensangrentada. La estocada fue muy defectuosa, solo media espada hundida y exageradamente atravesada, pero el clamor del público enardeció el ambiente. Se pidieron las dos orejas y el presidente, acertadamente, solo concedió una. Comprendo que el torero necesitaba el doble premio como el comer, pero, bien pensado, ¡qué más da! ¿Acaso una oreja más o menos sirve para justipreciar una gesta de tal calibre?

Algo parecido ocurrió minutos después en el último toro de la corrida. Gonzalo Caballero recibió al colorado de 612 kilos con unos lances pausados, de manos bajas, elegantes, a pies juntos, de bella composición y… al rematar con el último recorte, el toro le empitonó y le propinó una tremenda voltereta, golpeándose violentamente la cabeza contra el suelo. Se lo llevaron para la enfermería cuando aún estarían desvistiendo a su compañero Cortés.

Continuaba la lidia bajo la dirección de Iván Vicente, pero, de pronto, la menuda figura de este Caballero se perfila cobre la contera de la barrera. Y se va hacia el toro muleta en mano, y lo torea de muleta sin apenas poder moverse por el ruedo, con una pierna inservible, luciendo un torniquete que impide la hemorragia, supuestamente supervisado por los médicos. También está herido y medio conmocionado. Le cuaja al toro tres series de pases con ambas manso, ejecutados con gran templanza. El toro es noble y el torero un valiente a carta cabal. Le falla la espada y escucha un aviso, a la vez que una gran ovación cuando regresa a la enfermería.

La corrida termina con el público consternado por tanta y tan seguida fatalidad y los partes facultativos dan cuenta de una cornada a Cortés de 20 centímtros que destroza los músculos isquiotibiales, contusiona el nervio ciático –¡con lo que duele eso!—y alcanza el fémur. Caballero tiene una muy dolorosa lesión cervical y una cornada en el muslo izquierdo de 5 centímetros. Grave aquél, menos grave éste, son dos pedazos de toreros. Dos ejemplos de valor escalofriante en situaciones límite. Un valor tasado con una pírrica oreja. ¿Es eso lo que vale el valor de los toreros? Y todo ello, en el día en que se evoca una heroicidad histórica en la villa y corte.

Por menos, a Cascorro, en Madrid, le hicieron un monumento.

Publicado en República

Corrida Goyesca: 3 de Madrid con la verdad del toreo por delante

Por Carlos Ilián.

La tarde del 2 de mayo ha sido una tarde de Madrid, toros y toreros de aquí, y también una tarde del toreo como se entiende en esta plaza, con la verdad por delante. Para empezar, la corrida que envió José Miguel Arroyo “Joselito” fue una tía, un corridón con trapío y romana para dar y tomar. No todos pelearon con casta, pero todos se movieron y hubo uno, el quinto, que nos reconcilia con el toro de lidia porque transmitió esa sensación es de fiereza y codicia que tanto echamos de menos en estos tiempos donde campan la borrega o el morucho. Bien por Joselito, esta vez como ganadero, en una tarde goyesca, la misma que en aquella, memorable, del 96 lo encumbró a la cima como matador de toros.

Y en la muleta de Iván Vicente se meció el toreo en redondos y algunos naturales de parsimonia infinita, todo muy por delante, muy firme y rotundo. Un cambio en el comportamiento del toro enfrió el tono de la faena pero lo bueno ya estaba en el registro. Además mató por derecho en lo alto. El cuarto toro, una mole, que peleó en varas pero blandeó en la muleta dejó, sin embargo, un pequeño márgen para que Iván Vicente se cruzara y templara en el toreo al natural.

El segundo toro, astifino como una guadaña, se defendió por ambos pitones aunque Javier Cortes se pudo templar en una serie por el pitón izquierdo. Sin embargo en el quinto, encastadísimo, el rubio torero de Madrid se plantó muy firme y se echó por delante delante aquella embestida huracanada para hacer el toreo sobre la mano derecha con hondura y enorme vibración. En un cambio de mano fue empitonado y herido, a pesar del percance consiguió, a rastras, una fea media estocada en le suerte de recibir. Había emoción en la plaza y hubo una oreja emocional, pero indiscutible por las circunstancias en las que entró a matar.

Gonzalo Caballero que se relajó con gusto y temple en los naturales al blandísimo tercer toro, pero emborronándolo con la espada, salió a morir en el sexto y en el remate con el capote en un quite fue espectacularmente volteado. Con una herido en la pierna izquierda y conmocionado salió de la enfermería para templarse por el pitón derecho pero no tanto por el izquierdo. Como pudo consiguió rematar con el descabello, a trancas y barrancas pero en otra de sus tardes a sangre y fuego

Plaza de Madrid. Media entrada. Corrida Goyesca. Toros de El Tajo/La Reina (6), de gran presencia y juego desigual, con notable para 1º y 5º. Iván Vicente (7), de azul pavo e hilo negro. Estocada (vuelta). Estocada. Un aviso (saludos). Javier Cortés (7), de encarnado e hilo negro. Pinchazo y bajonazo (silencio). Media en los bajos atravesada (una oreja). Gonzalo Caballero (6), de gris e hilo negro. Tres pinchazos y dos descabellos. Un aviso (silencio). Dos pinchazos, estocada caída y dos descabellos (saludos).

Fuente: Marca