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Andrés Calamaro, Premio Taurino Manuel Ramírez de ABC de Sevilla

Por Martín Laínez.

El cantante argentino Andrés Calamaro ha resultado ganador del Premio ABC Periodístico Taurino Manuel Ramírez en su décima edición por una Tercera publicada el pasado 22 de abril de 2016 que llevaba por título «El Reich animalista». El jurado, que estuvo presidido por Javier Benjumea, tomó la decisión de galardonar al cantante y gran aficionado al toro «por unanimidad». Nada más conocer la noticia, Calamaro mostró su felicidad por recibir este galardón: «Estoy muy honrado», señaló desde Nueva York.

En la Tercera, Andrés Calamaro señalaba que «la tauromaquia no es maltrato de animales, ni asesinato, ni tortura. La tauromaquia es compás, es valor y es respeto por el medio ambiente y por el toro. Es ecológica y sostiene una tradición ganadera ejemplar. Es cultura benigna, porque es la costumbre de las letras de Lorca, de la tinta china de Picasso, de los libros de Hemingway, del texto imperdible de José Bergamín, de la historia contada por Belmonte y Chaves Nogales; es la tauromaquia de Dalí y de aquellos que aman al toro en la plaza, embistiendo con peligro en cada galope. Es arte que ofrece la vida. Es música, color y valor».

El cantante, que estuvo presente en la corrida del pasado 27 de abril en la Maestranza en la que lidiaron reses de Garcigrande los diestros Morante de la Puebla, El Juli y Alejandro Talavante, recordaba en su artículo que «es complicado entender por qué tanta gente odia (literalmente) a los aficionados taurinos, toreros, banderilleros y otras profesiones relacionadas con el mundo del toro. Yo no creo que respondan a cuestiones humanitarias, porque un buen número de estos individuos se permiten pensamientos sanguinarios: odiar y —como quien no quiere la cosa— andar pregonando que los aficionados y toreros merecemos todo tipo de castigo divino, incluso cierta clase de empalamiento horrible».

El artista, que se encuentra estos días en Estados Unidos, escribió «El Reich animalista» en abril de 2016, dos meses antes de que presentara en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) de Sevilla su último trabajo discográfico, Romaphonic sessions» dentro de su gira «Licencia para cantar».

Calamaro a lo largo de su verbo fluido señalaba en esta Tercera que «creo no equivocarme si considero que este fenómeno no es más que ignorancia desatada, incluso en ámbitos universitarios afines a la intolerante abolición. El Reich animalista se considera además a sí mismo el protagonista permanente de una buena acción solidaria, curiosamente humanista o rabiosamente animal», pero —según seguía argumentando el artista suramericano en su artículo— «(…) sin embargo, desnuda un bestialismo intolerante, una profunda pereza intelectual y un peligroso desapego por la sensibilidad correcta, por la vida satisfactoria y la natural tolerancia que impone la vida satisfactoria y la natural tolerancia que impone la convivencia.

Publicado en ABC

Foto Pepe Ortega.

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El reich animalista Por Andrés Calamaro

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«La tauromaquia no es maltrato de animales, ni asesinato, ni tortura. La tauromaquia es compás, es valor y es respeto por el medio ambiente y por el toro. Es ecológica y sostiene una tradición ganadera ejemplar. Es cultura benigna, porque es la costumbre de las letras de Lorca, de la tinta china de Picasso, de los libros de Hemingway»

ES complicado entender por qué tanta gente odia (literalmente) a los aficionados taurinos, toreros, banderilleros y otras profesiones relacionadas con el mundo del toro. Yo no creo que responda a cuestiones humanitarias, porque un buen número de estos individuos se permiten pensamientos sanguinarios: odiar y -como quien no quiere la cosa- andar pregonando que aficionados y toreros merecemos todo tipo de castigo divino, incluso cierta clase de empalamiento horrible.

Supongo que no desean a los cocineros una muerte terrible, hervidos en agua caliente o calcinados sus cuerpos a la parrilla ni al calor de los fogones; y este no es un detalle menor, porque España y el mundo están sembrados de restaurantes donde se guardan refrigerados -para ser espléndidamente comidos- un importante número de restos de animales mamíferos y pescados. Sin embargo la gastronomía, que involucra permanentes escenas de matanza y descuartizamiento, está muy bien vista. El auge de su prestigio incluso deja en evidencia una cierta pereza (u holganza) intelectual interesante.

El Reich animalista se considera además a sí mismo el protagonista permanente de una buena acción solidaria. Andrés Calamaro

Habitamos en un mundo que da la espalda a la lectura en beneficio de la televisión. Un mundo que ignora la pintura y la escultura en favor de los deportes televisados o el consumo frívolo; que olvida la ópera y el teatro, pero vive absorto ante una pequeña pantalla portátil (entre otros muchos ejemplos diarios de lo que es la vida moderna). Es un mundo que fácilmente se entrega a una corrección política entre comillas y para haraganes; que puede permitirse el «factor desprecio», el odio inquisitorial, una tormenta de opiniones irresponsables y reaccionarias, de deseos imperdonables. También se permiten mirar a otro lado mientras el mundo se desangra en una desigualdad inestable, que mata de hambre en las guerras o en las paupérrimas barcas del exilio forzado: se permiten demasiado y, al mismo tiempo, demasiado poco.

Creo no equivocarme si considero que este fenómeno no es más que ignorancia desatada, incluso en ámbitos universitarios afines a la intolerante abolición. El Reich animalista se considera además a sí mismo el protagonista permanente de una buena acción solidaria, curiosamente humanista o rabiosamente animal. Sin embargo, desnuda un bestialismo intolerante, una profunda pereza intelectual y un peligroso desapego por la sensibilidad correcta, por la vida satisfactoria y la natural tolerancia que impone la convivencia. Exhibe un desorden de valores altamente temerario, o francamente ridículo.Es frecuente invocar la excusa de la legalidad moral de la matanza alimentaria apelando a que «sirve para alimentarse». Servidor duda que las langostas (cocidas vivas en agua hervida), el caviar o el faisán -o mismamente los vacunos sacrificados- estén alimentando a un mundo hambriento. Desde hace siglos la mayoría se malalimenta con productos no cárnicos, digamos arroz acompañado por ocasionales pedacitos de pescado, chorizo o una carne barata. Proteínas, las justas. La justificación alimenticia de la masacre de las carnes ofende a la razón.

En Argentina la ingesta de carne es un ritual de amistad, celebración familiar y festín para el paladar; no se trata de alimentarse ni paliar el hambre. Otra mala broma de las juventudes animalistas adoctrinadas en Facebook: una familia media malamente puede pagar un asado (barbacoa fetén) por mes, la carne es un lujo. Descartemos esta lobotomía portátil que justifica la escabechina que pone en funcionamiento la industria cárnica y marítima. Los restaurantes de tres estrellas Michelin parecen no importar un pepino a los muy humanitarios enemigos sanguinarios de las corridas de toros. Creo que estos detractores de los toros, tan llenos de razones como de equivocaciones, responden a una pereza intelectual aguda, agresiva y terminal: no leen libros (aunque existe el caso de universitarios ensoberbecidos de lecturas académicas que nunca se equivocan). Mayormente, mis justicieros viven embutidos en sus teléfonos galácticos y difícilmente leen a diario el periódico -o periódicamente el diario- para formarse una conciencia mínimamente aceptable; y no es que me crea a rajatabla todo lo que leo, más bien se trata de entrenamientos de gimnasia mental para poder opinar con algún fundamento, incluso leyendo entre líneas editoriales.

La tauromaquia no es maltrato de animales, ni asesinato, ni tortura. La tauromaquia es compás, es valor y es respeto por el medio ambiente y por el toro. Es ecológica y sostiene una tradición ganadera ejemplar. Es cultura benigna, porque es la costumbre de las letras de Lorca, de la tinta china de Picasso, de los libros de Hemingway, del texto imperdible de José Bergamín, de la historia contada por Belmonte y Chávez Nogales; es la tauromaquia de Dalí y de aquellos que aman al toro en la plaza, embistiendo con peligro en cada galope. Es arte que ofrece la vida. Es música, color y valor.

Mientras la humanidad acorrala el hábitat de los animales silvestres construyendo ciudades, caminos, y fomentando cambios climáticos, la tauromaquia protege la ecología sostenible del campo bravo. Andrés Calamaro

Valores, buenas tradiciones. Es pueblo y campo, es ciudad y es algarabía, es encierros y novilladas, es ilusión de niños toreros. Da sentido a la vida de los aficionados y a la vida del toro, el más amado de los animales (con permiso de las mascotas que esperan castradas que les permitan orinar mientras mendigan la atención de los dueños que, a falta de un amor mejor, se retratan con el perro para mostrar la foto en san Valentín). El móvil es el mejor amigo del hombre, el perro es un animal doméstico, que vive castrado sin conocer jamás la vida silvestre. El toro es el animal mitológico que representa la leyenda.

Mientras la humanidad acorrala el hábitat de los animales silvestres construyendo ciudades, caminos, y fomentando cambios climáticos, la tauromaquia protege la ecología sostenible del campo bravo y salva la existencia de la raza y su bravura. Pero la inquisitorial animalista no entiende ni quiere entender que no hay razón alguna que convalide la violación de los derechos humanos. Las juventudes animalistas (no hay edad para celebrar la intolerancia ni la ingesta inapropiada de información demagógica) están en su punto más alarmante de frivolidad y holgazanería. Y el juego político, que ofrece a diario un lamentable espectáculo, menosprecia con demagogia la cuestión para rascar unos votos. No llueve a gusto de todos. Pero no se puede parar la lluvia y prohibirla resulta una necedad imperdonable, que no se justifica con desinformación rampante, con desprecio por la voluntad de las gentes y su derecho a la libertad, ni para engordar el caldo de puchero de la clase política que atropella flagrante el espíritu del pueblo. ¡Para variar!

Fuente:www.abc.es

Sinfonía Agridulce Por Andrés Calamaro

José Tomás durante la corrida del domingo en México.

José Tomás durante la corrida del domingo en México. Andrés Calamaro

México es un país agradecido y nunca indiferente, no viven de la nostalgia invertida pero conviven con una tremenda producción de música popular, regional y melódica.

El pueblo musical y taurino, en pleno ejercicio de su praxis cultural y popular, me reclama para saludos y fotos (el nuevo autógrafo) y siempre me sorprendo un poco por la generosidad atenta de las gentes de aquí.

Así me presenté ayer por la tarde en la Monumental plaza de toros de México City, vine -como otros más- especialmente para ver un mano a mano de altísima expectativa como no podría ser de otro modo considerando que las figuras de la tauromaquia europea relucen en los carteles de la temporada americana y puesto que ayer tarde se presentaba José Tomás repartiéndose seis toros con Joselito Adame, el gran intérprete de Aguascalientes.

En otra época más tolerante, menos viral y mas cultural en el más académico sentido, el mundo en pleno aceptaría con énfasis a los maestros de la tauromaquia por su profundidad estética, pureza litúrgica y heroísmo. Como a grandes figuras del arte fuera de la aburrida discusión en cuanto a la merecida categoría artística y más allá de la afición práctica o constante. En una sociedad no contaminada por una insoportable pereza intelectual, menos inquisitorial y moralista, una figura del toreo sería celebrado por artistas, intelectuales y pueblo, incluso por snobs de categoría.

Así debería ser. Y así fue durante los tiempos ajenos a la pulsión digital y a una corrección política entrecomillada que amenaza con arrastrarnos a una grieta insostenible.

Fue entonces la de La México una tarde agridulce de domingo, de contraluces, de emociones inexplicables en algunos casos y de “oles” como truenos.

La plaza recibió a los diestros con un llenazo hasta el reloj, un lleno que hace veinte años no se veía por aquí. El de Galapagar ofreció el cuerpo y el alma embutido en rosa viejo y dorado, eso y su inexplicable complicidad con las bestias, algo imposible que parece posible en las muñecas de José Tomás. Como si les hablara a los toros que embisten con dulzura y peligro, poniendo en riesgo la vida del torero en cada embestida milimétrica.

Dio eso y detalles hondos que la enciclopedia tauromáquica celebró vibrando instantes compuestos de eternidad y arena. De la forma más pura y soberana, José Tomás se arrima hasta que le enganchan y el pavor sube por los tendidos acojonando las conciencias de más de 45 mil personas. El público estaba entregado en el primero, al segundo le sacó series templadísimas que fueron muy admiradas pero algo ocurrió antes de tercero de su lote: Un toro en buenas condiciones fue devuelto a los corrales de forma tan contundente que servidor llegó a dudar si protestaban al toro o al juez presidente por devolverlo con tales urgencias; el toro estaba entero y se había presentado con un alegre galope que prometía más. Entonces el ambiente se trastornó, las peñas protestaron el sombrero durante la abreviada y algo espesa faena de José Tomás a su tercero, birlando al destino un primer epílogo de gloria que la mala suerte en el acero termino de empañar.

Joselito Adame estaba toreando muy bien con un lote bueno de calidad y de bondad. La poca fortuna en los aceros impacientó al respetable que se dedicó a algo que también saben hacer: embutirse de espíritu nacional en detrimento del menos hidrocálido de los maestros.

El resultado fue una tarde agridulce para la mayoría y un triunfo in extremis de Adame que ofreció un repertorio de valentías de aquellas que suben la temperatura de los tendidos que albergaban una auténtica multitud que, según pasaban los minutos se mostraba extrañamente intolerante, quizás por aquello de haber pagado una boleta a un precio considerable.

Si la multitud despidió al de Galapagar con bronca es algo que optamos por no recordar, determinados contrastes merecen ahogarse de olvido bajo la alfombra del tiempo.

Amortajado un sabor incierto en las plumas de aquellos que sabrán rescatar lo grande de una tarde de contrastes para presentar la épica como corresponde.

Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2016/02/01/actualidad/1454349795_456010.html

Alberto López Simón: el torero del Atleti que leía a Borges y escuchaba a Calamaro

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Por Karina Sainz Borrego.

Un hombre que lee a Jorge Luis Borges mientras cicatriza una herida de doce centímetros es capaz de todo, incluso de levantarse y salir a escondidas del hospital a dar un paseo por su propio pie, con el muslo abierto y las vías de medicación intravenosas aún puestas -como en efecto hizo-. “Pensaba entonces que mi convalecencia iba a ser más larga. Lo que se esperaba que fueran 25 días lo reduje todo lo posible y justo una semana después del percance, reaparecí”, dice. El torero Alberto López Simón describe la recuperación de la cornada de la Feria de Otoño como quien habla de su propia resurrección. Tiene apenas 24 años, pero sabe emprender un viaje como sólo pueden hacerlo los dioses: en ambas direcciones. Hacia a la muerte y de regreso de ella.

López Simón tiene apenas 24 años, pero sabe emprender un viaje como sólo pueden hacerlo los dioses: en ambas direcciones. Hacia a la muerte y de vuelta de ella

Tenía cinco años cuando el Atlético de Madrid hizo doblete en la temporada 96/97. Entonces ya era un colchonero irredento y estaba por descubrir que iba para torero. En la temporada que finalizó en otoño, el matador de Barajas, como lo llaman los taurinos, ha salido tres veces consecutivas por la puerta grande de la Plaza de Las Ventas, la última de ellas con una cornada que le había alcanzado el pubis y que no le impidió regresar cojitranco de la enfermería al centro del ruedo. La hazaña le valió el reconocimiento unánime como la figura, el gran personaje, de 2015.

Alberto López Simón comparte con José Tomás algo más que la superstición de no usar los ascensores el día que torea. Él, como José Tomás, también se arrima a ese lugar donde cogen los toros. Quienes saben de esto aseguran que el joven matador hace lo que Belmonte: torear olvidándose del cuerpo y haciéndose sostener por el espíritu, que precipita en cada pase como si abanicara las tardes con el alma. PorqueLópez Simón se planta en los medios, bien sujeto con los pies de plomo. Jamás los mueve, ni se quita. Y si lo hace será porque el toro se lo ha llevado por delante.

“Cada vez que sales a la plaza te encuentras con un animal que te puede matar. Tienes que ser muy maduro. Tienes que aceptar y entender que el percance puede llegar en cualquier momento. Lo que te fortalece para sostener y vivir esa soledad en la plaza es la soledad de quien torea. Estás rodeado de espectadores, pero en verdad estás solo con un trapo, un trozo de tela, delante del toro”, explica López Simón sentado en el despacho de un concesionario automovilístico de Colmenar a las ocho de una tarde ya sin luz. Con la temporada americana ya en marcha y un compromiso en la Feria de Cali el próximo 26 de diciembre, el tiempo de López Simón es escaso, así que cualquier minuto que se pueda rebañar a su agenda vale lo que un brillante engarzado en oro.

“Lo que sostiene para vivir esa soledad en la plaza es la soledad del toreo. Estás rodeado de espectadores, pero en verdad estás solo con un trapo, un trozo de tela, delante del toro”

Al escucharlo puede uno llegar  a olvidar que tiene sólo 24 años. Es alto, delgado y dueño de unos ojos oscuros, tanto como su cabello bruno de puro azabache. Tiene la mirada limpia y al hablar sonríe; sonríe mucho. No hay en su conversación la impostación con la que suelen hablar los toreros de sí mismos. Incluso quien lo ve por la calle, con las zapatillas y el plumas, jamás adivinaría que este chico va a su trabajo de Purísima y oro y con una espada en la mano. De la nueva camada de toreros,Alberto López Simón es el más moderno: lee a Jorge Luis BorgesChesterton, Charles Baudelaire, Graham Greene, Calderón de la Barca…; sus amigos -algunos matadores, otros no- parecen más hipsters que diestros repeinados; es más de Andrés Calamaro que de Sabina y un hincha incondicional del Atlético de Madrid.

Su fascinación por los astados viene de muy lejos. Tenía 4 años cuando acudió por primera vez a la ganadería de unos amigos de su padre en la Sierra de Madrid. Aquel hijo de una familia que de torera no tenía nada, encontró en aquel sitio la que sería su vida. “De ahí me quedó algo dentro”, explica. Y aunque la finca fue vendida y el toreo se disolvió en su memoria, la vocación volvió a tocar la puerta con los nudillos bien apretados. Tuvieron que pasar unos cuantos años, claro. A los 14, y animado por su amigo Yelco Álvarez, López Simón se inscribió en laEscuela Taurina de Madrid, la de Marcial Lalanda.

Sin Yelco Álvarez es imposible explicar al López Simón torero que fascinó a todos en el San Isidro de este año pero tampoco sería posible comprender al López Simón persona. Yelco no es sólo su hombre de confianza, ni el que le acompaña donde quiera que va. Es eso y mucho más. Fue su mozo de espadas y la persona que lo sacó de un hondo pozo anímico que mantuvo a Alberto López Simón alejado de los ruedos un año entero, en 2014. Fueron días ásperos, llenos de dudas sobre la propia vocación y el sentido de su toreo.

“No puedes ir vacío a la plaza más importante del mundo. Y así me sentía yo: vacío. El toreo es un arte que implica el sentimiento, no puedes hacerlo si estás vacío. Puedes llegar a pegar pases, pero si algo no te inquieta, si no hay nada que plasmar frente al toro, es imposible crear arte”, diceLópez Simón. Escuchándolo hablar en un despacho de paredes grises, es cuando uno entiende qué empuja esa entrega que se parece tanto a la locura y que le ha dejado impresas en el cuerpo cicatrices de cuatro, diez, quince y 12 centímetros.

“El toreo es un arte que implica el sentimiento, no puedes hacerlo si estás vacío. Puedes llegar a pegar pases, pero si algo no te inquieta, si no hay nada que plasmar frente al toro, es imposible crear arte”

Su toreo “es verdad”, dice…. Que no de verdad overdadero, sino Verdad. Su toreo conmueve y paraliza. En Alberto López Simón aquella virtud –la verdad- es una forma de existencia y no un atributo; es un sujeto y no un adjetivo. La procedencia de su verdad es etimológica: algo sin velos, desvelado – recordad, del griego: aletheia– ante los ojos de quienes lo miran. No hay mayor emoción que la verdad, dijo de él la inmensa periodista Rosario Pérez, y es por eso que al tendido le ocurre lo que el pasado 2 de octubre. Aquella tarde, con la plaza a reventar, herido en el primer toro con una cornada de 12 centímetros que alcanzaba el pubis, el matador de Barajas salió de la enfermería para lidiar el astado que quedaba. Después de salir por la puerta grande, entonces sí, volvió al quirófano para operarse.

Su temporada de 2015 fue apoteósica. Comenzó en mayo en Las Ventascon dos Puertas Grandes en 20 días. Allí donde fue, López Simón arrancó la emoción de los tentidos: San SebastiánBilbaoSevillaAranjuez, Albacete, Sevilla, Zaragoza… Aún convaleciente de una severa cornada sufrida en Albacete, confirmó la alternativa en Nimes y siguió rumbo a laferia de Otoño de Madrid y después a la del Pilar en Zaragoza en un mano a mano con Talavante. “Cuando estaba en el hospital salí a caminar por la tarde con mi madre, sin que se enteraran los médicos. Quería sentirme bien y me veía bien. Tú puedes estar completamente curado, pero si te sientes vulnerable, vas a estar vulnerable (…)”, dice sobre aquella asombrosa recuperación.

Qué pasa por la cabeza de un hombre que ha llegado a decir que un toro que entrega su vida merece la suya a cambio. En qué piensa tras la verónica impecable o el redondo sinfónico. Delgado como una tabla, de espaldas pequeñas y larguísimas piernas, hay algo frágil en su cuerpo, no así en su espíritu, aunque él diga lo contrario. “Me considero una persona bastante frágil y no es algo que necesariamente quiera corregir, porque esa fragilidad emocional te da un punto de sensibilidad para crear, para fundirte con el animal. La esencia del toreo está ahí. Se basa en mostrarme como soy. Desnudar mi alma para entregársela al toro. Cuando eso ocurre, hay una emoción que se traslada a los tendidos. Trabajo para mostrarme lo más natural posible. La naturalidad llega en cualquier ámbito del arte. Lo natural, lo verdadero, conecta con el público”, diceLópez Simón en el minuto 38 de una entrevista que debía durar veinte.

A él, un matador que recién cumple los 24, que rejuvenece una fiesta que vive horas bajas, tocaría preguntar qué opina del creciente movimiento antitaurino

En los carteles que hizo la Feria del Pilar para promocionar las corridas, un retrato en blanco y negro del matador, sentado en un taburete y tapado sólo por el capote, dejaba ver el costurón de doce centímetros que ilustra la certeza de esa frase #SoyVerdad. “Ha llegado un momento de mi vida en el que me siento maduro, pero no porque haya envejecido, sino porque han ocurrido cosas. En 2014 pasé un bache que me hizo crecer. Era lo peor que podía pasar, había llegado la temporada y yo estaba en casa, parado”. Que vivir sin torear no es vivir lo dicen casi todos los toreros. A mitad de camino entre la frase hecha y el tópico, hay algo sin embargo demoledor en esa frase, un algo incomprensible que escapa a toda la lógica.

Acaso para apurar la última pregunta de una entrevista que podría durar días, toca buscarle las cosquillas al diestro, pedir su opinión sobre un cada vez mayor movimiento anti taurino dentro y fuera de las instituciones y que ya se ha concretado en medidas oficiales, una de ellas por ejemplo la supresión de las ayudas para la Marcial Lalanda, la escuela madrileña donde López Simón se formó siendo apenas un adolescente. “Respeto todas las opiniones y cada quien puede creer lo que considere. Y pienso, quizá, que el mundo del toro años atrás tuvo una fuerza tremenda y los estamentos taurinos quizá se han acomodado, porque era un espectáculo que se defendía por sí solo. Ahora hay una reacción y creo que los taurinos, profesionales y aficionados, debemos quitarnos todo tipo de complejos y no taparnos”.

A él, un matador que recién cumple los 24, que rejuvenece una fiesta que vive horas bajas, tocaría preguntar qué ha ocurrido. ¿Es demasiado cerrado el mundo del toro? ¿Debería hacer un esfuerzo por comunicarse mejor? “Sí, tenemos que intentar llegar a aquellas personas a las que no le interesan los toros. El aficionado que va a la plaza ya lo tenemos, hay que cuidarlo y darle calidad, pero hay que hacer un esfuerzo para llegar a la mayor parte de la sociedad, por eso se ha creado esta fundación de apoyo al toreo. No vamos a cambiar a los antitaurinos, porque cada quien es libre de opinar y creer lo que considere, pero sí debemos al menos contarles cómo se hace el toreo para que sepan en verdad cómo es”, diceAlberto López Simón.

Un hombre que lee Borges mientras cicatriza no es normal, tiene algo de ser extraordinario, aun sin traje de luces

Cae la noche sobre una autovía en la que los coches raspan el asfalto. Y uno se aleja preguntándose de qué tiempo proviene López Simón. Un hombre que lee Borges mientras cicatriza no es normal, tiene algo de ser extraordinario, aun sin traje de luces. Porque acaso, como en aquella canción de Calamaro, el Tercio de los sueños, Alberto López Simón se hace viejo muy rápidamente y no porque cuelgue sus años salvajes en un clavo en la frente, sino por ese viaje de ida y vuelta que consigue librar sólo como saben hacerlo los héroes desafiantes: con belleza y verdad.

Fuente: https://vozpopuli.com/ocio-y-cultura/73498-alberto-lopez-simon-el-torero-del-atleti-que-leia-a-borges-y-escuchaba-a-calamaro
 

Andrés Calamaro a los Anti Taurinos: ¿Perdieron la capacidad de admirar, solo saben odiar o detestar?

MASTER CALAMARO: Por lo que mas quieras, no me pises mis zapatos de piel…y todo lo demas también.

De SOL y SOMBRA.

Hace unos días se inició una fuerte polémica dentro de la cuenta de la red social Facebook del músico argentino Andrés Calamaro, quien después de publicar algunos comentarios a favor de la fiesta brava recibió palabras negativas por su afición a los toros.

Luego de ser insultado por fanáticos en Facebook, Andrés Calamaro publicó una respuesta para todos aquellos que lo acusan de disfrutar de su aficion.

Actualmente ya no se pueden encontrar las publicaciones hechas por Calamaro, pues fueron eliminadas de su cuenta en FB.

El  gran músico argentino se presentará en Puebla al lado del español Enrique Bunbury el próximo 6 de noviembre en el Centro Expositor y de Convenciones de Puebla. Pero antes quizas estara este domingo en la Plaza de Toros México junto a su gran amigo Morante de la Puebla.

Respuesta de Andrés Calamaro a los ‘antis’:

Basta de Yihad Antitaurina…

Superen la adolescencia y ajusten sus valores, que los van a necesitar…

El mundo no nos necesita gimoteando por la suerte del más amado de los animales: EL TORO BRAVO…

Enfóquense…

EL ARTE ES DIOS…

Atreverse a definir el arte es para unos pocos…

Tampoco se despachen con insultos ni deseándome daño físico.

Defiendan sus ideas con tolerancia y amor al prójimo.

Yo también soy un animal-humano.

Evalúen la cantidad de televisión e internet que les quema el bocho.

Hagan de cuenta que piensan como personas maduras.

Por lo menos, compórtense como tal cosa.

Defendiendo con argumentos vuestras ideas, por más falacia y desinformación que traigan aparejadas.

No están diciendo que les gusta ver, hacer o leer…

Están manifestándose por lo que (creen) que no les gusta.

¿Perdieron la capacidad de admirar, solo saben odiar o detestar?

¿Realmente creen que aman más a los animales que los taurinos, que conocemos el campo bravo y la ganadería amorosa y natural?

¿Realmente se creen dueños de una moral superior que les da derecho a insultar y desearme males físicos y desdicha?

Reciban un cordial saludo de un hombre culto y libre.

A.C.

Twitter @Twittaurino