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Paella Valenciana con sazón Villamillennial 

Ponce entre la multitud. Foto Plaza México.


Orígenes de la paella: Surge en las zonas rurales de Valencia entre los siglos XV y XVI, por la necesidad de los campesinos y pastores de una comida fácil de preparar y con los ingredientes que tenían a mano en el campo. Siempre la comían por la tarde.

Orígenes de los Villamelones (padres de los Villamillennials): “Hay en España un pueblo verdaderamente notable, cuyos habitantes forman, a manera de los bohemios, tribus nómadas que se desparraman por toda la Tierra…”. Luego, justificando la abundancia de tales especímenes, en otra parte dice: “Lo más asombroso de Villamelón, es la extraordinaria fecundidad de sus mujeres…”, y también aclara: “El rasgo característico de los de Villamelón, es querer hablar de todo y entender todo, sin haber estudiado nada”.

En la edición del 10 de abril de 1887, Don Jerónimo contó que el periódico mexicano La Sombra de Pepe Hillo, en la edición del 30 de enero de 1887, reprodujo su artículo «Los Aficionados de Villamelón» donde el Villamelón se estableció de lleno en las plazas de México a sus anchas.

Por Juan Carlos Valadez De SOL y SOMBRA.

La tercera corrida de la Temporada Grande de la Plaza México fue en mi opinión por mucho un atentado contra la Fiesta Brava y el triunfo de los nuevos Villamillennials (hijos de los Villamelones) que encumbraron nuevamente al gran triunfador del año Taurino  2017: Enrique Ponce.

Lo sucedido el pasado domingo en la México no es algo nuevo ni sorprendente con el torero valenciano, porque también sucedió este año en Madrid y casi nadie dijo ni pío.

Lo sucedido en Madrid y la Mexico podría asimilarse citando al cronista Taurino Antonio Lorca y hasta podríamos adecuarlo a lo sucedido en la Plaza México: “La plaza de Madrid (o en este caso la México) se convirtió en una portátil. Enrique Ponce salió a hombros por la puerta grande  con un toro al que mató muy mal. Pero el público, borracho de generosidad, sacó los pañuelos y el presidente no tuvo más remedio que mostrar el suyo.

Así quedó consumado unos de los más grandes bajonazos a la grandeza, pureza e integridad de la fiesta en la que llaman primera plaza del mundo.

Si había alguna duda sobre la decadencia del espectáculo taurino, y si la había sobre la peligrosa y degradante evolución del público de Madrid (México) -desde la exigencia al derroche-, ayer quedaron suficientemente disipadas. Es verdad que Enrique Ponce es un hombre que cae bien, con cara de buena persona, y es, además, un grandísimo torero con una brillante hoja de servicios. Le adornan unas condiciones excepcionales como figura, y, en especial, una inteligencia fuera de lo común. Pero es, también, el más conspicuo representante del toreo moderno, consistente, fundamentalmente, en la ausencia de toro bravo, en la capacidad para templar la dulce embestida un animal bonancible y la presencia alborotada de unos tendidos generosos. Y ese tipo de toro y de toreo, además, es el que gusta a los públicos que acuden hoy a las plazas. Pues, muy bien.

Esas tres condiciones se hicieron presentes en Las Ventas (Plaza México) y propiciaron el triunfo de Enrique Ponce.

La plaza de Madrid fue poncista de principio a fin. Jaleó desmesuradamente cualquier detalle del valenciano desde que se abrió la puerta de cuadrillas, se emocionó con pasajes sin contenido, creyó ver una faena de época y pidió las orejas con pasión. Increíble, pero cierto” señalaba Lorca.

Y así fue en mi opinión lo sucedido en la Plaza México, aunque hay que decirlo la faena al toro de regalo (otra práctica que se había eliminado de la México y que regresó con Ponce) fue por momentos de un altísimo nivel, ante un toro que rompió a “bravo” de la ganadería de Teófilo Gómez.

Y remato la actuación de Ponce citando nuevamente las letras de Lorca: “Una faena bonita, sí señor, muy bien vendida, además, por el maestro, pero el toreo es algo más -debe ser algo más- y comienza por la presencia de un toro con todas las de la ley. Los tendidos, enardecidos como pocas veces se ha visto en esta plaza, pidieron las orejas, y Ponce las paseó con la satisfacción de gran triunfador. Se lo llevaron a hombros y la gente contaba maravillas nunca vistas, mientras Las Ventas quedaba herida para los restos. Pero así está el toreo de hoy, enfermo, gravemente enfermo” asi finalizó su crónica de la actuación de Enrique Ponce el periodista del diario El País el pasado 2 de junio.

¿Extrañas coincidencias?

Por su parte los toreros mexicanos hicieron lo que pudieron, saliendo mejor librado un inspirado Octavio García El Payo que por momentos bordo el toreo ante un toro de Teófilo en una faena muy inspirada, pero mal rentada con el acero, dejandonos nuevamente con la miel en la boca.

¿Y Joselito Adame?

José Adame lo intento todo nuevamente pero no le salió nada, otra vez anduvo irreconocible especialmente con el segundo de su lote.

A José ya le peso como una loza el título de figura del toreo y ha caído nuevamente al piso después de que algunos lo marearon al grado de intoxicarlo de vanidad.

En la segunda de su tercera comparecencia de la temporada, Adame intento convencer a la México en base a un toreo bullanguero, pirotécnico y efectivista que poco le redituo en esta ocasión.

Agradecido estará de haber salido de la plaza de pie tras la cogida que recibio en su segundo al intentar cubrir con decoró el tercio de banderillas y de la que escapó milagrosamente.

¿Y el encierro?

Lo mismo que venimos consignado desde el primer festejo de la temporada: Un encierro terciado y manso compuesto en esta ocasion por las ganaderías de Barralva y Teófilo Gómez, de donde sólo se salvó de la quema el toro de regalo de Enrique Ponce que recibió el arrastre lento.

Al final nos fuimos de la plaza con un sabor semi amargo y con los gritos de ¡Rabo, rabo! que coreaban los Villamillennials a todo pulmón retumbandonos en los oídos hasta altas horas de la madrugada.

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Las ganaderías que lidian en Madrid se dividen en blancas, negras y ‘oscuras’

Paco Ureña y el toro Pastelero, de Victorino Martín, el 6 de junio en Madrid. CARLOS ROSILLO.

La asociación El Toro publica un informe en el que examina el trapío y el juego de las reses.

Por ANTONIO LORCA.

Veinticinco ganaderías de las que han lidiado en la plaza de Las Ventas en 2017 en los 67 festejos celebrados (40 corridas, 21 novilladas, cinco espectáculos de rejoneo y una novillada mixta) engrosan la lista negrade la asociación El Toro de Madrid, y la inmensa mayoría se corresponde con los hierros más comerciales y exigidos por las figuras, que se anuncian año tras año al margen de sus posibles fracasos. Son hierros que, en opinión de este grupo de aficionados, no deben ser contratados en la próxima temporada.

Cuatro ganaderías (La Quinta, Dolores Aguirre, Victoriano del Río y Ana Romero) se han ganado “un toque de atención”; Fuente Ymbro y El Tajo/La Reina salen del grupo de los proscritos “por méritos propios”; y solo cuatro hierros forman el selecto grupo de la lista blanca (Domingo Hernández, Rehuelga y las novilladas de Fuente Ymbro y Ana María Gascón), que “deben ser contratadas de forma inexcusable para la nueva temporada”, a juicio de la asociación.

También hay un grupo de ganaderías (oscuras) que simplemente no se menciona “por haber resultado medianas y no merecen ser reprobadas ni ensalzadas”.

Estos aficionados reclaman, asimismo, la presencia de ganaderías de procedencias singulares, cuyos responsables “hacen un esfuerzo ímprobo por mantenerlas y son el verdadero tesoro de la tauromaquia”. Entre estas destacan las de José Escolar, Cebada Gago, Palha, Bañuelos, Baltasar Ibán y Torrestrella; solicitan, además, el regreso de hierros portugueses como Veiga Teixeira, Assunsao Coimbra, Couto de Fornilhos o Murteira Grave; y la vuelta de los toros de Hoyo de la Gitana y Juan Luis Fraile, que mantuvieron el interés en los desafíos ganaderos del pasado mes de septiembre.

“Cuando el toro auténtico salta al ruedo pone a cada cual en su sitio”

-¿Pero la empresa de la plaza de Madrid les hace caso?

-Normalmente, poco, responde Roberto García Yuste, presidente de la asociación. “Taurodelta, la anterior responsable de Las Ventas, nos ignoraba”, prosigue, “pero este año se han anunciado variedad de encastes fuera de San Isidro, y ojalá el empresario Simón Casas continúe por esa senda”.

La Asociación El Toro de Madrid, creada en 1996 e integrada en la actualidad por 150 miembros, es uno de los muy escasos baluartes del trapío, la casta, la bravura, la fortaleza y la integridad del que consideran el principal protagonista de la tauromaquia.

“Nada tiene importancia si no hay toro”, es su lema. Y lo repite machaconamente Roberto García Yuste: “Defendemos el derecho de los espectadores a recibir el espectáculo en toda su integridad, y consideramos que el toro es la base de la fiesta”, añade.

Son aficionados de temporada, documentados y exigentes, que celebran tertulias y conferencias desde octubre a febrero, editan en papel dos boletines al año con motivo de las ferias de San Isidro y Otoño, visitan el campo ganadero y escudriñan la lidia sin olvidar la realidad que dio origen a la asociación: el evidente deterioro de la fiesta y la necesidad de un innegable compromiso con su pureza.

Por tal motivo, cada final de temporada hacen público un informe en el que aprueban o suspenden a las ganaderías que han lidiado en la plaza de Las Ventas en función del trapío y el juego de los toros. En palabras de García Yuste, “es el reflejo del fundamento que sostiene la asociación”.

“Cuando el toro auténtico salta al ruedo pone a cada cual en su sitio”, aseguran los estatutos; “los espectadores sienten esa emoción que buscan cuando acuden a la plaza y valoran realmente la actuación de los toreros; los lidiadores, por su parte, se ven obligados a utilizar los variadísimos recursos de la tauromaquia para dominar y dar muerte al animal. Cualquier otra consideración o reivindicación que podamos hacer es secundaria y está supeditada a lo anterior”.

¿Pero la asociación El Toro de Madrid es el famoso tendido 7 de la plaza de Las Ventas?

– No. Se nos confunde, pero no somos lo mismo, asegura el presidente.

“De hecho, existe una peña con el nombre del tendido, formada por un reducido grupo de aficionados mayores. Es verdad, no obstante, que los 20 aficionados que crearon nuestra asociación estaban ubicados en ese lugar de la plaza, y la mayoría de sus miembros actuales nos sentamos en el 7″.

Pero ese tendido ya no es lo que era…

– Por supuesto. Voy a los toros desde que cumplí ocho años, tengo 37, y en todo este tiempo he conocido a grandes amantes del toro en Madrid. Muchos buenos y exigentes aficionados han fallecido, y otros han dejado de ir a los toros enfermos de aburrimiento. Ahora, se nos acoplan espectadores solo de ferias y gente que protesta y carece del conocimiento necesario para ello. Yo reconozco que hay buenos aficionados en todos los tendidos y algunos malos en el 7.

A García Yuste lo que más le preocupa, sin embargo, es el estado actual del campo bravo. “El toro sufre una tremenda crisis de casta, que es su principal condición”, afirma. “El ganadero moderno busca la nobleza por encima de todo, lo que permite ver muchos toros toreables en la muleta que pasan de puntillas en los demás tercios; es decir, que se olvida que la emoción la produce la casta, sea buena o mala”.

“La fiesta de los toros aún no ha superado la crisis”, prosigue el presidente; “primero, la del toro; después, la del toreo (todo se reduce al tercio final, se está perdiendo el capote, la rivalidad y la competencia, y nos quieren hacer creer que hoy se torea mejor que nunca, cuando lo que impera es el ventajismo); y, por último, padecemos una crisis de afición (debemos ser exigentes y premiar los triunfos, pero nos arrasa una corriente de exagerado triunfalismo que este año ha desembocado en 28 indultos, uno de ellos en un espectáculo de rejoneo.

¿Cree usted, entonces, que la fiesta taurina tiene futuro?

– Tengo una hija pequeña que se llama Verónica (fíjese si soy aficionado), y espero que pueda disfrutar de este espectáculo cuando sea mayor. Pero me asaltan muchísimas dudas. La corriente animalista es muy fuerte, pero no es menos grave el cáncer del propio espectáculo, del que son responsables toreros, empresarios y ganaderos. Si consiguen, como pretenden, que desaparezca el riesgo y el dramatismo e impere la plasticidad, el arte o lo que quieran decir, muchos dejaremos de ir a los toros porque esa no es la fiesta.

– ¿Ha vivido este año en Las Ventas algún momento de verdadera emoción?

– Sí, el día 6 de junio, durante la lidia del toro Pastelero, de Victorino Martín, a cargo de Paco Ureña. Fue un animal bravo, fiero y encastado, y entre toro y torero protagonizaron la que ha sido, a mi juicio, la faena más emocionante de la temporada. También han salido reses muy interesantes de Rehuelga y Jandillla, y un encierro muy completo, la novillada de Ana María Gascón, que sobresalió por trapío y juego.

– ¿Confía en que la emoción volverá a Las Ventas?

– Sí, pero para ello es necesario que la contratación se guíe por criterios de méritos y no se repitan toros y toreros que no lo merecen. Solo así la fiesta de los toros podrá recuperar su esencia.

Publicado en El País 

¿La Fiesta en Paz? Continúan las notables contradicciones

  • Ópticas mexihincadas

Por Leonardo Páez.

Una de las muchas calamidades del sistema neoliberal impuesto en México hace más de tres décadas por los socios mayoritarios del capitalismo internacional, es la que ordena a las empresas locales plegarse primero a los lineamientos del sistema económico-mercantil y sólo después a las necesidades concretas del cliente de un producto o del usuario de un servicio, término éste francamente obsoleto en tiempos de posmoderna irresponsabilidad generalizada.

Años antes de que la nueva empresallegara a la plaza México en decepcionante relevo de la calamitosa y antojadiza que la precedió, escribí: “El poder conmina a creer, sólo falta que el desempeño de los poderosos acabe de convencer… ¿Quiénes se benefician de que las cosas taurinas de México no cambien? ¿Los promotores? ¿La consolidación fiscal de los consorcios? ¿La vanidad del protagonismo ocasional? ¿Los gremios? ¿La autoridad? ¿El público? ¿La crítica seudopositiva? ¿Las figuras importadas? ¿Nuestros buenos toreros relegados?”.

Por un momento imaginemos el poderoso consorcio de los Bailleres o el emporio constructor de Javier Sordo operando con los criterios que aplican en la Plaza México. ¡No duraban ni seis meses en la guerra de los negocios! Imaginemos, en cambio, si el espectáculo de toros se manejara con algo del profesionalismo y estándares que emplean en sus otras áreas. La fiesta de toros recuperaría nivel, interés y pasión. Pero alguien determinó, en despliegue de negligencia histórica, que la fiesta de los toros en México no requería un servicio de alta calidad sino continuar con la importación de los toreros de siempre ante los toritos de siempre y con los resultados de siempre.

Notable la contradicción entre una exitosa imaginación empresarial ejercida con rigor de resultados y una gris imaginación taurina sometida a un sistema que tiene sus días contados. Así, en la corrida inaugural de la presente temporada, El Juli –oh, qué torero más dominador– enfrentó anovilladas mesas con cuernos de Teófilo Gómez; en la segunda, con algo más de un cuarto de entrada, Alevoso de Mendoza escogió anovilladas reses de Bernaldo de Quirós, y en la tercera, hoy domingo, oootros tres novillones de Teófilo Gómez para el incombustible Enrique Ponce y la autonombrada nueva primera figura de México, Joselito Adame. Con estos criterios de servicio se apuesta por la mediocridad y el ventajismo, no por la grandeza ética y estética de la lidia.

Quizá preocupada por el discreto trapío de tres reses de Julio Delgado anunciadas para esta tarde –increíble la mezquindad de los promotores taurinos más adinerados de la historia–, el jueves la empresa decidió cambiarlos por tres del hierro de Barralva, sin que desde luego los ases Ponce y Adame soltaran los tres de Teófilo, faltaba más. Pero habiendo en México varias ganaderías de reconocida trayectoria y recientes triunfos, no se entiende esta terquedad de apostar por reses de predecible repetitividad, no de bravura sin adjetivos.

Visión de mexhincados. Si un diestro europeo torea ante un pasador de discreta presencia, le festejan todo, y si naufraga ante un toro exigente, justifican la tiesura y falta de recursos del importado. Igual ocurre con los falsos fundamentalistas, a los que les pareció mansa la corrida de Jaral de Peñas lidiada el domingo pasado, siendo que tres de los seis toros permitieron comprobar la actitud y recursos de los alternantes, y todavía protestaron el arrastre lento a Bienvenido, que sólo tomó una vara, pero aplauden a los que reciben un pujal o puyazo fugaz en forma de ojal.

Plaza México Temporada Grande 2017-2018: ¿A quien defiende la Autoridad?

De SOL y SOMBRA.

Hoy inicia la Temporada Grande 2017-2018 en la Plaza México, con un mano a mano polémico y para muchos antinatural. El cartel se anuncio hace poco más de un mes, pero los toros de la ganadería de Teófilo Gómez hasta este domingo no se habían visto.

Con el inicio de la Temporada Grande es momento de preguntarnos que clase de aficionado queremos ser:

Queremos ser aficionados displicentes -espectadores, no más- que se definen como ‘toreristas’ que aupan al podio de la fama a hierros caracterizados por su bondadosa condición y su desafortunada consideración de artistas, que además crean triunfos de “azúcar” con poca importancia o queremos ser aficionados serios y exigentes.

Porque el aficionado serio y exigente sabe que la única solución de la fiesta está en el toro, en su recuperación, en el respeto que nunca se le debió perder. Es el toro íntegro, encastado, fiero y noble, el que tiene la respuesta adecuada a la situación actual. El único que puede hacer nuevos aficionados, y el que devolverá la emoción y la exigencia a la fiesta brava en la capital mexicana.

El aficionado de la Plaza México paga mucho y por esta razón debe ser exigente con sus derechos y exigirle a la Autoridad que los defienda y que demuestre que no está viciada y corrompida por otros “intereses”.

Porque independientemente de que el encierro de hoy este bien presentado, es una falta de respeto que se escondan los toros de esta manera. El público que compra un boleto merece respeto, en ningún espectáculo de la capital mexicana hay tantas faltas de respeto al aficionado como sucede en La Plaza México.

Además del trapío, esperemos que también las astas de los astados estén integras y no sospechosas de manipulación como regularmente sucede.

El aficionado serio y exigente debe exigir a las autoridades el regreso de los exámenes post-mortem, para asegurarse que no le dieron gato por liebre.

Porque la Autoridad esta para defender al aficionado y al espectáculo. El aficionado no debe tolerar que en la Plaza México continúen autoridades viciadas y tendenciosas.

Si exigimos que nuestros gobiernos acaben con la corrupción ¿porque no hacer lo mismo en los Toros?

Con autoridades viciadas: ¿A quien defiende la Autoridad?

Sin duda al aficionado no.

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¿La Fiesta en Paz? Hoy comienza la temporada “grande”

El Juli inaugura la temporada “grande” 2017-2018.
  • Algo sobre Miguel
  • Negro Muñoz, advertencia desoída
  • Hoy comienza la temporada grande

Por Leonardo Páez.

Molesta, me llamó una amiga aficionada para reclamar que no hubiera escrito una sola línea con motivo del fallecimiento del matador.  

“Es que en la siguiente columna se atravesó El Pana con el documental de Rodrigo Lebrija, que aún se exhibía en algunas salas”, respondí. Pues hazlo en la siguiente, que no se murió un cualquiera, sino un artista de los ruedos, se revolvió encastada antes de colgar.

A mi entender, Miguel enfrentó tres serios obstáculos que empañarían su privilegiada naturalidad como muletero: la displicencia de estilista consumado –torero de toros a su estilo, a modo, de pocas o nulas exigencias–; la eficaz sobre administración a cargo de su apoderado y sobrino José Manuel Espinosa, quien fuera nieto de Zenaido, el portentoso subalterno de Fermín, que junto con su hermano Juan integraron la modélica mancuerna del llamado Maestro de maestros y, por último, haber sido hijo de éste. Fue como pretender que un descendiente de Picasso saliera pintor o uno de Buñuel cineasta y superara a su progenitor.

No obstante, la tauromaquia de Miguel levantó enormes expectativas a partir de la inolvidable tarde del 11 de marzo de 1979 en la plaza México, a tan sólo 15 meses de su alternativa, frente al complicado Arte Puro, de la ganadería de Torrecilla, al que sometió a base de decisión, quietud y mando, estructurando en los medios una faena que parecía imposible. Cómo habrá sido de emocionante ese trasteo que a pesar de haber pinchado, el público demandó la oreja, que fue concedida. Esa faena referencial, de muy altos vuelos toreros, acabó perjudicando la trayectoria de Miguel, que en los siguientes 25 años se instalaría en la comodidad, convencido de que estilismo mata entrega.

En la memoria quedaron algunas faenas de excepcional tersura, en las que lo mismo deletreaba el pase natural que ligaba cadenciosos derechazos, aunque con un defecto mayúsculo: su descompuesta manera de rematar las tandas, al grado de inspirarme el calificativo de escuadrado de pecho, con la consiguiente contrariedad de su apoderado. En la México, a Perlito, de Santiago, Miguel lo toreó no con lentitud, sino con eternidad, perpetuando la suerte fundamental del toreo a un ritmo inconcebible, sin retorcimientos, con intenso sentimiento, mientras la gente ya no gritaba ole, sino que parada de sus asientos emitía alaridos por lo que apenas podía soportar. Pero fueron excepciones. Servida, señora.

José El Negro Muñoz, personaje donde los haya, me decía hace años: El toreo es un algo sublime que la naturaleza legó al hombre para que jugara con el toro a la vida y a la muerte. De ahí que a quien no le guste la poesía difícilmente le pueden gustar los toros; no encaja en la vida y se pierde de profundizar y gozar de ese algo maravilloso y dramático que ninguna otra manifestación artística puede tener ni otorgar como vivencia. La vida es magia, lo que pasa es que nosotros somos unos pendejos. Siempre habrá un toro bravo, de lo que ya no estoy muy seguro es que haya un torero que lo busque y sepa torearlo. Mientras sigan manejando la fiesta manos torpes, el virus seguirá propagándose, sin poder romper un ambiente de mentiras y elogios mutuos. ¿Es que ya nadie se acuerda cómo le hicieron los grandes toreros de la historia? Con toros, hombre, con toros.

A propósito, hoy comienza la temporada 2017-18 en la plaza México, con un mano a mano sacado de la manga a cargo de El Juli y Joselito Adame ante reses de Teófilo Gómez. Bueno.

Publicado en La Jornada 

Opinión: Los bobos bovinos

Por Jaime OAXACA.

Hace unos días fueron dados conocer los primeros carteles para la temporada a efectuarse en la plaza México.

La decepción fue general.

Absolutamente a nadie le gustan las parodias taurinas, los simulacros en el ruedo, las faenas repetitivas e insípidas como si fueran de salón, realizadas con indefensos animalitos bobos e inexpresivos.

Ver anunciadas dehesas como Teófilo Gómez y Julio Delgado es como una mentada de madre al concepto fiesta brava.

Los muñecos de ventrículo repartidos en diversos medios de comunicación ya pregonan que todo es maravilloso, que será la mejor temporada de la historia y que los aficionados deben estar agradecidos por los esfuerzos de la empresa. Diría Catón: háganme el refabróncabor.

Francamente los Teofis y los Julitos desilusionan a cualquiera que le entiende a este asunto. Sin ser brujo se adivina que el espectáculo no será fiesta brava, será fiesta boba. Como ya se realizan novilladas sin picadores en La México, con esos bobos bovinos serán corridas sin picadores… prácticamente.

Por supuesto que esos bomboncitos escasos de trapío, diminutas cornamentas y sangre de atole, no serán, por ejemplo, para Antonio Romero para resarcirle de la cornada que le infirió un bravo Piedras Negras el pasado marzo, no, ni remotamente. Y qué bueno porque al zacatecano le gusta sentirse torero, no bufón.

Cualquier persona sensata supondría que los toritos mermados de bravura son para toreros incipientes con poca vida profesional.

Error.

Serán para dos diestros españoles, experimentados, con aureola de figura del toreo. Uno, fino, artista, elegante, y poderoso, se llama Enrique Ponce. El otro es El Juli, poderoso, llamado el Mozart del toreo, un torero de época, dicen sus apologistas. La especialidad de Julián López es salirse de cacho cuando ejecuta la suerte de matar.

Cada año, esas dehesas junto con los Fermanditos, los Juliancitos y otras, hacen una temporada aburrida, sólo festejada por los paleros repartidos en los medios de comunicación, esos que suelen llamar amargados a quienes vierten un punto de vista diferente a sus alabanzas.

Alguien podría explicar razonablemente la ausencia de la ganadería de Piedras Negras, esa dehesa que pace en Tlaxcala, fundada en 1874, que tuvo un categórico triunfo en el coso capitalino en marzo de este año. El propietario de la divisa negra y roja mandó seis toros, todos fueron ovacionados por su presencia, cinco de ellos aplaudidos en el arrastre por su juego; cuatro del hato peleó en el caballo.

No existe una razón lógica para que Piedras Negras esté ausente en la temporada.

Se imagina usted al Juli y a Adame matando seis de Piedras el día de la inauguración. Visualice la emoción que habría en el ruedo, los toreros demostrando que, efectivamente, son toreros; los piedrenegrinos bravos o mansos, pero no bobos.

A Quique Ponce lo ponen con Julitos y Teofis. No sería de extrañar que a un chivo, el de Chiva le cuaje algunos pases, los cronistas se emocionarán cuando aquél ejecute las quiquinas, esa fea suerte que sólo se les hace a los bovinos de carretilla.

Curiosamente Joselito Adame se cobija en ambos carteles.

La tauromafia, el maldito sistema, impide ver figuras con toros bravos, agréguele usted la sumisión de los empresarios mexicanos, que se arrodillan ante los diestros hispanos.

La fiesta mexicana no está cuerda, es manejada por un grupo insensato que quieren convertirla en un espectáculo incruento, exenta de peligro, carente de riesgo, ausente de emoción. Con la inclusión de las dehesas mencionadas se le da otra estocada, está temporada habrá muchas parodias, para eso son los bobos bovinos.

Fuente: El Popular