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¿La Fiesta en Paz? Continúan las notables contradicciones

  • Ópticas mexihincadas

Por Leonardo Páez.

Una de las muchas calamidades del sistema neoliberal impuesto en México hace más de tres décadas por los socios mayoritarios del capitalismo internacional, es la que ordena a las empresas locales plegarse primero a los lineamientos del sistema económico-mercantil y sólo después a las necesidades concretas del cliente de un producto o del usuario de un servicio, término éste francamente obsoleto en tiempos de posmoderna irresponsabilidad generalizada.

Años antes de que la nueva empresallegara a la plaza México en decepcionante relevo de la calamitosa y antojadiza que la precedió, escribí: “El poder conmina a creer, sólo falta que el desempeño de los poderosos acabe de convencer… ¿Quiénes se benefician de que las cosas taurinas de México no cambien? ¿Los promotores? ¿La consolidación fiscal de los consorcios? ¿La vanidad del protagonismo ocasional? ¿Los gremios? ¿La autoridad? ¿El público? ¿La crítica seudopositiva? ¿Las figuras importadas? ¿Nuestros buenos toreros relegados?”.

Por un momento imaginemos el poderoso consorcio de los Bailleres o el emporio constructor de Javier Sordo operando con los criterios que aplican en la Plaza México. ¡No duraban ni seis meses en la guerra de los negocios! Imaginemos, en cambio, si el espectáculo de toros se manejara con algo del profesionalismo y estándares que emplean en sus otras áreas. La fiesta de toros recuperaría nivel, interés y pasión. Pero alguien determinó, en despliegue de negligencia histórica, que la fiesta de los toros en México no requería un servicio de alta calidad sino continuar con la importación de los toreros de siempre ante los toritos de siempre y con los resultados de siempre.

Notable la contradicción entre una exitosa imaginación empresarial ejercida con rigor de resultados y una gris imaginación taurina sometida a un sistema que tiene sus días contados. Así, en la corrida inaugural de la presente temporada, El Juli –oh, qué torero más dominador– enfrentó anovilladas mesas con cuernos de Teófilo Gómez; en la segunda, con algo más de un cuarto de entrada, Alevoso de Mendoza escogió anovilladas reses de Bernaldo de Quirós, y en la tercera, hoy domingo, oootros tres novillones de Teófilo Gómez para el incombustible Enrique Ponce y la autonombrada nueva primera figura de México, Joselito Adame. Con estos criterios de servicio se apuesta por la mediocridad y el ventajismo, no por la grandeza ética y estética de la lidia.

Quizá preocupada por el discreto trapío de tres reses de Julio Delgado anunciadas para esta tarde –increíble la mezquindad de los promotores taurinos más adinerados de la historia–, el jueves la empresa decidió cambiarlos por tres del hierro de Barralva, sin que desde luego los ases Ponce y Adame soltaran los tres de Teófilo, faltaba más. Pero habiendo en México varias ganaderías de reconocida trayectoria y recientes triunfos, no se entiende esta terquedad de apostar por reses de predecible repetitividad, no de bravura sin adjetivos.

Visión de mexhincados. Si un diestro europeo torea ante un pasador de discreta presencia, le festejan todo, y si naufraga ante un toro exigente, justifican la tiesura y falta de recursos del importado. Igual ocurre con los falsos fundamentalistas, a los que les pareció mansa la corrida de Jaral de Peñas lidiada el domingo pasado, siendo que tres de los seis toros permitieron comprobar la actitud y recursos de los alternantes, y todavía protestaron el arrastre lento a Bienvenido, que sólo tomó una vara, pero aplauden a los que reciben un pujal o puyazo fugaz en forma de ojal.

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¿La Fiesta en Paz? Orígenes de una desviación

El Juli frente al tercer astado de su lote de la ganadería de Teófilo Gómez.

Después de lo acontecido el domingo pasado con el encierro de Teófilo Gómez, conviene recordar estas reflexiónes del Maestro Leonardo Páez en donde nos explica el desplazamiento de las bases éticas del toreo hacia la pretensión estética frente a un toro carente de nervio, justo como fueron los toros de la divisa queretana que saltaron al ruedo durante el festejo inaugural de la Temporada Grande 2017-2018.

Por Leonardo Paéz.

Quedó muy claro. La tradición taurina de México, con 490 años y exponentes internacionales de primer nivel a lo largo del siglo XX,  fue reducida a las expresiones de los diestros frente a un toro artista mexicano, ese que más que pelear sabe pasar dócil, suave y repetidor ante el torero, volviendo absolutamente prescindible la suerte de varas y convirtiéndose en dúctil cómplice del toreo bonito, no en el otro protagonista de un encuentro sacrificial menos disparejo.

Resulta gravísimo este desplazamiento de las bases éticas del toreo a la pretensión estética frente a un toro carente de nervio, de temperamento y de elocuente transmisión de peligro, el otro aspecto preocupante, ignorado por el coro de extasiados –empresas, ganaderos, toreros, crítica, autoridades y público– es la suerte que correrá la oferta del espectáculo taurino en México una vez que regresen a nuevamente a su país los diestros-marcas referenciales del nuevo chou tauromáquico.

Un espectáculo sin más emoción que el posturismo ante la toreabilidad comodona, la exaltación de la forma y disminución del fondo, con una acometividad predecible y colaboradora, no amenazante.

Las decadencias tampoco se improvisan.

Hace 24 años, en Guadalajara, Jalisco, a feliz iniciativa de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, presidida entonces por el ganadero Jorge de Haro, se llevó a cabo del 21 al 24 de octubre de 1993 el Primer Congreso Mundial de Ganaderos de Lidia, con la participación de todos los países taurinos, excepto Venezuela y Francia.

Entre las ponencias llamó la atención la del ganadero español Juan Pedro Domecq Solís (1942-2011), a la sazón presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, titulada El toro de lidia en su evolución, del toro de ayer al toro de hoy, por lo insólito de sus consideraciones y lo forzado de sus disyuntivas, desarrolladas desde la década de los 80.

Estableció conceptos como toro fiero y toro artista, afirmando que “el primero representa el concepto torista de la fiesta o la derivación de concepto de lucha. Con él se pretende que sea difícil el dominar al toro y que éste aporte de manera fundamental emoción en la lucha… toreo que podrán hacer los distintos toreros. pero que siempre tendrá una menor composición artística de la que puede hacerse con el toro artista… el toro fiero se defiende más y es más difícil de someter, porque le faltan algunos de los componentes necesarios para hacer que el toreo se transforme casi en una danza, en una verdadera expresión artística y estética”.

Juan Pedro Domecq definía al toro artista por tres cualidades fundamentales: fijeza, ritmo y entrega, y añadía: Necesita estar fijo ante su enemigo (sic) porque el torero tiene que abandonarse en su arte (sic) para poder dominarlo (sic); necesita tener ritmo porque el toreo se ha transformado en danza (sic); necesita tener entrega porque sin la arrancada entregada es imposible (sic) la quietud y la propia entrega del torero.

Ignacio García Villaseñor, ganadero del hierro mexicano de San Marcos, en esa ocasión tuvo el valor civil de advertir: Ahora se ha vuelto una fiesta de toreros, pero habrá que pugnar porque vuelva a ser de toros. Trabajamos muchos años para poder llevar a las plazas una corrida de toros digna para que malos taurinos y malos toreros la echen por la borda. No nos refugiemos en el toro artista para disfrazar la mansedumbre y diluir la casta. 

Los más ya se refugiaron.

Publicado en La Jornada.

¿La Fiesta en Paz? Pobre Plaza México, tan cerca del dinero y tan lejos del toro

El Juli en la Plaza México.
  • Documental sobre El Pana
  • TV taurina pensante

Por Leonardo Páez.

El problema de México, taurino o no, es que hace décadas se embarcó en un modelo económico que beneficia a algunos y perjudica a los más, al someterse a las políticas convenencieras de Washington, poner todos los huevos en esa canasta y esperar a que ahora le den una patada por sus limitaciones como negociador.

En materia de toros las cosas no podían ser diferentes, y por lo menos desde hace 25 años, con los empresarios más ricos en la historia de la tauromaquia, aunque no los más advertidos, la Monumental Plaza México ve cómo pasa el tiempo sin que la opaca inversión de esos poderosos promotores se traduzca en resultados visibles en pro de la fiesta.

La nueva empresa, luego de un año de ensayo y error, adelantó siete desalmados carteles para la próxima temporada 1917-18, los cuales poseen las mismas características de hace un cuarto de siglo: marginación del toro, veteranos importados, manos a mano de la manga, toritos de la ilusión para los que figuran y de donde caiga para los de aquí, sin valoración ni estímulo a su desempeño en la temporada anterior, y seis caballitos seis. Agua y ajo, pues.

Diecinueve de noviembre, Julián López El Juli en ocioso mano a mano con Joselito Adame y toros de Teófilo Gómez, no de Piedras Negras. Domingo 26, rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza –¿al fin irá por delante?–, Cayetano, Arturo Saldívar y Leo Valadez, que confirma, toros para rejones por designar y Jaral de Peñas para los de a pie. El día 3 de diciembre, el rejoneador Jorge Hernández Gárate, Enrique Ponce, Joselito Adame, y Octavio García El Payo,con fieras de Teófilo Gómez, Julio Delgado y El Vergel.

El 10, Sebastián Castella, Sergio Flores, Ginés Marín y Luis David Adame con toros de Xajay. El 17, tercer rejoneador: Andy Cartagena, Fermín Rivera y Juan Pablo Sánchez, con toros de Rancho Seco y Torreón de Cañas.

Pero hay novedades: el 25 de diciembre torean Fabián Barba, Antonio Romero y Gerardo Adame, toros de Rancho Seco, y el primero de enero otros tres rejoneadores: Emiliano Gamero, Luis Pimentel y Sebastián Torre, más los Forcados Mazatlecos mano a mano con los Portugueses de Alcochete y toros de San Marcos. Renovarse o morir, y la nueva empresa ya decidió. Ojalá nos logren impresionar todavía más en la segunda y tercera parte de la temporada grande, o lo que se le parezca.

Se estrena en la Ciudad de México el documental El Brujo de Apizaco, del cineasta mexicano Rodrigo Lebrija, sobre la increíble existencia del matador Rodolfo Rodríguez El Pana, el primero de noviembre, a las 18 horas, en el Cine Tonalá; a partir del día 3, en la Cineteca Nacional; el 4 y 5, en la Casa del Lago, a las 15 horas; el 4, 7 y 10, en Film Club Café, a las 20:30, 16 y 18 horas, respectivamente, y en el Foro Tláhuac el 9, a las 16 horas. Hay otras salas y fechas por confirmar.

En medio de la plaga de seudocomunicadores taurinos, que en su falso positivismo prefieren llevar la fiesta en paz a tocar con el pétalo de un señalamiento o una crítica a los alegres dueños del pandero, destaca, por su apuesta en favor de la inteligencia y la reflexión honesta y plural, el programa televisivo Taurinísimo, conducido por Luis Eduardo Maya, muy probablemente el mejor cronista taurino en la actualidad, y Miriam Cardona, aguda periodista que no se anda con eufemismos.

Taurinísimo se transmite en vivo los viernes a las 19 horas por www.radiotv.mx y a partir de las 21 horas en YouTube @Taurinisimos. Véalo, se sorprenderá del contraste con el resto.

Publicado en La Jornada

Lunes de @Taurinisimos 131 – Carteles La México, Temporada Grande 2017-2018. Con Julio Téllez y Leonardo Páez (@fiespaz)

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del lunes 23 de Octubre de 2017. Conduce Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Hoy con Julio Téllez y Leonardo Páez @FiesPaz.

Análisis Temporada Grande, 2017-2018. Presentación de Carteles y Derecho de Apartado.

Recuerdo José Rodríguez “Joselillo” LXX Aniversario luctuoso.

Alejandro Talavante y Roca Rey en Zaragoza.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 27 de Octubre de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

Twitter: @Taurinisimos.

Mail: taurinisimos@gmail.com

FB/Taurinísimo

¿La Fiesta en Paz? Taurinos autocomplacientes, la verdadera amenaza

Por Leonardo Páez.

Otro fantasma recorre México: la autocomplacencia, acentuada en las últimas décadas por los personajes que han ocupado el cada día más desprestigiado cargo de Presidente de la República, satisfechos, todos, de su mediocre desempeño; ufanos de sus imperceptibles logros; entusiasmados con su torpe discurso de autoelogios; orgullosos de su desapego de la realidad y, lo más grave, ante la indiferencia de una sociedad a la que ya hartaron con la acumulación de ridículos, corrupciones y cinismo.

Dóciles a los lineamientos de Washington, hace más de tres décadas que ninguno de los metidos a primer mandatario se atreve a mencionar en público palabras como tauromaquia, tradición taurina del país u inobservancia de la normativa correspondiente, y orondos con su falsa modernidad prefieren dejar la fiesta de los toros en manos de poderosos amigos, partidarios de las autorregulaciones, no de apuntalar tradiciones.

El clasismo que denunció el matador Luis Conrado en este espacio la semana pasada, tomó carta de ciudadanía gracias a esta indiferencia oficial, a los promotores autorregulados y a sus voceros, que prefieren escurrir el bulto de su responsabilidad señalando a antitaurinos, animalistas y legisladores impresentables como la gran amenaza para la fiesta de toros, ocultando así las numerosas desviaciones en que han incurrido estos alegres taurinos, sin que nadie ose llamarlos a cuentas, que la transparencia es tema de discursos, no de realidades. La afición, como la ciudadanía con los gurús sexenales, sólo se encoge de hombros ante tanta ineptitud.

Además de la pobre oferta de espectáculo con toros y toreros predecibles, autoridades y comunicadores a modo, e importaciones ventajosas demasiado vistas, a los empresarios más ricos en la historia de la tauromaquia no se les ocurre nada mejor que apoyar a figuras extranjeras consagradas en lugar de apostar por la vocación de toreros mexicanos con hambre de ser y capacidad de entrega, reduciendo una tradición de 491 años en nuestro país a espectáculo monótono que día a día pierde adeptos por la falta de imaginación del empresariado para recuperar emociones y pasiones en las plazas.

Ensimismados en el mundito que crearon a la medida de su sensibilidad y de espaldas a un público siempre dispuesto a pagar por emociones a partir de la bravura de las reses y la entrega sin adjetivos de los diestros, no se les ocurre voltear los ojos hacia la sociedad e involucrarla en el rico fenómeno cultural que ha sido la tauromaquia. Como está hoy, la fiesta de los toros apenas genera noticias y opiniones relevantes dado, repito, lo predecible de los protagonistas y escasa rivalidad a partir del predecible comportamiento de las reses, pasadoras, no bravas. De ahí que cuando ocasionalmente un torero llega a ser lastimado, los comunicadores a modo se apresuren a exaltar el carácter azaroso de la lidia, aunque el drama del encuentro sacrificial se haya diluido en aras de un toreo de posturas e imposturas.

A los promotores taurinos el sentido común se les volvió ciencia y convocar periódicamente a concursos nacionales de diseño gráfico, pintura y escultura, fotografía y video, literatura, música y tesis profesionales, concebidos como atractivos factores de promoción y creación de expectativas y reforzamiento urgente de la imagen de la fiesta, les parece innecesario. Por ello prefieren recurrir al expediente de los peligrosos antis. Esta autocomplacencia de los taurinos es el verdadero enemigo de la fiesta.

Fuente: La Jornada 

¿La Fiesta en Paz? Clasismo, racismo y mediocre taurinismo predominan en México: Matador Luis Conrado

Desde mi alternativa, las empresas empezaron a verme con recelo; no sé si porque me arrimo todas las tardes o porque suponen que no parezco torero, reclama Luis Conrado. Foto archivo.
Clasismo, racismo y mediocre taurinismo predominan hoy en la fiesta brava de México: matador Luis Conrado.

Por Leonardo Páez.

El desaprovechamiento de recursos humanos y naturales en México hay que contarlo y es incontable, como nunca, dirá el optimista exitoso. 

La fiesta de los toros, tan agredida por fuera y tan agraviada por dentro, no podía ser la excepción a tan lamentable costumbre, por lo que mientras unos celebran, como pueden, los primeros 80 años de subutilizar una plaza de toros, otros ya no hayan cómo convencer al empresariado taurino de su potencial torero; por ejemplo, el matador de toros Luis Conrado, nacido hace 30 años en el taurino barrio de Mixcoac, quien luego de su vibrante faena, hace un mes, a un exigente toro de Huichapan, sigue sin ver un pitón.

“Te dicen que te van a poner –comienza Conrado– y a la mera hora ponen a otro sin mayores logros, por lo menos recientes. No soy ningún improvisado, pues llegué a la alternativa luego de 64 novilladas de éxito sostenido, empezando en Arroyo, donde incluso corté un rabo, y la gente, emocionada, además de aplaudir, me lanzaba dinero mientras recorría el ruedo. También resulté triunfador en las plazas de Morelia y Monterrey, en la que toreé cinco de las seis novilladas que se dieron; me indultaron un novillo y me llevé el Estoque de Plata. Triunfé asimismo en Aguascalientes, y en Guadalajara recibí una cornada muy fuerte. Por fin, en 2010 llegué a la plaza México, donde habiendo cortado sólo una oreja, la gente me sacó en hombros. Me dieron dos novilladas más en las que alterné, sobre todo con fuertes lluvias. En 2011 volví a la plaza México y corté otra oreja; sin embargo, el siguiente año, por razones que aun no entiendo, no volví a vestir de luces.

“Ya no vi claro como novillero y decidí tomar la alternativa. Esto fue el 18 de marzo de 2012 en la plaza de Jiquilpan, Michoacán, de manos de Alfredo Ríos El Conde, y de testigo Antonio García El Chihuahua, con toros de Maravillas, gracias a los matadores José Lorenzo Garza y José de Jesús. Desde entonces las empresas empezaron a verme como con recelo, no sé si porque me arrimo todas las tardes o porque suponen que no parezco torero. Clasismo, racismo y mediocre taurinismo predominan hoy en la fiesta brava de México.

“En cinco años de matador, apenas he toreado ocho corridas, cuando de novillero esas ocho tardes las toreaba en un mes; no por guapo, sino porque daba espectáculo arrimándome, pero no me ha valido. Sigo sin entender por qué las puertas no se abren. Pareciera que si sale uno a jugársela en serio, incomodas a algunos, no al público, claro. En relativo descargo de las empresas, en México no tenemos tradición de apoderamiento, y las pocas que hay ahora tienen los ojos puestos en diestros extranjeros que no necesitan ese apoyo o pretenden fabricar figuras al vapor. Así no se hace fiesta, y menos si no se sabe mirar al tendido, cuyas reacciones hay que observar con detenimiento. Si un torero, con su estilo y su apariencia, emociona, de seguro es un buen negocio.

“Pero el sistema taurino –concluye Luis Conrado– prefiere hacer su gusto que emocionar al público, o puede que le sobre el dinero pero le falta sensibilidad, al considerar que los toreros son productos desechables así hayan demostrado conexión con la gente. Hoy, que en México carecemos de figuras y de toreros con imán de taquilla, deberían abrir el abanico y ofrecer más variedad de expresiones y estimular la verdadera rivalidad en los ruedos y en una lucha igualitaria entre toro y torero. Me sostiene la firme convicción de que ya demostré de lo que soy capaz delante del toro y de lo que aún tengo por demostrar”.

Publicado en La Jornada.

¿La Fiesta en Paz? “No transigir con empresarios taurinos doble PE, Poderosos y Pendejos”: Lumbrera Chico

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Tres jornaleros pensantes y taurinos durante una mesa redonda en la ciudad de Puebla: Lumbrera Chico (derecha), Horacio Reiba (centro) y Leonardo Páez. Foto archivo.

Por Leonardo Paéz.

A principios de los años 90, en su restaurante-bar cercano a la Plaza México, la inolvidable Gloria Rizo me presentó a Jaime Avilés y Ortiz, el columnista taurino Lumbrera, quien en una servilleta de tela, rodeado de mirones, daba los últimos trazos, con plumón y ceniza, al bello dibujo que recreaba un lance ejecutado en la corrida de esa tarde. A su Qué tal de trámite, respondí con un efusivo Oye, enhorabuena por tu hijo, qué bien escribe, y lo maté de emoción y orgullo, pues recién había aparecido La rebelión de los maniquíes, una selección de reportajes de gran calidad periodística y literaria.
Quien besa a mi hijo, endulza mi alma, entonó entonces Lumbrera, surgiendo una relación que al poco tiempo devendría tauromáquica amistad, pues con estos Jaimes el que no supiera lidiar se embarullaba. Cuando se enteró de que me habían despedido (1997) del Ovaciones adquirido por Televisa y que dirigía Jacobo Zabludovsky, Avilés se comunicó con su hijo, éste con Carmen Lira, directora de La Jornada, y ella, con su amplio sentido de periodismo y la pluralidad que la distinguen, aceptó al tal Páez como crítico taurino en uno de los diarios más inteligentes y cuestionadores de habla hispana.

En tiempos de cinismo informativo y parloteo disfrazado de análisis, en los toros y en lo demás, como torpe apuntalamiento de un sistema que hace décadas solito exhibe su falta de grandeza y pobre oferta de espectáculo debido a la mezquina y colonizada imaginación empresarial, a la pasividad de los gremios y a la connivencia de las autoridades, voces críticas como la de Jaime Avilés Iturbe, Lumbrera Chico, recuperan su verdadera dimensión, así como su congruencia para honrar la memoria de su padre, el talentoso Lumbrera y su insuperable columna Crónica de crónicos o a qué plaza fui, publicada semanalmente en La Jornada, donde no sólo se pitorreaba de los figurines importados y sus reiteradas ventajas llamándoles Quique Pose, Josemari Transanares o el Niño de la Batea, sino que exhibía, con sus propias palabras, la desvergüenza o postración de críticos como especializados y sus convenencieras crónicas.

La indignación de los Avilés, padre e hijo, le resultó ofensiva al aturdido e intocable operador taurino de los Alemán, agrediéndolos verbal y físicamente durante la novena corrida de la desastrosa temporada 97-98 en la Plaza México, y años después (2012) interponiendo una demanda por daño moral contra Lumbrera Chico, quien acabaría ganándola al año siguiente, no obstante la complicidad de un juez que pretendió apoyarse en leyes hacía años derogadas. Haber dañado tan nefasta empresa a la fiesta de los toros en la capital del país durante 23 autorregulados años, no ha merecido demanda alguna por parte de la indiferente afición ni de las decorativas autoridades en nuestro fallido estado de derecho.

El genial fotógrafo taurino Armando Rosales El Saltillense, cuya Tauromaquia sigue a la espera de un editor talentoso, le preguntó una ocasión a Lumbrera Chico en inolvidable charla cantinera el porqué de su crítica sistemática a la empresa de la Plaza México, a lo que Jaime Avilés respondió: porque es indigno transigir con empresarios taurinos doble pe, poderosos y pendejos. El pasado lunes, tan excepcional y apasionado periodista descansó de lidiar con éstos. Honrar su memoria nos obliga, a algunos, a continuar por esa línea de sustentada intransigencia en defensa de la dignidad humana del torero y de la dignidad animal del toro de lidia.

Publicado en La Jornada.

¿La Fiesta en Paz? Iván Fandiño: legado torero y denuncia post mortem


Por Leonardo Páez.

La muerte ha sido y sigue siendo el gran tabú de la humanidad, no obstante los esfuerzos de falsos demócratas, delincuencia organizada, narcos y autoridá para familiarizarnos con aquella, en forma real o en transmisión diferida. El propósito es el mismo: alimentar el miedo a la muerte, es decir, a la vida, para que deambulen, autorregulados, los vivillos y se estorbe a los valientes. 

La puntual no conoce suertes, embestidas, terrenos ni plazas. Llega y ya, cuando tiene que llegar, no cuando una lógica amedrentada supone que sea oportuno. Que los enfermos mentales –animalistas justicieros que se alegran por la muerte de un torero– sigan ladrando junto con los dueños del pandero taurino. A unos y a otros les falta conciencia de humanidad, comprensión de lo sacrificial, de volver sagrado lo ordinario y de llevar a cabo ofrendas apasionadas en afán de trascender. A taurinos y a antis les falta, sobre todo, grandeza de espíritu. 

Iván Fandiño, fallecido el sábado 17 de junio, tras perforarle el hígado un bravo bello rey de astas agudas, de nombre Provechito, del hierro de Baltasar Ibán, poseía una tauromaquia contraria al espíritu comodón de la época, empeñado en sustentar el arte de la lidia en una falacia: disminuir la casta y la tauridad del toro para que los toreros, artistas o no, toreen bonito, como si en ello pudiera sostenerse la emoción y el dramatismo del espectáculo. A Fandiño no le interesaba –y ese es su legado– torear bonito, sino enfrentar al toro sin adjetivos –como el codicioso que lo mató, como el lleno en su ejemplar encerrona en Madrid en 2015 con toros para toreros no para posturas–, por ello gustaba de fundirse con los astados y ofrecer una tauromaquia trascendente por comprometida. La estética de la ética, hoy postergada por casi todos en aras del toro bobo y repetidor. 

Por eso a Fandiño, sobrio y cabal en el trazo, lo relegó la tauromafia que detenta el dañino circuito del figurismo globalizonzo, el taurineo abusivo de los neoconquistadores del continente inventado, que se apropió del toreo para beneficio exclusivo de algunos, siendo frenado por figuras y empresas que hoy externan sentidos pensamientos. El desfile de pésames y esquelas tras la muerte del torero tiene un tufo de oportunismo, demagogia, cinismo o todo junto. Enrique Ponce, por ejemplo, escribió en Twitter: Ayer, hoy y siempre contigo, torero grande. 

Llenaste de orgullo y grandeza el toreo con tu pureza y verdad. Se oye bien, aunque en la realidad haya sido diferente. Matador de toros desde agosto de 2005, Fandiño confirmó en Madrid casi cuatro años después, en mayo de 2009. 

Triunfó en las principales ferias de España, en las plazas francesas, donde el exigente público torista lo tenía entre sus favoritos, y se presentó con éxito en cosos de Ecuador, Colombia y México. En nuestro país, donde somos hospitalarios pero malos aficionados, incluidos empresarios, ganaderos y comunicadores, a Iván Fandiño le sirvieron en Huamantla y Pachuca encierros tan terciados, que no faltó el indignado que lo tachara de Fraudiño, como si él hubiera escogido ese infamante ganado y no sus anfitriones. Pero en años recientes así semos: entreguistas con los de fuera y rigurosos con los de casa. Sin embargo, ¿sabe cuándo confirmó Iván su alternativa en la plaza México? Acertó: nunca. No era de la tauromafia. Entonces dejémonos de reproches a destiempo entre nosotros mismos, como ha sugerido un positivo.

Publicado en La Jornada.