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¿La Fiesta en paz? Emocionante y torera fue la novillada en La Florecita

Por Leonardo Páez.

El cuarto y último festejo en la plaza La Florecita, de Naucalpan, estado de México, organizado por la empresa Feria Toro, del matador en retiro Jorge Benavides Cúchares y José Luis Alatorre, se celebró el domingo 10 de junio con la novillada de triunfadores, en la que alternaron Francisco Martínez, de San Miguel de Allende, y Héctor Gutiérrez, de Aguascalientes, que cortaran oreja en el primer festejo; el mexiquense Sebastián Ibelles, triunfador en Los Azulejos, y Roberto Román, también hidrocálido, que se llevó un apéndice en la novillada anterior, para lidiar una señora novillada de San Marcos, con edad, trapío y exigencias de edad con bravura.

Abrió plaza Soñador, con 435 kilos, al que Francisco Martínez recibió a portagayola luego de una espera de rodillas que se hizo eterna. Novillo muy fuerte, bizco del derecho (trayectoria del cuerno más baja que la del otro), cogió a Martínez al intentar el segundo farol. Sin mirarse la ropa, lanceó con calidad a la verónica. Brindó a sus alternantes y a base de colocación, aguante y temple estructuró una faena sobria de tandas por ambos lados, con valor y verdad, a un novillo con transmisión. Tras una estocada casi entera, recibió merecida oreja.
Ilusionado, de 457 kilos, otro ejemplar muy serio, tocado del derecho (una de sus astas ligeramente más baja que la otra), claro en su embestida y con recorrido, correspondió a Héctor Gutiérrez, que empezó con minitandas hasta que la calidad del burel lo animó a prodigarse en series hasta de seis muletazos. Dejó una entera desprendida y cortó oreja.

Esforzado, con 470 kilos y también bizco del derecho, fue para Sebastián Ibelles, que se ajustó en verónicas antes de que el de San Marcos se arrancara de largo y con mucha fuerza al caballo de César Morales, que prendió en lo alto pero no logró contener aquel huracán y fue desmontado. Colocó una segunda vara, en corto. Con valor y afición, este Ibelles acusó la falta de rodaje –tres tardes este año– y realizó una faena entre altibajos. Dio una vuelta y otra con el picador César Morales.

Cerró plaza Empeñoso, con 465 kilos, alto, feo de hechuras y con las peores ideas, que tras dos varas convirtió el ruedo en un herradero.

Pero Tomás Román no especula, se entrega, y fue arrollado en tablas al intentar una larga, luego en un pase y luego en otro, hasta sumar cuatro revolcones con fuertes golpes, y en el ínterin muletazos dramáticos sin pestañear a un astado geniudo que nunca humilló. Román no cortó nada, pero hecho un santocristo escuchó gritos de ¡torero!, al dar una sentida vuelta por su entrega. La empresa designó triunfador del serial a Héctor Gutiérrez y el ingeniero Alberto Narváez, propietario de La Florecita, anunció que el jurado otorgó el premio al mejor puyazo al joven Daniel Morales, el mejor par de banderillas a Fernando García hijo, y el mejor quite a Héctor Gutiérrez por garbosas saltilleras.

Publicado en La Jornada

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“Analfabeta, fiesta taurina en México”

Por Jaime Oaxaca.

Como si hubiera sido planeado, en la presentación del libro Ofensa y defensa de la Tauromaquia, cuatro o cinco chicas, durante la sesión de preguntas, intervinieron manifestando su postura contra las corridas de toros; una más, quien se dijo colaboradora de alguna revista, irritada, con aires de superioridad, generalizando, dijo que el mundo es de los jóvenes y que ninguno está a favor de la tauromaquia y del maltrato animal.

Horacio Reiba, el autor de libro refutó a las chicas, inclusive leyó algún texto del libro presentado, también externaron argumento de defensa Leonardo Páez y Miguel Ángel de la Garza, quienes eran parte del presídium; Aurelio Fernández Fuentes, el moderador, intercambió números telefónicos y correos electrónicos para concertar un debate.

Las intrusas, sin proponérselo, hicieron el avío a Horacio Reiba y a su libro, porque ambos tuvieron oportunidad de demostrar que, tal como dice el título, defienden de las ofensas a la tauromaquia; apenas subiendo al exhibidor de la librería y dando resultados.

En un pletórico recinto, la biblioteca del CCU de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), se presentó el libro Ofensa y Defensa de la Tauromaquia, entre los asistentes estaba el matador y ganadero Raúl Ponce de León, el ganadero y escritor Carlos Hernández Pavón y un numeroso grupo de aficionados al llamado Arte de Cúchares; como es frecuente, los profesionales de la fiesta no se acercan a apoyar actividades que fomentan su modus vivendi.

Leyó el prólogo de Raúl Dorra su esposa Fernanda, el texto finaliza así: “porque no soy aficionado, estoy convencido, tanto como tú, de que sería triste que nuestra cultura, ya bastante entristecida, se quede sin los toros”.

¿Por qué es importante que se publique Ofensa y defensa de la Tauromaquia? Así respondieron quienes presentaron la obra.

Miguel Ángel de la Garza, aficionado y comentarista, mencionó: “Porque el tema es actual, casi no hay página taurina, espectáculo taurino o reuniones como ésta, en que no aparezcan los que agreden a la fiesta; hay de todo: bien intencionados pero mal informados, otros regularmente informados pero mal intencionados que utilizan su poca información. Este libro, que ojalá lo lean los contrarios, puede llevar la discusión a más altura, no pretendemos los taurinos que a todo mundo le gusten los toros, de ninguna manera, lo que si debemos evitar es que busquen la abolición porque están atentando contra derechos humanos y contra la cultura del Mediterráneo y Latinoamérica; prohibido prohibir, como dijo Raúl Ponce, leyendo se quita lo antitaurino”.

Leonado Páez, escritor, medio siglo de columnista y conferencista, dijo: “Es importantísimo porque la fiesta de los toros en México se ha vuelto analfabeta; es decir: únicamente se lee los periódicos deportivos y escucha a los cronistas del sistema, le urge a la fiesta de México más pensamiento, más idea, más perspectiva y cuestionamiento, porque de otra forma seguimos en la corriente alegre de llevar la fiesta en paz; es importantísimo y oportunísimo. Ojala la BUAP, entienda que urge una reimpresión a la brevedad porque esto ojala se va a vender en dos patadas y haya un distribución como merece el contenido didáctico, oportunísimo, valiosísimo del maestro Reiba”.

Aurelio Fernández Fuentes, director de La Jornada de Oriente quien nunca ha asistido a una corrida de toros, mencionó: “Porque es un acto de cultura universal, el episodio con las muchachas fue espléndido, quieren un debate y recogimos el guante; a ver si sale, no en términos de gritos y sombrerazos, hay que pensarlo, yo creo que el libro de Reiba ha surtido un efecto que no esperábamos, disparó la discusión de un tema que me parece muy importante”

Después de los autógrafos, Reiba, el autor, no tuvo empacho en soltar: “Porque se nos está muriendo entre las manos esto y nos resistimos con todas nuestras fuerzas a que suceda; es dificilísimo publicar de toros, debo decirte que el borrador del libro circuló por bastantes casas editoriales y la única que me hizo caso fue la BUAP, mi agradecimiento porque aparte de todo es mi alma máter”; remató Horacio: “La tauromaquia es un tema casi vedado en los periódicos, imagínate en las editoriales, inclusive de fuera de México”.

Horacio Reiba es ingeniero químico, tiene maestría en letras, aficionado a la fiesta de los toros toda su vida, severo crítico taurino, chanela de lenguaje y toros, narrador de corridas de toros, y participante del programa televisivo Te lo digo Juan; su libro es una minuciosa selección de columnas publicadas en la Jornada de Oriente donde escribe hace más de 25 años; la obra está a la venta en la BUAP, en sus diferentes librerías.

Publicado en El Popular

¿La Fiesta en Paz? Triunfan en La Florecita la ganadería de El Grullo, Héctor Gutiérrez y el varilarguero Carlos Domínguez

  • Exitosa presentación de un libro ideal para antitaurinos.

Por Leonardo Páez.

De gran taurinismo y torería debe calificarse la primera de las cuatro novilladas anunciadas en la plaza de La Florecita, de Ciudad Satélite.

Abrió plaza Colega, astifino y terciado o discreto de presencia, que de inmediato confirmó lo que todo buen aficionado sabe: el exceso de trapío, cornamenta y kilos no sustituye a la bravura, esa cualidad de algunos toros que se traduce en embestidas prontas y rectas, repetir éstas, pelear en el caballo tras acometer con codicia, no sólo seguir cansinamente la muleta y no buscar el refugio de las querencias. Colega recargó en un puyazo trasero, hirió en la pantorrilla derecha a su matador y primer espada, José María Hermosillo, cuando inició una caleserina, y al banderillero Juan Ramón Saldaña en la ingle derecha, al intentar cuartear.

Rabioso y sin mirarse la cornada, Saldaña volvió a tomar los palos, dejando el par en lo alto. Eso se llama ¡torería! Así de fuerte era la embestida y de certeros los derrotes. Salió Hermosillo con la pantorrilla vendada y mermado de facultades ante un novillo exigente, claro y con recorrido con el que sólo tuvo detalles.

Compadre, también de El Grullo, fue segundo y correspondió a Héctor Gutiérrez. Las emociones aumentaron cuando el novillo se arrancó de largo y con fuerza al caballo de Carlos Domínguez, que cobró un certero puyazo aguantando aquella embestida. ¡Qué escena más verdadera y qué momento más intenso! La suerte de varas ha perdido su gran importancia y posibilidades de torería, precisamente por la disminución de la bravura en las reses, que ahora se prueban por su duración en la muleta, no por su empuje en la puya. Brindó Gutiérrez a su paisano Hermosillo y consiguió una estructurada faena por ambos lados, mandando y ligando la exigente embestida coronada con entera en lo alto, recibiendo merecida oreja y los restos del astado los honores de la vuelta al ruedo.

Con su segundo, de La Paz, Gutiérrez tuvo el gran mérito de hacer lucir a un deslucido. Cobró otra certera estocada y obtuvo otro apéndice. Sé más tú y parécete lo menos posible a los demás, me permití decirle a la salida a tan prometedor novillero.

En Puebla, su rica tradición taurina prosigue entre altibajos con coliseos sin acreditarse, gobiernos panistas sin idea y libros de auténtico lujo, como el mencionado en la columna anterior, Ofensa y defensa de la tauromaquia, publicado por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), y cuyas nuevas, amplias y modernas instalaciones del Complejo Cultural Universitario demandan una difusión cultural en proporción. Su autor es el crítico taurino de La Jornada de Oriente, Horacio Reiba, Alcalino –en la presentación, Aurelio Fernández Fuentes, director del periódico hermano desde su fundación en 1990, informó que Reiba no ha dejado de entregar ni una sola vez sus colaboraciones semanales–, cuyo prestigio convocó a casi un centenar de asistentes.

¿Qué hacer con los antitaurinos?, preguntó alguien. Y el matador Raúl Ponce de León, ahí presente, contestó: hay que pedirles que lean. Ofensa y defensa de la tauromaquia es un compendio de principios, autocrítica y sustentadas reflexiones taurinas que, sin duda, puede ser de mucho provecho para cuantos deseen cuestionar, con bases no con fobias, la fiesta de los toros en general y el espectáculo taurino en particular. Ojalá que la BUAP no caiga en el marasmo distributivo que caracteriza a nuestras universidades.

Publicado en La Jornada

¿La Fiesta en Paz? Federico Pizarro, adiós de otro torero desaprovechado

  • Acontecimiento mundial taurino, la presentación del libro de Reiba.

Por Leonardo Páez.

El martes pasado, en El Taquito, de las calles de El Carmen, en el incansable Centro Histórico capitalino, el fino matador de toros Federico Pizarro (Ciudad de México, 2 de diciembre de 1971), convocó a una conferencia de prensa para anunciar que tras 25 años de alternativa dice adiós a su carrera, trayectoria que, para no variar, sufrió las incomprensiones, vetos y antojos de un sistema taurino con un concepto muy limitado de lo que significa dar espectáculo.

A esta atmósfera enrarecida del espectáculo taurino tuvo que enfrentarse la generación de Federico Pizarro, quien luego de cortar orejas y rabo a Consentido, de Xajay, en la Plaza México, el 26 de marzo de 1995, pareció firmar un contrato de exclusión, pues en los siguientes 20 años su tauromaquia sobria y su singular expresión pasaron de noche para las inefables empresas. Y nada cambió después de su emotiva faena a Gonzalero, de De Haro, en diciembre de 2013, en ese mismo escenario, por la que obtuvo importante oreja.

Por ello, a miles de aficionados mexicanos llenó de satisfacción y orgullo que Pizarro le pegara un repaso al Divo Enrique Ponce en la reciente Feria de Puebla, al cortarle las orejas a Seda Blanca, de Villa Carmela, y convertirse en el triunfador de la feria y autor de la mejor faena. Federico llegó a ese compromiso con una corrida toreada en el año, en esa torpe costumbre mundial de hacer toreros en las antesalas de los despachos, no delante de los toros y compitiendo con los que se dicen figuras. Desde entonces, 27 de abril, no ha vuelto a ver un pitón.

Este jueves 24, en la ciudad de Puebla, tendrá lugar un auténtico acontecimiento mundial taurino, ya que se presenta el libro Ofensa y defensa de la tauromaquia, de Horacio Reiba, Alcalino (Puebla, 1948), compañero de La Jornada de Oriente, quien, desde la fundación de dicho periódico, escribe los lunes sus elegantes, sustentadas y filosas columnas Tauromaquia y Semanálisis, esta última dedicada a arrojar luz sobre la opacidad y mediocridad del futbol en nuestro país. Es, además, ingeniero químico, maestro en ciencias del lenguaje, catedrático de la Universidad Iberoamericana, autor del libro Desarrollo sustentable y calidad de vida (1999), editado por dicha casa de estudios, y comentarista en la radio y la televisión.

Ofensa y defensa de la tauromaquia es una cuidadosa edición de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, a través de la dirección de Fomento Editorial, con el apoyo decidido de las autoridades de tan distinguida institución. La apertura cultural y el auténtico espíritu universitario de publicar un libro política y culturalmente incorrecto, según los nefastos criterios del pensamiento único, constituyen una rotunda réplica a las claudicaciones de otras universidades del país y del mundo, incapaces de asumirse como centros de reflexión libre.

La obra de Alcalino, con un prólogo inteligente y sensible del maestro Raúl Dorra, que no es aficionado sino sólo un ser humano de respetuoso y agudo pensamiento, ofrece al lector 98 entradas temáticas sin desperdicio, de gran utilidad para antitaurinos y taurinos por igual, a condición de que utilicen el cerebro. Por ello, sin temor a exagerar, este libro de Horacio Reiba debe considerarse uno de los más importantes sobre el tema taurino publicados en lo que va del siglo XXI. Ojalá encuentre la distribución que su invaluable contenido merece.

¿La Fiesta en Paz? El domingo 20 de mayo, en La Florecita, arranca serial de novilladas

Por Leonardo Páez.

Versiones y justificaciones sobran, el hecho es que de repente, aunque algunos lo advirtieron varios años antes, a los promotores taurinos de México, junto con los demás sectores de la fiesta, se les hizo bolas el engrudo y las novilladas empezaron a perder interés, los novilleros interesantes a escasear, la rivalidad juvenil a esfumarse y, lo más grave, los públicos a acostumbrarse a las novilladas con matadores de alternativa, habida cuenta del ganado joven y chico que suelen lidiar en cosos de los estados gracias a la función cuasi decorativa de la autoridá.

Unos cuantos de los jóvenes con cualidades pudieron continuar su formación profesional en escuelas y plazas españolas –con la consiguiente despersonalización de su estilo, dicho sea de paso–, pero la inmensa mayoría se quedaron aquí a rumiar sus frustraciones y a ver pasar el tiempo, reducidos a involuntarios ninis de una fiesta mal organizada e imprevisora que se olvidó de apostar por el futuro y de mantener el equilibrio entre lo invertido y lo ganado en los llamados festejos chicos.

En México fue negocio dar novilladas cuando se tomaron en cuenta tres factores: al público y sus expectativas de emoción; a jóvenes no sólo con cualidades y espíritu de competencia, sino de conexión con el tendido y capa- ces de un sano relevo generacional, y por último al novillo de lidia con transmisión y exigencia, no sólo pasador. Haberle dado la espalda a esos factores, primero el alegre duopolio y luego el desaprensivo monopolio, ambos autorregulados pero sin propósitos de coordinar esfuerzos, determinó la caída en picada de la otrora apasionante, y redituable, actividad novilleril en México. Pero más vale tarde que nunca.

Como parte del Proyecto Nacional de Novilladas realizado de forma simultánea en plazas del país, la empresa Feria Toro, encabezada por el matador retirado Jorge Benavides Cúchares y José Luis Alatorre, ofrecen a partir del domingo, en la asolerada plaza La Florecita, de Ciudad Satélite, con medio siglo de ser forja de toreros y escenario de inolvidables faenas, cuatro interesantes festejos.

El domingo 20, los jóvenes triunfadores José María Hermosillo y Héctor Gutiérrez, con dos novillos de La Paz y dos de El Grullo, en atractivo mano a mano de toreros y toros. El domingo 27, Francisco Martínez, José Sainz, Pedro Bilbao y Alejandro Moreno con cuatro novillos de La Paz. El domingo 3 de junio, Ricardo de Santiago, Roberto Román, Alejandro Fernández y Cayetano Delgado con cuatro de Xajay. Y el domingo 10 de junio la novillada de triunfadores con reses de San Marcos.

Alberto Narváez, propietario de La Florecita, honrando la memoria de su padre y congruente con su convicción de estimular a los actores de la fiesta asignará, a través de un jurado, un premio de 5 mil pesos en tres categorías: mejor puyazo y mejor par de banderillas de un subalterno y quite más lucido del serial a cargo de un novillero. Y como el ruido no hace bien y el bien no hace ruido, un aficionado donará una muleta y 5 mil pesos al novillero triunfador del serial.

El polifacético artista Alfredo Flores obsequiará tres cuadros de su autoría, uno para el mejor novillo, otro para el triunfador del serial, y uno más para el mejor par de banderillas de un novillero.

El costo de los boletos es de 150 pesos y se venderán en las taquillas de la plaza el día del festejo. Los menores de 12 años entrarán gratis y la función iniciará a las 13 horas.

Apoyemos todos este renacer de las novilladas.

¿La Fiesta en Paz? Urge mayor equilibrio entre toro y torero

Urge mayor equilibrio entre toro y torero, advertía el matador Manolo Espinosa Armillita.

Por Leonardo Páez.

La magia está en la vida de cada día, no en falsos héroes de luces y sus cínicas declaraciones. El pasado jueves 3 de mayo se conmemoró el 107 aniversario del natalicio del torero más poderoso de la historia moderna –de pie, mexhincados–, el maestro Fermín Espinosa Saucedo, Armillita Chico, nacido en la hoy houstonizada ciudad de Saltillo, Coahuila, donde un Moreira patrocinó un museo-colgadero de la cultura taurina y otro Moreira, su hermano y sucesor, prohibió las corridas de toros en ese estado, en otro alarde de frivolidad de la clase política que hace décadas aparenta gobernar la República.

Ese jueves, mientras buscaba El mito de Sísifo, de Camus, saltó del armario un librito titulado La Biblia del ateo –El miedo cree: el valor duda–, y dentro de éste los apuntes, que daba por perdidos, de una charla con el matador Manolo Espinosa en su ganadería de Aguascalientes, unos meses antes de su fallecimiento, el 9 de diciembre de 2016.

Primogénito del Maestro de Maestros, como también apodaban a Fermín Espinosa, Manolo fue poseedor de una tauromaquia sólida y refinada con la que logró destacar en diferentes países taurinos, y de una mano izquierda privilegiada, pero una grave lesión en el hombro derecho le impidió mayor regularidad en sus actuaciones. Ganadero de bravo con sus hijos Axel y Jean, poseyó además el don de la bonhomía, esa sencillez inteligente que hizo de él un conversador de lujo.

En una luminosa y amplia sala, admiro magníficos cuadros, varios dedicados, de Ruano Llopis, Navarrete, Souto, Roberto Domingo, Solleiro y Flores, acuarelas del propio Manolo, fotografías, esculturas, porcelanas, la mascarilla del Maestro con la apacible expresión de aquel titán, un originalísimo cuadro de Manolo del pincel de Octavio Ocampo y, detrás del escritorio, del mismo autor, un bello retrato al óleo de doña Ana Acuña, madre de Manolo.

Para quien desde niño escuchó hablar a sus mayores con profunda admiración del maestro Armillita, contemplar un extremo de la sala lo cimbró hasta la médula: en una vitrina, tres lujosos trajes de luces bordados en oro que pertenecieron al maestro Armilla: el de la izquierda, en color solferino, con grandes alamares y menor tamaño que los otros, fue para su debut de novillero en el Toreo de la Condesa; el del extremo derecho, con una chaquetilla recamada, sin alamares, cuando tomó la alternativa, y el de en medio, de mayores dimensiones, que lució la tarde de su despedida, ambos en color blanco. ¡Cuánta gloria en tan pequeño espacio!

Y Manolo Espinosa se arrancó de largo: “Se necesita una fiesta más ética, sobre todo en plazas importantes y de mayor tradición. Esa ética incluye ganado en puntas, servicios, asientos, toreros que compitan, toros que lastimen, rivalidades que interesen, estilos que contrasten, diversidad de encastes y promoción inteligente. Hoy, los empresarios son delegantes más que elegantes, delegan la visión, misión y mecánica de la empresa en operadores de bajo perfil. En la lidia habría que quitar un picador y poner más burladeros; sólo dos pares de banderillas y máximo tres pinchazos, nada de descabellos ni avisos. Urge mayor equilibrio entre toro y torero y darle más sentido social a la fiesta a través de una fundación nacional”.

En la entrada principal, un mosaico avisa: Esta casa le debe todo a la fiesta de los toros, por eso aquí se respeta a ganaderos y toreros que le dan gloria, luz y grandeza.

¡Viva la fiesta de los toros!

¿La Fiesta en Paz? La feria de Agüitas y hamponce, incorregibles

Por Leonardo Páez.

Los mexhincados se esmeran en justificar y los toreros nuevos se empeñan en triunfar, no con el propósito de realizarse como seres humanos valientes y expresivos, sino con la mezquina finalidad de enfrentar, siguiendo el mal ejemplo los que figuran, toritos de la ilusión, dóciles y repetidores, como la reciente apoteosis de feria de pueblo de El Juli en Sevilla, con unos tendidos saturados como nunca de desentendidos del concepto de bravura amenazante y exigente de mando, extasiados con la repetidora bondad del pegapasismo mecánico de luces.

Más que Sevilla y su rica tradición, la responsabilidad recae en el taurineo –ese manejo opaco y ventajista del negocio taurino en perjuicio de la fiesta– y de la tauromafia –ese grupúsculo de adinerados faltos sensibilidad taurina pero sobrados de voracidad y amiguismo–, abarroteros de la mejor tradición tauromáquica de los pueblos, empeñados en exprimirla mientras dure, defraudando públicos que olvidaron exigir y emocionarse con la bravura y que confunden la tauromaquia con el toreo bonito ante toros a modo para toreros-marca tres eme: muleteros monótonos modernos. La tauridad –comportamiento del toro con bravura y clase, en ese orden– y la personalidad –sello que imprime la persona a sus actos, incluido el torero frente al toro, no su caricatura– se quedaron en los libros.

Cuando hemos repetido, con bastante tristeza por cierto, que México es hoy el país taurino más tonto del mundo, nos referimos a que ni en la dependiente Sudamérica, las figuras españolas torean los remedos de toro que por acá tienen a bien echarles los postrados dueños del negocio, a ciencia y paciencia de gremios, crítica especializada en encubrir, de públicos y de la autoridá, escupiendo sobre una tradición tauromáquica que otrora reflejó y enorgulleció al país.

Sergio Martín del Campo, uno de los cronistas independientes más serios de Aguascalientes y de México, escribió en relación con la quinta corrida de la mezquina y contumaz oferta taurina de la Feria de San Marcos: “Teófilo Gómez y Enrique Ponce son dos nombres que se han visto unidos en muchos carteles en la geografía de lo que nos queda de República Mexicana. Ambos son acérrimos enemigos de la fiesta brava, y han hecho de ella una parodia lamentable. Ponce, El pinchador de Valencia, es alérgico a la casta, y los dueños de la dehesa acotada por lo consiguiente.

“Ayer tarde en el coso Monumental aguascalentense, que registró casi tres cuartos de entrada, vivimos una tauromaquia –si así se le puede llamar– castrada, sin emoción, carente de ese sentido y de esa sabia trágica que solamente se da con la bravura de las bestias y la hombría de quienes la enfrentan. Para complacer al abusivo y poderoso coletudo extranjero –cuyas comparsas fueron su paisano Marín y el local Adame–, los herederos de Teófilo Gómez remitieron seis bueyes de arado, sin trapío, chicos y sosos, haciendo gala de falta de ética, honor y categoría.

“Los seis mansearon soberbiamente y en atención a su sosería fueron pitados cinco… Por si algo faltara, la suerte de varas prácticamente se simuló… Todavía, una vez doblado su segundo, el modoso y meloso de Chiva, se hizo el indignado… Nadie mejor para definir su actitud que la genial Sor Juan Inés de la Cruz:

‘Qué humor puede ser más raro/ Que el que, falto de consejo/ Él mismo empaña el espejo/ Y siente que no está claro?… Otro títere en esta puesta en escena fue el juez…’”

Pero ai la llevan, antitaurinos disfrazados.

Publicado en La Jornada

¿La Fiesta en Paz? ¿Por qué se desaprovecha a los toreros?

Récord mundial de una corrida memorable.

Por Leonardo Páez.

Entre los obstáculos que más entorpecen la evolución de la tauromaquia a escala mundial está la política de puertas cerradas para buscar, desarrollar, motivar y enfrentar a los jóvenes con cualidades, capaces de convertirse, a corto plazo, en toreros importantes, en figuras o incluso en ídolos de sus países.

Muchos factores inciden para el surgimiento constante, no ocasional, de nuevos toreros con técnica, sello y celo, capaces de interesar al gran público, sumar fechas, así como de ganar dinero, y además dispuestos a enfrentar al toro con edad y a desbancar a las figuras consagradas, cada día más cómodas y ventajistas, cuyo hacer torero, junto con el sistema taurino, los ha convertido en marcas a consumir, no en referentes éticos dispuestos a competir.

¿Por qué, sistemáticamente, se pierden buenos toreros que mantendrían la verdad del toreo y la pasión y el interés por el rito táurico? Porque los taurinos, los que dicen saber y viven de esto, primero piensan en las propias utilidades, en las de criadores de manso, de toreros-marca, de comunicadores y autoridades, que en nutrir la función de intensidades perturbadoras y emociones sustentadas en la bravura y en una promoción imaginativa, en favor del toro y del azar, no de media docena de gastados nombres.

Una fiesta brava sin bravura o con una bravura reducida a la comodidad y al posturismo, ha vuelto comodino al espectador que, mal acostumbrado y desinformado, hoy prefiere faenas bonitas al arte de someter las embestidas de la bravura sin adjetivos. ¿Y dónde está esa bravura sin adjetivos? En las ganaderías que no quieren los diestros que figuren, contratados por las empresas más poderosas, apoyadas por agrupaciones, crítica y autoridades cortoplacistas y especuladoras, traficantes de lo que no debería sujetarse a tráfico alguno: la dignidad humana y animal en un encuentro sacrificial tan equitativo como peligroso, estético y lúdico. Promotores, gremios y aficionados lo saben o lo intuyen, pero un fatalismo irreflexivo los hace aceptar esta situación como normal y sin otras opciones, aunque junto con la fiesta casi todos resulten perjudicados.

Reflexionaba lo anterior cuando, gracias al entusiasmo y taurinismo de Formafición Radio, veía en Facebook la transmisión completa de la corrida del Sábado de Gloria en Tlaxcala, con un cartel insólito que rompió el récord mundial de longevidad torera –más de 200 años entre los tres– y de alternativa –139 años–, con Miguel Villanueva, Raúl Ponce de León y Rafael Gil Rafaelillo, con tres toros de Coaxamaluca y tres de Tenopala, cuyos propietarios siguen honrando la memoria de los Felipe González, padre e hijo.

La entrega de tres diestros, cuya expresión reforzó mi gusto por la tauromaquia, confirmó que a la fiesta actual le falta bravura, variedad, personalidad y rivalidad; que toreros idénticos y comodinos torean bonito un toro bobo que ha hecho un público bobo; que el toreo es de intensidades, no de cantidades; que los banderilleros Carlos Martel y Gerardo Angelino honraron esa noche nuestra mejor tradición rehiletera, y que, de novilleros, los tres matadores llenaron la mitad de la plaza México, triunfaron en las principales plazas del país y Rafaelillo también lo hizo en las de España, para luego engrosar la lista de toreros desaprovechados. Sin duda, algo no se ha estado haciendo bien cuando ellos llenaban la mitad del aforo y hoy ni mil espectadores van a las novilladas en el coso de Insurgentes.

Publicado en La Jornada

Foto: Ángel Sainos.