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¿La Fiesta en Paz? Taurinos autocomplacientes, la verdadera amenaza

Por Leonardo Páez.

Otro fantasma recorre México: la autocomplacencia, acentuada en las últimas décadas por los personajes que han ocupado el cada día más desprestigiado cargo de Presidente de la República, satisfechos, todos, de su mediocre desempeño; ufanos de sus imperceptibles logros; entusiasmados con su torpe discurso de autoelogios; orgullosos de su desapego de la realidad y, lo más grave, ante la indiferencia de una sociedad a la que ya hartaron con la acumulación de ridículos, corrupciones y cinismo.

Dóciles a los lineamientos de Washington, hace más de tres décadas que ninguno de los metidos a primer mandatario se atreve a mencionar en público palabras como tauromaquia, tradición taurina del país u inobservancia de la normativa correspondiente, y orondos con su falsa modernidad prefieren dejar la fiesta de los toros en manos de poderosos amigos, partidarios de las autorregulaciones, no de apuntalar tradiciones.

El clasismo que denunció el matador Luis Conrado en este espacio la semana pasada, tomó carta de ciudadanía gracias a esta indiferencia oficial, a los promotores autorregulados y a sus voceros, que prefieren escurrir el bulto de su responsabilidad señalando a antitaurinos, animalistas y legisladores impresentables como la gran amenaza para la fiesta de toros, ocultando así las numerosas desviaciones en que han incurrido estos alegres taurinos, sin que nadie ose llamarlos a cuentas, que la transparencia es tema de discursos, no de realidades. La afición, como la ciudadanía con los gurús sexenales, sólo se encoge de hombros ante tanta ineptitud.

Además de la pobre oferta de espectáculo con toros y toreros predecibles, autoridades y comunicadores a modo, e importaciones ventajosas demasiado vistas, a los empresarios más ricos en la historia de la tauromaquia no se les ocurre nada mejor que apoyar a figuras extranjeras consagradas en lugar de apostar por la vocación de toreros mexicanos con hambre de ser y capacidad de entrega, reduciendo una tradición de 491 años en nuestro país a espectáculo monótono que día a día pierde adeptos por la falta de imaginación del empresariado para recuperar emociones y pasiones en las plazas.

Ensimismados en el mundito que crearon a la medida de su sensibilidad y de espaldas a un público siempre dispuesto a pagar por emociones a partir de la bravura de las reses y la entrega sin adjetivos de los diestros, no se les ocurre voltear los ojos hacia la sociedad e involucrarla en el rico fenómeno cultural que ha sido la tauromaquia. Como está hoy, la fiesta de los toros apenas genera noticias y opiniones relevantes dado, repito, lo predecible de los protagonistas y escasa rivalidad a partir del predecible comportamiento de las reses, pasadoras, no bravas. De ahí que cuando ocasionalmente un torero llega a ser lastimado, los comunicadores a modo se apresuren a exaltar el carácter azaroso de la lidia, aunque el drama del encuentro sacrificial se haya diluido en aras de un toreo de posturas e imposturas.

A los promotores taurinos el sentido común se les volvió ciencia y convocar periódicamente a concursos nacionales de diseño gráfico, pintura y escultura, fotografía y video, literatura, música y tesis profesionales, concebidos como atractivos factores de promoción y creación de expectativas y reforzamiento urgente de la imagen de la fiesta, les parece innecesario. Por ello prefieren recurrir al expediente de los peligrosos antis. Esta autocomplacencia de los taurinos es el verdadero enemigo de la fiesta.

Fuente: La Jornada 

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¿La Fiesta en Paz? Clasismo, racismo y mediocre taurinismo predominan en México: Matador Luis Conrado

Desde mi alternativa, las empresas empezaron a verme con recelo; no sé si porque me arrimo todas las tardes o porque suponen que no parezco torero, reclama Luis Conrado. Foto archivo.
Clasismo, racismo y mediocre taurinismo predominan hoy en la fiesta brava de México: matador Luis Conrado.

Por Leonardo Páez.

El desaprovechamiento de recursos humanos y naturales en México hay que contarlo y es incontable, como nunca, dirá el optimista exitoso. 

La fiesta de los toros, tan agredida por fuera y tan agraviada por dentro, no podía ser la excepción a tan lamentable costumbre, por lo que mientras unos celebran, como pueden, los primeros 80 años de subutilizar una plaza de toros, otros ya no hayan cómo convencer al empresariado taurino de su potencial torero; por ejemplo, el matador de toros Luis Conrado, nacido hace 30 años en el taurino barrio de Mixcoac, quien luego de su vibrante faena, hace un mes, a un exigente toro de Huichapan, sigue sin ver un pitón.

“Te dicen que te van a poner –comienza Conrado– y a la mera hora ponen a otro sin mayores logros, por lo menos recientes. No soy ningún improvisado, pues llegué a la alternativa luego de 64 novilladas de éxito sostenido, empezando en Arroyo, donde incluso corté un rabo, y la gente, emocionada, además de aplaudir, me lanzaba dinero mientras recorría el ruedo. También resulté triunfador en las plazas de Morelia y Monterrey, en la que toreé cinco de las seis novilladas que se dieron; me indultaron un novillo y me llevé el Estoque de Plata. Triunfé asimismo en Aguascalientes, y en Guadalajara recibí una cornada muy fuerte. Por fin, en 2010 llegué a la plaza México, donde habiendo cortado sólo una oreja, la gente me sacó en hombros. Me dieron dos novilladas más en las que alterné, sobre todo con fuertes lluvias. En 2011 volví a la plaza México y corté otra oreja; sin embargo, el siguiente año, por razones que aun no entiendo, no volví a vestir de luces.

“Ya no vi claro como novillero y decidí tomar la alternativa. Esto fue el 18 de marzo de 2012 en la plaza de Jiquilpan, Michoacán, de manos de Alfredo Ríos El Conde, y de testigo Antonio García El Chihuahua, con toros de Maravillas, gracias a los matadores José Lorenzo Garza y José de Jesús. Desde entonces las empresas empezaron a verme como con recelo, no sé si porque me arrimo todas las tardes o porque suponen que no parezco torero. Clasismo, racismo y mediocre taurinismo predominan hoy en la fiesta brava de México.

“En cinco años de matador, apenas he toreado ocho corridas, cuando de novillero esas ocho tardes las toreaba en un mes; no por guapo, sino porque daba espectáculo arrimándome, pero no me ha valido. Sigo sin entender por qué las puertas no se abren. Pareciera que si sale uno a jugársela en serio, incomodas a algunos, no al público, claro. En relativo descargo de las empresas, en México no tenemos tradición de apoderamiento, y las pocas que hay ahora tienen los ojos puestos en diestros extranjeros que no necesitan ese apoyo o pretenden fabricar figuras al vapor. Así no se hace fiesta, y menos si no se sabe mirar al tendido, cuyas reacciones hay que observar con detenimiento. Si un torero, con su estilo y su apariencia, emociona, de seguro es un buen negocio.

“Pero el sistema taurino –concluye Luis Conrado– prefiere hacer su gusto que emocionar al público, o puede que le sobre el dinero pero le falta sensibilidad, al considerar que los toreros son productos desechables así hayan demostrado conexión con la gente. Hoy, que en México carecemos de figuras y de toreros con imán de taquilla, deberían abrir el abanico y ofrecer más variedad de expresiones y estimular la verdadera rivalidad en los ruedos y en una lucha igualitaria entre toro y torero. Me sostiene la firme convicción de que ya demostré de lo que soy capaz delante del toro y de lo que aún tengo por demostrar”.

Publicado en La Jornada.

¿La Fiesta en Paz? “No transigir con empresarios taurinos doble PE, Poderosos y Pendejos”: Lumbrera Chico

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Tres jornaleros pensantes y taurinos durante una mesa redonda en la ciudad de Puebla: Lumbrera Chico (derecha), Horacio Reiba (centro) y Leonardo Páez. Foto archivo.

Por Leonardo Paéz.

A principios de los años 90, en su restaurante-bar cercano a la Plaza México, la inolvidable Gloria Rizo me presentó a Jaime Avilés y Ortiz, el columnista taurino Lumbrera, quien en una servilleta de tela, rodeado de mirones, daba los últimos trazos, con plumón y ceniza, al bello dibujo que recreaba un lance ejecutado en la corrida de esa tarde. A su Qué tal de trámite, respondí con un efusivo Oye, enhorabuena por tu hijo, qué bien escribe, y lo maté de emoción y orgullo, pues recién había aparecido La rebelión de los maniquíes, una selección de reportajes de gran calidad periodística y literaria.
Quien besa a mi hijo, endulza mi alma, entonó entonces Lumbrera, surgiendo una relación que al poco tiempo devendría tauromáquica amistad, pues con estos Jaimes el que no supiera lidiar se embarullaba. Cuando se enteró de que me habían despedido (1997) del Ovaciones adquirido por Televisa y que dirigía Jacobo Zabludovsky, Avilés se comunicó con su hijo, éste con Carmen Lira, directora de La Jornada, y ella, con su amplio sentido de periodismo y la pluralidad que la distinguen, aceptó al tal Páez como crítico taurino en uno de los diarios más inteligentes y cuestionadores de habla hispana.

En tiempos de cinismo informativo y parloteo disfrazado de análisis, en los toros y en lo demás, como torpe apuntalamiento de un sistema que hace décadas solito exhibe su falta de grandeza y pobre oferta de espectáculo debido a la mezquina y colonizada imaginación empresarial, a la pasividad de los gremios y a la connivencia de las autoridades, voces críticas como la de Jaime Avilés Iturbe, Lumbrera Chico, recuperan su verdadera dimensión, así como su congruencia para honrar la memoria de su padre, el talentoso Lumbrera y su insuperable columna Crónica de crónicos o a qué plaza fui, publicada semanalmente en La Jornada, donde no sólo se pitorreaba de los figurines importados y sus reiteradas ventajas llamándoles Quique Pose, Josemari Transanares o el Niño de la Batea, sino que exhibía, con sus propias palabras, la desvergüenza o postración de críticos como especializados y sus convenencieras crónicas.

La indignación de los Avilés, padre e hijo, le resultó ofensiva al aturdido e intocable operador taurino de los Alemán, agrediéndolos verbal y físicamente durante la novena corrida de la desastrosa temporada 97-98 en la Plaza México, y años después (2012) interponiendo una demanda por daño moral contra Lumbrera Chico, quien acabaría ganándola al año siguiente, no obstante la complicidad de un juez que pretendió apoyarse en leyes hacía años derogadas. Haber dañado tan nefasta empresa a la fiesta de los toros en la capital del país durante 23 autorregulados años, no ha merecido demanda alguna por parte de la indiferente afición ni de las decorativas autoridades en nuestro fallido estado de derecho.

El genial fotógrafo taurino Armando Rosales El Saltillense, cuya Tauromaquia sigue a la espera de un editor talentoso, le preguntó una ocasión a Lumbrera Chico en inolvidable charla cantinera el porqué de su crítica sistemática a la empresa de la Plaza México, a lo que Jaime Avilés respondió: porque es indigno transigir con empresarios taurinos doble pe, poderosos y pendejos. El pasado lunes, tan excepcional y apasionado periodista descansó de lidiar con éstos. Honrar su memoria nos obliga, a algunos, a continuar por esa línea de sustentada intransigencia en defensa de la dignidad humana del torero y de la dignidad animal del toro de lidia.

Publicado en La Jornada.

¿La Fiesta en Paz? Iván Fandiño: legado torero y denuncia post mortem


Por Leonardo Páez.

La muerte ha sido y sigue siendo el gran tabú de la humanidad, no obstante los esfuerzos de falsos demócratas, delincuencia organizada, narcos y autoridá para familiarizarnos con aquella, en forma real o en transmisión diferida. El propósito es el mismo: alimentar el miedo a la muerte, es decir, a la vida, para que deambulen, autorregulados, los vivillos y se estorbe a los valientes. 

La puntual no conoce suertes, embestidas, terrenos ni plazas. Llega y ya, cuando tiene que llegar, no cuando una lógica amedrentada supone que sea oportuno. Que los enfermos mentales –animalistas justicieros que se alegran por la muerte de un torero– sigan ladrando junto con los dueños del pandero taurino. A unos y a otros les falta conciencia de humanidad, comprensión de lo sacrificial, de volver sagrado lo ordinario y de llevar a cabo ofrendas apasionadas en afán de trascender. A taurinos y a antis les falta, sobre todo, grandeza de espíritu. 

Iván Fandiño, fallecido el sábado 17 de junio, tras perforarle el hígado un bravo bello rey de astas agudas, de nombre Provechito, del hierro de Baltasar Ibán, poseía una tauromaquia contraria al espíritu comodón de la época, empeñado en sustentar el arte de la lidia en una falacia: disminuir la casta y la tauridad del toro para que los toreros, artistas o no, toreen bonito, como si en ello pudiera sostenerse la emoción y el dramatismo del espectáculo. A Fandiño no le interesaba –y ese es su legado– torear bonito, sino enfrentar al toro sin adjetivos –como el codicioso que lo mató, como el lleno en su ejemplar encerrona en Madrid en 2015 con toros para toreros no para posturas–, por ello gustaba de fundirse con los astados y ofrecer una tauromaquia trascendente por comprometida. La estética de la ética, hoy postergada por casi todos en aras del toro bobo y repetidor. 

Por eso a Fandiño, sobrio y cabal en el trazo, lo relegó la tauromafia que detenta el dañino circuito del figurismo globalizonzo, el taurineo abusivo de los neoconquistadores del continente inventado, que se apropió del toreo para beneficio exclusivo de algunos, siendo frenado por figuras y empresas que hoy externan sentidos pensamientos. El desfile de pésames y esquelas tras la muerte del torero tiene un tufo de oportunismo, demagogia, cinismo o todo junto. Enrique Ponce, por ejemplo, escribió en Twitter: Ayer, hoy y siempre contigo, torero grande. 

Llenaste de orgullo y grandeza el toreo con tu pureza y verdad. Se oye bien, aunque en la realidad haya sido diferente. Matador de toros desde agosto de 2005, Fandiño confirmó en Madrid casi cuatro años después, en mayo de 2009. 

Triunfó en las principales ferias de España, en las plazas francesas, donde el exigente público torista lo tenía entre sus favoritos, y se presentó con éxito en cosos de Ecuador, Colombia y México. En nuestro país, donde somos hospitalarios pero malos aficionados, incluidos empresarios, ganaderos y comunicadores, a Iván Fandiño le sirvieron en Huamantla y Pachuca encierros tan terciados, que no faltó el indignado que lo tachara de Fraudiño, como si él hubiera escogido ese infamante ganado y no sus anfitriones. Pero en años recientes así semos: entreguistas con los de fuera y rigurosos con los de casa. Sin embargo, ¿sabe cuándo confirmó Iván su alternativa en la plaza México? Acertó: nunca. No era de la tauromafia. Entonces dejémonos de reproches a destiempo entre nosotros mismos, como ha sugerido un positivo.

Publicado en La Jornada.

¿La Fiesta en Paz? Ivan Fandiño, ¡hasta siempre! 

Ivan Fandiño. Foto APF.
  • Ecuador taurino, presente
  • En Venezuela, el toreo ausente

Por Leonardo Páez.

Daos prisa porque me estoy muriendo, fueron las últimas palabras del torero vasco.

Falleció ayer el encastado matador vasco Iván Fandiño Barros (Orduña, Vizcaya, 29 de septiembre de 1980) –único diestro al que nunca le interesó brindarle al monarca Juan Carlos– en el Hospital de Mont de Marsan, Francia, tras la cornada en el costado derecho que le propinó el toro Provechito, de la ganadería española de Baltasar Ibán, cuando intentaba un quite en el primer toro de Juan del Álamo; cayó y fue corneado en el suelo, durante la corrida celebrada en la población de Aire Sur L’Adour, en el suroeste francés. Fandiño había cortado la oreja de su primero. Completaba el cartel Thomas Duffau.



Es el destino pero, también, el gusto de la afición francesa por la bravura sin adjetivos, no por el tonelaje, y por los toros en puntas, más esos aciagos 30 o 40 kilómetros que separan una población sin servicios médicos especializados de otra que cuenta con éstos. Ahora vendrá la sucesión de justificaciones de esa tauromaquia ventajista y comodona, tan cara a los que figuran y quienes, por lo mismo, seguramente morirán en su cama y sin zapatos. Daos prisa porque me estoy muriendo, fueron las últimas palabras de Fandiño.

Comentaba un académico venezolano que así como Adriano, quien no obstante haber sido emperador no se le subió el cargo a la cabeza y se permitió cuestionar, nunca prohibir, el circo romano y sus espectáculos antes que por sanguinarios por monótonos, al presidente venezolano Hugo Chávez le entró la ventolera de prohibir, en 2009, la función taurina en el coso Nuevo Circo de Caracas, no por animalista, sino por nacionalista, luego de ser informado de que el único diestro venezolano de nivel internacional que queda es Leonardo Benítez.

¿Para qué sirve, entonces, esa plaza, si propietario y concesionarios no pueden sacar nuevas figuras venezolanas?, cuenta el académico que preguntó Chávez indignado. Pues para que cada año vengan toreros europeos a triunfar y a ganar dinero. ¿Qué acá no hay toreros?, replicó. Sí, pero no son figuras, presidente. Fue entonces que éste, sin sopesar las posibilidades de reglamentar y reactivar la mejor tradición taurina de Venezuela en favor de los diestros nacionales, del público y de la economía, ordenó remozar y destinar el Nuevo Circo de Caracas como espacio exclusivo del pueblo y excluir la función taurina, cancelando así la posibilidad de sanear la colonizada tradición taurina de Venezuela. A toro pasado, los imprevisores taurinos locales y europeos lamentaron tan autoritaria cuanto explicable medida.

Por ello alegra que dos diestros ecuatorianos, el matador Mariano Cruz Ordóñez y el novillero Julio Ricaurte, ambos de Riobamba, se encuentren en México, dándole curso a sus respectivas carreras; el primero, retomando sitio tras interrumpir el paso fino que mostrara desde novillero en ruedos sudamericanos y españoles, y el segundo, avecindado en Aguascalientes y acumulando fechas y triunfos en plazas de su país y de México, como recientemente en Huamantla y Ambato.

¿Por qué urge que las empresas apoyen a los buenos toreros latinoamericanos? Para tener más y mejores argumentos cuando despistados pero influenciables gobernantes prestan oídos a promotores internacionales del animalismo utilitario y las compasiones falsas o identifican prohibiciones con soluciones. La tradición taurina de los países de la región requiere de una meditada revisión y valoración de sus respectivas ofertas de espectáculo para que, unidos, inicien el repunte definitivo de una fiesta de toros latinoamericana profesional y competitiva.

Publicado en La Jornada

¿La Fiesta en Paz? Justicieros contra aficionados

  • Justicieros contra aficionados
  • Silis, ¿de qué sirve triunfar?
  • Vuelve Piedras Negras
  • Promociones Fiesta Futura

Por Leonardo Páez.

    En el medio taurino los justicieros se parecen a los mexhincados, con la diferencia de que los primeros pretenden anteponer la justicia, en abstracto, a la postración hacia lo extranjero, en concreto. Estos equitativos de ocasión hacen como que defienden los principios esenciales de la tauromaquia… a toro pasado, es decir, una vez que aprobaron todo cuanto dispuso el poder empresarial en turno, sin cuestionarlo, y aplaudieron el desfile de importados a costa de desplazados y relegados. En ambos casos se trata de entusiastas defensores del taurino, de un sistema empresarial tan poderoso como voluntarioso, de solapar las injusticias y la inequidad en nuestra fiesta de toros, pues.

    Para escándalo de los justicieros, el domingo pasado en la primera corrida de oportunidad en la Plaza México, el jurado de peñas taurinas decidió otorgarle un segundo astado al matador Antonio Mendoza, quien dejó vivo a su primero, y no a Oliver Godoy, quien mató al suyo. 

    Pero estos justicieros, que a figurines importados con 30 o 40 corridas toreadas les aplauden todo y se rasgan las vestiduras si un mexicano con apenas dos tardes deja un toro vivo, pasan por alto el criterio bien aplicado por las peñas: ver la aptitud y actitud de un joven torero que hace lucir un ejemplar con edad y trapío pero escasa transmisión. Con celo y sello, Mendoza se la jugó ante dos toros problemáticos; que no haya sabido matarlos no se justifica, pero menos que se premiara a quien sólo pudo hacer una faena adecuada a un astado débil y sin complicaciones. 

    Por lo demás, Mendoza confirmó su alternativa, aunque no haya matado a ninguno de sus toros, como ocurrió con el inolvidable Amado Ramírez El Loco.

    Juan Luis Silis, sobrado de cabeza, corazón y cojones, triunfador en esa corrida, relegado y ninguneado por las empresas no obstante sus reiterados triunfos en Pachuca, donde casi lo mata un toro en 2013 y con sólo tres tardes en 2016, pareció que trajera 30, aunque son las que ha toreado desde su alternativa el 21 de marzo de 2008. Así se hacen en México los buenos toreros sin influencias: entrenando, ejercitándose, soñando y haciendo antesalas ante desaprensivos promotores y ganaderos colonizados.

    ¿Sabe cuántas corridas le han ofrecido a Silis después de su completa faena en la México que coronó con certera estocada en la suerte de recibir cortando una oreja a ley? Acertó: ¡ni una sola! Ah, pero que no estornude o eructe uno de los diestros importados, porque oles y contratos no se hacen esperar, en esa nefasta tradición de rendimiento ante lo de fuera y menosprecio por lo nuestro. Calificar de agridulce este triunfo de Juan Luis Silis exhibe el rigorismo acomplejado de los exigentes falsos y los mexhincados de siempre. Carajo, empresarios mexicanos, ¡atrévanse a darle corridas a este torero de los pies a la cabeza!

    Hoy regresa a la Plaza México la legendaria ganadería de Piedras Negras, luego de más de 20 años en que la maternal empresa anterior no juzgó conveniente traerla y menos con los que figuran. Hacen el paseíllo Antonio García El Chihuahua, Juan Fernando, Mario Aguilar y Antonio Romero. Asista, no son toritos de la ilusión, sino reses encastadas que pondrán a prueba el nivel anímico y técnico de los alternantes. Habrá emoción, que es muy diferente de diversión y toreo de salón.

    El pasado viernes, en el bello Tepotzotlán, estado de México, fueron inauguradas las instalaciones Galería de Arte de la Tauromaquia y el Recinto del Toro y el Caballo, en Plaza Virreinal 6, gracias al entusiasmo de Promociones Fiesta Futura y de los restaurantes Correo Español y El Rancho. Un novedoso concepto del que hablaremos con más detalle.

    Publicado en La Jornada

    Plaza México: Encierro de Rancho Seco, disparejos de presentación y juego; poco lucimiento

    No nos entra en la cabeza que, antes que la nacionalidad, están la organización, los métodos de trabajo y los criterios de aprovechamiento, no de explotación insensata, de recursos humanos y naturales.

    Por Leonardo Páez.

    Agotadas las posibilidades de seguir dando una temporada grande a base de figuras extranjeras ante toritos de la ilusión, pues éstas regresan a su país de origen luego de haber hecho la América –tentar de luces a muy buen dinero–,  por eso la nueva empresa de la Plaza México decidió continuar sus esfuerzos, ahora con cuatro carteles dentro lo que piadosamente denominó Feria de la Cuaresma, donde cuatro alternantes disputan la oportunidad de matar uno de los dos toros restantes, como si de novilladas de selección se tratara. A saber lo que hará la empresa si tres o los cuatro diestros logran triunfar la misma tarde.

    En la primera de estas bien intencionadas corridas partieron plaza cuatro toreros que por injustificadas razones han sido relegados no obstante sus cualidades: Christian Ortega (36 años, 14 de matador y dos corridas toreadas el año pasado), Juan Luis Silis (36, ocho y dos), que confirmó su alternativa, Oliver Godoy (26, seis y una sola tarde) y Antonio Mendoza, quien también confirmó (23, un año y dos festejos), ante un encierro disparejo de presentación y de juego de la ganadería tlaxcalteca de Rancho Seco.

    Abrió plaza Pelotari, de 512 kilos, un bello ejemplar con edad y trapío que llegó a la muleta con calidad, transmisión y recorrido, y que afortunadamente correspondió al diestro capitalino Juan Luis Silis, quien casi pierde la vida en la Feria de Pachuca 2013 y cuyo valor sigue intacto, mientras su tauromaquia se consolida día a día.

    Saludó con templadas verónicas y media, y tras el puyazo quitó por precisas tapatías, midiendo y embarcando muy bien la embestida. A la muleta el astado acudió con emotividad y humillando, lo que permitió a Silis estructurar una faena por ambos lados, rematada con ceñidas manoletinas y coronada con una estocada recibiendo. La oreja fue cortada a ley. A su segundo lo bregó por nota, lo aguantó en riñonudas gaoneras y precioso recorte, y le sacó todo el provecho posible.

    Antonio Mendoza triunfó en la Plaza México y en los principales cosos del país, cayó de pie en Madrid y cuando se suponía que continuaría con esa racha, algo se interpuso en su ruta ascendente. Se las vio con Don Juan, de 552 kilos (¿qué necesidad?), al que recibió con suaves lances a pies juntos, quitó por ajustadas saltilleras y gaonera, y realizó una inteligente y valerosa faena a un toro deslucido, mostrándose puesto y dispuesto, como si trajera medio centenar de corridas. Se puso pesado con el acero y escuchó los tres avisos. Con su segundo, que acertadamente la empresa le cedió, volvió a hacer lucir una embestida deslucida, y de nuevo vio cómo el toro regresaba vivo al corral.

    Una entrada lamentable para la primera de la Feria de Cuaresma.

    Solventes y muy dispuestos anduvieron Ortega y Godoy; el primero lucido en banderillas y el segundo sin aprovechar del todo al ejemplar que le tocó en suerte.

    Entre los muchos problemas que hoy enfrenta la fiesta brava de México quizás el más arraigado siga siendo un alegre complejo de inferioridad que con el correr de los años se ha ido fortaleciendo y extendiendo a todos los sectores, en correspondencia con gobiernos cada vez más dependientes y a sectores más entreguistas.

    Seguimos creyendo que los de fuera son genios per se y que nosotros somos tontos porque sí, porque no tenemos historia y menos memoria para tomar lecciones de ella. No nos entra en la cabeza que, antes que la nacionalidad, están la organización, los métodos de trabajo y los criterios de aprovechamiento, no de explotación insensata, de recursos humanos y naturales.

    Publicado en La Jornada.

    ¿La Fiesta en Paz? La Presidencia se taurinizó

    Regresa José Adame.
    • José Solé, taurófilo de altos vuelos.

    • La Presidencia se taurinizó.
    • Nueva empresa, viejas inercias.

    Por Leonardo Páez.

    El pasado miércoles falleció en la Ciudad de México el maestro José Solé, uno de esos ricos espíritus renacentistas que saben aterrizar en el gran escenario de la vida su prodigiosa vocación e inagotable talento.

    Tuve el honor y la satisfacción de ser su alumno en aquel magnífico y luego abortado Centro Universitario de Teatro, en la calle de Sullivan, al lado de maestros de la talla de Héctor Azar y Alejandro Bichir, entre otros, y de entrevistarlo posteriormente, con motivo de su estupenda puesta en escena de Un frágil equilibrio, de Edward Albee, en el teatro Orientación, con Carlos Ancira y Emma Teresa Armendáriz.

    Además de actor, director de escena, escenógrafo, diseñador de vestuario e incansable promotor cultural distinguido con innumerables premios tanto por sus actuaciones como por sus versiones del teatro clásico, tragedia, comedia musical, infantil y ópera, José Solé fue un taurófilo de sólida formación por su abuelo, su padre y su tío y padrino don Eduardo N. Iturbide –en una época propietario de la ganadería de Pastejé, precisamente la referencial tarde de Clarinero y Armillita y de Tanguito y Silverio en el Toreo de la Condesa.

    Profundo conocedor del fenómeno teatral y de una de sus manifestaciones rituales más antiguas, la tauromaquia, sin los escrúpulos hoy en boga, Solé afirmaba: La falta de estímulos hace que en México el talento se desperdicie, en el teatro, en las justas deportivas o en los toros. No se acaba de entender que son expresiones del pueblo, no de una burocracia irresponsable que debería vigilarlas y estimularlas. El teatro es como el toreo; si no hay intensidad en la expresión de los protagonistas desaparece la posibilidad de reflejar al espectador. Y sí, todo desaparece, pero cuando se ha tenido el don de una vocación sustentada en la pasión y la honestidad creadora, queda el ejemplo de la maestría a seguir y a superar. ¡Gracias, maestro Solé!

    La Presidencia de la República al fin se atrevió a mencionar, así fuera fugazmente y en unas líneas, a la fiesta taurina. Una misiva fechada el 7 de febrero de 2017, dice: “Señor Eulalio López Díaz. Presente. Le expreso mi más sincera felicitación y reconocimiento por más de 30 años de exitosa carrera, como la máxima figura de la tauromaquia mexicana. Como los grandes, culmina usted una historia de triunfos en la Monumental Plaza México, máximo recinto de la fiesta brava en nuestro país (sicazo). Los mexicanos recordaremos siempre, con gran orgullo y admiración, el arte taurino de Eulalio López el Zotoluco (sic), quien siempre (resic) supo poner en alto el nombre de México por todo el mundo. Reciba un afectuoso saludo. Atentamente” y la firma del presidente Enrique Peña Nieto. Pos algo es algo, dirán los desatendidos aficionados por más de 30 años, por parte de la autoridá o lo que se le parezca.

    Precisamente por esta desatención y deliberada omisión de las autoridades es que luego de 23 años de ensayo y error a cargo de la vieja empresa, la nueva sigue instalada en las mismas inercias que obligaron al público a alejarse del máximo recinto de la fiesta brava en nuestro país: innovaciones de oropel sin resultado, importaciones muy vistas y la antojadiza decisión de hacer una fiesta de espaldas a la afición. 

    Hoy, luego de su afanosa encerrona, segundo mano a mano de José Adame, ahora con Sergio Flores, otra figura en cierne, y a caballo Pablo Hermoso de Mendoza, en lugar de una terna de a pie que empezara a sacar chispas.

    Publicado en La Jornada.