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¿La Fiesta en Paz? Ivan Fandiño, ¡hasta siempre! 

Ivan Fandiño. Foto APF.
  • Ecuador taurino, presente
  • En Venezuela, el toreo ausente

Por Leonardo Páez.

Daos prisa porque me estoy muriendo, fueron las últimas palabras del torero vasco.

Falleció ayer el encastado matador vasco Iván Fandiño Barros (Orduña, Vizcaya, 29 de septiembre de 1980) –único diestro al que nunca le interesó brindarle al monarca Juan Carlos– en el Hospital de Mont de Marsan, Francia, tras la cornada en el costado derecho que le propinó el toro Provechito, de la ganadería española de Baltasar Ibán, cuando intentaba un quite en el primer toro de Juan del Álamo; cayó y fue corneado en el suelo, durante la corrida celebrada en la población de Aire Sur L’Adour, en el suroeste francés. Fandiño había cortado la oreja de su primero. Completaba el cartel Thomas Duffau.



Es el destino pero, también, el gusto de la afición francesa por la bravura sin adjetivos, no por el tonelaje, y por los toros en puntas, más esos aciagos 30 o 40 kilómetros que separan una población sin servicios médicos especializados de otra que cuenta con éstos. Ahora vendrá la sucesión de justificaciones de esa tauromaquia ventajista y comodona, tan cara a los que figuran y quienes, por lo mismo, seguramente morirán en su cama y sin zapatos. Daos prisa porque me estoy muriendo, fueron las últimas palabras de Fandiño.

Comentaba un académico venezolano que así como Adriano, quien no obstante haber sido emperador no se le subió el cargo a la cabeza y se permitió cuestionar, nunca prohibir, el circo romano y sus espectáculos antes que por sanguinarios por monótonos, al presidente venezolano Hugo Chávez le entró la ventolera de prohibir, en 2009, la función taurina en el coso Nuevo Circo de Caracas, no por animalista, sino por nacionalista, luego de ser informado de que el único diestro venezolano de nivel internacional que queda es Leonardo Benítez.

¿Para qué sirve, entonces, esa plaza, si propietario y concesionarios no pueden sacar nuevas figuras venezolanas?, cuenta el académico que preguntó Chávez indignado. Pues para que cada año vengan toreros europeos a triunfar y a ganar dinero. ¿Qué acá no hay toreros?, replicó. Sí, pero no son figuras, presidente. Fue entonces que éste, sin sopesar las posibilidades de reglamentar y reactivar la mejor tradición taurina de Venezuela en favor de los diestros nacionales, del público y de la economía, ordenó remozar y destinar el Nuevo Circo de Caracas como espacio exclusivo del pueblo y excluir la función taurina, cancelando así la posibilidad de sanear la colonizada tradición taurina de Venezuela. A toro pasado, los imprevisores taurinos locales y europeos lamentaron tan autoritaria cuanto explicable medida.

Por ello alegra que dos diestros ecuatorianos, el matador Mariano Cruz Ordóñez y el novillero Julio Ricaurte, ambos de Riobamba, se encuentren en México, dándole curso a sus respectivas carreras; el primero, retomando sitio tras interrumpir el paso fino que mostrara desde novillero en ruedos sudamericanos y españoles, y el segundo, avecindado en Aguascalientes y acumulando fechas y triunfos en plazas de su país y de México, como recientemente en Huamantla y Ambato.

¿Por qué urge que las empresas apoyen a los buenos toreros latinoamericanos? Para tener más y mejores argumentos cuando despistados pero influenciables gobernantes prestan oídos a promotores internacionales del animalismo utilitario y las compasiones falsas o identifican prohibiciones con soluciones. La tradición taurina de los países de la región requiere de una meditada revisión y valoración de sus respectivas ofertas de espectáculo para que, unidos, inicien el repunte definitivo de una fiesta de toros latinoamericana profesional y competitiva.

Publicado en La Jornada

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¿La Fiesta en Paz? Justicieros contra aficionados

  • Justicieros contra aficionados
  • Silis, ¿de qué sirve triunfar?
  • Vuelve Piedras Negras
  • Promociones Fiesta Futura

Por Leonardo Páez.

    En el medio taurino los justicieros se parecen a los mexhincados, con la diferencia de que los primeros pretenden anteponer la justicia, en abstracto, a la postración hacia lo extranjero, en concreto. Estos equitativos de ocasión hacen como que defienden los principios esenciales de la tauromaquia… a toro pasado, es decir, una vez que aprobaron todo cuanto dispuso el poder empresarial en turno, sin cuestionarlo, y aplaudieron el desfile de importados a costa de desplazados y relegados. En ambos casos se trata de entusiastas defensores del taurino, de un sistema empresarial tan poderoso como voluntarioso, de solapar las injusticias y la inequidad en nuestra fiesta de toros, pues.

    Para escándalo de los justicieros, el domingo pasado en la primera corrida de oportunidad en la Plaza México, el jurado de peñas taurinas decidió otorgarle un segundo astado al matador Antonio Mendoza, quien dejó vivo a su primero, y no a Oliver Godoy, quien mató al suyo. 

    Pero estos justicieros, que a figurines importados con 30 o 40 corridas toreadas les aplauden todo y se rasgan las vestiduras si un mexicano con apenas dos tardes deja un toro vivo, pasan por alto el criterio bien aplicado por las peñas: ver la aptitud y actitud de un joven torero que hace lucir un ejemplar con edad y trapío pero escasa transmisión. Con celo y sello, Mendoza se la jugó ante dos toros problemáticos; que no haya sabido matarlos no se justifica, pero menos que se premiara a quien sólo pudo hacer una faena adecuada a un astado débil y sin complicaciones. 

    Por lo demás, Mendoza confirmó su alternativa, aunque no haya matado a ninguno de sus toros, como ocurrió con el inolvidable Amado Ramírez El Loco.

    Juan Luis Silis, sobrado de cabeza, corazón y cojones, triunfador en esa corrida, relegado y ninguneado por las empresas no obstante sus reiterados triunfos en Pachuca, donde casi lo mata un toro en 2013 y con sólo tres tardes en 2016, pareció que trajera 30, aunque son las que ha toreado desde su alternativa el 21 de marzo de 2008. Así se hacen en México los buenos toreros sin influencias: entrenando, ejercitándose, soñando y haciendo antesalas ante desaprensivos promotores y ganaderos colonizados.

    ¿Sabe cuántas corridas le han ofrecido a Silis después de su completa faena en la México que coronó con certera estocada en la suerte de recibir cortando una oreja a ley? Acertó: ¡ni una sola! Ah, pero que no estornude o eructe uno de los diestros importados, porque oles y contratos no se hacen esperar, en esa nefasta tradición de rendimiento ante lo de fuera y menosprecio por lo nuestro. Calificar de agridulce este triunfo de Juan Luis Silis exhibe el rigorismo acomplejado de los exigentes falsos y los mexhincados de siempre. Carajo, empresarios mexicanos, ¡atrévanse a darle corridas a este torero de los pies a la cabeza!

    Hoy regresa a la Plaza México la legendaria ganadería de Piedras Negras, luego de más de 20 años en que la maternal empresa anterior no juzgó conveniente traerla y menos con los que figuran. Hacen el paseíllo Antonio García El Chihuahua, Juan Fernando, Mario Aguilar y Antonio Romero. Asista, no son toritos de la ilusión, sino reses encastadas que pondrán a prueba el nivel anímico y técnico de los alternantes. Habrá emoción, que es muy diferente de diversión y toreo de salón.

    El pasado viernes, en el bello Tepotzotlán, estado de México, fueron inauguradas las instalaciones Galería de Arte de la Tauromaquia y el Recinto del Toro y el Caballo, en Plaza Virreinal 6, gracias al entusiasmo de Promociones Fiesta Futura y de los restaurantes Correo Español y El Rancho. Un novedoso concepto del que hablaremos con más detalle.

    Publicado en La Jornada

    Plaza México: Encierro de Rancho Seco, disparejos de presentación y juego; poco lucimiento

    No nos entra en la cabeza que, antes que la nacionalidad, están la organización, los métodos de trabajo y los criterios de aprovechamiento, no de explotación insensata, de recursos humanos y naturales.

    Por Leonardo Páez.

    Agotadas las posibilidades de seguir dando una temporada grande a base de figuras extranjeras ante toritos de la ilusión, pues éstas regresan a su país de origen luego de haber hecho la América –tentar de luces a muy buen dinero–,  por eso la nueva empresa de la Plaza México decidió continuar sus esfuerzos, ahora con cuatro carteles dentro lo que piadosamente denominó Feria de la Cuaresma, donde cuatro alternantes disputan la oportunidad de matar uno de los dos toros restantes, como si de novilladas de selección se tratara. A saber lo que hará la empresa si tres o los cuatro diestros logran triunfar la misma tarde.

    En la primera de estas bien intencionadas corridas partieron plaza cuatro toreros que por injustificadas razones han sido relegados no obstante sus cualidades: Christian Ortega (36 años, 14 de matador y dos corridas toreadas el año pasado), Juan Luis Silis (36, ocho y dos), que confirmó su alternativa, Oliver Godoy (26, seis y una sola tarde) y Antonio Mendoza, quien también confirmó (23, un año y dos festejos), ante un encierro disparejo de presentación y de juego de la ganadería tlaxcalteca de Rancho Seco.

    Abrió plaza Pelotari, de 512 kilos, un bello ejemplar con edad y trapío que llegó a la muleta con calidad, transmisión y recorrido, y que afortunadamente correspondió al diestro capitalino Juan Luis Silis, quien casi pierde la vida en la Feria de Pachuca 2013 y cuyo valor sigue intacto, mientras su tauromaquia se consolida día a día.

    Saludó con templadas verónicas y media, y tras el puyazo quitó por precisas tapatías, midiendo y embarcando muy bien la embestida. A la muleta el astado acudió con emotividad y humillando, lo que permitió a Silis estructurar una faena por ambos lados, rematada con ceñidas manoletinas y coronada con una estocada recibiendo. La oreja fue cortada a ley. A su segundo lo bregó por nota, lo aguantó en riñonudas gaoneras y precioso recorte, y le sacó todo el provecho posible.

    Antonio Mendoza triunfó en la Plaza México y en los principales cosos del país, cayó de pie en Madrid y cuando se suponía que continuaría con esa racha, algo se interpuso en su ruta ascendente. Se las vio con Don Juan, de 552 kilos (¿qué necesidad?), al que recibió con suaves lances a pies juntos, quitó por ajustadas saltilleras y gaonera, y realizó una inteligente y valerosa faena a un toro deslucido, mostrándose puesto y dispuesto, como si trajera medio centenar de corridas. Se puso pesado con el acero y escuchó los tres avisos. Con su segundo, que acertadamente la empresa le cedió, volvió a hacer lucir una embestida deslucida, y de nuevo vio cómo el toro regresaba vivo al corral.

    Una entrada lamentable para la primera de la Feria de Cuaresma.

    Solventes y muy dispuestos anduvieron Ortega y Godoy; el primero lucido en banderillas y el segundo sin aprovechar del todo al ejemplar que le tocó en suerte.

    Entre los muchos problemas que hoy enfrenta la fiesta brava de México quizás el más arraigado siga siendo un alegre complejo de inferioridad que con el correr de los años se ha ido fortaleciendo y extendiendo a todos los sectores, en correspondencia con gobiernos cada vez más dependientes y a sectores más entreguistas.

    Seguimos creyendo que los de fuera son genios per se y que nosotros somos tontos porque sí, porque no tenemos historia y menos memoria para tomar lecciones de ella. No nos entra en la cabeza que, antes que la nacionalidad, están la organización, los métodos de trabajo y los criterios de aprovechamiento, no de explotación insensata, de recursos humanos y naturales.

    Publicado en La Jornada.

    ¿La Fiesta en Paz? La Presidencia se taurinizó

    Regresa José Adame.
    • José Solé, taurófilo de altos vuelos.

    • La Presidencia se taurinizó.
    • Nueva empresa, viejas inercias.

    Por Leonardo Páez.

    El pasado miércoles falleció en la Ciudad de México el maestro José Solé, uno de esos ricos espíritus renacentistas que saben aterrizar en el gran escenario de la vida su prodigiosa vocación e inagotable talento.

    Tuve el honor y la satisfacción de ser su alumno en aquel magnífico y luego abortado Centro Universitario de Teatro, en la calle de Sullivan, al lado de maestros de la talla de Héctor Azar y Alejandro Bichir, entre otros, y de entrevistarlo posteriormente, con motivo de su estupenda puesta en escena de Un frágil equilibrio, de Edward Albee, en el teatro Orientación, con Carlos Ancira y Emma Teresa Armendáriz.

    Además de actor, director de escena, escenógrafo, diseñador de vestuario e incansable promotor cultural distinguido con innumerables premios tanto por sus actuaciones como por sus versiones del teatro clásico, tragedia, comedia musical, infantil y ópera, José Solé fue un taurófilo de sólida formación por su abuelo, su padre y su tío y padrino don Eduardo N. Iturbide –en una época propietario de la ganadería de Pastejé, precisamente la referencial tarde de Clarinero y Armillita y de Tanguito y Silverio en el Toreo de la Condesa.

    Profundo conocedor del fenómeno teatral y de una de sus manifestaciones rituales más antiguas, la tauromaquia, sin los escrúpulos hoy en boga, Solé afirmaba: La falta de estímulos hace que en México el talento se desperdicie, en el teatro, en las justas deportivas o en los toros. No se acaba de entender que son expresiones del pueblo, no de una burocracia irresponsable que debería vigilarlas y estimularlas. El teatro es como el toreo; si no hay intensidad en la expresión de los protagonistas desaparece la posibilidad de reflejar al espectador. Y sí, todo desaparece, pero cuando se ha tenido el don de una vocación sustentada en la pasión y la honestidad creadora, queda el ejemplo de la maestría a seguir y a superar. ¡Gracias, maestro Solé!

    La Presidencia de la República al fin se atrevió a mencionar, así fuera fugazmente y en unas líneas, a la fiesta taurina. Una misiva fechada el 7 de febrero de 2017, dice: “Señor Eulalio López Díaz. Presente. Le expreso mi más sincera felicitación y reconocimiento por más de 30 años de exitosa carrera, como la máxima figura de la tauromaquia mexicana. Como los grandes, culmina usted una historia de triunfos en la Monumental Plaza México, máximo recinto de la fiesta brava en nuestro país (sicazo). Los mexicanos recordaremos siempre, con gran orgullo y admiración, el arte taurino de Eulalio López el Zotoluco (sic), quien siempre (resic) supo poner en alto el nombre de México por todo el mundo. Reciba un afectuoso saludo. Atentamente” y la firma del presidente Enrique Peña Nieto. Pos algo es algo, dirán los desatendidos aficionados por más de 30 años, por parte de la autoridá o lo que se le parezca.

    Precisamente por esta desatención y deliberada omisión de las autoridades es que luego de 23 años de ensayo y error a cargo de la vieja empresa, la nueva sigue instalada en las mismas inercias que obligaron al público a alejarse del máximo recinto de la fiesta brava en nuestro país: innovaciones de oropel sin resultado, importaciones muy vistas y la antojadiza decisión de hacer una fiesta de espaldas a la afición. 

    Hoy, luego de su afanosa encerrona, segundo mano a mano de José Adame, ahora con Sergio Flores, otra figura en cierne, y a caballo Pablo Hermoso de Mendoza, en lugar de una terna de a pie que empezara a sacar chispas.

    Publicado en La Jornada.

    ¿La Fiesta en Paz? Espectáculo degradado y dependiente

    El Nuevo Progreso de Guadalajara celebró el día de ayer su 50 Aniversario.

    • Orígenes de una desviación

    Por Leonardo Páez.

    Quedó muy claro. La tradición taurina de México, con 490 años y exponentes internacionales de primer nivel a lo largo del siglo XX, luego de las apoteosis del sábado y domingo pasados, con motivo del 71 aniversario del coso de Insurgentes fue reducida a las expresiones de los diestros españoles Enrique Ponce; Morante de la Puebla; El Juli, y Pablo Hermoso de Mendoza, a caballo, frente al toro artista mexicano, ese que más que pelear sabe pasar dócil, suave y repetidor ante el torero, volviendo absolutamente prescindible la suerte de varas y convirtiéndose en dúctil cómplice del toreo bonito, no en el otro protagonista de un encuentro sacrificial menos disparejo.

    Con ser gravísimo este desplazamiento de las bases éticas del toreo a la pretensión estética frente a un toro carente de nervio y temperamento, así como de elocuente transmisión de peligro, el otro aspecto preocupante, ignorado por el coro de extasiados –empresas, ganaderos, toreros, crítica, autoridades y público– es la suerte que correrá la oferta del espectáculo en México una vez que regresen a su país los diestros-marcas referenciales del nuevochou tauromáquico, sin más emoción que el posturismo ante la toreabilidad comodona, la exaltación de la forma y disminución del fondo, con una acometividad predecible y colaboradora, no amenazante.

    Las decadencias tampoco se improvisan. Hace 23 años, en Guadalajara, Jalisco, a feliz iniciativa de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, presidida entonces por el ganadero Jorge de Haro, se llevó a cabo del 21 al 24 de octubre de 1993 el Primer Congreso Mundial de Ganaderos de Lidia, con la participación de todos los países taurinos, excepto Venezuela y Francia.

    Entre las ponencias, llamó la atención la del ganadero español Juan Pedro Domecq Solís (1942-2011) –a la sazón presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia–, titulada El toro de lidia en su evolución, del toro de ayer al toro de hoy, por lo insólito de sus consideraciones y lo forzado de sus disyuntivas, desarrolladas desde la década de los 80.

    Estableció conceptos como toro fiero y artista, afirmando que “el primero representa el concepto torista de la fiesta o la derivación de concepto de lucha. Con él se pretende que sea difícil dominarlo y que aporte de forma fundamental emoción en la lucha… toreo que podrán hacer los distintos toreros, pero que siempre tendrá una menor composición artística de la que puede hacerse con el toro artista… el toro fiero se defiende más, y es más difícil de someter porque le faltan algunos de los componentes necesarios para hacer que el toreo se transforme casi en una danza, en una verdadera expresión artística y estética”.

    Juan Pedro Domecq definía al toro artista por tres cualidades fundamentales: fijeza, ritmo y entrega, y añadía: Necesita estar fijo ante su enemigo (sic) porque el torero tiene que abandonarse en su arte (sic) para poder dominarlo (sic); necesita tener ritmo porque el toreo se ha transformado en danza (sic); necesita tener entrega porque sin la arrancada entregada es imposible (sic) la quietud y la propia entrega del torero.

    Ignacio García Villaseñor, ganadero del hierro mexicano de San Marcos, en esa ocasión tuvo el valor civil de advertir: Ahora se ha vuelto una fiesta de toreros, pero habrá que pugnar porque vuelva a ser de toros. Trabajamos muchos años para poder llevar a las plazas una corrida digna para que malos taurinos y malos toreros la echen por la borda. No nos refugiemos en el toro artista para disfrazar la mansedumbre y diluir la casta. Los más ya se refugiaron.

    Publicado en La Jornada.

    ¿La Fiesta en Paz? Se despidió Zotoluco

    Adiós ¿Para siempre?
    • Nacionalismo de emergencia

    Por Leonardo Páez .

    ¿Usted ya puso su banderita tricolor? 

    En redes sociales, en la ventana de su casa, alrededor del tinaco del agua, no importa, póngala. Se trata de demostrarle al nuevo coco gringo que amenaza al mundo en general y a nuestro México lindo y querido en particular, que somos un pueblo unido, sobre todo en momentos en que osados enemigos intenten profanar con sus plantas nuestro suelo.

    Estas reacciones fugaces, que no actitudes conscientes y cotidianas a nivel nacional, me recuerdan a esas jóvenes que, cada día, son exhortadas a llegar vírgenes al matrimonio –también martirmomio o martirio con algún provecho–, y un día antes de la boda la madre cambia de canal para decirle que de ahora en adelante flojita y cooperando, que el sexo no es malo si lo suscribe un sacramento y lo bendice un ministro de culto, y que ya ves cómo nos ha ido a tu papá y a mí, etcétera.

    ¿Cuántos sexenios llevamos de abierta postración ante el gobierno de Estados Unidos y su nefasta ideología del nuevo orden mundial, el pensamiento único y la economía neoliberal a ciencia y paciencia de todos? ¿Quién nos convenció de suplantar las leyes con el dinero y de poner todos los huevos en la misma canasta? ¿Cuándo desechó el Estado mexicano conceptos como independencia, soberanía, autodeterminación? Quizá cuando nos tragamos la piña de que globalización era solución, de que se podía ser moderno y competitivo por decreto no por congruencia, y de que era mejor importar y consumir que producir, a cambio de mal exportar recursos humanos y naturales. El nacionalismo bien entendido, no la patriotería, se construye a diario por gobernantes y gobernados, no se improvisa ante amenazas.

    Taurinos, ¿de verdad quieren defender a la fiesta de los toros? Exijan entonces a las empresas que descubran, apoyen y promuevan, con agresiva imaginación no con temor, a los toreros de su país; que éstos, debidamente estimulados, compitan entre sí y, sin dejarse relegar por los importados que figuran, enfrenten al toro cuatreño.
    Ahora, si nadie quiere pagar este toro y ninguno lo quiere torear, entonces dejen de culpar a antitaurinos, a públicos fastidiados, a autoridades sometidas y a legisladores extraviados. El problema es primordialmente interno, y resulta idiota, o cínico, pedir a la gente que asista a un espectáculo tedioso, de apoteosis predecibles y con toreros muy vistos ante el toro artista, preferido por las figuras de menguado sentido ético y corresponsables de esta crisis.

    Ayer se despidió de los ruedos en la Plaza México el matador Eulalio López Zotoluco, con 49 años de edad y 30 de alternativa, lapso en el que toreó más de mil corridas, padeció segregaciones, ninguneos, deficiente manejo de imagen, y a cambio contó con el apoyo de su padre, de algunos promotores visionarios y del público, hasta convertirse, con base en esfuerzo, inteligencia torera, valor, agudo sentido de la competencia y la superación, más sus proezas en España, en primera figura del toreo mexicano, no sólo por todos esos méritos sino además porque al miope sistema taurino de aquí le convino, más que media docena de toreros con imán de taquilla, una sola figura-cuña, infortunada fórmula que ahora pretende continuar en la persona de Joselito Adame.

    ¿Por qué infortunada? Porque ser figura única exige además de técnica sólida, regularidad en las actuaciones, sentido de competencia, afán de triunfo, toros artistas cada tarde y ser un torero importante o interesante, poseer una personalidad tal que lo haga apasionante.

    Publicando en La Jornada 

    Adiós a “Zotoluco” el momento de la despedida acompañado por sus hijos. FOTO: Plaza México.

    ¿La Fiesta en Paz? ¿Qué hacer con la tauromaquia de México?

    • Gastado esquema reanuda la temporada.

    Por Leonardo Páez.

    País surrealista donde los haya –apariencias equívocas de realidades unívocas–, México, a pesar de sus políticos y su ciudadanía, aún posee el don de la magia, si no para expandirla al menos para asimilar con su rica sensibilidad la de otros, en esa perenne dependencia de mandatos ajenos como referente para valorarse a sí mismo, sólo proporcional a su desmemoria y ancestrales complejos, puntualmente reforzados por el sistema social que nos mata de a poquito.

    Entre la infinidad de cosas que no acabamos de asimilar está, por ejemplo, un concepto claro, maduro y productivo de la relación sociedad-gobierno y, entre una de las muchas consecuencias de esa defectuosa relación, el desaprovechamiento del espectáculo taurino como forma transparente y eficaz de promover y enaltecer la tauromaquia de México, con 490 años de tradición por estas tierras, no obstante negligencias a cargo de empresarios, ganaderos, toreros, comunicadores, autoridades y público.

    Luego de más de tres décadas en que la autoridad se desentendió de la tauromaquia como expresión genuina de los mexicanos, acatando el pensamiento único impuesto por algunos países, y de que los taurinos, sin medir riesgos, cayeron en el espejismo de la autorregulación neoliberal, el resultado no ha podido ser más desastroso: falta de bravura en las reses, ausencia de toreros suficientemente promovidos, carencia de formación en los públicos y plazas semivacías. Ah, y mero al último un antitaurinismo subvencionado por los del pensamiento único.

    Ante este panorama, bastante más negro de lo que los positivos falsos piensan, ha surgido, al fin, una organización denominada Tauromaquia Mexicana Siglo XXI, cuyo objetivo es difundir y promover la cultura de la tauromaquia en nuestro país y que el jueves pasado, en la sede de la Asociación Nacional de Matadores, efectuó la presentación de los integrantes del Capítulo de la Ciudad de México, encabezados por Adolfo Martínez Urquidi, el matador José Saborit, director de Tauromaquia Mexicana; Manuel Sescosse, presidente de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia; Francisco Dóddoli, representante ejecutivo de la Asociación Nacional de Matadores; Alfredo Sahagún, presidente de la Asociación Mexicana de Empresarios Taurinos; Diego Martínez, de la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros; Joaquín Ordoñana, representante de las Peñas de la Ciudad de México, y Sergio León, representante de las Porras de la Ciudad de México. Ojalá que esos propósitos de unidad congruente por parte de los taurinos se traduzcan en diagnósticos maduros que empiecen de una vez por todas a rencauzar la fiesta de los toros en nuestro país, que ahora estrena un monopolio tan poderoso en lo económico como poco original en lo taurino. Nunca es ocioso recordar que el principal enemigo de la fiesta no son los antis, sino los propios taurinos, cuyos intereses pasan por encima de la tradición y de la afición. ¿Exagero?

    Además de los carteles del 4 y 5 de febrero, que informamos aquí la semana pasada, con Ponce, Morante y Juli y fieras de Fernando de la Mora y Teófilo Gómez, lanueva empresa anuncia en enero varias repeticiones innecesarias. El 22, a un deslavado Miguel Ángel Perera, Juan Pablo Sánchez y Diego Silveti con reses de Montecristo. El 29, toros de Los Encinos para Sebastián Castella, Octavio García El Payo y Andrés Roca Rey, si antes no sufre otro percance, pues en el callejón no hay quién le explique la diferencia entre temeridad, quietismo y aguante. Las corridas comienzan de nuevo a las 16:30.

    Publicado en La Jornada.

    ¿La Fiesta en Paz? Pobres resultados de una rica empresa con prisa

    Sergio Flores. 

    • Pobres resultados de una rica empresa con prisa
    • El sentido común se nos volvió ciencia


    Por Leonardo Páez.

    Por su originalidad y exigencia de verdad, la fiesta de los toros es espejo confiable de la temperatura política, anímica y social de los países donde está inmersa. Si durante décadas hemos estado jugando a la democracia y a procurar el bien común permitiendo que una punta de saqueadores e ineptos metidos a gobernantes y legisladores hagan y deshagan ante la indiferencia de la mayoría, otro tanto ha ocurrido con la tradición taurina de México.

    De la observancia de leyes y reglamentos pasamos al paraíso de la autorregulación, a las importaciones alegres y a la opacidad del desempeño sin importar los penosos resultados, en la política, en los toros y en el resto de las actividades. La imaginativa mancuerna funcionarios-empresarios no dio para más.

    Hoy, asustados hasta con nuestra sombra, compramos la idea de un nuevo coco extranjero que va a devorarnos, ya que nuestra ancestral dependencia impide valorarnos y menos defendernos. La falsa globalización empieza a desmoronarse y mientras a destiempo se recomienda volver los ojos sobre nosotros mismos, nuestro mercado interno y un desaprovechado potencial, otros, como si vivieran en Groenlandia, siguen montados en su criterio globalizonzo, poniéndole la mesa a lo de fuera a costa del reposicionamiento de lo de casa.

    Ya son varias décadas de multimillonarios metidos a promotores de una fiesta de toros mexicana sustentada en el figurismo y el amiguismo, en complicidad con autoridades y crítica especializada y la creciente indiferencia de un público cuya respuesta es dejar de ir a las plazas pues no pasan de tres los diestros importados que llevan gente; los demás son ociosidades y antojos de potentados.

    No han logrado hacerse del público de aquí magníficos toreros como Castella, Manzanares, Talavante, Perera e incluso el supuesto parteaguas de la tauromaquia posmoderna, Morante, y sin embargo continúan sirviéndoles ese ganado pasador que ha dado al traste con la emoción de la bravura. Si a lo anterior agregamos aumento de precios, combinaciones poco atractivas, encerronas precipitadas y dos y tres festejos consecutivos, se entienden las pobres entradas en las primeras 10 tardes.

    Los positivos agradecen a la nueva empresa su obligación de presentar encierros con edad y trapío luego de 23 años en los que prevaleció el novillón, pero el problema es que en aquéllos también ha predominado la mansedumbre. Una fiesta brava sin bravura ni diestros que apasionen es la pobre oferta de espectáculo de la empresa, ganaderos y toreros que figuran, mientras con descaro se insiste en identificar a los patrocinados antitaurinos como la gran amenaza del toreo.

    Es increíble que la experiencia empresarial de Alberto Bailleres y sus colaboradores no haya podido trasladarse, siquiera un poco, al ámbito taurino. Seguir ignorando al público –como la nefasta empresa anterior– en la toma de decisiones y oferta de espectáculo, reduce al mínimo la asistencia de éste. Y si añadimos la falta de competidores ante la nueva empresa, los proyectos de crecimiento y las estrategias de mercado brillan por su ausencia.

    ¿Qué nuevos atractivos se ofrecen? Además del sobrevalorado Joselito Adame, ¿a qué toreros mexicanos se quiere convertir en imanes taquilleros? ¿Hay intención de fomentar confrontaciones toreras? ¿Propósitos de volver a llenar las plazas o sólo de que pase un tiempo conveniente? ¿Se cuenta con productos y publicidad para hacerlo? 

    Un feliz y desafiante año.

    Fuente: La Jornada