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¿La Fiesta en Paz? ¿Por qué se desaprovecha a los toreros?

Récord mundial de una corrida memorable.

Por Leonardo Páez.

Entre los obstáculos que más entorpecen la evolución de la tauromaquia a escala mundial está la política de puertas cerradas para buscar, desarrollar, motivar y enfrentar a los jóvenes con cualidades, capaces de convertirse, a corto plazo, en toreros importantes, en figuras o incluso en ídolos de sus países.

Muchos factores inciden para el surgimiento constante, no ocasional, de nuevos toreros con técnica, sello y celo, capaces de interesar al gran público, sumar fechas, así como de ganar dinero, y además dispuestos a enfrentar al toro con edad y a desbancar a las figuras consagradas, cada día más cómodas y ventajistas, cuyo hacer torero, junto con el sistema taurino, los ha convertido en marcas a consumir, no en referentes éticos dispuestos a competir.

¿Por qué, sistemáticamente, se pierden buenos toreros que mantendrían la verdad del toreo y la pasión y el interés por el rito táurico? Porque los taurinos, los que dicen saber y viven de esto, primero piensan en las propias utilidades, en las de criadores de manso, de toreros-marca, de comunicadores y autoridades, que en nutrir la función de intensidades perturbadoras y emociones sustentadas en la bravura y en una promoción imaginativa, en favor del toro y del azar, no de media docena de gastados nombres.

Una fiesta brava sin bravura o con una bravura reducida a la comodidad y al posturismo, ha vuelto comodino al espectador que, mal acostumbrado y desinformado, hoy prefiere faenas bonitas al arte de someter las embestidas de la bravura sin adjetivos. ¿Y dónde está esa bravura sin adjetivos? En las ganaderías que no quieren los diestros que figuren, contratados por las empresas más poderosas, apoyadas por agrupaciones, crítica y autoridades cortoplacistas y especuladoras, traficantes de lo que no debería sujetarse a tráfico alguno: la dignidad humana y animal en un encuentro sacrificial tan equitativo como peligroso, estético y lúdico. Promotores, gremios y aficionados lo saben o lo intuyen, pero un fatalismo irreflexivo los hace aceptar esta situación como normal y sin otras opciones, aunque junto con la fiesta casi todos resulten perjudicados.

Reflexionaba lo anterior cuando, gracias al entusiasmo y taurinismo de Formafición Radio, veía en Facebook la transmisión completa de la corrida del Sábado de Gloria en Tlaxcala, con un cartel insólito que rompió el récord mundial de longevidad torera –más de 200 años entre los tres– y de alternativa –139 años–, con Miguel Villanueva, Raúl Ponce de León y Rafael Gil Rafaelillo, con tres toros de Coaxamaluca y tres de Tenopala, cuyos propietarios siguen honrando la memoria de los Felipe González, padre e hijo.

La entrega de tres diestros, cuya expresión reforzó mi gusto por la tauromaquia, confirmó que a la fiesta actual le falta bravura, variedad, personalidad y rivalidad; que toreros idénticos y comodinos torean bonito un toro bobo que ha hecho un público bobo; que el toreo es de intensidades, no de cantidades; que los banderilleros Carlos Martel y Gerardo Angelino honraron esa noche nuestra mejor tradición rehiletera, y que, de novilleros, los tres matadores llenaron la mitad de la plaza México, triunfaron en las principales plazas del país y Rafaelillo también lo hizo en las de España, para luego engrosar la lista de toreros desaprovechados. Sin duda, algo no se ha estado haciendo bien cuando ellos llenaban la mitad del aforo y hoy ni mil espectadores van a las novilladas en el coso de Insurgentes.

Publicado en La Jornada

Foto: Ángel Sainos.

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¿La Fiesta en Paz? Complicada, la operación del servicio médico taurino en México y mis condolencias a Mérida Yucatán

Por Leonardo Páez.

Por reglamentos inobservados, falta de exigencia de los toreros y sentido de ahorro de las empresas, los servicios médicos taurinos suelen ser inadecuadosFoto Portal De Sol y Sombra

“No hay en el país una empresa taurina, y más las eventuales, que piense con seriedad en los servicios médicos que debe proporcionar para la celebración de un festejo, y los empresarios-toreros, por ahorrarse dinero, son los que menos se preocupan de estos servicios. Creen que con una ambulancia cubren a los alternantes, que lo que quieren es torear sin pensar en la atención médica que puedan requerir. Hemos tenido varios toreros muertos, sobre todo en el sureste, varios por insuficiente o inadecuada atención médica.”

Habla el doctor Jorge Uribe Camacho, desde 2004 jefe de los servicios médicos de la Asociación Nacional de Matadores, con experiencia de más de cuatro décadas como médico especializado en ortopedia y traumatología, presidente del capítulo mexicano de la Sociedad Internacional de Cirugía Taurina, que incluye a todos los países taurinos del orbe, y secretario general de dicha sociedad desde 2014. Pero en lo taurino, la trayectoria del doctor Uribe Camacho es igual o más amplia: “Mi padre fue taquillero de la Plaza México y en mi juventud yo fui acomodador y portero de la puerta de cuadrillas en ese coso y, desde luego, novillero antes de estudiar medicina en la UNAM, por lo que veo la fiesta con otra óptica.

“En España y Francia se exigen servicios médicos profesionales como condición para poder dar un festejo, ya que los mismos toreros exigen ese servicio. Ya sea en función del toro o del destino, también allá hay cornadas mortales de necesidad, como los lamentables casos de Fandiño, Barrio, Montoliú o El Yiyo. No fue el caso de Paquirri, pues se puede tener una cornada de primera en una plaza de tercera.

“En México, los servicios médicos taurinos se hacen según el dinero con que cuente la empresa, por lo que ésta suele poner a conocidos o compadres y los municipios a pasantes de medicina o a practicantes para que salga lo más barato posible o de plano gratuito. Otro problema es que el torero retirado, sea matador o subalterno, está desprotegido. Ahora, afortunadamente, con una cuota mínima anual puede cubrir gastos por enfermedad para él y su familia, gracias al acuerdo celebrado entre el IMSS y la Asociación de Matadores.

“Cuando algunas empresas quitaron el fondo de reserva a las agrupaciones empezó el debilitamiento financiero de los gremios y el aumento de adeudos interminables. La parte médica se lleva alrededor de 70 por ciento de lo que erogan las agrupaciones, por lo que un buen seguro de gastos médicos permite tener finanzas más sanas.

A partir de la cornada de Sergio Flores en San Luis Potosí se decidió que el parte médico de un percance sólo se dará al torero y a su familia, pues el paciente también tiene derecho a la privacidad. Hacerse publicidad a costa de una cornada no protegía al médico, indefenso por falta de información suficiente sobre dolencias previas del herido. Ahora, dejar de ser figura o retirarse de los ruedos, también deprime, remata el doctor Uribe Camacho.

Condolencias a Mérida, Yucatán: por este conducto quiero expresar mi más sentido pésame a la afición taurina de esa inspirada capital, por el sensible fallecimiento de su capacidad de pensar y cuestionar el lamentable desempeño empresarial en la plaza México, durante 23 largos años, del promotor de la empresa anterior a la nueva, luego de los recientes puntos de vista que externó en aquella ciudad. Una cosa es la hospitalidad y otra, muy diferente, la postración ante el cinismo irresponsable.

Publicado en La Jornada.

¿La Fiesta en Paz? Otro exitoso evento de Fiesta Futura

  • En Tepotzotlán, con unas verónicas desmayadas y ensimismadas, recibió el prometedor David Juárez Ortigosa a la brava becerra de La Guadalupana. Foto Serrano.
  • La Guadalupana, preservación de la tauridad
  • Niños con pasión y talento

Por Leonardo Páez.

Exitoso resultó el reciente evento
taurino-cultural de Fiesta Futura en Tepotzotlán, estado de México, el domingo 4 de marzo. Este original concepto de promoción y servicio ideado por el promotor taurino y hacedor de toreros Pepe San Martín, ofrece variadas opciones para público y aficionados, como exposición de pintura, escultura y fotografía; charla y coloquios; suculento almuerzo; artesanías; novillos y becerros a lidiar, los primeros por novilleros profesionales y los segundos por aficionados prácticos, toreros en retiro o becerristas de escuelas taurinas, y, por si fuera poco, una exhibición hípica. Eso es pensar en función de la fiesta y del público, pues como señala San Martín: Es muy importante hacer toreros, pero en este momento es más importante hacer afición entre niños y jóvenes.

En el amplio comedor de El Correo Español, de doña Teresa Suárez, quien fuera aficionada práctica, se montó una exposición de óleos, esculturas, carteles y fotos en torno a Silverio Pérez y luego se charló sobre las cualidades extra taurinas de El Faraón. En seguida, en la plaza portátil contigua, hicieron el paseíllo los novilleros Emiliano Villafuerte El Mozo;Rodrigo Cepeda El Breco y Daniel Durán El Tico, junto con los becerristas David Juárez Ortigosa, de anteojos y zahones, entrenado por el matador Pepe Serrano, y los tres hermanitos Leonardo, David y Diego Medina, alumnos de la Academia Taurina Municipal de Morelia, fundada y dirigida por Octavio Castro El Santanero, toda una institución taurina, pues ha sido novillero, apoderado, administrador de ganaderías, empresario y en la actualidad impulsor y maestro de toreros.

Muy grata y emocionante sorpresa fue ver saltar al ruedo primero tres novillos con edad y trapío de La Guadalupana, de don Juan Flores Chávez, que además acusaron bravura, repetitividad, fijeza y exigencia; luego dos becerras del mismo hierro que se arrancaban de largo, ponían a prueba la vocación de los niños y volvían sobre los engaños si aquellos sabían despedir y quedarse quietos, y por último un desfile de cuatro bellos corceles, un andaluz, dos hispanoárabes y un frisón, primo más esbelto del percherón, que con diversos fondos musicales realizaron vistosos pasos. Vaya propuesta.

El Mozo, triunfador en plazas importantes, toreó bien y variado de capa y estructuró una pulcra faena por ambos lados rematada con manoletinas, arrucina y molinete invertido. Perdió la oreja por pinchar, dio vuelta y el novillo fue aplaudido en el arrastre. El Breco, todo valor y colorido capotero, banderilleó con espectacularidad y realizó una faena breve ante el menos emotivo. También dio vuelta. Y El Tico, a un paliabierto y astifino de acometida fuerte y clara, le ligó tandas de derechazos y naturales con tres características: temple, sentimiento y hondura. Tras una entera debió descabellar, dando la vuelta entre sonoras ovaciones. También este novillo fue aplaudido.

David Juárez Ortigosa, de nueve años, recibió a la emotiva becerra en los medios con unas verónicas para adultos, es decir, desmayadas y ensimismadas y luego, una faena con colocación, aguante, expresión y gusto. ¡Qué precoz torería! Con la segunda becerra, menos buena que la anterior, uno de los gemelos Medina ejecutó un quitazo por gaoneras; Leonardo, el mayor, se inspiró en tandas y adornos, y David anduvo empeñoso. Los tres brindaron a su maestro El Santanero.

Publicando enLa Jornada

Plaza México: Toreo desazón, no de salón, a cargo de Sánchez, Saldívar y Marín

Juan Pablo Sánchez. Foto Plaza México.

Por Leonardo Páez.

Más de 250 ganaderías de bravo hay en el país, sin embargo, la nueva empresa de la Plaza México no logra presentar carteles medianamente atractivos siquiera en lo que a toros se refiere. ¿Quién fue el antitaurino que decidió no traer esta temporada un encierro de la triunfadora dehesa de Piedras Negras? ¿Qué concepto de bravura manejan? ¿A qué pelmazo se le ocurre imponer estos encierros? ¿Así quieren que el público asista? De no creerse este pobre concepto de espec-táculo a cargo de la empresa más adinerada en la historia del toreo.

Por eso ayer, en la duodécima corrida de la temporada en la Plaza México se registró otra muy pobre entrada, precisamente por lo poco contrastado del cartel, con dos diestros mexicanos de sobrada trayectoria para alternar cada uno con una figura consolidada, no con un joven importado desconocido. Si a ello se añade la casi nula publicidad del festejo y lo predecible del ganado de De la Mora…

Hicieron el paseíllo Juan Pablo Sánchez (25 años, siete de alternativa y 27 corridas en 2017), Arturo Saldívar (28 años, siete de matador, 24 tardes en 2017 y cuatro en 2018) y el español Ginés Marín (20 años, un año ocho meses de doctorado, 49 corridas en 2017 y triunfador de la Feria de San Isidro el año pasado) con cinco toros de Fernando de la Mora y uno de Xajay, al ser rechazado uno impresentable del de por sí terciado hierro titular.

Cuando la gélida tarde se despeñaba por la agreste barranca del tedio –diría alguien inspirado– salió en quinto lugar el de Xajay, Luna nueva, con 530 kilos. Un toro bien armado, de pelaje cárdeno claro, armonioso de hechuras y comportamiento exigente que contrastó con los sosos, anovillados y pasadores de Fernando de la Mora. Le correspondió a Arturo Saldívar, que a punto estuvo de ser prendido al realizar una comprometida larga cambiada en tablas.

El toro empujó en un puyazo certero de Héctor Delgado –la bravura se pica sola– y embistió con fuerza en un preciso par de Diego Martínez, que saludó en el tercio, pero todo esto no pareció verlo Saldívar, que en lugar de doblarse para someter y fijar al astado en la muleta, se plantó para torear por derechazos mecánicos, como si de otro pasador se tratara. Hubo colocación, escaso mando y menos estructuración. Cobró una estocada entera y lo que debió ser una faena de fuste se quedó en trasteo de trámite, sin la entrega requerida, pues la torería no repara en la concurrencia exigua, sino en el duelo de compromisos.

El cierra plaza, escurrido de carnes, fue otro burel pitado de salida, por lo que el juez Enrique Braun ordenó la devolución de lo que previamente había aprobado, añadiendo otra perla al collar de contradicciones a que nos tiene acostumbrados la autoridá. Hondo y silleto o pandeado del lomo, fue el sustituto del hierro de Montecristo, que recargó en una vara trasera. Empezó a llover y a soplar el viento, Ginés Marín resbaló en la cara y fue trompicado varias veces sin consecuencias, no así uno de sus asistentes de civil, que fue sacado del burladero y recibió una cornada. Cuando sonó el tercer aviso dobló por fin el toro tras recibir incontables golpes de descabello.

Ah, y Juan Pablo Sánchez desplegó su temple ante dos mesas con cuernos en minitandas tan insípidas como los enemigos. Alguien se propuso superar la acumulación de pifias de la empresa anterior y lo está logrando.

Publicado en La Jornada

¿La Fiesta en Paz? Continúan los toros de la ilusión

  • Canas toreras
  • Llamada de Amado El Loco Ramírez

Por Leonardo Páez.

Hace unos días tuve oportunidad de saludar –y de aprenderles– a toreros y taurinos en el retiro, amigos entre ellos y amigos de una fiesta que reflejó un país menos sometido; cuando la torería española aún mostraba respeto por la fiesta, el toro y los públicos, y cuando la bravura no era confundida con la docilidad repetidora.

Convocados por el fino matador de toros triunfador en plazas españolas, incluidas Madrid, Barcelona, San Sebastián y Valencia y, para variar, desaprovechado por las extraviadas empresas de acá, Óscar Realme (Saltillo, Coahuila, 8 de agosto de 1935), compartimos un suculento desayuno en su domicilio con un cartel de verdadero lujo, pues se trató de novilleros de acusada personalidad y sólida técnica que obtuvieron sonoros triunfos en la Monumental Plaza México ante llenos que rebasaban el numerado, no las lamentables entradas de ahora con figurines importados, y cuando ese coso fue escenario de oportunidades, no sucesión de experimentos sin pies ni cabeza.

Ahí hablaron de toros y de todo Jorge Rosas El Tacuba, que cimbrara los cosos de el Toreo de Cuatro Caminos, hoy convertido en oootro desalmado centro comercial, y de Insurgentes, que para allá va; Manolo Navarrete, de acusada personalidad y desde hace décadas prestigiado catedrático de la Facultad de Química de la UNAM, hermano del también novillero, magnífico pintor y dibujante Antonio, y de Rodolfo, que apoderó a Fernando López El Torero de Canela; Curro Munguía, que triunfara en los inicios de Manolo Martínez y posteriormente exitoso financiero, y Lorenzo López, Rancherista de hueso colorado, primo de otro novillero destacado, Ramón López, y asistente devoto a la México, el matador Realme y el tal Páez.

Se concluyó que a la irracionalidad de la época actual, con su galopante falta de ética y de profesionalismo y su desbocada tergiversación de valores, los taurinos del mundo no habían sabido responder con la profunda racionalidad que conlleva la tauromaquia: un toro con edad, trapío y sus astas íntegras, y un torero con la capacidad de enfrentarlo con un estilo y una estética propias, no clonado como los de la posmodernidad. Y que a tamaña omisión había que agregar la falta de políticas comunicacionales y de difusión de la fiesta por multimillonarios promotores ante la creciente competencia de espectáculos de masas y la apabullante influencia gringa en todos los ámbitos.

Como si hubiera escuchado, antier telefoneó el matador Amado Ramírez El Loco, quien de novillero llenara de emoción y locuras la plaza México, al lado del inolvidable y pundonoroso maestro Joselito Huerta, para decirme: “Le quitaron pasión a la fiesta y emoción al toro porque le restaron bravura y porque ya no quedan toreros emotivos con personalidad propia. Por eso tenemos que hablar de una evolución equivocada y de una modernización errónea, casi antitaurina. Ya no se vende el toro bravo porque no hay toreros que les puedan. El resultado es la monotonía y la falta de emoción por más muletazos que aguanten a cargo de pegapases. A eso añádele manos a mano cojos, disparejos. ¿Por qué esta temporada no volvió la ganadería de Piedras Negras, ahora para los que se dicen figuras? Por cierto, al novillo Leñador, de ese hierro, le corté el rabo en la plaza México”.

Confirma lo anterior otro cartel redondo o con tres diestros de similar nivel: los mexicanos Juan Pablo Sánchez y Arturo Saldívar, así como el español Ginés Marín, quien repite gracias a su anodina actuación del 10 de diciembre pasado, ahora con toros de la ilusión de Fernando de la Mora.

Publicado en La Jornada

@Taurinisimos 146 – Rafael Loret de Mola y Leonardo Páez mano a mano

¿La Fiesta en Paz? Continúan las notables contradicciones

  • Ópticas mexihincadas

Por Leonardo Páez.

Una de las muchas calamidades del sistema neoliberal impuesto en México hace más de tres décadas por los socios mayoritarios del capitalismo internacional, es la que ordena a las empresas locales plegarse primero a los lineamientos del sistema económico-mercantil y sólo después a las necesidades concretas del cliente de un producto o del usuario de un servicio, término éste francamente obsoleto en tiempos de posmoderna irresponsabilidad generalizada.

Años antes de que la nueva empresallegara a la plaza México en decepcionante relevo de la calamitosa y antojadiza que la precedió, escribí: “El poder conmina a creer, sólo falta que el desempeño de los poderosos acabe de convencer… ¿Quiénes se benefician de que las cosas taurinas de México no cambien? ¿Los promotores? ¿La consolidación fiscal de los consorcios? ¿La vanidad del protagonismo ocasional? ¿Los gremios? ¿La autoridad? ¿El público? ¿La crítica seudopositiva? ¿Las figuras importadas? ¿Nuestros buenos toreros relegados?”.

Por un momento imaginemos el poderoso consorcio de los Bailleres o el emporio constructor de Javier Sordo operando con los criterios que aplican en la Plaza México. ¡No duraban ni seis meses en la guerra de los negocios! Imaginemos, en cambio, si el espectáculo de toros se manejara con algo del profesionalismo y estándares que emplean en sus otras áreas. La fiesta de toros recuperaría nivel, interés y pasión. Pero alguien determinó, en despliegue de negligencia histórica, que la fiesta de los toros en México no requería un servicio de alta calidad sino continuar con la importación de los toreros de siempre ante los toritos de siempre y con los resultados de siempre.

Notable la contradicción entre una exitosa imaginación empresarial ejercida con rigor de resultados y una gris imaginación taurina sometida a un sistema que tiene sus días contados. Así, en la corrida inaugural de la presente temporada, El Juli –oh, qué torero más dominador– enfrentó anovilladas mesas con cuernos de Teófilo Gómez; en la segunda, con algo más de un cuarto de entrada, Alevoso de Mendoza escogió anovilladas reses de Bernaldo de Quirós, y en la tercera, hoy domingo, oootros tres novillones de Teófilo Gómez para el incombustible Enrique Ponce y la autonombrada nueva primera figura de México, Joselito Adame. Con estos criterios de servicio se apuesta por la mediocridad y el ventajismo, no por la grandeza ética y estética de la lidia.

Quizá preocupada por el discreto trapío de tres reses de Julio Delgado anunciadas para esta tarde –increíble la mezquindad de los promotores taurinos más adinerados de la historia–, el jueves la empresa decidió cambiarlos por tres del hierro de Barralva, sin que desde luego los ases Ponce y Adame soltaran los tres de Teófilo, faltaba más. Pero habiendo en México varias ganaderías de reconocida trayectoria y recientes triunfos, no se entiende esta terquedad de apostar por reses de predecible repetitividad, no de bravura sin adjetivos.

Visión de mexhincados. Si un diestro europeo torea ante un pasador de discreta presencia, le festejan todo, y si naufraga ante un toro exigente, justifican la tiesura y falta de recursos del importado. Igual ocurre con los falsos fundamentalistas, a los que les pareció mansa la corrida de Jaral de Peñas lidiada el domingo pasado, siendo que tres de los seis toros permitieron comprobar la actitud y recursos de los alternantes, y todavía protestaron el arrastre lento a Bienvenido, que sólo tomó una vara, pero aplauden a los que reciben un pujal o puyazo fugaz en forma de ojal.

¿La Fiesta en Paz? Orígenes de una desviación

El Juli frente al tercer astado de su lote de la ganadería de Teófilo Gómez.

Después de lo acontecido el domingo pasado con el encierro de Teófilo Gómez, conviene recordar estas reflexiónes del Maestro Leonardo Páez en donde nos explica el desplazamiento de las bases éticas del toreo hacia la pretensión estética frente a un toro carente de nervio, justo como fueron los toros de la divisa queretana que saltaron al ruedo durante el festejo inaugural de la Temporada Grande 2017-2018.

Por Leonardo Paéz.

Quedó muy claro. La tradición taurina de México, con 490 años y exponentes internacionales de primer nivel a lo largo del siglo XX,  fue reducida a las expresiones de los diestros frente a un toro artista mexicano, ese que más que pelear sabe pasar dócil, suave y repetidor ante el torero, volviendo absolutamente prescindible la suerte de varas y convirtiéndose en dúctil cómplice del toreo bonito, no en el otro protagonista de un encuentro sacrificial menos disparejo.

Resulta gravísimo este desplazamiento de las bases éticas del toreo a la pretensión estética frente a un toro carente de nervio, de temperamento y de elocuente transmisión de peligro, el otro aspecto preocupante, ignorado por el coro de extasiados –empresas, ganaderos, toreros, crítica, autoridades y público– es la suerte que correrá la oferta del espectáculo taurino en México una vez que regresen a nuevamente a su país los diestros-marcas referenciales del nuevo chou tauromáquico.

Un espectáculo sin más emoción que el posturismo ante la toreabilidad comodona, la exaltación de la forma y disminución del fondo, con una acometividad predecible y colaboradora, no amenazante.

Las decadencias tampoco se improvisan.

Hace 24 años, en Guadalajara, Jalisco, a feliz iniciativa de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, presidida entonces por el ganadero Jorge de Haro, se llevó a cabo del 21 al 24 de octubre de 1993 el Primer Congreso Mundial de Ganaderos de Lidia, con la participación de todos los países taurinos, excepto Venezuela y Francia.

Entre las ponencias llamó la atención la del ganadero español Juan Pedro Domecq Solís (1942-2011), a la sazón presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, titulada El toro de lidia en su evolución, del toro de ayer al toro de hoy, por lo insólito de sus consideraciones y lo forzado de sus disyuntivas, desarrolladas desde la década de los 80.

Estableció conceptos como toro fiero y toro artista, afirmando que “el primero representa el concepto torista de la fiesta o la derivación de concepto de lucha. Con él se pretende que sea difícil el dominar al toro y que éste aporte de manera fundamental emoción en la lucha… toreo que podrán hacer los distintos toreros. pero que siempre tendrá una menor composición artística de la que puede hacerse con el toro artista… el toro fiero se defiende más y es más difícil de someter, porque le faltan algunos de los componentes necesarios para hacer que el toreo se transforme casi en una danza, en una verdadera expresión artística y estética”.

Juan Pedro Domecq definía al toro artista por tres cualidades fundamentales: fijeza, ritmo y entrega, y añadía: Necesita estar fijo ante su enemigo (sic) porque el torero tiene que abandonarse en su arte (sic) para poder dominarlo (sic); necesita tener ritmo porque el toreo se ha transformado en danza (sic); necesita tener entrega porque sin la arrancada entregada es imposible (sic) la quietud y la propia entrega del torero.

Ignacio García Villaseñor, ganadero del hierro mexicano de San Marcos, en esa ocasión tuvo el valor civil de advertir: Ahora se ha vuelto una fiesta de toreros, pero habrá que pugnar porque vuelva a ser de toros. Trabajamos muchos años para poder llevar a las plazas una corrida de toros digna para que malos taurinos y malos toreros la echen por la borda. No nos refugiemos en el toro artista para disfrazar la mansedumbre y diluir la casta. 

Los más ya se refugiaron.

Publicado en La Jornada.