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Amenazas intolerables

Por J.A. del Moral.

Cada vez que se me ocurre escribir algún comentario sobre las habituales cogidas de Andrés Roca Rey – actualmente convaleciente de la última en Manizales y sin haber podido cumplir algunos compromisos en ruedos americanos – surgen infinidad de respuestas entre las que hay de todo tipo, en su mayoría discrepando aunque con buenos modales. También las hay mostrándose de acuerdo conmigo. 

Pero, asimismo, las hay amenazantes en las que me advierten de lo que me ocurriría si persisto en el tema. Amenazas ciertamente preocupantes de gentes capaces de cometer cualquier barbaridad contra mi persona.

Estas agresiones no son propias del toreo ni de su mundo. Nunca lo fueron. En los más de 50 años que llevo ejerciendo como critico de toros, apenas recuerdo no más de tres veces que me ha sucedido algo parecido. Pero ahora, con Roca Rey como motivo, me llegan demasiadas y esto es alarmante. Y no solo para mí. También y sobre todo para el diestro limeño porque a quien más dañan es a él. Mal asunto es tener que verse rodeado de “matones” a los que quizá ni siquiera conozca el más directamente interesado.

En vista de lo cual, no he tenido más remedio que denunciarlo a las Autoridades Competentes de España con posible traslado a las Internacionales.

Advertidos quedan los amenazadores.

“No es cuestión de cebarse en la por ahora última cogida de Andrés Roca Rey. Es lamentar una vez más lo que parece acompañar, tarde tras tarde, a este torero llamado a ser muy grande. Pero tantas cogidas no es cuestión baladí, sino motivo de creciente preocupación porque si continúa arriesgando sin previo control de las embestidas de los toros ni de asegurar su firmeza para no perder el equlibrio, nos tememos lo peor”.

Tendrá que replantear su carrera Andrés Roca Rey; aun cuando pueda sonar que es inoportuno expresarlo, su tasa de percances (con ingreso a la clínica) por corrida, podría ser sin duda alguna el más alto de la historia de la Tauromaquia para toreros con un año de alternativa.

De Toros en Libertad.

Carta al inmortal Paquirri en el 32 aniversario de su muerte

Querido Paco que estás en el Cielo.

Cada año que se cumple el día de tu prematura y trágica muerte, no puedo por menos que acordarme de ti. No son estas líneas un mero epitafio por muy emocionado que me sienta mientras lo escribo. Las escribo como otras tantas veces por estas fechas porque no puedo quitarme de la cabeza lo muy amigos que fuimos, lo mucho que nos quisimos y lo bien que lo pasamos hasta que dejaste de ser tan feliz como siempre fuiste pese a que nunca llegaste a disfrutar por completo de la vida como ansiabas y merecías.

Recuerdo perfectamente las muchas veces que me dijiste lo que me envidiabas mientras te dabas por entero y ciertamente sacrificado a tu profesión: “Te envido porque siempre haces lo que te da la gana. Vas a las corridas que quieres, te haces acompañar por los que prefieres tratar y nunca por los que no te son afectos, sé que en tus viajes no te limitas a vernos torear y a escribir o hablar de lo que hemos hecho, también vas a ver lo que en cada sitio merece la pena contemplar porque disfrutas conociendo todo, comes y cenas donde más te apetece, bebes poco, muy moderadamente, eso sí…Cuando me retire me iré contigo a todas partes…Tenlo por seguro”. “A ver si es verdad y lo cumples porque me encantaría”, te respondía yo cada vez que me lo decías que fueron muchas veces.

Y yo seguía escribiendo o hablando sobre tus hazañas. Pero también sobre tus baches. Los padeciste como casi todos los toreros.

Hoy, al cabo de tanto tiempo, quiero traer aquí lo que nos ocurrió tras aquel inesperado e inoportuno bache que te dejó seco durante unos meses a raíz de una cornada que te quitó el sitio pese a no revestir ninguna gravedad. Fue en la feria de Sevilla. Llevabas dos años ya casado con Carmen Ordóñez y reinabas sobrado en el toreo. Pero te llegó una primera amargura profesional y cubriste la temporada y los contratos – tres tardes tres en los Sanfermines, por ejemplo, y con esto está dicho todo sobre el primerísimo lugar que disfrutabas – como buena o malamente pudiste hasta que, por fin, te recuperaste en plena feria de Bilbao. Días antes, en la de Málaga, me diste la prueba de tu inmensa calidad humana cuando, tras celebrarse el sorteo de los toros que se iban a lidiar por la tarde, entraste junto con tu suegra y tu mujer en el despacho empresarial de Antonio Ordóñez y ellas no quisieron ni mirarme. Al salir de la visita al maestro, Carmina y Carmuca volvieron a ignorar mi presencia. Pero tú, Paco, te quedaste para darme un abrazo y me dijiste: “No las hagas caso, están muy enfadadas contigo por las crónicas que estás haciendo de mis fracasos sin ocultarlos. Yo sé mejor que nadie que ando mal y que cumples con la obligación que te exige ser el gran crítico que eres por encima de cualquier otra cuestión…”

Me dejaste helado y al mismo tiempo inmensamente agradecido por tu cariñosa confesión. Pero pocos días después, tras verte totalmente recuperado del bache en una corrida de Urquijo celebrada en la plaza de Vista Alegre bilbaína – que fue mala – subí a tu habitación del Hotel Ercilla, donde también estaba viviendo yo, y al verte sorprendido cuando entré mientras tu tío Ramón Alvarado te ayudaba a desvestirte – estabais solos –, recuerdo las palabras que te dije: “Enhorabuena, Paco. Tus dos toros no han valido nada pero has estado magnifico. Lo de menos es que no hayas cortado orejas. Lo importante es ya estás recuperado…” Y tú, muy sonriente, contestaste: “Que hayas subido para decirme eso vale más que todas las orejas del mundo…” Nos abrazamos largo rato, muy emocionados. Y desde ese momento, nuestra amistad se convirtió en cariño de hermanos.  

Creo firmemente que, por las amarguras que viviste en los últimos años de tu vida, y de eso sé más que nadie, fue el mismo Dios el que quiso tenerte a su lado aun siendo tan joven. Me propia madre, que también te conocía y sabía cómo eras como de todo lo que estabas pasando, en el terrible momento de enterarnos de que te había matado un toro, me dijo con tanta pena como sabia seguridad: “Dios lo ha querido a su lado porque sabe lo que hubiera sufrido de continuar vivo” Lo que ocurrió después, certificó tan certero aserto.

No es cuestión de relatar aquí y ahora todo lo que sucedió una vez fallecido Paquirri. Algún días lo diré porque, si Dios me sigue dando vida y salud, me queda por escribir un gran libro de memorias y de anécdotas a lo largo y a lo ancho de los más de 60 años que llevo viendo toros por todo el mundo.

Quede memoria, por el momento, de una mínima parte de de su vida en la que se plasma significativamente lo gran torero que fue y la gran persona que también fue Francisco Rivera Pérez. Dios te tiene en su seno, inolvidable amigo.

Paquirri inmortal.

Por José A. Del Moral.

Otra “reaparición” de José Tomás sin dar la cara en los grandes escenarios

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El Mito en Mexico se acabo, que siga la fiesta en España.

Por J.A. del Moral.

Las entrecomilladas “reapariciones” del mito de Galapagar se deben a lo poco o casi nada – una corridita o dos al año – durante su último periodo profesional. Ahora que vuelve a ser apoderado por el inefable Boix dicen que quizá toree más de tres o que quien sabe. En fin, lo de costumbre con este señor. Y digo señor no porque lo sea sino porque va siendo mayorcito.

Pero y aquí viene el pero de casi siempre en su digamos postrer estado en activo, el caso es que no actuará en ninguna plaza de las tenidas por importantes que, por lo visto, Tomás no quiere ver ni en pintura. En definitiva que, por esta razón, la categoría digamos “artística” o mejor decir  “personalista”  que mantiene, no se corresponde en la misma altura con el comportamiento que es exigido a las llamadas figuras del toreo. Total, que seguimos en las mismas. En el diseño que ahora plantea, dice que actuará en las plazas que atraviesan momentos críticos. Y como una de ellas es la de Jerez – yo no creo que sea tan critica – la primera será en Jerez. Y después? Pues a lo mejor Córdoba… y nadie sabe cual sería la siguiente si es que a su excelencia decide torear más que esté por ver.

Pero lo que más me ha llamado la atención es que a sus actuaciones les dan un tiente caritativo o de salvamento. Joder, tío … de salvamento llevándose el manso por cada tarde. Menudo salvamento…. Y es que los años no pasan en balde y dudo que Tomás tire de un abono entero cada vez que se nos aparece. Hay ya muchas empresas víctimas del entuerto.  Las que pagaron carísima su contratación porque a las corridas de abono salvo a la suya no se vendió más papel que el tenido por normal.

Bueno, pues a esperar y a ver qué pasa aunque no seré yo quien haga especiales kilómetros para no perderme los “acontecimientos”.

LA VERDADERA GUERRA DE JOSÉ TOMÁS

El periodista taurino José Antonio del Moral publico hace un tiempo un largo artículo sobre la visión que tenia de la trayectoria artística del torero José Tomás. Lo hemos rescatado del olvido y lo ponemos a continuación, por el interés que puede tener una opinión discrepante de la mayoría a tan solo unos días de su próxima presentación en la Plaza México.

LA VERDADERA GUERRA DE JOSÉ TOMÁS

No es la que intentan explicar en el último número de la revista “6 Toros 6” donde persisten en defenderle a cualquier costa, sino la guerra que el de Galapagar sigue manteniendo consigo mismo por sus limitaciones que, a la vista está, cada vez le pesan más. Siempre le pesaron, nunca tuvo suficiente fuelle para resistir una temporada entera, de principio a fin. Ni siquiera en sus tiempos más fecundos. El que fuera su mejor apoderado, Santiago López, afirmó que al final de la campaña de 1997 ya quiso retirarse. El palmarés profesional de José Tomás dista infinitamente de los que lograron las más grandes figuras de cualquier tiempo.

Nos gustaría que José Tomás pudiera cumplir los requisitos que incumben a cualquier figura. Pero los incumple porque, aunque quisiera, no puede. Ni tiene el valor que exhibió algunas tardes, ni torea como toreó. Bastaría que se mostraran por televisión las imágenes de sus actuaciones más gloriosas de los años 97, 98 y 99 en la plaza de Madrid.

Ello explica que las demás figuras, que suelen protagonizar triunfos en plazas de importancia frente a corridas muy serias, no que las empresas paguen más dinero a José Tomás. Y de ahí las dificultades de no pocas empresas en contratar a Tomás junto a figuras de relieve.

El propio José Tomas sabe perfectamente que este año debería dar la cara en la feria de Abril en Sevilla, en la de San Isidro en Madrid, en la de San Fermín en Pamplona, en las Corridas Generales de Bilbao y en la del Pilar Zaragoza. Pero como no lo puede hacer, está intentado que lo que finalmente haga lo consideremos como algo ejemplar, propósito en el que le ayudan descaradamente artículos como los que se acaban de publicar en “6 Toros 6”.

Dijo Abraham Lincoln: “es posible engañar a todo el mundo algunas veces y a algunas personas, siempre; pero es imposible engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Afortunadamente, todavía quedan algunos aficionados que no se dejan engañar.

Si José Tomás tuviera más fuerza moral hubiera afrontado su situación con todas sus consecuencias. Pero como carece de todo ello, mejor sería que él mismo reconociera sus limitaciones y se presentara según está: Señores, yo ya no puedo hacer lo que hice y quien quiera verme que vaya. Pero eso no es lo que Tomás quiere que se piense de él. Lo que quiere es que creamos que es el torero más grande de todos los tiempos. Y eso es imposible.

La inminente temporada sería ideal si José Tomás se comportara como debiera. ¿O es que sólo por la fama que le regalan va a tener derecho a hacer lo que le de la gana? Muy mal ejemplo están dando a las nuevas generaciones de toreros quienes proclaman como más auténticos los planteamientos de campaña de José Tomas.

Cuanto lleva hecho desde que reapareció no se tiene en pie salvo sus llenos en las plazas de España y de Francia donde actuó y, sobre todo, lo que su vuelta supuso para revitalizar la Fiesta en Barcelona. De lo de América, salvo su tarde de reaparición en La México, casi nada de lo que se proponía. Y por lo que respecta a su primera etapa como matador de toros, salvo las temporadas de 1997, 1998 y 1999, un continuo desertar de sus responsabilidades.

Incluso en sus mejores campañas ya aludidas, hubo tres grandes manchas. Aduciendo un parte facultativo leve que pretendió convertirlo en grave, se fugó del corridón de Atanasio en la feria de Bilbao de 1998 en la que debería haber competido con Enrique Ponce para reaparecer al día siguiente en Málaga con una gatada de Osborne, también con Ponce en el cartel. Estrepitoso fracaso en la feria de San Isidro de ese mismo año con toros del Conde de la Corte con los que mostró su falta de técnica y de oficio ante esta clase de ganado. Y nueva fuga en San Fermín de 1999 de otro corridón, éste de Capea, y otra vez con Ponce como competidor para reaparecer un día después en su Barcelona.

Barcelona fue el gran refugio de José Tomás. Porque en el 2000, año en que pensamos que necesariamente tendría que alternar con Ponce y El Juli en todas las plazas de primera, optó por no comparecer en ninguna. Ni en las Fallas, ni en Sevilla, ni en Madrid, ni en Pamplona, ni en Bilbao, ni en el Pilar de Zaragoza. Prefirió hacerlo en plazas de menor categoría aunque tapándose con sus cuatro famosas corridas triunfales en Barcelona y con dos más en San Sebastián. Sobre sus grandes éxitos en ambos cosos, se apoyaron muchos en la defensa del torero, obviando las clamorosas ausencias en los más comprometidos. Y ahí empezó la decadencia.

La temporada 2001 la salvó con dos discutidas salidas a hombros por la Puerta del Príncipe. Un crítico tan afecto como Javier Villán escribió en “El Mundo” “Cierren esa Puerta, por favor”. Lamentablemente, para salvar la cara en San Isidro, se enfrentó – ¡por fin! – a una corrida de Aldolfo Martín seleccionada por él mismo tras rechazar las reses que tenía reseñadas el ganadero y su fracaso se consumó con un toro al corral.

En la temporada de 2002 repitió en Sevilla pero no triunfó en ninguna de sus tres corridas. El declive de Tomás era ya evidente. Empezó a buscar descaradamente ganado comodísimo en todas partes. Hasta en Barcelona se atrevió a llevar una impresentable corrida de Zalduendo pensando en que sus incondicionales de la Ciudad Condal iban a tragar, cosa que no sucedió sino todo lo contrario. José Tomás no lo resistió y, tras un sonoro fracaso en la feria de Murcia, se marchó dejando plantados sus fieles que habían acudido para verle a la plaza de Albacete.

Así que el supuesto “pasado glorioso” de José Tomás que ahora se esgrime como inalcanzable lo podríamos entender solamente gracias a sus indiscutibles grandes obras de aquellos tres años inolvidables. Solo por eso se puede afirmar sin miramiento alguno la real importancia de José Tomás en el toreo. Un modo de torear insólito y a la vez limpio, templado, sugerente, sin atropellos ni enganchones. Puesto en ese sitio que, por cierto, ya casi nunca pisa de entrada como entonces. Dispuesto y relajado, quizá algo inseguro porque torear así no es para menos. Pero más fresco que una lechuga y ojo avizor hasta consumar sus creaciones con una espada, que en esto sí, casi nunca falló y de ahí que amarrara tantos trofeos. Tal y como suele ocurrir ahora porque, en la suerte suprema, Tomás continúa siendo fiel a sus comienzos. Pero en lo demás, no.

Dentro de esta rotunda negación, hay que hablar sobre todo de la birria de toros con que José Tomás pretende ahora que se le valore como en sus días más felices.

Quizá también fue con el toro más o menos “a modo” con el que Tomás logró su máximo nivel. Pero, al menos, sus toros de entonces en plazas de relevancia tuvieron trapío sobrado. Por ejemplo, los dos de Garcigrande que cuajó en Las Ventas en la Corrida de la Beneficencia de 1999. No se pude decir lo mismo, por desgracia, de los Garcigrande que mata ahora. Como tampoco de los de sus otras tres o cuatro vacadas favoritas que, para colmo, dicen que elige muy personalmente en cada finca.

Durante la etapa que lleva cubierta José Tomás, la decadencia de las ganaderías de Miura, Pablo Romero y Conde de la Corte dio paso a las de Victorino Martín y, últimamente, a la más encastada de Fuente Ymbro, para que los que quieran hacer un gesto torista se anuncien con ellas. Pues bien, Tomás todavía no ha matado ni uno solo de estos toros. No es de chocar, entonces, los enfados de Ponce, de El Juli y de El Cid. ¿Y qué hace José Tomás para evitar estos gestos? Pues pedir un dineral imposible por torear y negarse a que le televisen.

Y en cuanto a su elección de escenarios, casi siempre lo mismo. A la durísima feria del Pilar José Tomás no acude desde el año 1997. A las Corridas Generales de Bilbao, desde 1998. A los Sanfermines de Pamplona, desde 1999. En sus ocho temporadas como matador de toros antes de que se retirara en Murcia, solo acudió a tres ferias de abril en Sevilla: en 1999, 2001 y 2002. A la de Fallas, solamente a otras tres: 1997, 1998 y 2002. Y a la de Julio en Valencia, solo a dos: 1998 y 2002. Una pobrísima historia. Algunos siguen comparándole con Joselito, con Belmonte, con Manolete, con Antonio Ordóñez y despreciando a todos los grandes que llegaron después hasta los de nuestros días. De risa por no decir de llanto.

Se puede tener admiración por las grandiosas faenas que hizo José Tomás en sus años más felices frente a toros serios en plazas importantes. Pero, de eso a postrarnos ante lo que hizo cuando empezó a decaer y a lo que está haciendo ahora, hay un paso al que nos negamos.

¿Qué quiere este señor?

Hasta aquí llega el largo extracto del aún más largo artículo de Del Moral.

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