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4ª y 5ª de Olivenza. Asombroso Ponce con sol y un mano a mano bajo la lluvia para olvidar

La última jornada de la feria oliventina nos deparó dos espectáculos de opuestos resultados. El de la mañana, tan radiante como el Sol que apareció unas horas como queriendo no perderse cuanto aconteció. Y el de la tarde, para olvidar y de nuevo bajo la lluvia y el frío que predominaron durante las tres jornadas feriantes.

Los toros de Victoriano del Río, de varia condición con predominio de la nobleza, distintas hechuras y serias cabezas, depararon el triunfo de la terna anunciada. Enrique Ponce, Antonio Ferrera y Andrés Roca Rey tuvieron la oportunidad de expresarse a gusto porque los lotes fueron de distinta condición con la particularidad de que a cada matador le correspondieron los que mejor podrían aprovechar.

Los dos toros de Ponce le vinieron como anillo al dedo y no por ideales sino por sus febles características. El bravo que abrió plaza – casi lleno matinal en el coso – podría haber sido ideal si no se hubiera venido tan a menos en la segunda mitad de su lidia. Y el que centró la mañana que hizo de cuarto, tan desesperadamente blando que a nadie en el toreo salvo a Ponce le hubiera valido para obtener el triunfo más celebrado y sonoro e inesperado del ciclo. Ciertamente que ninguno de estos dos toros les hubieran valido para triunfar al veterano Antonio Ferrera y al joven Roca Rey. Bien repartida la fortuna, pues, vayamos con lo que aconteció a cargo del gran maestro valenciano que cada cada año, cada mes, cada día que pasa le vemos mejor en un inverosímil progreso triunfal.

Pues hasta parece un sueño que a estas alturas de la larguísima carrera profesional de Enrique Ponce le veamos mejorar tan crecientemente que parece no tendrá nunca fin. La ciencia infusa de Ponce es ilimitada. Su paciencia, infinita. Y su arte tan aparentemente fácil y a la vez tan difícil que ya casi no hay nadie que ose discutir su asombrosa primacía.

Tras un ajustado y preciso recibo por verónicas y un quite por delantales a pies juntos, mas el serio además de largo puyazo de José Palomares que tomó el bravo animal – magnífica la brega de Mariano de la Viña y otro tanto los pares de banderillas a cargo de Jocho -, la primera faena de Enrique fue un primor, una preciosa joya que no perdió ni un átomo de brillo a pesar de lo venido a menos del animal. El mayor mérito de esta faena netamente poncista, pues, fue que no bajó de nivel artístico pese al bajón energético que sufrió el burel. Tras una eficaz estocada, la oreja que le dieron a Ponce supo a poco. Las cosas de los toros de apertura en cada corrida. Un sino que los muy veteranos están obligados a sufrir y a superar.

Ya habían triunfado también Antonio Ferrera por exagerada partida doble en cuanto a trofeos frente al buen segundo toro y Roca Rey con un cartílago de medio pelo frente al no menos buen tercero, cuando a Ponce le vino a ver el mismísimo Diablo porque el cuarto llegó a la muleta tan inviable por absolutamente derrengado como para que el presidente hubiera sacado el pañuelo verde sin contemplaciones. Sobre todo por el muy sonoro enfado de público que pidió su devolución a incesantes y crecidos gritos. Vistas así las cosas, a cualquier torero no se le hubiera ocurrido otra cosa que matar enseguida al animal. A Ponce, increíblemente no. Ponce tiró de paciencia y de ciencia a base de tan templada suavidad que lo que pareció imposible se hizo gloriosamente posible hasta conseguir incluso que el animal embistiera con el morro rozando la arena por lo bajo de los muletazos que fueron surgiendo como por arte de magia o de un sueño hecho realidad milagrosamente. Y la gente, como loca además de todavía incrédula ante el portento hasta el punto del delirio. Pues de la muy agria bronca, el gentío se levantó para jalear y ovacionar en pie al gran maestro de maestros. Vamos, que Ponce puso la plaza boca abajo. Ya se había desatado el general clamor cuando Enrique se perfiló para dar pronta muerte al animal. Confieso que jamás habíamos visto nada parecido.

Y a partir de ese momento el ambiente se enfrió pese al indudable empeño de los dos colegas de PonceFerrara cortó una oreja del noble quinto gracias a la muy buena estocada que acabó con su vida – y en silencio terminó el limeño mientras el cielo se nublaba otra vez hasta la desesperación de los espectadores que les quedaron ganas de asistir a la corrida vespertina. Un mano a mano corregido por otra vez Ferrera por la obligada falta del anunciado El Juli quien no acaba de reponerse de su cornada colombiana. Un mano a mano con toros de tres ganaderías – Zalduendo, Victorino Martín y Garcigrande – que afrontaron con desigual fortuna el ya mencionado Ferrera y Ginés Marín que fue quien se llevó el gato al agua al cortar la única oreja de la deslucida contienda porque ni el ganado dio para más, ni los alternantes tampoco.

Tan solo añadir dos consejos a ambos espadas y a quienes les dirigen. Todos amigos. Antonio Ferrera se negó a banderillear tanto por la mañana como por la tarde. Craso error en su caso porque solía parear con gran lucimiento entre la felicidad de los cónclaves. Siendo felizmente cierto que Ferrera ha mejorado mucho artísticamente hablando – ayer por la tarde no por cierto – creo sinceramente que no debería prescindir de la más vistosa de sus cualidades toreras. !No abandone los palos, hombre…¡

Y a Roca Rey, que ya le ha llegado la hora de que se decida a perfeccionar su toreo cuando lo hace o lo intenta por lo clásico y de que vaya limitando sus demasiado marcadas querencias al neotremendismo. Manías que, por cierto, han contagiado a otras jóvenes promesas, cual es el caso de Ginés Marín a quien los cambios y los quiebros por delante o por detrás no le van nada ni falta que le hacen por su sobrada clase. En fin…

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Ponce fue recibido en Olivenza con una cerrada ovación que compartió con sus compañeros de cartel. Sin tregua, salió el primero de la tarde y lo cuajó en un recibo a la verónica para enmarcar. Se meció literalmente ganando terreno y cerrando con soberbia media. Después quitó por delantales. Brindó al público y se dobló de forma magistral antes de parar el tiempo en los primeros derechazos. Por ese pitón siguió gustándose y retándose a sí mismo: ¿se puede torear más despacio? Y él mismo se respondió: Se puede. Lo hizo a un toro que iba apagándose pero al que supo encelar con su temple mágico.

Apuró de esta forma hasta la última arrancada en una labor asentada, inteligente y medida. También enormemente bella. Cuando parecía que no había más, Ponce se inventó un final de faena genuflexo de gran belleza que tuvo además un momento de exposición -el toro se paró y le lanzó una intimidante mirada- que hizo reaccionar al público. Ejecutó el volapié a la perfección y a cámara lenta, como había toreado, y cortó la primera oreja de la tarde. Un corto premio para la excelencia mostrada.

El segundo de su lote no se dejó torear de salida, mostrándose justo de fuerza, circunstancia que fue protestada por el público y que enmarcó la faena con un ambiente nada propicio. Ponce se esmeró en mantenerlo en pie con un temple absoluto y un magistral manejo de las alturas. Poco a poco lo fue afianzando, con ciencia y paciencia. Hasta que en la tercera serie empezó a bajarle la mano, ligando varias tandas enormes. De nuevo paró el toreo cuando cogió la muleta con la zurda para acabar de inventar una faena que en principio parecía imposible. Todo lo puso Ponce hasta el final, cuando de la nada se sacó hasta tres Poncinas perfectas que acabaron de enardecer al público. Había convertido las lanzas en cañas en uno de esos habituales milagros poncistas. Le fueron concedidas las dos orejas en el que ha sido un comienzo de temporada cumbre del maestro.

J.A. del Moral publicado en De Toros en Libertad

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Los “perros” de Manizales para Morante y El Juli: ¿no les da vergüenza?

El miedo comienza a sentirse entre los aficionados mexicanos y no es para menos, ya que después de haber arrasado con toda clase de novilletes en Sudamérica, El Juli ya tiene la mira puesta en su temporada mexicana, en donde se anuncia el 5 de febrero en La Plaza México con toros de Teófilo Gómez al lado de Morante de la Puebla, socio de faenas del torero de San Blas en América. 

Cuando El Juli era un niño y andaba por México de novillero se oía hablar mucho de él. Los revisteros españoles y los periodistas mexicanos escribían que estabamos ante la reencarnación de Gallito, pero lo que en verdad nos encontramos al día de hoy ha sido otro indeseado golpe de realidad, porque el toreo del Juli evolucionó pero hacia la vulgaridad, la bastedad y el destoreo, tres rasgos que le han acompañado en su largo caminar hasta el día de hoy.

Y ya podrán cantarle odas y sinfonías los críticos, el público y los aficionados; podrán encumbrarle hasta el cielo, darle orejas, rabos y patas, inluso le pueden poner una estatua en Sevilla junto a la de Pepe Luis Vázquez o encima de la de Manolo Martínez en la Plaza México, pero la realidad es que el toreo de Julián López, comparado con los buenos toreros de otras epocas, se ha quedado muy corto para lo que alguna vez apuntaron los grandes críticos. 

Y eso, quien lo probó lo sabe. (De S y S)

Por José Antonio del Moral.

Uno lee lo que se escribe y se publica sobre algunas ferias de América y llega hasta creer las maravillas que se cuentan sobre lo hecho por los toreros.

Pero estamos en un momento sublime de los más modernos y libres medios de comunicación gracias a internet y a las redes sociales y el tinglado se viene abajo cada vez que a alguien se le ocurre publicar las fotografías de los toros que se lidiaron en el “grandioso” acontecimiento.

No hacen falta más palabras…

De Toros en Libertad.

Amenazas intolerables

Por J.A. del Moral.

Cada vez que se me ocurre escribir algún comentario sobre las habituales cogidas de Andrés Roca Rey – actualmente convaleciente de la última en Manizales y sin haber podido cumplir algunos compromisos en ruedos americanos – surgen infinidad de respuestas entre las que hay de todo tipo, en su mayoría discrepando aunque con buenos modales. También las hay mostrándose de acuerdo conmigo. 

Pero, asimismo, las hay amenazantes en las que me advierten de lo que me ocurriría si persisto en el tema. Amenazas ciertamente preocupantes de gentes capaces de cometer cualquier barbaridad contra mi persona.

Estas agresiones no son propias del toreo ni de su mundo. Nunca lo fueron. En los más de 50 años que llevo ejerciendo como critico de toros, apenas recuerdo no más de tres veces que me ha sucedido algo parecido. Pero ahora, con Roca Rey como motivo, me llegan demasiadas y esto es alarmante. Y no solo para mí. También y sobre todo para el diestro limeño porque a quien más dañan es a él. Mal asunto es tener que verse rodeado de “matones” a los que quizá ni siquiera conozca el más directamente interesado.

En vista de lo cual, no he tenido más remedio que denunciarlo a las Autoridades Competentes de España con posible traslado a las Internacionales.

Advertidos quedan los amenazadores.

“No es cuestión de cebarse en la por ahora última cogida de Andrés Roca Rey. Es lamentar una vez más lo que parece acompañar, tarde tras tarde, a este torero llamado a ser muy grande. Pero tantas cogidas no es cuestión baladí, sino motivo de creciente preocupación porque si continúa arriesgando sin previo control de las embestidas de los toros ni de asegurar su firmeza para no perder el equlibrio, nos tememos lo peor”.

Tendrá que replantear su carrera Andrés Roca Rey; aun cuando pueda sonar que es inoportuno expresarlo, su tasa de percances (con ingreso a la clínica) por corrida, podría ser sin duda alguna el más alto de la historia de la Tauromaquia para toreros con un año de alternativa.

De Toros en Libertad.

La penúltima “faena” de José Tomás

Por

Todavía en Francia, recibo una llamada desde Madrid por la que me dicen con verosimilitud que, junto a varias figuras, José Tomás va a torear el festival que se va a celebrar en Valladolid el próximo 4 de septiembre para recaudar fondos a fin de sufragar el costo del monumento a Víctor Bario que se quiere erigir en Sepúlveda. Pero en la misiva, también me dicen que Enrique Ponce no actuará en este festival como estaba previsto por lo siguiente: Resulta que el maestro valenciano también iba a actuar una tarde en la feria vallisoletana de La Virgen del San Lorenzo. Comparecencia que tampoco tendrá lugar porque con los carteles ya cerrados y a última hora, al señor Tomás se le ha ocurrido actuar también en una corrida formal y, ¿saben ustedes qué día la elegido para hacerlo? Pues el de la tarde en que iba a torear Enrique Ponce a quien, de inmediato, le han quitado del cartel por aquello de que el galapagarino asegura la masiva venta de abonos y Ponce no. Ponce lo único que asegura es torear como el mismísimo Dios. Pero eso carece de importancia ante lo importantísimo que es el parné.

Ya sabemos la enorme fuerza que está teniendo José Tomás en las taquillas de las poquísimas plazas donde se anuncia este año sobre la base de su fama y proyección que dimana de sus escasísimas comparecencias en los ruedos, en no dejarse televisar bajo ningún concepto y en la mayor operación de marketing que haya disfrutado torero alguno en toda la historia. Otra cosa muy distinta le ocurriría si sus temporadas fueran las que corresponden  a las grandes figuras: el máximo de corridas posibles desde Olivenza a Jaén pasando por Fallas, Sevilla, Madrid, Pamplona, Bilbao y Zaragoza, alternando con las demás figuras, matando los toros con el tamaño y el trapío que corresponde a las más importantes y dejándose  televisar en directo allá donde las retransmisiones  se lleven a cabo. Ni en sueños.

Pero bueno. El caso ha sido que al verse Ponce apeado contra su voluntad de su corrida ferial en Valladolid, ha hecho lo debido por sentido del honor y por pura coherencia profesional y personal: quitarse del festival por propia voluntad y no por razones de fechas ocupadas coincidentes que es lo que han dicho todos los que ya han anunciado el evento. Pero vamos a ver, tíos. ¿Es que no les da vergüenza disimular – ¡Mentir! – tan descaradamente.? ¿Quién o quienes los lo manda…?

Enrique Ponce, eso sí, mantiene su compromiso, hace bastantes días anunciado, de donar sus honorarios de la corrida que se va a celebrar en Cantalejo para sufragar los costes de monumento a Víctor Barrio. Dinero que por supuesto engrosará lo que se recaude en Valladolid.

En fin, que allá cada cual… Lo que ha quedado claro una vez más es que Enrique Ponce es una excelentísima persona y un torero cabal además de histórico e insuperablese se le mire por donde se le mire. Y que José Tomás será el que más gente meta en las poquísimas plazas donde torea. Pero, a la vez, sigue siendo una malísima persona y un pésimo compañero. Un truhán. ¿A que ni se le pasa por la cabeza hacer lo mismo con Ponce en Sevilla, en Madrid y en Bilbao…? ¿por qué no pide el sitio de Ponce en la corrida de Samuel Flores que va a matar Enrique en la feria de Albacete?…

Del resto de los implicados en la fechoría, solo decir una cosa: que no tienen ni un átomo de dignidad. Pues eso.

Tras el fracaso de José Tomás en México

Por J.A. del Moral.

Con José Tomás todo pasa como en el Carnaval, hasta el alcalde con la calabaza… A los tomatóxicos les vale todo para ensalzar su figura. Da igual ocho que ochenta.  Les de lo mismo que triunfe o que fracase.

Pero lo que es el colmo son los escritos de sus más pretendidamente ilustrados panegiristas tratando de genializar su última tarde en La México que solo fue un fracaso cuasi anunciado aunque con la taquilla monumentalizada. Hay quienes creen que Tomás es el único capaz de llenar esa plaza. Ha sido la única vez que lo consiguió gracias a la maxipublicidad que le organizan. En este si que es un genio… Yo he visto llena la Monumental varias veces y no hace tanto tiempo con Enrique Ponce, con El Juli y con Pablo Hermoso de Mendoza y a nadie se nos ocurrió escribir un “Cantar de los Cantares” por ello.

No es de chocar que, ahora, las redes sociales se hayan llenado más que nunca de dantescas y hasta de churriguerescas gilipolleces. Con lo sencillo que es decir las cosas como fueron. Por eso no quiere que le televisen. Que hagan la prueba en la próxima y ya veríamos como se caería el tinglado. Aunque tras el petardo millonario no creo que le vuelvan a poner.

El ya cuarentón y envejecido José Tomás ya no tiene eso que llamamos el “sitio” porque torea poquísimo y nunca frente al ganado serio de las plazas de primera en España. Además, no es lo mismo matar reses es privado que en público.

No dejarse televisar en directo esconde trampas

Por José Antonio del Moral.

La mayoría de los medios cantan hasta lo indecible los éxitos de los toreros en la Plaza México y, no digamos, cuando los que actúan casi llenan o, no digamos, si son capaces de agostar las entradas, como parece va a ser el caso de la reaparición de José Tomás en el Monumental coso de Insurgentes el próximo domingo.

El Juli, sin llegar al lleno total, fue hasta ahora en la presente temporada quien más gente ha metido en sus tendidos. Y eso está muy bien. Hay que celebrarlo. Sin embargo, ni El Juli este año en México, ni mucho menos José Tomás desde hace mucho tiempo en cualquier parte, permiten que sus actuaciones sean televisadas, ni en directo ni en diferido, mientras todos los demás sí se dejan televisar sin temor.

¿Por qué?, ¿por qué no quieren que les veamos desde nuestras casas? Pues sencillamente dicho, porque temen que veamos el ganado que suelen matar allá, principalmente. Y en el caso más especial de José Tomás para que su atractiva y misteriosa figura no pierda ni un átomo de poder taquillero.

Tomás, ya se sabe sobradamente, desde que volvió a los ruedos tras su largo retiro, viene fidelizando su plan sin la menor duda ni la más mínima rectificación: torear lo menos posible con ganado lo menos serio que sea posible y cobrando lo máximo posible. Formula que, por cierto, quien más intenta practicar es, precisamente, El Juli.

Y la mayoría de los medios, sobre todo los digitales, no solo lo tapan sino que lo celebran.

Pues señores, seamos serios, todo esto es una monumental vergüenza. Tanto por parte de ambos diestros como los que les cantan incondicionalmente. ¿O no?

Fuente: http://www.detorosenlibertad.com/

LA VERDADERA GUERRA DE JOSÉ TOMÁS

El periodista taurino José Antonio del Moral publico hace un tiempo un largo artículo sobre la visión que tenia de la trayectoria artística del torero José Tomás. Lo hemos rescatado del olvido y lo ponemos a continuación, por el interés que puede tener una opinión discrepante de la mayoría a tan solo unos días de su próxima presentación en la Plaza México.

LA VERDADERA GUERRA DE JOSÉ TOMÁS

No es la que intentan explicar en el último número de la revista “6 Toros 6” donde persisten en defenderle a cualquier costa, sino la guerra que el de Galapagar sigue manteniendo consigo mismo por sus limitaciones que, a la vista está, cada vez le pesan más. Siempre le pesaron, nunca tuvo suficiente fuelle para resistir una temporada entera, de principio a fin. Ni siquiera en sus tiempos más fecundos. El que fuera su mejor apoderado, Santiago López, afirmó que al final de la campaña de 1997 ya quiso retirarse. El palmarés profesional de José Tomás dista infinitamente de los que lograron las más grandes figuras de cualquier tiempo.

Nos gustaría que José Tomás pudiera cumplir los requisitos que incumben a cualquier figura. Pero los incumple porque, aunque quisiera, no puede. Ni tiene el valor que exhibió algunas tardes, ni torea como toreó. Bastaría que se mostraran por televisión las imágenes de sus actuaciones más gloriosas de los años 97, 98 y 99 en la plaza de Madrid.

Ello explica que las demás figuras, que suelen protagonizar triunfos en plazas de importancia frente a corridas muy serias, no que las empresas paguen más dinero a José Tomás. Y de ahí las dificultades de no pocas empresas en contratar a Tomás junto a figuras de relieve.

El propio José Tomas sabe perfectamente que este año debería dar la cara en la feria de Abril en Sevilla, en la de San Isidro en Madrid, en la de San Fermín en Pamplona, en las Corridas Generales de Bilbao y en la del Pilar Zaragoza. Pero como no lo puede hacer, está intentado que lo que finalmente haga lo consideremos como algo ejemplar, propósito en el que le ayudan descaradamente artículos como los que se acaban de publicar en “6 Toros 6”.

Dijo Abraham Lincoln: “es posible engañar a todo el mundo algunas veces y a algunas personas, siempre; pero es imposible engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Afortunadamente, todavía quedan algunos aficionados que no se dejan engañar.

Si José Tomás tuviera más fuerza moral hubiera afrontado su situación con todas sus consecuencias. Pero como carece de todo ello, mejor sería que él mismo reconociera sus limitaciones y se presentara según está: Señores, yo ya no puedo hacer lo que hice y quien quiera verme que vaya. Pero eso no es lo que Tomás quiere que se piense de él. Lo que quiere es que creamos que es el torero más grande de todos los tiempos. Y eso es imposible.

La inminente temporada sería ideal si José Tomás se comportara como debiera. ¿O es que sólo por la fama que le regalan va a tener derecho a hacer lo que le de la gana? Muy mal ejemplo están dando a las nuevas generaciones de toreros quienes proclaman como más auténticos los planteamientos de campaña de José Tomas.

Cuanto lleva hecho desde que reapareció no se tiene en pie salvo sus llenos en las plazas de España y de Francia donde actuó y, sobre todo, lo que su vuelta supuso para revitalizar la Fiesta en Barcelona. De lo de América, salvo su tarde de reaparición en La México, casi nada de lo que se proponía. Y por lo que respecta a su primera etapa como matador de toros, salvo las temporadas de 1997, 1998 y 1999, un continuo desertar de sus responsabilidades.

Incluso en sus mejores campañas ya aludidas, hubo tres grandes manchas. Aduciendo un parte facultativo leve que pretendió convertirlo en grave, se fugó del corridón de Atanasio en la feria de Bilbao de 1998 en la que debería haber competido con Enrique Ponce para reaparecer al día siguiente en Málaga con una gatada de Osborne, también con Ponce en el cartel. Estrepitoso fracaso en la feria de San Isidro de ese mismo año con toros del Conde de la Corte con los que mostró su falta de técnica y de oficio ante esta clase de ganado. Y nueva fuga en San Fermín de 1999 de otro corridón, éste de Capea, y otra vez con Ponce como competidor para reaparecer un día después en su Barcelona.

Barcelona fue el gran refugio de José Tomás. Porque en el 2000, año en que pensamos que necesariamente tendría que alternar con Ponce y El Juli en todas las plazas de primera, optó por no comparecer en ninguna. Ni en las Fallas, ni en Sevilla, ni en Madrid, ni en Pamplona, ni en Bilbao, ni en el Pilar de Zaragoza. Prefirió hacerlo en plazas de menor categoría aunque tapándose con sus cuatro famosas corridas triunfales en Barcelona y con dos más en San Sebastián. Sobre sus grandes éxitos en ambos cosos, se apoyaron muchos en la defensa del torero, obviando las clamorosas ausencias en los más comprometidos. Y ahí empezó la decadencia.

La temporada 2001 la salvó con dos discutidas salidas a hombros por la Puerta del Príncipe. Un crítico tan afecto como Javier Villán escribió en “El Mundo” “Cierren esa Puerta, por favor”. Lamentablemente, para salvar la cara en San Isidro, se enfrentó – ¡por fin! – a una corrida de Aldolfo Martín seleccionada por él mismo tras rechazar las reses que tenía reseñadas el ganadero y su fracaso se consumó con un toro al corral.

En la temporada de 2002 repitió en Sevilla pero no triunfó en ninguna de sus tres corridas. El declive de Tomás era ya evidente. Empezó a buscar descaradamente ganado comodísimo en todas partes. Hasta en Barcelona se atrevió a llevar una impresentable corrida de Zalduendo pensando en que sus incondicionales de la Ciudad Condal iban a tragar, cosa que no sucedió sino todo lo contrario. José Tomás no lo resistió y, tras un sonoro fracaso en la feria de Murcia, se marchó dejando plantados sus fieles que habían acudido para verle a la plaza de Albacete.

Así que el supuesto “pasado glorioso” de José Tomás que ahora se esgrime como inalcanzable lo podríamos entender solamente gracias a sus indiscutibles grandes obras de aquellos tres años inolvidables. Solo por eso se puede afirmar sin miramiento alguno la real importancia de José Tomás en el toreo. Un modo de torear insólito y a la vez limpio, templado, sugerente, sin atropellos ni enganchones. Puesto en ese sitio que, por cierto, ya casi nunca pisa de entrada como entonces. Dispuesto y relajado, quizá algo inseguro porque torear así no es para menos. Pero más fresco que una lechuga y ojo avizor hasta consumar sus creaciones con una espada, que en esto sí, casi nunca falló y de ahí que amarrara tantos trofeos. Tal y como suele ocurrir ahora porque, en la suerte suprema, Tomás continúa siendo fiel a sus comienzos. Pero en lo demás, no.

Dentro de esta rotunda negación, hay que hablar sobre todo de la birria de toros con que José Tomás pretende ahora que se le valore como en sus días más felices.

Quizá también fue con el toro más o menos “a modo” con el que Tomás logró su máximo nivel. Pero, al menos, sus toros de entonces en plazas de relevancia tuvieron trapío sobrado. Por ejemplo, los dos de Garcigrande que cuajó en Las Ventas en la Corrida de la Beneficencia de 1999. No se pude decir lo mismo, por desgracia, de los Garcigrande que mata ahora. Como tampoco de los de sus otras tres o cuatro vacadas favoritas que, para colmo, dicen que elige muy personalmente en cada finca.

Durante la etapa que lleva cubierta José Tomás, la decadencia de las ganaderías de Miura, Pablo Romero y Conde de la Corte dio paso a las de Victorino Martín y, últimamente, a la más encastada de Fuente Ymbro, para que los que quieran hacer un gesto torista se anuncien con ellas. Pues bien, Tomás todavía no ha matado ni uno solo de estos toros. No es de chocar, entonces, los enfados de Ponce, de El Juli y de El Cid. ¿Y qué hace José Tomás para evitar estos gestos? Pues pedir un dineral imposible por torear y negarse a que le televisen.

Y en cuanto a su elección de escenarios, casi siempre lo mismo. A la durísima feria del Pilar José Tomás no acude desde el año 1997. A las Corridas Generales de Bilbao, desde 1998. A los Sanfermines de Pamplona, desde 1999. En sus ocho temporadas como matador de toros antes de que se retirara en Murcia, solo acudió a tres ferias de abril en Sevilla: en 1999, 2001 y 2002. A la de Fallas, solamente a otras tres: 1997, 1998 y 2002. Y a la de Julio en Valencia, solo a dos: 1998 y 2002. Una pobrísima historia. Algunos siguen comparándole con Joselito, con Belmonte, con Manolete, con Antonio Ordóñez y despreciando a todos los grandes que llegaron después hasta los de nuestros días. De risa por no decir de llanto.

Se puede tener admiración por las grandiosas faenas que hizo José Tomás en sus años más felices frente a toros serios en plazas importantes. Pero, de eso a postrarnos ante lo que hizo cuando empezó a decaer y a lo que está haciendo ahora, hay un paso al que nos negamos.

¿Qué quiere este señor?

Hasta aquí llega el largo extracto del aún más largo artículo de Del Moral.

Twitter @Twittaurino

Sexta de Fallas en Valencia: ¡Vaya petardo de los Zalduendo. Y vaya embarque que le metió Fernando Domecq a los Bailleres!

Los ojos del segundo toro de Zalduendo para Talavante y la mirada enferma del burel. Un petardo redondo el debut de Alberto Bailléres como ganadero en España. Foto by Arjona.

Sexta de Fallas en Valencia. Meritísima faena de Alejandro Talavante y otra corrida para el gato

Por J.A. del Moral.

Valencia. Plaza de la calle Xátiva. Miércoles 18 de marzo de 2015. Sexta de feria. Tarde amenazante, muy fría y ventosa con casi lleno.

Siete toros de Zalduendo, bien aunque desigualmente presentados y de pobre juego salvo el tercero. Devuelto el flojísimo primero, se corrió un sobrero del mismo hierro manejable sin fuerza y corto de viajes. Sin fuerza y defendiéndose en corto el segundo. Muy noble el tercero. Muy huidizo de salida y noble por el lado derecho aunque a menos el brío el cuarto. Muy flojo el noble quinto que duró por mor de la teatralizada faena de quien lo mató. Ruinoso el sexto.

Francisco Rivera Ordóñez (marino y oro): Estocada algo trasera de rápidos efectos, silencio tras ser aplaudido. Pinchazo y estocada, ovación.

Morante de la Puebla (prusia y oro): Media estocada caidita, amago de bronca injustificable. Pinchazo hondo, aviso y palmitas tópicas.

Alejandro Talavante (nazareno y oro): Estocada trasera caída, oreja. Estocada, palmas.

Ganaderamente hablando, la feria va mal salvo contados ejemplares. A saber, dos de Fuente Ymbro y no redondos;  dos de Victoriano del Río (uno de estos el del faenón de Morante); dos de Núñez del Cuvillo (excelente el de la buena faena de Castella y, hasta ayer, el mejor; el primero de Juan Pedro Domecq para El Soro por pastueño que no por más cosas; mas los que nos faltaban por catar de Zalduendo y los de Garcigrade-Domingo Hernández y de El Juli, como no, para el día de San José.

Lo peor es que los muy esperados de Alcurrucén se parecieron bastante a los criticadísimos de Juan Pedro. ¡Menudo fiasco! porque si se hubieran anunciado a nombre de Juan Pedro se habría armado la de San Quintín.

Ya se sabe que el hombre propone, Dios dispone y el toro lo descompone. Claro que, en la malhadada corrida de Juan Pedro con la que solo El Soro cortó una oreja de clamoroso regalo y Ponce otra legítima, si el primer toro de El Soro le hubiera correspondido al de Chiva, la tarde hubiera sido mucho más feliz. Cosas de la suerte. Por cierto que, ya que hablamos de Ponce, parece increíble que la mayoría de la prensa taurina se haya callado por su ausencia en la feria de San Isidro que, aparte la presencia de las demás figuras y algunos de estos en una sola tarde, Morante y Manzanares, está repleta de diestros absolutamente prescindibles.  Dice la empresa que el problema ha sido el dinero…  Sea por lo que fuere, que la figura más importante y duradera de gran parte del siglo pasado y de lo que llevamos del presente no vaya a Madrid por el maldito parné, es un escándalo aunque la mayoría de prensa taurina lo esté silenciando. Si hubieran dejado fuera a Urdiales, se habrían rasgado las vestiduras…Al de Arnedo le dan más importancia que al gran maestro valenciano y se quedan tan frescos.  Es de cachondeo. Pero bueno, pasada la feria isidril, queda casi toda la tela de la temporada por cortar…

De la tarde de ayer,  a la gente y a un servidor, nos hubiera encantado ver otra vez a Morante como el sábado pasado. Que Francisco Rivera Ordóñez compareciera recuperado del sustazo de Olivenza y que pudiéramos ver a Talavante tan bien como en Olivenza. Dependió del juego que dieron los de Zalduendo. Por cierto un cartel netamente FIT. Toros y toreros de la casa hispano mexicana en presencia del empresario francés que acaba de darles el portazo.  Veamos ahora en qué quedaron las cosas.

Remató en tablas nada más salir el primer toro, un castaño bien puesto que perdió las manos en el primer lance de Rivera Ordóñez, lucido en la media de remate tras dar otros tres de puro trámite. Su renqueo de patas provocó protestas. Se defendió en el primer puyazo y fue devuelto por caerse otra vez. En su lugar, soltaron un sobrero del mismo hierro. Con 500 kilos. Negro y veletillo. Y otro con poca fuerza. Rivera se estiró con lances a pies juntos en tablas. El toro se defendió en el primer encuentro con el caballo. Y sin quite de Rivera tomó el segundo en forma, amagando caerse. No quiso banderillear Francisco y pidió excusas. Por el golpe de Olivenza, sin duda. El burel esperó en banderillas desluciendo el tercio. La faena la empezó casi en las tablas de sol, donde menos molestaba el viento. Por alto con la derecha e intentando pasarlo en redondo con el animal quedándose corto y punteando. Apurando terreno y firmeza, logró una tanda ligada. Pero sus buenas intenciones se ensuciaron en la siguiente. No había toro. Casi otro tanto sucedió al natural entre lo más limpio y lo menos. La gente pidió música. No tocaron. Porfía a derechas con el toro ya casi parado y estocada casi entera traserilla que se hundió. Fue ovacionado por su afán de lucirse.

Abanto de salida y muy huidizo el cuarto. Se picó a la carambola. No pudo lucirse Rivera con el capote. Deslucido también el tercio de banderilla. Francisco brindó al público. Algo bueno le debió ver al toro para que lo hiciera. Empezó la faena sentado en el estribo. Dos de tal guisa por alto con la derecha. Y bien en redondo corriendo la mano, templando  y por bajo con facilidad en sucesivas tandas que ligó a los de pecho. Espaciadas, dicho sea de paso, por lo que tardeó el animal. Amago de cogida al citar al natural. Dio un par de pases zurdos y una bonita trinchera. Tras volver a derechas ya sin casi respuesta posible del animal, pinchó. Lástima.

El segundo, negro con mucha cara, también con poca fuerza, salió suelto y perdió las manos gateando y defendiéndose con la cara arriba y echando las manos por delante. Pueden imaginar que Morante no pudo pegar un solo lance y menos de los suyos buenos. El caballo se cayó al tropezar el toro en el primer encuentro. Y fue de largo al segundo dejándose pegar aunque defendiéndose. El ventarrón lo notó Morante en los medios a donde fue sabiendo que el quite no sería posible. Muy bien los peones en banderillas. Algo es algo…  Morante se atrevió a sacar al toro hasta las rayas. Pero una vez comprobar que  soplaba Eolo desatado y que el toro, ya rajado, no quería coles en sus baldíos intentos de torear al natural, cortó por lo sano, cambió de espada y mató de media estocada caída.

El quinto salió alegre y corretón. Suelto del primer capotazo de Morante. Oles enlatados en los lances incompletos que siguieron con buenas aunque infructuosas intenciones. El toro se fue solo al caballo contrario siendo castigado y salió trastabillado de un lance de Morante. Le dieron tela en el segundo. ¿Por qué tanto castigo? Otro quite frustrado de Morante. Rapidez accidental en banderillas. Sin fuerza y quedándose corto aunque noble, en cada muletazo diestro se cayó, se defendió por arriba o se frenó en los mejores intentos con la derecha. No obstante, la gente rugió un tanto tópicamente cada vez que medio le salieron los pases a Morante. Lo mismo o peor al natural. Había ganas de que repitiera la faena de hace días. Nada que ver esta pese al larguísimo empeño del gran artista, ayer meramente imitador de sí mismo. Si no hubieran castigado tanto al toro en varas, otro gallo podría haber cantado. Pero ya sabemos que por encima y por debajo de Morante como estratega están sus golferías lidiadoras. Hasta un aviso sonó en pleno teatro. Disgustazo al pinchar hondo. El toro dobló raudo porque ya estaba muerto antes de la agresión a espadas. Palmas enlatadas.

Talavante recibió al tercero con cordobinas y excelentes verónicas seguidas de chicuelinas  y media. Querer es poder. El toro las tomó con celo. Luego le cuidaron mucho en varas. Como debe ser.Entre una y otra, intentó quitar Talavante, pero el toro perdió las manos y desistió.  Lo hizo tras ser picado el animal por gaoneras que no pudo cuajar del todo. Muy desigualmente acertados los banderilleros. Talavante brindó al público. Empezó con el pase del cartucho resuelto al natural. Fue largo el toro pese a su escasa fuerza.  El viento estropeó los siguientes. Con la derecha, muy firme, valiente y templado Talavante pese a los imponderables climatológicos. Y noble el animal. Naturales añadidos a costa de lo que fuera. Y más a derechas. Giraldillas cambiadas muy cerca de la cara del toro. Siguió incansable con la izquierda y se desplantó de rodillas. En tamaña tesitura, no se podía pedir más. Muy bien Talavante. Estocada trasera caída. Oreja pedida con clamor.

El sexto se lidió como si estuviéramos en el Polo Norte. Nunca habíamos pasado tanto frío en Fallas. Sin fuerza, corto, echando las manos por delante el toro. Nada pudo hacer para bien Talavante con el capote. El toro fue al caballo por su cuenta y salió suelto de manso. Se dolió en banderillas. Un gran par de Juan José Trujillo. El de la feria por ahora. Estatuarios de Talavante. Y ya rajadito el toro, un par de ayudados por alto y de pecho. Escarbó el animal antes de los intentos al natural de Alejandro. No pudo darlos a gusto ni limpios por lo que se defendió el animal por arriba. A derechas, casi otro tanto.  Medios pases. Debió entrar a matar. Pero siguió otra vez con la izquierda y con la derecha para nada. Lo mejor, la estocada.

¡Vaya petardo de los Zalduendo. Y vaya embarque que le metió Fernando Domecq a los Bailleres!

Fuente: De Toros en Libertad http://www.detorosenlibertad.com/?p=47362