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A Manolete

Por Magdalena Entrenas.

Ese era mi sino… Estaba allí plantado esperando a que se abriera la puerta de chiqueros para recibir al morlaco de mi vida en un país lejano que me podría dar la gloria para siempre y yo solo pensaba en él y en lo que había significado en mi vida, esa vida que ahora sin quererlo me ocupaba la mente.

Habían pasado cien años de su nacimiento y demasiados desde su presentación en los ruedos mexicanos; todos en el mundo taurino esperaban la llegada de un nuevo Califa que viniera a retomar aquella planta erguida y majestuosa y ahora que yo tenía la oportunidad, en mi mente no había otra cosa que una sucesión caprichosa de estampas de mi vida justo en aquel trascendente instante.

Vi desfilar a aquellos años cargados de dicha en la huerta familiar en la que aprendí que la tierra y las raíces son lo más importante; mi llegada a Córdoba para estudiar y aquellas escapadas continuas al campo buscando cualquier excusa para estar cerca del toro y de los maestros a los que veía de lejos y que tanto admiraba. Aparecieron retazos de ese vídeo que tantas veces vi de su llegada a la vieja plaza de la Ciudad de México y en la que pidió nada más llegar que ondeara la bandera de España ante el clamor de un público entregado a su figura. Desfiló por mi mente mi madre y tanto sufrimiento reflejado en su cara por ver que mi pasión me había llevado a tanta incomprensión antitaurina y al mismo tiempo tan lejos; mis amantes… y el gran amor de mi vida, roto por un sueño que había sido imposible y que ahora se podía hacer realidad; mis días de miedos y las grandes sombras de mi existencia, una existencia que en ese instante comprendí que había estado completamente vacía hasta llegar ahí, hasta alcanzar el memorable momento en el que, por fin, plantado en la arena de la Plaza Monumental de México , tenía la ocasión de homenajear ante los miles de aficionados que la abarrotaban la figura mítica del hombre que marcó mi existencia, Manolete.

Tenía dibujada en mi mente su figura hierática y esa chicuelina perfecta con la que, como él, quería envolverme hasta casi desaparecer para recibir a mi oponente. Y de repente la puerta de chiqueros se abrió, sentí retumbar hacia mi la arena, contuve la respiración mientras se aceleraba mi corazón y, sin más,… me desperté.

* Abogada
Publicado en Diario de Córdoba 

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Es un pasaje ineludible

Por Xavier Toscano G. de Quevedo

Nunca podremos cerrar el mes de agosto sin recordar —como cada año— al más grande de todos los toreros, que el pasado domingo 28, día en que celebramos la festividad de San Agustín, se han cumplido 69 años de la última tarde en la que actuó el “Califa de Córdoba” Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”.

¿Quién no ha escuchado alguna vez en su vida el nombre de “Manolete”? ¡Seguro estoy que nadie! Aun aquellos que nunca han sentido atracción por nuestra prodigiosa fiesta, y hasta los que —sin ningún argumento, y sólo por borreguísimo— pretenden destruirla. Y es que en el mundo entero se le reconoce al torero cordobés como el símbolo más emblemático del Espectáculo Taurino. Hablar de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” es centralizarnos en nuestra atractiva y sorprendente fiesta, él tiene un lugar sagrado e inalcanzable entre todos los toreros que han marcado y dejado su huella en el acontecer de la tauromaquia desde su nacimiento hace más de 900 años, y obviamente en el siglo anterior, junto con José Gómez Ortega “Gallito” y Juan Belmonte precursores de la revolución en el toreo.
      
De estirpe torera, Manuel Laureano nació en la ciudad de Córdoba el 4 de julio de 1917 —está muy próximo el centenario de su nacimiento—,  su padre, también torero, se anunciaba como “Manolete”, aunque era más conocido con el apodo de “El Sagañón”, y de Agustina Sánchez que había enviudado anteriormente del torero Rafael Molina Martínez “Lagartijo Chico”. Sobrino nieto de José Dámaso Rodríguez “Pepete”, quien en el año de 1862, un 20 de abril, perdiera la vida en la plaza madrileña que se encontraba frente a la antigua Puerta de Alcalá; ¡Qué singularidades tiene la vida! Un toro de Miura de nombre “Josinero” le quitó la vida, y 85 años después “Islero”, igualmente de Miura, terminaba con la vida de Manuel.   

“Manolete” estaba cansado, el peso de toda la fiesta la sostenía él solo, habían transcurrido 13 años en su carrera que inició un 3 de mayo de 1934 en el poblado de Écija, y para 1947 su decisión era ya retirarse de los ruedos, pero faltaba su cita en el pueblo minero de Linares, provincia de Jaén, en donde estaba anunciado para las festividades del santo patrono del lugar, San Agustín, y esa tarde en quinto lugar salió al ruedo “Islero”. . . ¡Tenía qué ser de Miura!

Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” es sin lugar a duda la figura con más trascendencia y no solamente del siglo XX, es él el representante principal de toda la historia de la tauromaquia.

Torero de época, leyenda y arquetipo de la grandeza y solemnidad torera, entregó a la fiesta lo más grande que un torero pueda ofrendar: su inmolación.
 
Por lo cual, siempre habremos de resaltar que la majestuosidad y esplendor en más de IX siglos de trayecto de nuestra Fiesta, la enarbolan todos aquellos hombres que con dignidad, categoría, sacrificio y “honestidad”, han conquistado para la perpetuidad la gloria e inmortalidad dentro de éste mágico, sorprendente y dramático mundo, que existe y vive “únicamente” gracias a la presencia de su Majestad, El Toro Bravo.

Publicado en El Informador.

Recordando a Manolete: «Era un elegido»


Por Antonio Gil.

El 28 de agosto, Córdoba y el mundo entero recordará siempre a Manolete. Sus amigos se acercan hasta su tumba con un puñado de flores y de emociones. Los periódicos le dedicarán algún espacio, aunque sea breve, como eco de aquella noticia cuyo impacto dio la vuelta al mundo, con la imágenes imborrables de Canito, aunque este año ya no está entre nosotros. La cámara de Canito, el gran reportero gráfico de los ruedos, recogió para siempre la cogida de Manolete en la plaza de toros de Linares, su gesto de dolor en el rostro, el apresuramiento azaroso de sus compañeros para trasladarle a la enfermería, así como la última imagen, la del último pase que dio el torero en su vida. 

Canito nos contó mil veces sus vivencias de aquella tarde: “Enseguida supe que había sido una cornada grave. Sonó en toda la plaza como si alguien hubiese partido una tabla. El problema fue que Manolete era una persona muy honrada. Y echó el resto. Mató con la suerte contraria. Ese fue su error. Mató al toro saliendo para fuera. En caso de haberlo hecho de suerte natural, el toro se hubiese ido hacia los medios, pero hizo lo que tenía que hacer en tal caso: girar el pitón y metérselo en la ingle. Sonó como si hubiesen partido un madero. Un crac que nos dejó a todos de piedra. Él gritó: ‘¡Ay, ay!’. El toro saltó por encima y se fue a morir a la puerta de chiqueros. Lo viví todo desde la barrera, desde donde hago las fotos. Ví la cogida a seis o siete metros de distancia. En el callejón, como siempre. Con Camará y otros, comentando la corrida. Estabamos diciendo que el toro, tal y como estaba entrando al capote, lo podía coger. No sé qué le pasaba aquel día. Estaba el hombre con alguna preocupación en la cabeza porque una figura máxima del toreo no puede equivocarse de esa manera”. 

La descripción exhaustiva de Canito pone los pelos de punta. La cogida y la muerte de Manolete llegaron a la entraña viva de Córdoba, que, desde aquellos momentos trágicos, se volcó en cataratas de afectos, recuerdos, alabanzas, monumentos y cantos encendidos. 

Rafael Soria Molina, sobrino de Manolete y extorero, ha dejado también muchas pinceladas sobra la mítica figura: “Mi tío era una persona que reunía unas cualidades fuera de lo normal. Era un elegido. Tenía un gran tesón. Y un concepto de la vida muy especial. Su semblante era serio, pero cuando estábamos solos comiendo, en casa, le gustaba a él que le contásemos chascarrillos y confidencias. Hizo muchas obras de caridad. Lo que pasa es que no se enteraba nadie. Él creó su escuela. Manolete tenía en la mente su concepto de lo que era torear y lo llevó a cabo. A casi todos los toros, a casi todos, que es difícil, les hacía la faena que llevaba en la cabeza. Le costó mucho trabajo entender al toro. Manolete perfeccionó el arte del toreo Y eso sí que es difícil”. 

Cada 28 de agosto, Córdoba le recuerda, evoca su semblanza, visita su tumba, y le deja el beso de las flores, el abrazo de un afecto que quizás no le tributó en vida. 

Acaso porque esperaba ese último valor, esa última entrega hasta encontrar la muerte.

*Sacerdote y Periodista.

Fuente: Diario de Cordoba

Aguascalientes: La mansedumbre arruino la tarde

 Toros gordos sin raza ni celo en la primera de San Marcos.
Toros gordos sin raza ni celo en la primera de San Marcos.

De SOL y SOMBRA.

Nada para el recuerdo dejó la primera corrida de la feria de San Marcos en Aguascalientes, en donde  el español Diego Urdiales y los mexicanos Arturo Macías y Fermín Espinosa “Armillita 1V” terminaron por aburrir al escaso público que se dio cita en la Monumental.

Ante menos de media entrada se lidiaron seis toros de Bernaldo de Quiróz, justos de presentación y faltos de raza. Cuatro reses de las jugadas fueron pitadas en el arrastre.


Urdiales
, con un lote imposible demostro en base a su oficio y experiencia detalles de su toreo clásico, pero fue en su segundo, en donde con la muleta consiguió lo más destacado del festejo. Escucho palmas en su primero y silencio tras aviso en su segundo.


Macías
, con otro lote desrazado intentó agradar al tendido sin éxito. En su primero escucho division de opiniones y en su segundo fue silenciado tras una faena eléctrica y sin eco.

“Armillita IV“, con el tercero, un toro que saco genio estuvo empeñoso, pero el público no le agradecio su esfuerzo y escucho algunos pitos. En el sexto realizo una labor entre altibajos y la faena terminó por desesperar al tendido para escuchar una marcada división de opiniones.

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Cordobés y prohijado por Sevilla

Desde sus novilladas en plena Guerra Civil, Sevilla lo adoptó como a un hijo muy predilecto. Se anunció en cinco Ferias y siempre como base principalísima de unos carteles en los que iba al copo.
Por Luis Carlos Peris para EL DIARIO DE SEVILLA.

MANUEL Rodríguez, el inmenso Manolete, el Monstruo o Cuarto Califa, protagoniza el arranque de una serie en las que vamos a contar las Ferias de seis toreros que fueron en su día pilares de la gran fiesta sevillana. Pepe Luis, Rafael Ortega, Antonio Ordóñez, El Cordobés y Paquirri completarán este serial que ayer comienzo y que finalizará el domingo.

Manolete, que había tomado la alternativa en Sevilla no más haber terminado la Guerra Civil, estuvo anunciado en cinco ferias para matar un total de dieciséis corridas de toros. Además mató cuatro corridas fuera de Feria tras haber hecho el paseo en dos novilladas en plena barbarie incivil. Por lo tanto, Manuel Rodríguez actuó en Sevilla en veintidós ocasiones con un balance de diecisiete orejas cortadas.

De novillero ya conquistó a la afición de Sevilla, por lo que cuando estalló la paz fue investido como matador de toros en su plaza. Fue apadrinado por Chicuelo en presencia de Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana. Aquella tarde triunfaron clamorosamente los tres, pero la palma se la llevó Chicuelo cortándole el rabo a un bravo toro de Tassara. Curiosamente, comoquiera que el toro de la alternativa tenía un nombre tan políticamente incorrecto como el de Comunista, sobre la marcha fue rebautizado como Mirador.

El torero de la posguerra iba a ser Manolete. Fue tanto el predicamento del gran torero cordobés que iba a contribuir de forma decisiva en paliar la depresión que causaría una posguerra que sería una de las más crueles y largas que registra la historia. Y entre las grandes distracciones, las corridas de Feria de Sevilla, apareciendo Manuel ya en las tres tardes del ciclo de 1940. La cosa no daba para más y sólo hubo tres corridas que se repartieron cinco toreros.

Sólo Manolete estuvo en los tres festejos, y en dos Domingo Ortega, Pascual Márquez y Juanito Belmonte. Su primera tarde de Feria de Sevilla le supuso el primer triunfo, cortándole la oreja a un toro de Tassara el 18 de abril. El 19 se estrelló contra un encierro de Villamarta y volvió a triunfar el día 20 en la corrida de Miura que sería la primera del ciclo ininterrumpido que ha llegado a nuestros días. Un ciclo que comenzó en esa temporada del debut de don Eduardo Miura Fernández al frente de dicho hierro.

En 1941 continúa la penuria y se repite el escaso número de tres festejos para la Feria. Nuevamente, Manolete está en los tres, pero no es el único que copa la Feria. Ya es matador de toros Pepe Luis Vázquez y como ídolo de Sevilla comparte cartel con el cordobés las tres tardes. En la primera triunfan los dos en presencia de Juanito Belmonte con una corrida de Urquijo, al día siguiente le mojan la oreja Pepe Bienvenida y un gran Pepe Luis con la de Miura y en la tarde última, la del 20 de abril, se produce el extraordinario suceso de la faena más grande del Califa en Sevilla.

Es una corrida de ocho toros del Marqués de Villamarta y con Manolete torean Pepe Bienvenida, Juanito Belmonte y Pepe Luis. La corrida no sale buena y cuando salta al albero el séptimo de la tarde, el pesimismo continúa. Nadie da un duro por el triunfo, pero Manolete no estaba dispuesto a dejar el cetro del toreo. El baño que le había dado Pepe Luis en la de Miura fue el acicate para que el Monstruo clavase los pies en el albero para un trasteo que tuvo en la emoción su mayor componente. Le cortó el rabo al complicado villamarta y se proclamó otra vez triunfador de la Feria de Sevilla.

En 1942 se aumenta a cuatro el número de festejos y en los cuatro están Manolete y Pepe Luis, erigidos ya en rivales que han dividido a la afición de parecida manera a como estaba de dividida en los tiempos de José y de Juan. Pero las expectativas no se cumplen, Manolete ha perdido mucho sitio y Pepe Luis no se entiende con lo que sale por chiqueros. Sólo Manuel Álvarez Andaluz toca pelo y todo es un fracaso en el que también participa el inefable Rafael Gallito.

Manolete sufre un bajón tan acusado que no se anuncia en la Feria de 1943. En 1944 ya son cinco las corridas de Feria y Manuel hace el paseo en dos. Corta dos orejas a sendos toros de Antonio Pérez y de Montalvo en compañía del Estudiante y de Pepe Luis; y se va de vacío en la de Tassara junto a Pepe Luis y El Andaluz.

La rivalidad con Pepe Luis ha disminuido y ahora es Carlos Arruza el rival a batir. La Feria de 1945 será la última de Manuel y en ella sale triunfador clamoroso con corte de orejas las cuatro tardes. Tassara, Núñez, Miura y Curro Chica son las ganaderías desorejadas y su duelo con Arruza es trepidante, pero en la tarde del 19 de abril, con un toro de Núñez entra en la pelea un torero de Sevilla llamado Pepín Martín Vázquez, casi nada.

 

Esa fue la trayectoria de Manolete en la Feria. Muchísimas más luces que aquellas sombras del 42. Su última tarde en Sevilla fue el 21 de abril de 1945 con toros de Curro Chica para Álvaro Domecq, Fermín Rivera, él y Pepe Luis. Ya no vino más, Islero se cruzó en su camino la tarde negra de Linares y Sevilla jamás lo olvidó.
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Recordando a Manolete

Por Jose Sánchez Cuevas.

Un año más, aquellos que nos sentimos aficionados (dudamos si buenos o malos, y si hacemos bien o no en serlo), que siempre hemos profesado un gran interés por el tema taurino desde muy temprana edad resultamos atraídos por todo cuanto rodea a este apasionante planeta, con sus múltiples encantos y atractivos, y que mantuvimos una atención constante hacia la fiesta nacional, tenemos que rendir tributo a la memoria de nuestro paisano Manuel Rodríguez Sánchez Manolete, con motivo de cumplirse el aniversario de su muerte en la plaza de Linares, presa de la cornada del miureño Islero.

Sesenta y ocho años han transcurrido desde la desaparición de esta figura señera de la fiesta que supo erigirse en número uno de los matadores de la época y con su trágico final, convertirse en un auténtico mito de la fiesta de los toros. Manolete, en los ruedos y en la calle, fue un personaje único. Como tal se le reconoció y como tal se le recuerda con idéntico interés a pesar del inexorable paso del tiempo, que todo lo desgasta.

Si bien es cierto que en este largo periodo desde el suceso de Linares hasta la fecha no han faltado quienes trataron de emborronar su brillante pasado, también es verdad que tuvieron escaso éxito cuantos lo pretendieron.

En términos taurinos podríamos decir que pincharon en hueso quienes lo intentaron de múltiples formas. Valga como ejemplo la realización de una película que nos reflejaba una imagen de Manolete que distaba mucho de la real. Y se produjo un fracaso total. Ahora, hace poco que leímos la posibilidad de que en un futuro próximo desaparezca el nombre de Manolete del callejero de Madrid, pues la nueva corporación de la capital de España no ve con buenos ojos ciertos parentescos, amistades y comportamientos en la vida del torero cordobés. Parece como si se quisiera cambiar la historia.

De cualquier forma, nosotros le debemos seguir recordando como lo que fue y representó: un cordobés universal con extraordinaria personalidad y un figurón del toreo, considerado el cuarto califa de la historia.

Ahora, como hacemos siempre estos últimos años, desde que murió en 1947, aprovechamos la ocasión para recordar al periodista José Luis Sánchez Garrido, José Luis de Córdoba, primer biógrafo e íntimo de Manolete.

El, sí que fue fiel a la memoria de su amigo y nunca falló en su defensa hasta que desapareció, con 92 años. Se nos pregunta frecuentemente por el destino que se ha dado a la extensa obra de José Luis, como periodista y escritor, y podemos decir que se ha cedido para uso y depósito al Museo Taurino de su ciudad.

El Fondo Taurino José Luis de Córdoba se encuentra en fase de inventariado, parte del cual ya está hecho por la Unidad de Museos. A Mercedes Valverde, directora de los museos municipales se le ha pedido opinión sobre la influencia que pudiese tener el cambio de gobierno en el Ayuntamiento en este tema y nos ha dicho que en sus contactos con la nueva teniente de alcalde y responsables de cultura, ha apreciado magnifica disposición y muchas ganas de trabajar. Eso es bueno.

La cosa va despacio, pero camino de que se cumplan los últimos deseos del periodista José Luis de Córdoba, que se mostró siempre incansable a la hora de escribir y realzar cuánto de sobresaliente se produjo en esta bendita tierra.

Uno de esos destacados valores fue, sin duda, Manolete, de cuya muerte se cumple ahora un nuevo aniversario. Habrá que recordar pues a quien dio todo por la fiesta. Manolete, consiguió gloria y fortuna a base de jugarse la vida ante los toros. Y llegó el día en que la perdió. Con 30 años de edad. Más entrega, imposible.

Fuente: http://www.diariocordoba.com/noticias/cordobalocal/recordando-manolete_983553.html

Tendido 7: ¡Es una cita ineludible!

Manolete y Silverio Pérez.

Por Xavier Toscano G. De Quevedo.

Nuestro arrogante y excelso espectáculo taurino tiene como característica fundamental el ser una celebración que está revestida de un gran fondo de solemnidad, éxtasis, encanto y, en algunas ocasiones… ¡con un final trágico!

Faltan tan sólo dos días para que se cumplan sesenta y ocho años de una de las más grandes tragedias que han conmovido no solamente a nuestra Fiesta Brava, sin que igualmente al mundo entero. El fallecimiento del torero más admirado en el universo de los toros, Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, en un pueblito minero de la provincia de Jaén, llamado Linares.

¿Quién no ha escuchado por lo menos en algún momento hablar de Manolete? —y hoy de nuevo me viene a mi memoria una conversación que se ha repetido entre mis amigos en infinidad de veces, y para no perder la costumbre, sucedió en días pasados; hola mi estimado Luis Antonio ¿Cómo te ha ido?… ¡Muy bien Xavier! ¿Y tú como vas con tu problema de salud, y por cierto sigues con la afición a los toros, y más hoy que están continuamente agredidos, ya viste la prohibición que dictaminó el gobernador de Coahuila?… Claro Luis Antonio y en ésta increíble Fiesta seguiré toda mi vida.

Oye amigo mío, ya que tocaste el tema de los toros ¿Qué sabes tú de nuestra fiesta?… ¡Realmente muy poco Xavier, estoy enterado de los toros que corren por las calles en la fiesta de San Fermín en la ciudad de Pamplona! … Y de toreros ¿Te acuerdas de alguien?… ¡Sí, toda mi vida he escuchado hablar de “Manolete”!..  ¿Por qué tú pregunta Xavier?… ¡Luis Antonio, es que a todos los que les formulo ésta pregunta, invariablemente me dan la misma respuesta, no obstante que no les atraiga la Fiesta Brava!… ¡Hasta luego Luis Antonio, no veremos otro día!

Siempre es así, la respuesta invariablemente seguirá siendo la misma, y es que en el mundo entero se reconoce al “Califa de Córdoba” como el símbolo más emblemático del espectáculo taurino. Hablar de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” es centralizarnos en nuestra mágica y hermosa Fiesta. Él goza de un lugar preponderante entre todos los toreros que marcaron el acontecer del toreo en la primera mitad del siglo XX, junto con José Gómez Ortega “Joselito” y Juan Belmonte, que son los auténticos revolucionarios del toreo.

Con una larga trayectoria de estirpe torera, Manuel Laureano nació en la ciudad de Córdoba, la de los Califas, el 4 de julio de 1917 —sólo faltan tres años para su centenario— hijo del matador de toros Manuel Rodríguez que también se anunciaba en los carteles como “Manolete”, pero que era más conocido como “El Sagañón”, y de Agustina Sánchez Martínez que había enviudado anteriormente del torero Rafael Molina Martínez “Lagartijo Chico”.

También entre sus familiares estaba José Dámaso Rodríguez “Pepete”, tío abuelo de Manuel, quien en el año de 1862 un 20 de abril perdiera la vida en la plaza madrileña que se situaba frente a la antigua Puerta de Alcalá ¡Qué paradoja de la vida!, un toro de Miura de nombre “Josinero” le quitó la vida a “Pepete”, y ochenta y cinco años después “Islero” igualmente de la ganadería de Miura terminaba con la vida de “Manolete”.

Con su llegada a los ruedos, que fue el 3 de mayo de 1934, y contando con 17 años de edad, actúa en un festejo sin picadores en la población de Écija, alternando en esa tarde con Palmeño II y Niño de Tamares lidiando erales de Natera. Es inmediatamente aceptado por todos los aficionados en España,  impactados por su solemne y enigmática figura, que mostraba en cada tarde y en todas las plazas de la geografía ibérica.

En Tetuán de las Victorias, provincia de Madrid, el 1 de mayo de 1935 torea su primera novillada con picadores, en esa tarde acompañaron a “Manolete”, Liborio Ruiz, Valerito Chico y el faraón de Texcoco Silverio Pérez, los novillos pertenecían a la dehesa de Esteban  Hernández.

Cinco años después de su presentación como novillero llegó para “Manolete” la alternativa, ésta se realizó en la Real Maestranza de Sevilla; el padrino, Rafael Jiménez Castro “Chicuelo” le cedió al toro “Mirador” de la ganadería de Clemente Tassara, atestiguando el doctorado Rafel Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”.

Fue hasta el año de 1945 cuando “Manolete” se presento en tierras mexicanas, el 9 de diciembre en “El Toreo” de la colonia Condesa, partió plaza al lado de Silverio Pérez y Eduardo Solórzano.“Gitano” de la vacada de Torrecilla, fue el toro de su confirmación, al que cortó oreja y rabo; su segundo, de nombre “Cachorro”, le causaría una fuerte cornada en el muslo izquierdo.

El 5 de febrero de 1946, inauguró la “Plaza México” junto a Luis Castro “El Soldado” y el “Berrendito de San Juan” Luis Procuna, los toros fueron de San Mateo. Actúa por última vez en nuestro país en la bella ciudad de Mérida el 9 de febrero de 1947 lidiando toros yucatecos de Palomeque, alternado con Fermín Rivera y Gregorio García.

“Manolete” estaba cansado, él deseaba retirarse de los ruedos ese año del 47, se acercaban los finales de la temporada, y en el pueblo minero de Linares, provincia de Jaén, anunciaban sus tradicionales fiestas de San Agustín. 28 de agosto, en el cartel de esa tarde estuvieron; Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”, Luis Miguel González Lucas “Luis Miguel Dominguín”, y los toros de Miura… y en quinto lugar salió “Islero”.

Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” es una de las más trascendentales figuras no solamente de Siglo XX sino que de toda la historia de la Tauromaquia. Torero de época, leyenda y modelo de la majestad y solemnidad torera, entregó a la Fiesta lo más grande que un matador pueda ofrecer; su holocausto.

Fuente: http://opinion.informador.com.mx/Columnas/2015/08/26/es-una-cita-ineludible/

Manolete: 69 años después de Islero.

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De SOL y SOMBRA.

Todos los 28 de agosto, de cada año, marcan una fecha digna de recordar para aquellos amantes de la fiesta taurina, aunque hay que decir que Manuel falleció el 29 de agosto.

Es un fecha imborrable para toda España y sobretodo para los mayores –que ya van quedando menos de los que tuvieron la suerte de vivir aquella época y verle en los ruedos– y también para los más jóvenes que han sabido transmitir y mantener generación tras generación su admiración hacia el grandioso torero que paseó por el mundo su pundonor y gloria junto al nombre de su tierra, Córdoba, que le vio nacer y que le encumbró como IV Califa del toreo.

Pensamos que no habrá quien dude que nos estamos refiriendo a Manuel Rodríguez Sánchez Manolete, de cuya desaparición se cumplen ahora sesenta y seis años. Cómo pasa el tiempo.

Precisamente en la madrugada del 29 de agosto de 1947 dejaba de existir, en el Hospital de los Marqueses de Linares, tras la cornada que le infirió Islero, de la ganadería de Miura, en la plaza de toros de Linares en la corrida de feria que se había celebrado el día anterior.

Siempre en estas fechas, de nuevo su figura se engrandece. Y se vuelve a hablar de Manolete, se ensalzan sus valores, aún queda tema para desarrollar en unos cuantos de libros publicados recientemente sobre el “monstruo” y con motivo de este aniversario que se cumple se celebran algunos actos en su homenaje.

No faltan quienes pretenden a estas alturas o lo han hecho a lo largo de los años transcurridos, desde que murió, poner en tela de juicio su calidad moral y artística. Pero nada han conseguido.

Como ejemplo último de intento de emborronar su pasado, con la realización de la malograda película Manolete que por fin llegó a las pantallas, y que constituyó un fracaso total.

La figura de grandeza Manuel Rodríguez Manolete permanece intacta en el recuerdo cuando se cumplen sesenta y seis años de su muerte. Con toda su fuerza, como corresponde a su enorme dimensión como persona y como torero, valía que le aupó a ser considerado un mito del toreo en toda la urbe tauria.

Anualmente, cuando se produce este aniversario, también aprovechamos la ocasión para referirnos a un cordobés, José Luís Sánchez Garrido, “José Luis de Córdoba“, al que forzosamente hay que asociar con Manolete ya que entre las diversas etapas de la fiesta que vivió el periodista, le cupo la suerte de hacerlo en la del coloso de La Lagunilla, en calidad de crítico, siendo, además, amigo personal del torero.

Asimismo fue su primer biógrafo, y tras su muerte continuó escribiendo libros y artículos, sin que el paso de los años mermara ni un ápice la admiración que tributaba por los valores de Manuel Rodríguez. Y una lealtad absoluta hacia la amistad que les unía.

El 29 de agosto de 1947, el periódico CÓRDOBA publicaba una edición especial con motivo de la muerte de Manuel Rodríguez, en la que se informaba en primera página que a las dos y cinco había llegado a Córdoba el cadáver de Manolete. También en primera, “José Luis de Córdoba” titulaba un artículo diciendo: “Ha muerto el mejor torero de todos los tiempos”. Hace de esto sesenta y seis años.

Es momento de recordar cómo vivieron su apoderado y sus subalternos los últimos momentos a su lado. Camará, Pinturas, Cantimplas, Ramón Atienza, Pimpi… que relataron para El Ruedo sus impresiones de aquella tarde.

“El toro era muy peligroso. Por eso cuando Manolo se acercó a mí para preguntarme cómo veía al toro le dije: No es bueno. Échale la muleta abajo y procura dominarlo. Aquella faena que le hizo no era, ni mucho menos, la que el marrajo merecía”. Son palabras de José Flores “Camará”, su apoderado.

Antonio Labrador “Pinturas”, el gran peón aragonés, recuerda: “Corrí a hacerle el quite tras la cornada y observé extrañado que se quejaba, cosa que nunca había hecho. Eso me dio una idea de la gravedad del percance. No podré olvidar -añade- cómo preguntó si le habían concedido la oreja. Las dos y el rabo, le contestó Carnicerito de Málaga”.

Por su parte, Ramón Atienza, multado tras picar a “Islero”, comentaba: “El manso empujaba y yo recargué todo lo que pude, tratando de restar fuerza para la muleta. ¡Y me multaron por castigar demasiado a aquel asesino! Manolete, que en otras ocasiones pedía el cambio de suerte, en ésta puso cara de contrariedad cuando sonaron los clarines”.

Pimpi, el picador que guardaba la puerta, confesaba: “Estuve con él hasta que expiró. No me separé de su lado un solo momento. Las cinco transfusiones de sangre las soportó con todos sus sentidos. Se quejaba, eso sí. Y me decía: Pimpi, no te vayas. Dios te pagará cuanto haces por mí”.

El banderillero más antiguo de su cuadrilla, su primo hermano Rafael Saco “Cantimplas”, relató: “Pasé con él toda la madrugada. Se lamentaba de su mala suerte. Se acordaba mucho de su madre, pedía constantemente hielo y agua, y un cigarrillo también. Se lo encendí, le dio tres chupadas con pulso tembloroso, me entregó el cigarrillo y acabé de fumármelo fuera de la habitación. ¡Pobre Manuel!”.

La Prensa:

El 29 de Agosto de 1947, hace ya 63 años moría en la plaza de toros de Linares el por entonces indiscutible número uno de la fiesta de los toros, Manuel Rodríguez Sánchez más conocido por Manolete. La conmoción con que el país recibió la noticia fue impresionante, basta ver para ello el titular a toda página que al día siguiente le dedicó el periódico ABC.

Por entonces los periódicos tenían serios problemas de abastencimiento de papel, pues españa atravesaba aun los duros periodos de la posguerra.

El ABC tenía solo 20 páginas, pues de ellas dedico, la portada, la tercera, tradicionalmente dedicada en ABC a el editorial del periódico, en este caso había sido desplazada por un poema dedicado al toreo de Agustín de Foxá, ilustrado con dibujos a plumilla de Corrochano.

La Noticia

Concurrieron muchas circunstancias adversas que empujaron a Manolete a la tragedia, la primera es que había anunciado que pensaba retirarse pronto. Manolete se había hecho millonario y ya no necesitaba exponer su vida. Así lo habia anunciado a al periodista Casas del diario “Jornadas”.

Este tipo de declaraciones habían hecho cambiar la opinión del público . Al sentir del público, había dejado de ser hombre humilde del pueblo, que triunfa triunfa arriesgando su vida en lucha contra la miseria, para pasar a ser el señorito que vive maravillosamente, con solo dar cuatro muletazos, cuando los demás doblamos todos los días el espinazo en el trabajo para sacar “la familia alante”.

La envidia esa suerte de enfermedad nacional comenzaba a hacer mella en el torero que cada dia tenía que hacer mas para conseguir un cicatero triunfo de los que antes deliraban con cualquier “manoletina”.

La segunda circunstancia es que en el mismo cartel estaba un joven torero que comenzaba a despuntar como un fenómeno, Luis Miguel Dominguín que luchaba por desplazar a Manolete del numero uno de la torería, algo que Manolete no estaba dispuesto a que ocurriera.

Todo ello llevó a arriesgar a Manolete más de lo que era prudente en esa corrida y ocurrió el accidente, se empeñó en dar una perfecta estocada a Islero un toro de Miura, que no hacía honor a su casta, pues demostró su mansedumbre encerrámado en tablas, cerca de las salida de toriles, cunado solo se merecía un bajonazo de alivio, Y su empeño de triunfar lo pago con la muerte.

El ABC encuentre un testigo de excepción tanto de la corrida como de lo ocurrido posteriormente en la enfermería de la plaza, se trata del matador de toros Pablo Gonzalez el “Parrao” que se había acercado a la plaza de Linares a ver la corrida

Por este relato se ve que la cogida fue muy sangrienta pues le partio la femoral e indudablemente la enfermería de una plaza de tercera división en un pueblo de segundo orden, no es el sitio mas adecuado para tratarla, por ejemplo para as trasfusiones se utilizó la “Jeringa Juvelet” una gran y rudimentaria hipodérmica que aspiraba el brazo del donante para, en seguida, pasar al brazo del enfermo.

Sin embargo los médicos intervinieron enseguida y tampoco lograron suturar la arteria rota, ya que una arteria afectada por una cornada es una operación que no puede hacer cualquier médico y más entonces donde los médicos de pueblo estaban acostumbrados a intervenir solo en casos de accidentes y en partos.

Hubiera sido hasta cierto punto razonable una nuerte posterior por septicemia o inferior posterior por haber operado con falta de higiene, pero es difícil explicar que habiendo controlado la pérdida de sangre Manolete falleciera las pocas horas.

Manolete perdió mucha sangre pero también recibio mucho sangre mediante de transfusiónes. Por otra parte dos médicos de renombre los Dr Jiménez Guines y Dr. Tamames llegaron al hospital de Linares traídos desde Madrid es misma tarde y no consideraron necesario volver a operar a Manolete, señal que la sutura efectuada en la plaza fue suficientemente buena para cortar la hemorragia.

Se sospecha que Manolete falleció debido a una reacción alergica producida por alguna de las transfusiones.

En aquel momento el conocimiento de los agentes antígenos de la sangre se reducía a los grupos sanguíneos, es seguro que la sangre de las trasfusiones correspondía a su grupo sanguíneo pero hoy sabemos que la sangre tiene mas factores que pueden provocar el rechazo en una transfusión, entonces ello se desconocía.

Muchos atribuyen la reacción alérgica a un plasma que tambien se le introdujo. Alvaro Domecq había conseguido plasma en Jaén. Este plasma procedía de una partida que el gobierno noruego donó al español con motivo de la explosión del Polvorín de Cadiz un par de meses antes, y se decía que había causado muchas reacciones funestas, pues se sospecha que estaba infectado.

No bien comenzaron la transfusión, Manolete dice: “No veo nada“. Luego pronuncia el nombre de su peón de confianza, “David, David“. Y muere. Eran las 5 con 7 minutos de la mañana.

Otra duda en la muerte de Manolete esta en si su apoderado Camará y su amigo Alvaro Domecq impidieron que Manolete supiera que había llegado su novia Lupe Sinó.

Parece ser que ambas personas pensaban, con mas o menos fundamento, que el amor de Lupe era mas bien por el interés, e impidieron que Manolete se enterara de su llegada para evitar una boda in extremis que hubier causado serios quebrantos a los herederos del torero, en especial a su madre.

Según el relato del ABC claramente se ve que hasta que el torero no murió no entro a verle, lo que ya no queda tan claro es si ello ocurrió de forma deliberada, o simplemente estando los doctores intentando salvar la vida del diestro en aquel lugar no estaba nadie más que las personas involucradas, pues se ve tambien que los otros diestros de la terna tampoco entraron en la habitación hasta el fallecimiento del torero.

El ABC no muestra imagen de Lupe Sinó, de acuerdo con las conveniencias sociales de la época ya que ella era catalogada como una prostituta.

Lupe Sino, era considerada la amante del torero aun que era mas bien lo que hoy llamaríamos, ” la pareja” de Manolete.

Desconocemos el grado de amistad y el tipo de relación que había entre los dos, pero dada las costumbres puritanas de la época, el circulo de amigos del diestro y su propia madre la consideraran como amistad poco recomendable.

Cuando Lupe se entero de la grave cornada, abandonó el balneario de Lanjarón, en Granada, donde estaba y acudió en un taxi al hospital de Linares, pero la gente del diestro le impidieron el encuentro

Sea cierto o no, ha llegado hasta nuestros días que en aquella noche, los allegados de Manolete, su apoderado, José Flores “Camará” y Alvaro Domecq que sería el albacea de su testamento, le salen al encuentro y le impiden el paso, “Si lo quieres no entres a verlo”, Lupe no lo vio vivo.

Lupe Sinó, de nombre real Antoñita Bronchalo, se topó desde el comienzo con la hostilidad del entorno del torero (su cuadrilla la llamaba la serpiente), y principalmente con la de la madre, Angustias Sánchez.

Se decía de Lupe que era “una chica Chicote” que en la guerra civil estuvo casada, dato que nunca se ha probado. También se decía que había tenido relaciones con otros toreros como Domingo Ortega o Antonio Márquez,

Fue una actriz secundaria, no consiguió la fama y la que tuvo, la encontró a la sombra de Manolete. Se dice que Manolete no tuvo otra novia, vivió su amor con la amargura, de observar cómo su gente la rechazaba.

Fue su pareja estable durante los cuatro ultimos años de la vida del torero y junto a ella pasó los momentos más felices de su vida en Fuentelaencina (Guadalajara), donde pasó de descanso casi todo el año 1946 pueblo proximo a Sayatón, la aldea donde nacio Antoñita Bronchalo.

Puede que Lupe fuera amante de Manolete por interés, o puede que fuera por amor, pero lo cierto, es que muerto Manolete, Lupe Sino no intentó nunca sacar ninguna ventaja de su relación, al poco se marchó a México y allí se casó años más tarde, con un abogado mexicano llamado curiosamente Manuel Rodríguez, hombre bien situado y de gran fortuna del que se divorció al poco para volver a España. Lupe murió sola en su casa de Madrid, en septiembre de 1959.

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