Archivo de la categoría: Manolete

¿La Fiesta en Paz? Lupe Sino, pareja de Manolete, y su fugaz retorno a México


Por Leonardo Páez.

Con motivo del centenario del nacimiento de Manuel Rodríguez Sánchez Manolete –Córdoba, España, 4 de julio de 1917– volverán a correr ríos de tinta en torno al legendario diestro, cuya muerte, acaecida en Linares, provincia de Jaén, el 29 de agosto de 1947, no ha sido suficientemente aclarada al quedar en el aire demasiadas sospechas en torno a las verdaderas causas de su fallecimiento, más allá de la cornada que le diera Islero, de Miura, la tarde anterior.

Sin embargo, al utilizado, exaltado, descalificado y enamorado Manolo le habría gustado que se disiparan las dudas en torno a su amada Lupe Sino y su breve retorno a México, país donde la pareja, una vez casados, pensaba radicar la mitad del año. Pero las ambiciones de algunos, el ingenuo sentido de libertad del diestro y su inoportuno anuncio de que en octubre de ese año, una vez retirado de los ruedos, contraería matrimonio, pusieron sobre aviso a su apoderado, a sus amigos de confianza, a los cancerberos de las buenas costumbres, a los taurinos fundamentalistas y a todo el régimen de Franco, preocupado porque el torero que habían utilizado para olvidar una guerra se saltaba las trancas de la decencia y se dejaba ver con su amante por los países taurinos del orbe.

Antonia Bronchalo Lopesino, que en el medio artístico sería conocida como Lupe Sino,  nació en Sayatón, pequeño pueblo de la provincia de Guadalajara, España, el 6 de marzo de 1917.

Fue la segunda de nueve hijos y a lo largo de su vida tendría que aguantar no sólo las embestidas que toda mujer bella y con personalidad aguanta, sino que además fue objeto de un extraño encarnizamiento de prejuicios, calumnias y rechazos varios de taurinos, funcionarios, periodistas, familiares del diestro y la clerigalla en turno, pues en la España franquista no era bien visto que el portaestandarte de las virtudes de todo un pueblo y figura internacional de los ruedos anduviera luciéndose con esa mujer que, para colmo, ya había estado casada por lo civil –en 1937 con Antonio Verardini, un militar del IV Ejército Republicano, unión que terminó al concluir la Guerra Civil–, no podía tener hijos y se le calificaba, entre otras lindezas, de caza fortunas.

A Manuel Rodríguez, tan dueño de sí y de su determinación delante de los toros, poco o nada le importó el juicio condenatorio de que Lupe era objeto y, enamorado como estaba, no midió las consecuencias de desafiar a todo el sistema ideológico que desaprobaba tan escandalizante, para los buenos, relación, al grado de que mientras Manolete expiraba luego de que se le administró, por órdenes del doctor Luis Jiménez Guinea, médico de la plaza de Las Ventas, un plasma noruego en mal estado que días antes ya había cobrado centenares de víctimas en el puerto de Cádiz, tras la explosión de un polvorín, en el cuarto contiguo Lupe Sino rogaba infructuosamente verlo ante la negativa terminante de José Flores Camará, apoderado del torero, y de Álvaro Domecq y Díez, amigo de confianza y quien había traído el plasma.

Al doble duelo de Lupe Sino –haber perdido a su famosa pareja y quedarse sin nada, pues que le gustaran las joyas y las pieles no la convertía en cazafortunas, no obstante que Manolete, sobre todo en México, ofreció comprarle una casa en varias ocasiones–, se añadió una serie de denuestos, responsabilizándola indirectamente de la muerte del diestro y cerrándosele las puertas en el medio cinematográfico, donde entre 1942 y 1948 había intervenido en tres películas –La famosa Luz María, de Fernando Mignoni; El testamento del virrey, de Ladislao Vajda, y El marqués de Salamanca, que dirigió Édgar Neville. Por ello, cuando su paisano, el director de cine radicado en México, Miguel Morayta, le ofreció un papel en La dama torera, Lupe no dudó en volver a México en 1949.

Hasta acá la perseguirían los inventos de una prensa amarillista e incondicional del régimen que ahora inventó que Lupe se había casado con un Manuel Rodríguez mexicano.

La realidad es que a sus 32 años Lupe Sino seguía siendo una bella y graciosa mujer con unos ojazos verdes y una sonrisa luminosa, de la que se enamoró a primera vista un simpático y próspero abogado, exitoso empresario del negocio inmobiliario, José Rodríguez Aguado El Chípiro, nada de Manuel, con quien se casó por el civil y la Iglesia en 1950. Sin embargo, no obstante la disposición de la pareja de apostar por una relación prolongada y la cálida acogida que tuvo Lupe de los familiares de El Chípiro Rodríguez, el matrimonio duró poco más de un año, en una lujosa residencia de la calle de Camelia, en la colonia Florida.

Una vez más el chismorreo y la maledicencia, ahora de periodistas de la Ciudad de México, acompañaron la decisión de la pareja, para incluso aventurar que Lupe se quedaría con tres casas que su esposo poseía en las Lomas de Chapultepec. De nuevo el sambenito de cazafortunas le fue colgado a Lupe, que sin casas a su nombre ni fortunas de que disponer, regresó a España en 1951, a su modesto piso del paseo Rosales, en Madrid, donde sola, rodeada de recuerdos y algunas fotografías, falleció el 13 de septiembre de 1959 a causa de un derrame cerebral, luego de 42 años de decir sí a la vida.

Fuente: La Jornada

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A Manolete

Por Magdalena Entrenas.

Ese era mi sino… Estaba allí plantado esperando a que se abriera la puerta de chiqueros para recibir al morlaco de mi vida en un país lejano que me podría dar la gloria para siempre y yo solo pensaba en él y en lo que había significado en mi vida, esa vida que ahora sin quererlo me ocupaba la mente.

Habían pasado cien años de su nacimiento y demasiados desde su presentación en los ruedos mexicanos; todos en el mundo taurino esperaban la llegada de un nuevo Califa que viniera a retomar aquella planta erguida y majestuosa y ahora que yo tenía la oportunidad, en mi mente no había otra cosa que una sucesión caprichosa de estampas de mi vida justo en aquel trascendente instante.

Vi desfilar a aquellos años cargados de dicha en la huerta familiar en la que aprendí que la tierra y las raíces son lo más importante; mi llegada a Córdoba para estudiar y aquellas escapadas continuas al campo buscando cualquier excusa para estar cerca del toro y de los maestros a los que veía de lejos y que tanto admiraba. Aparecieron retazos de ese vídeo que tantas veces vi de su llegada a la vieja plaza de la Ciudad de México y en la que pidió nada más llegar que ondeara la bandera de España ante el clamor de un público entregado a su figura. Desfiló por mi mente mi madre y tanto sufrimiento reflejado en su cara por ver que mi pasión me había llevado a tanta incomprensión antitaurina y al mismo tiempo tan lejos; mis amantes… y el gran amor de mi vida, roto por un sueño que había sido imposible y que ahora se podía hacer realidad; mis días de miedos y las grandes sombras de mi existencia, una existencia que en ese instante comprendí que había estado completamente vacía hasta llegar ahí, hasta alcanzar el memorable momento en el que, por fin, plantado en la arena de la Plaza Monumental de México , tenía la ocasión de homenajear ante los miles de aficionados que la abarrotaban la figura mítica del hombre que marcó mi existencia, Manolete.

Tenía dibujada en mi mente su figura hierática y esa chicuelina perfecta con la que, como él, quería envolverme hasta casi desaparecer para recibir a mi oponente. Y de repente la puerta de chiqueros se abrió, sentí retumbar hacia mi la arena, contuve la respiración mientras se aceleraba mi corazón y, sin más,… me desperté.

* Abogada
Publicado en Diario de Córdoba 

Es un pasaje ineludible

Por Xavier Toscano G. de Quevedo

Nunca podremos cerrar el mes de agosto sin recordar —como cada año— al más grande de todos los toreros, que el pasado domingo 28, día en que celebramos la festividad de San Agustín, se han cumplido 69 años de la última tarde en la que actuó el “Califa de Córdoba” Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”.

¿Quién no ha escuchado alguna vez en su vida el nombre de “Manolete”? ¡Seguro estoy que nadie! Aun aquellos que nunca han sentido atracción por nuestra prodigiosa fiesta, y hasta los que —sin ningún argumento, y sólo por borreguísimo— pretenden destruirla. Y es que en el mundo entero se le reconoce al torero cordobés como el símbolo más emblemático del Espectáculo Taurino. Hablar de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” es centralizarnos en nuestra atractiva y sorprendente fiesta, él tiene un lugar sagrado e inalcanzable entre todos los toreros que han marcado y dejado su huella en el acontecer de la tauromaquia desde su nacimiento hace más de 900 años, y obviamente en el siglo anterior, junto con José Gómez Ortega “Gallito” y Juan Belmonte precursores de la revolución en el toreo.
      
De estirpe torera, Manuel Laureano nació en la ciudad de Córdoba el 4 de julio de 1917 —está muy próximo el centenario de su nacimiento—,  su padre, también torero, se anunciaba como “Manolete”, aunque era más conocido con el apodo de “El Sagañón”, y de Agustina Sánchez que había enviudado anteriormente del torero Rafael Molina Martínez “Lagartijo Chico”. Sobrino nieto de José Dámaso Rodríguez “Pepete”, quien en el año de 1862, un 20 de abril, perdiera la vida en la plaza madrileña que se encontraba frente a la antigua Puerta de Alcalá; ¡Qué singularidades tiene la vida! Un toro de Miura de nombre “Josinero” le quitó la vida, y 85 años después “Islero”, igualmente de Miura, terminaba con la vida de Manuel.   

“Manolete” estaba cansado, el peso de toda la fiesta la sostenía él solo, habían transcurrido 13 años en su carrera que inició un 3 de mayo de 1934 en el poblado de Écija, y para 1947 su decisión era ya retirarse de los ruedos, pero faltaba su cita en el pueblo minero de Linares, provincia de Jaén, en donde estaba anunciado para las festividades del santo patrono del lugar, San Agustín, y esa tarde en quinto lugar salió al ruedo “Islero”. . . ¡Tenía qué ser de Miura!

Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” es sin lugar a duda la figura con más trascendencia y no solamente del siglo XX, es él el representante principal de toda la historia de la tauromaquia.

Torero de época, leyenda y arquetipo de la grandeza y solemnidad torera, entregó a la fiesta lo más grande que un torero pueda ofrendar: su inmolación.
 
Por lo cual, siempre habremos de resaltar que la majestuosidad y esplendor en más de IX siglos de trayecto de nuestra Fiesta, la enarbolan todos aquellos hombres que con dignidad, categoría, sacrificio y “honestidad”, han conquistado para la perpetuidad la gloria e inmortalidad dentro de éste mágico, sorprendente y dramático mundo, que existe y vive “únicamente” gracias a la presencia de su Majestad, El Toro Bravo.

Publicado en El Informador.

Recordando a Manolete: «Era un elegido»


Por Antonio Gil.

El 28 de agosto, Córdoba y el mundo entero recordará siempre a Manolete. Sus amigos se acercan hasta su tumba con un puñado de flores y de emociones. Los periódicos le dedicarán algún espacio, aunque sea breve, como eco de aquella noticia cuyo impacto dio la vuelta al mundo, con la imágenes imborrables de Canito, aunque este año ya no está entre nosotros. La cámara de Canito, el gran reportero gráfico de los ruedos, recogió para siempre la cogida de Manolete en la plaza de toros de Linares, su gesto de dolor en el rostro, el apresuramiento azaroso de sus compañeros para trasladarle a la enfermería, así como la última imagen, la del último pase que dio el torero en su vida. 

Canito nos contó mil veces sus vivencias de aquella tarde: “Enseguida supe que había sido una cornada grave. Sonó en toda la plaza como si alguien hubiese partido una tabla. El problema fue que Manolete era una persona muy honrada. Y echó el resto. Mató con la suerte contraria. Ese fue su error. Mató al toro saliendo para fuera. En caso de haberlo hecho de suerte natural, el toro se hubiese ido hacia los medios, pero hizo lo que tenía que hacer en tal caso: girar el pitón y metérselo en la ingle. Sonó como si hubiesen partido un madero. Un crac que nos dejó a todos de piedra. Él gritó: ‘¡Ay, ay!’. El toro saltó por encima y se fue a morir a la puerta de chiqueros. Lo viví todo desde la barrera, desde donde hago las fotos. Ví la cogida a seis o siete metros de distancia. En el callejón, como siempre. Con Camará y otros, comentando la corrida. Estabamos diciendo que el toro, tal y como estaba entrando al capote, lo podía coger. No sé qué le pasaba aquel día. Estaba el hombre con alguna preocupación en la cabeza porque una figura máxima del toreo no puede equivocarse de esa manera”. 

La descripción exhaustiva de Canito pone los pelos de punta. La cogida y la muerte de Manolete llegaron a la entraña viva de Córdoba, que, desde aquellos momentos trágicos, se volcó en cataratas de afectos, recuerdos, alabanzas, monumentos y cantos encendidos. 

Rafael Soria Molina, sobrino de Manolete y extorero, ha dejado también muchas pinceladas sobra la mítica figura: “Mi tío era una persona que reunía unas cualidades fuera de lo normal. Era un elegido. Tenía un gran tesón. Y un concepto de la vida muy especial. Su semblante era serio, pero cuando estábamos solos comiendo, en casa, le gustaba a él que le contásemos chascarrillos y confidencias. Hizo muchas obras de caridad. Lo que pasa es que no se enteraba nadie. Él creó su escuela. Manolete tenía en la mente su concepto de lo que era torear y lo llevó a cabo. A casi todos los toros, a casi todos, que es difícil, les hacía la faena que llevaba en la cabeza. Le costó mucho trabajo entender al toro. Manolete perfeccionó el arte del toreo Y eso sí que es difícil”. 

Cada 28 de agosto, Córdoba le recuerda, evoca su semblanza, visita su tumba, y le deja el beso de las flores, el abrazo de un afecto que quizás no le tributó en vida. 

Acaso porque esperaba ese último valor, esa última entrega hasta encontrar la muerte.

*Sacerdote y Periodista.

Fuente: Diario de Cordoba

Aguascalientes: La mansedumbre arruino la tarde

 Toros gordos sin raza ni celo en la primera de San Marcos.
Toros gordos sin raza ni celo en la primera de San Marcos.

De SOL y SOMBRA.

Nada para el recuerdo dejó la primera corrida de la feria de San Marcos en Aguascalientes, en donde  el español Diego Urdiales y los mexicanos Arturo Macías y Fermín Espinosa “Armillita 1V” terminaron por aburrir al escaso público que se dio cita en la Monumental.

Ante menos de media entrada se lidiaron seis toros de Bernaldo de Quiróz, justos de presentación y faltos de raza. Cuatro reses de las jugadas fueron pitadas en el arrastre.


Urdiales
, con un lote imposible demostro en base a su oficio y experiencia detalles de su toreo clásico, pero fue en su segundo, en donde con la muleta consiguió lo más destacado del festejo. Escucho palmas en su primero y silencio tras aviso en su segundo.


Macías
, con otro lote desrazado intentó agradar al tendido sin éxito. En su primero escucho division de opiniones y en su segundo fue silenciado tras una faena eléctrica y sin eco.

“Armillita IV“, con el tercero, un toro que saco genio estuvo empeñoso, pero el público no le agradecio su esfuerzo y escucho algunos pitos. En el sexto realizo una labor entre altibajos y la faena terminó por desesperar al tendido para escuchar una marcada división de opiniones.

Twitter @Twittaurino

Cordobés y prohijado por Sevilla

Desde sus novilladas en plena Guerra Civil, Sevilla lo adoptó como a un hijo muy predilecto. Se anunció en cinco Ferias y siempre como base principalísima de unos carteles en los que iba al copo.
Por Luis Carlos Peris para EL DIARIO DE SEVILLA.

MANUEL Rodríguez, el inmenso Manolete, el Monstruo o Cuarto Califa, protagoniza el arranque de una serie en las que vamos a contar las Ferias de seis toreros que fueron en su día pilares de la gran fiesta sevillana. Pepe Luis, Rafael Ortega, Antonio Ordóñez, El Cordobés y Paquirri completarán este serial que ayer comienzo y que finalizará el domingo.

Manolete, que había tomado la alternativa en Sevilla no más haber terminado la Guerra Civil, estuvo anunciado en cinco ferias para matar un total de dieciséis corridas de toros. Además mató cuatro corridas fuera de Feria tras haber hecho el paseo en dos novilladas en plena barbarie incivil. Por lo tanto, Manuel Rodríguez actuó en Sevilla en veintidós ocasiones con un balance de diecisiete orejas cortadas.

De novillero ya conquistó a la afición de Sevilla, por lo que cuando estalló la paz fue investido como matador de toros en su plaza. Fue apadrinado por Chicuelo en presencia de Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana. Aquella tarde triunfaron clamorosamente los tres, pero la palma se la llevó Chicuelo cortándole el rabo a un bravo toro de Tassara. Curiosamente, comoquiera que el toro de la alternativa tenía un nombre tan políticamente incorrecto como el de Comunista, sobre la marcha fue rebautizado como Mirador.

El torero de la posguerra iba a ser Manolete. Fue tanto el predicamento del gran torero cordobés que iba a contribuir de forma decisiva en paliar la depresión que causaría una posguerra que sería una de las más crueles y largas que registra la historia. Y entre las grandes distracciones, las corridas de Feria de Sevilla, apareciendo Manuel ya en las tres tardes del ciclo de 1940. La cosa no daba para más y sólo hubo tres corridas que se repartieron cinco toreros.

Sólo Manolete estuvo en los tres festejos, y en dos Domingo Ortega, Pascual Márquez y Juanito Belmonte. Su primera tarde de Feria de Sevilla le supuso el primer triunfo, cortándole la oreja a un toro de Tassara el 18 de abril. El 19 se estrelló contra un encierro de Villamarta y volvió a triunfar el día 20 en la corrida de Miura que sería la primera del ciclo ininterrumpido que ha llegado a nuestros días. Un ciclo que comenzó en esa temporada del debut de don Eduardo Miura Fernández al frente de dicho hierro.

En 1941 continúa la penuria y se repite el escaso número de tres festejos para la Feria. Nuevamente, Manolete está en los tres, pero no es el único que copa la Feria. Ya es matador de toros Pepe Luis Vázquez y como ídolo de Sevilla comparte cartel con el cordobés las tres tardes. En la primera triunfan los dos en presencia de Juanito Belmonte con una corrida de Urquijo, al día siguiente le mojan la oreja Pepe Bienvenida y un gran Pepe Luis con la de Miura y en la tarde última, la del 20 de abril, se produce el extraordinario suceso de la faena más grande del Califa en Sevilla.

Es una corrida de ocho toros del Marqués de Villamarta y con Manolete torean Pepe Bienvenida, Juanito Belmonte y Pepe Luis. La corrida no sale buena y cuando salta al albero el séptimo de la tarde, el pesimismo continúa. Nadie da un duro por el triunfo, pero Manolete no estaba dispuesto a dejar el cetro del toreo. El baño que le había dado Pepe Luis en la de Miura fue el acicate para que el Monstruo clavase los pies en el albero para un trasteo que tuvo en la emoción su mayor componente. Le cortó el rabo al complicado villamarta y se proclamó otra vez triunfador de la Feria de Sevilla.

En 1942 se aumenta a cuatro el número de festejos y en los cuatro están Manolete y Pepe Luis, erigidos ya en rivales que han dividido a la afición de parecida manera a como estaba de dividida en los tiempos de José y de Juan. Pero las expectativas no se cumplen, Manolete ha perdido mucho sitio y Pepe Luis no se entiende con lo que sale por chiqueros. Sólo Manuel Álvarez Andaluz toca pelo y todo es un fracaso en el que también participa el inefable Rafael Gallito.

Manolete sufre un bajón tan acusado que no se anuncia en la Feria de 1943. En 1944 ya son cinco las corridas de Feria y Manuel hace el paseo en dos. Corta dos orejas a sendos toros de Antonio Pérez y de Montalvo en compañía del Estudiante y de Pepe Luis; y se va de vacío en la de Tassara junto a Pepe Luis y El Andaluz.

La rivalidad con Pepe Luis ha disminuido y ahora es Carlos Arruza el rival a batir. La Feria de 1945 será la última de Manuel y en ella sale triunfador clamoroso con corte de orejas las cuatro tardes. Tassara, Núñez, Miura y Curro Chica son las ganaderías desorejadas y su duelo con Arruza es trepidante, pero en la tarde del 19 de abril, con un toro de Núñez entra en la pelea un torero de Sevilla llamado Pepín Martín Vázquez, casi nada.

 

Esa fue la trayectoria de Manolete en la Feria. Muchísimas más luces que aquellas sombras del 42. Su última tarde en Sevilla fue el 21 de abril de 1945 con toros de Curro Chica para Álvaro Domecq, Fermín Rivera, él y Pepe Luis. Ya no vino más, Islero se cruzó en su camino la tarde negra de Linares y Sevilla jamás lo olvidó.
Twitter @Twittaurino

Recordando a Manolete

Por Jose Sánchez Cuevas.

Un año más, aquellos que nos sentimos aficionados (dudamos si buenos o malos, y si hacemos bien o no en serlo), que siempre hemos profesado un gran interés por el tema taurino desde muy temprana edad resultamos atraídos por todo cuanto rodea a este apasionante planeta, con sus múltiples encantos y atractivos, y que mantuvimos una atención constante hacia la fiesta nacional, tenemos que rendir tributo a la memoria de nuestro paisano Manuel Rodríguez Sánchez Manolete, con motivo de cumplirse el aniversario de su muerte en la plaza de Linares, presa de la cornada del miureño Islero.

Sesenta y ocho años han transcurrido desde la desaparición de esta figura señera de la fiesta que supo erigirse en número uno de los matadores de la época y con su trágico final, convertirse en un auténtico mito de la fiesta de los toros. Manolete, en los ruedos y en la calle, fue un personaje único. Como tal se le reconoció y como tal se le recuerda con idéntico interés a pesar del inexorable paso del tiempo, que todo lo desgasta.

Si bien es cierto que en este largo periodo desde el suceso de Linares hasta la fecha no han faltado quienes trataron de emborronar su brillante pasado, también es verdad que tuvieron escaso éxito cuantos lo pretendieron.

En términos taurinos podríamos decir que pincharon en hueso quienes lo intentaron de múltiples formas. Valga como ejemplo la realización de una película que nos reflejaba una imagen de Manolete que distaba mucho de la real. Y se produjo un fracaso total. Ahora, hace poco que leímos la posibilidad de que en un futuro próximo desaparezca el nombre de Manolete del callejero de Madrid, pues la nueva corporación de la capital de España no ve con buenos ojos ciertos parentescos, amistades y comportamientos en la vida del torero cordobés. Parece como si se quisiera cambiar la historia.

De cualquier forma, nosotros le debemos seguir recordando como lo que fue y representó: un cordobés universal con extraordinaria personalidad y un figurón del toreo, considerado el cuarto califa de la historia.

Ahora, como hacemos siempre estos últimos años, desde que murió en 1947, aprovechamos la ocasión para recordar al periodista José Luis Sánchez Garrido, José Luis de Córdoba, primer biógrafo e íntimo de Manolete.

El, sí que fue fiel a la memoria de su amigo y nunca falló en su defensa hasta que desapareció, con 92 años. Se nos pregunta frecuentemente por el destino que se ha dado a la extensa obra de José Luis, como periodista y escritor, y podemos decir que se ha cedido para uso y depósito al Museo Taurino de su ciudad.

El Fondo Taurino José Luis de Córdoba se encuentra en fase de inventariado, parte del cual ya está hecho por la Unidad de Museos. A Mercedes Valverde, directora de los museos municipales se le ha pedido opinión sobre la influencia que pudiese tener el cambio de gobierno en el Ayuntamiento en este tema y nos ha dicho que en sus contactos con la nueva teniente de alcalde y responsables de cultura, ha apreciado magnifica disposición y muchas ganas de trabajar. Eso es bueno.

La cosa va despacio, pero camino de que se cumplan los últimos deseos del periodista José Luis de Córdoba, que se mostró siempre incansable a la hora de escribir y realzar cuánto de sobresaliente se produjo en esta bendita tierra.

Uno de esos destacados valores fue, sin duda, Manolete, de cuya muerte se cumple ahora un nuevo aniversario. Habrá que recordar pues a quien dio todo por la fiesta. Manolete, consiguió gloria y fortuna a base de jugarse la vida ante los toros. Y llegó el día en que la perdió. Con 30 años de edad. Más entrega, imposible.

Fuente: http://www.diariocordoba.com/noticias/cordobalocal/recordando-manolete_983553.html

Tendido 7: ¡Es una cita ineludible!

Manolete y Silverio Pérez.

Por Xavier Toscano G. De Quevedo.

Nuestro arrogante y excelso espectáculo taurino tiene como característica fundamental el ser una celebración que está revestida de un gran fondo de solemnidad, éxtasis, encanto y, en algunas ocasiones… ¡con un final trágico!

Faltan tan sólo dos días para que se cumplan sesenta y ocho años de una de las más grandes tragedias que han conmovido no solamente a nuestra Fiesta Brava, sin que igualmente al mundo entero. El fallecimiento del torero más admirado en el universo de los toros, Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, en un pueblito minero de la provincia de Jaén, llamado Linares.

¿Quién no ha escuchado por lo menos en algún momento hablar de Manolete? —y hoy de nuevo me viene a mi memoria una conversación que se ha repetido entre mis amigos en infinidad de veces, y para no perder la costumbre, sucedió en días pasados; hola mi estimado Luis Antonio ¿Cómo te ha ido?… ¡Muy bien Xavier! ¿Y tú como vas con tu problema de salud, y por cierto sigues con la afición a los toros, y más hoy que están continuamente agredidos, ya viste la prohibición que dictaminó el gobernador de Coahuila?… Claro Luis Antonio y en ésta increíble Fiesta seguiré toda mi vida.

Oye amigo mío, ya que tocaste el tema de los toros ¿Qué sabes tú de nuestra fiesta?… ¡Realmente muy poco Xavier, estoy enterado de los toros que corren por las calles en la fiesta de San Fermín en la ciudad de Pamplona! … Y de toreros ¿Te acuerdas de alguien?… ¡Sí, toda mi vida he escuchado hablar de “Manolete”!..  ¿Por qué tú pregunta Xavier?… ¡Luis Antonio, es que a todos los que les formulo ésta pregunta, invariablemente me dan la misma respuesta, no obstante que no les atraiga la Fiesta Brava!… ¡Hasta luego Luis Antonio, no veremos otro día!

Siempre es así, la respuesta invariablemente seguirá siendo la misma, y es que en el mundo entero se reconoce al “Califa de Córdoba” como el símbolo más emblemático del espectáculo taurino. Hablar de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” es centralizarnos en nuestra mágica y hermosa Fiesta. Él goza de un lugar preponderante entre todos los toreros que marcaron el acontecer del toreo en la primera mitad del siglo XX, junto con José Gómez Ortega “Joselito” y Juan Belmonte, que son los auténticos revolucionarios del toreo.

Con una larga trayectoria de estirpe torera, Manuel Laureano nació en la ciudad de Córdoba, la de los Califas, el 4 de julio de 1917 —sólo faltan tres años para su centenario— hijo del matador de toros Manuel Rodríguez que también se anunciaba en los carteles como “Manolete”, pero que era más conocido como “El Sagañón”, y de Agustina Sánchez Martínez que había enviudado anteriormente del torero Rafael Molina Martínez “Lagartijo Chico”.

También entre sus familiares estaba José Dámaso Rodríguez “Pepete”, tío abuelo de Manuel, quien en el año de 1862 un 20 de abril perdiera la vida en la plaza madrileña que se situaba frente a la antigua Puerta de Alcalá ¡Qué paradoja de la vida!, un toro de Miura de nombre “Josinero” le quitó la vida a “Pepete”, y ochenta y cinco años después “Islero” igualmente de la ganadería de Miura terminaba con la vida de “Manolete”.

Con su llegada a los ruedos, que fue el 3 de mayo de 1934, y contando con 17 años de edad, actúa en un festejo sin picadores en la población de Écija, alternando en esa tarde con Palmeño II y Niño de Tamares lidiando erales de Natera. Es inmediatamente aceptado por todos los aficionados en España,  impactados por su solemne y enigmática figura, que mostraba en cada tarde y en todas las plazas de la geografía ibérica.

En Tetuán de las Victorias, provincia de Madrid, el 1 de mayo de 1935 torea su primera novillada con picadores, en esa tarde acompañaron a “Manolete”, Liborio Ruiz, Valerito Chico y el faraón de Texcoco Silverio Pérez, los novillos pertenecían a la dehesa de Esteban  Hernández.

Cinco años después de su presentación como novillero llegó para “Manolete” la alternativa, ésta se realizó en la Real Maestranza de Sevilla; el padrino, Rafael Jiménez Castro “Chicuelo” le cedió al toro “Mirador” de la ganadería de Clemente Tassara, atestiguando el doctorado Rafel Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”.

Fue hasta el año de 1945 cuando “Manolete” se presento en tierras mexicanas, el 9 de diciembre en “El Toreo” de la colonia Condesa, partió plaza al lado de Silverio Pérez y Eduardo Solórzano.“Gitano” de la vacada de Torrecilla, fue el toro de su confirmación, al que cortó oreja y rabo; su segundo, de nombre “Cachorro”, le causaría una fuerte cornada en el muslo izquierdo.

El 5 de febrero de 1946, inauguró la “Plaza México” junto a Luis Castro “El Soldado” y el “Berrendito de San Juan” Luis Procuna, los toros fueron de San Mateo. Actúa por última vez en nuestro país en la bella ciudad de Mérida el 9 de febrero de 1947 lidiando toros yucatecos de Palomeque, alternado con Fermín Rivera y Gregorio García.

“Manolete” estaba cansado, él deseaba retirarse de los ruedos ese año del 47, se acercaban los finales de la temporada, y en el pueblo minero de Linares, provincia de Jaén, anunciaban sus tradicionales fiestas de San Agustín. 28 de agosto, en el cartel de esa tarde estuvieron; Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”, Luis Miguel González Lucas “Luis Miguel Dominguín”, y los toros de Miura… y en quinto lugar salió “Islero”.

Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” es una de las más trascendentales figuras no solamente de Siglo XX sino que de toda la historia de la Tauromaquia. Torero de época, leyenda y modelo de la majestad y solemnidad torera, entregó a la Fiesta lo más grande que un matador pueda ofrecer; su holocausto.

Fuente: http://opinion.informador.com.mx/Columnas/2015/08/26/es-una-cita-ineludible/