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Un filósofo en la arena y paradigmas de la tauromaquia

Por Ulises Castañeda.

“La moraleja de las corridas de toros, es que nadie tiene derecho a matar al animal respetado si no pone su vida en juego”, dice el filósofo francés Francis Wolff, quien es el protagonista del documental “Un filósofo en la arena” en el que muestra sus cuestionamientos sobre la controversia que existe en torno a la tauromaquia, en el nuevo filme de los cineastas Jesús Muñoz y Aarón Fernández.

El filme comienza con su jubilación y el momento en el que acepta formar parte del filme. Él es un gran aficionado a los toros, decide emprender un viaje por Francia, México y España junto a los dos cineastas mexicanos que nada saben de ese mundo que parece tener los días contados, y por lo que el Dr. Wolff ha escrito un libro sobre el tema: “Filosofía de las corridas de toros”, en el que defiende esta práctica sin hacer su apología.

A lo largo del viaje, se encuentran con varios personajes con los que reflexionan sobre la relación de los seres humanos con los animales y la naturaleza, sobre el sentido de este viaje que es la vida y sobre nuestra relación con la muerte. Juan Ramón de la Fuente, Eduardo Matos Moctezuma, José Cueli, Mario Vargas Llosa, Joselito Adame, Miquel Barceló, Claude Lanzmann, Georges Didi-Huberman, Catherine Millet, Agustín Díaz Yanez y Antonio Calera-Grobet, son algunos de los entrevistados.

El viaje pasa a tener como principal interés no tanto las corridas de toros sino una búsqueda filosófica que explora preguntas profundas: ¿Por qué las personas tratan cada vez más a sus mascotas como personas en cuanto la sociedad trata a los marginados como si fueran animales, como en el caso de los inmigrantes? ¿Qué estatuto debemos darle a los animales, ya sea los que pertenecen a la aristocracia de las mascotas, o al proletariado de la ganadería industrial? ¿Por qué la muerte, sea esta de los seres humanos o de los animales, no queremos más verla y está confinada en los asilos para ancianos o en los mataderos? ¿La diversidad cultural es todavía compatible con los valores morales universales?

Con mucha lucidez y un poco de melancolía, Francis Wolff contempla el ocaso de su pasión en cuanto desarrolla una charla intelectual con los cineastas que alterna momentos de gran reflexión y otros de franca camaradería y humor. Más que una película sobre las corridas de toros o un debate estéril del pro y contra, este viaje que atraviesa ciudades y culturas fascinantes en Europa y América Latina nos sumerge en una reflexión de cómo la sociedad hoy en día ha escogido de vivir en un mundo cada vez más globalizado y sobre una realidad que a todos molesta: la ineludible muerte.

“¿No es cierto que ahora ocultamos la muerte como una enfermedad vergonzosa? Nuestra época secularizada exalta una existencia libre de riesgos, una juventud eterna, una vida sin muerte. Lo humano es acompañar la muerte del animal respetado con un ritual o una ceremonia expiatoria…”.

“Nuestras sociedades productivistas prefieren la muerte en los mataderos, mecanizada e industrial. Muerte fría, oculta. En ese mundo de violencia aséptica yo no quiero vivir. Y ustedes qué tanto se identifican con el toro: ¿Preferirían una vida de esclavos o morir en el matadero? ¿O vivir libres y morir peleando?”, concluyó el filósofo en otra de las partes del filme.

Publicado en La Crónica

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Reseña: “Seis Claves del Arte de Torear” de Francis Wolff – Sobre los Toros, el Arte… y José Tomás.

Libro: Seis Claves del Arte de Torear de Francis Wolff.
Libro: Seis Claves del Arte de Torear de Francis Wolff.

Hace poco más de un mes, fui a una muy conocida librería de la Ciudad de México que no visito mucho por cuestiones geográficas. Fue una agradable sorpresa descubrir que ahora ya cuentan con una sección de tauromaquia; tomando nota de lo que había en los estantes descubrí cierta variedad de títulos que antes parecían inconseguibles. Esta es una pequeña reseña del más reciente libro de Francis Wolff.

Por: Fabiola FloresDe SOL Y SOMBRA.

La gran maravilla de nuestra era digital es que podemos acceder a un sinnúmero de programas de radio, televisión o tertulias taurinas.

Porque lo que más le gusta al aficionado, además de ver toros, es hablar de toros (o en su defecto, escuchar hablar de toros). Muchas veces he escuchado lamentaciones por la escasez de “intelectuales” de peso que hoy en día se declaren aficionados y además reflejen esto en su particular campo de acción. Es decir, que hoy no basta con blandir tres nombres de pintores y un premio nobel por allí, lo ideal sería que ese premio nobel actualizara la narrativa taurina. Esas quejas dejan de lado la gran calidad que han alcanzado ciertos textos taurinos de reciente publicación, hablo de los últimos veinte o veinticinco años.

A ese reclamo responde la obra de Francis Wolff, quien sin atraer la misma cantidad de reflectores que los laureados es identificado por el grueso de la afición. Tal vez es más conocido que leído. Wolff es egresado y docente de una de las instituciones educativas más prestigiadas de Francia, la École Normale Supérieure y se dedica principalmente al estudio de la Filosofía clásica, también ha publicado títulos con respecto a su otra pasión, la música. Ya es una obra de referencia sus famosas 50 Razones para defender las corridas de toros y que puede leerse aquí.

Su más reciente libro se titula Seis claves del arte de torear, publicado por Ediciones Bellaterra.

El título es muy acertado si atendemos a dos acepciones de la RAE: “noticia o idea por la cual se hace comprensible algo que era enigmático” y “elemento básico, fundamental o decisivo de algo”. Aislar cada uno de estos elementos da pie a pequeños ensayos que no dejan de formar un todo; van consolidando, una y otra vez, su tesis fundamental: que la fiesta es un fenómeno donde es imposible separar lo estético de lo ético.

Hay que mencionar que el estilo claro evidencia las grandes dotes pedagógicas del autor, supongo que la traducción le hace justicia a su quehacer de profesor. Por eso, no estaría mal recomendar este texto al neófito, a cualquier interesado en indagar un poco en lo que significa la tauromaquia sin tener que adentrarse en los innumerables detalles que demanda la apreciación de este arte.

Primera clave, la época.

Leemos a Wolff como quien descubre algo ya sabido pero que aún no hemos estructurado. Todo mundo sabe que los toros no entran en las sensibilidades que han sido atrofiadas desde la modernidad -que no la postmodernidad, eso nos queda bien claro-. Que quien busca la desaparición de la tauromaquia sólo cae en el espejismo de una “aldea global”, donde no pueden existir las particularidades culturales. El mérito del escritor está en desmenuzar y analizar dicho momento histórico con razonamientos incuestionables.

Por encima de todo, Francis expone esta particularidad de la fiesta: es una manifestación cultural donde el hecho estético es indisoluble del estético; además, añade, es la única práctica viva de esta índole (al menos en occidente).

Pero es, en esta coyuntura “postmoderna”, donde cobra mayor vigencia porque nadie pone en duda la crisis de los objetivos de la “modernidad” pues para la mayoría de los habitantes de este planeta ha representado el fracaso del bienestar prometido. En ese contexto la fiesta de toros retoma su más auténtico sentido, experimenta un giro de 360 grados y vuelve al origen.

                       “Ser moderno era considerar todos los ritos como convenciones arbitrarias; pero lo contemporáneo y la tauromaquia vuelven a descubrir los valores de lo ritual al margen de lo religioso; reconocen que la ceremonia de la muerte puede contribuir a darle sentido a la vida mostrando que es una victoria de cada instante sobre la posibilidad misma de su negación”.

Experimentamos una supuesta “crisis de las ideologías”, existe un enorme hueco sin marcos teóricos que puede llenarse con cualquier cosa. ¿Es menos legítimo colmarlo con lo que representa la tauromaquia?

Segunda clave, la Plaza.

Francis Wolff ha preferido explicar esta clave publicando de manera íntegra el texto que escribió en el año 2010 cuando fue invitado a dar el famoso pregón taurino de Sevilla que marca el comienzo de cada Feria de Abril. Muchos de esos pregones son joyas literarias, el de Wolff no se queda atrás. En dicho texto expone cómo una tarde de toros permite experimentar el momento en que “la frontera entre presentación y representación se diluye” […] “El toreo alcanza la realidad mientras que las otras artes – y el arte total de la ópera también- se conforman con soñarla”.

En la plaza, lugar donde confluye la polis, es posible constatar la existencia de las más importantes doctrinas de la filosofía clásica. Los arquetipos ideales de Platón y su reflejo en el mudo; las oposiciones aristotélicas entre el Ser en potencia y fáctico o sea, entre la materia y la forma; el estoicismo, ser estoico “es afirmar con arrojo que la quietud es más fuerte que el movimiento y que la tranquilidad del alma puede imponerse a la violencia del cuerpo, tanto el del toro como el del hombre”.

Y por último, en una tarde de toros podemos experimentar la más refinada de las teorías del placer, el epicureísmo. Sí, todo eso allí, en el albero de la Maestranza de Sevilla.

Tercera clave, el toro.

Aquí el autor intenta dar luz sobre el conocido debate acerca de la esencia de la bravura. Retoma conceptos que el aficionado cree por bien sabidos: casta, genio, bravura y mansedumbre; sus límites son difusos, entre ellos pueden existir mezclas y superposiciones. Wolff nos dice que un toro bravo es la síntesis de contradicciones constantes; su método: el planteamiento de preguntas. ¿Qué es la bravura, algo inherente o artificial? ¿Se conserva, se crea, se transforma, se pierde?

El concepto de la bravura ideal ha determinado los gustos de la afición, y por lo tanto el devenir de los cambios en la tauromaquia. Como todo buen aficionado sabe, la tauromaquia no se crea ni se destruye, sólo se transforma, no es un bloque monolítico estático. El autor nos invita a mirar con lupa esos conceptos tan llevados y traídos que a veces no resultan tan claros. ¿No es la embestida, en realidad, una especie de “defensa” que ataca para “huir”? ¿Hay bravura sin casta y/o viceversa?

¿Cuáles serían todos los matices intermedios? En dicho caso, hablamos del toro bravo como una especie en general, pero el comportamiento de ciertos individuos contradice el adjetivo.

Wolff nos recuerda que hablamos con calificativos absolutos sólo a partir de una faena en un día y hora específicos, juzgamos a un toro por el comportamiento que mostró en sólo unos cuantos minutos de su vida. ¿Y el contexto? ¿Puede jugar un papel determinante? ¿Qué es un animal doméstico? ¿El toro bravo es doméstico o salvaje?

Esto es más complicado de lo que parece; la misma existencia del toro bravo es un hecho que, por lo menos, debería deslumbrarnos. Wolff lo resume en una comparación: “El toro bravo es como la rosa, el fruto natural de la cultura humana, cultura que sólo puede mandar en la naturaleza obedeciéndola”.

Cuarta clave, el torero.

Para pocos es noticia que Francis Wolff es parcial para con un torero actual. Este apartado es una apología al arquetipo del Torero, léase José Tomás. Afortunadamente en el mundo del toro podemos convivir todos, en acuerdo y desacuerdo. José Tomás es para Wolff la más depurada personificación de lo que representa un torero, un argumento bien fundamentado.

El problema surge cuando meditamos acerca de si es posible serlo sin ser completamente una “figura” del toreo. Porque entonces comenzaríamos por tratar de definir qué implica ser una figura del toreo y en eso no entra el autor (esto es de mi cosecha). A Wolff sólo le importa demostrar como toda la metafísica del mundo entra en juego cuando torea José Tomás.

Al parecer, este apartado resume algo que desarrolló de manera más amplia en su anterior libro. Insinúa que sin importar el camino creador que hubiera elegido nuestro artista en cuestión –pudo haber sido pintor o cantante- esta autenticidad sin artilugios le lleva a depurar su arte de cualquier accesorio, lo vuelve minimalista. Como si fuera un epítome del racionalismo arquitectónico de Le Corbusier o del neoplasticismo de Mondrian (mis comparaciones). José Tomás se despoja de todo lo que no es él, se vuelve el arquetipo ideal de lo que es un torero y de esa manera recuerda al concepto griego de lo que implicaba ser un filósofo-sabio.

No sólo busca la verdad… él es la verdad.

Lo mejor es que el lector podrá corroborar todo esto si tiene la suerte de poder entrar a la Plaza México el próximo 31 de enero. Ya le darán o no la razón a este filósofo francés.

Quinta clave, los mitos del arte de torear.

Cuando el aficionado quiere indagar en la historia del toreo se enfrenta ante el monstro de la veracidad. El problema es que, siendo un arte temporal, sólo nos quedan los testimonios a manera de crónicas, fotos – que por congelar el momento no dicen mucho de la dinámica de la lidia- y en el mejor de los casos, algunos videos antiguos. Dentro de esta memoria histórica es fácil que se anquilosen, como piedras, muchos de los llamados tópicos o mitos del toreo.

Para Wolff, todo depende del cristal con que se mire, se detiene a examinar de manera detallada los dos extremos opuestos: el del aficionado que menosprecia el presente dando por sentado las glorias pasadas y a su antípoda, aquellos que sobrevaloran demasiado el momento actual de la tauromaquia – los de la frase de que “hoy se torea mejor que nunca”.

En este apartado se analiza no sólo los cambios formales por sí mismos, sino lo que implican dentro de ese marco ético-estético. A pesar de que el buen aficionado se autodenomine “abierto” o accesible, la verdad es que nos cuesta mucho trabajo separarnos de nuestros marcos de referencia taurinos.

Para quienes caen en la trampa de las etiquetas y se autodefinen con un “ismo” -toristas, toreristas o seguidores de algún torero o ganadería en específico- este aparatado es un reto a su afición, un guiño para tratar de entender la evolución de este arte de otra manera. En la parte final se explica la razón de la de la suerte suprema con la tal lucidez que muestra cómo algo tan obvio, muchas veces, nos es vedado por una cortina de humo.

Sexta clave, los aficionados y sus partidos.

Simpática es la manera en que Francis Wolff trata de definir y categorizar al aficionado taurino como si de tendencias políticas se tratase. Esta descripción puede parecerle muy ajena al lector mexicano, no le parecerá nada coherente equiparar la extrema izquierda con el aficionado ultra torista (tipo Talibán) y a su opuesto en la más reacia derecha.

Esto es debido a que en Europa, y particularmente en Francia, los procesos sociales y políticos tienen características completamente diferentes a las de nuestra reciente y muy apaleada democracia. Resulta un ejercicio interesante tratar de identificarnos dentro de alguna de estas tendencias (muy convencionales y que no tienen nada que ver con alineamientos políticos reales).

¿A qué corriente taurina pertenecemos? ¿La ultraizquierda, la izquierda, el centro, la derecha o la ultraderecha? Wolff adjudica a cada corriente sus plazas, sus ganaderías, sus figuras, sus procederes. Claro que nada es completamente absoluto, pues pueden darse combinaciones diversas, lo que daría lugar a un aficionado ecléctico.

Es un texto rico, conciso y breve, muy recomendable para cualquier aficionado. Sería una excelente lectura para aquel que, sin ser adverso a la fiesta de los toros aún no tenga un sentido claro de su peso en el subconsciente colectivo. Vivimos interesantes tiempos para el toreo de acuerdo a lo que piensa Wolff, aún es válido para la sociedad el laboratorio metafísico que se planta sobre la arena cada tarde de toros.

A eso, añado yo, se le suma la suerte de coincidir con un gran aficionado francés que nos regala tanto material para la reflexión.

Twitter: @Cassiel_28.

Francis Wolff

Seis claves del arte de torear

Ediciones Bellaterra. Col. Muletazos. 2013. 177 p.p.