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La Adolescente Gracia – Las Huertas, Fonseca y Gutiérrez triunfan en La México.

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Isaac Fonseca en la Rebolera por detrás del Cuerpo al novillo de Las Huertas en la Plaza México. Foto: Edmundo Toca.

La demora de La México, injustificada y criticable, deja a la gente que hoy compone la concurrencia con la consecuente impaciencia que trae la abstinencia, con muchas ganas de aplaudir. La fe taurina hoy es tan adolescente como los novillos, en momentos embistiendo como si de toros se tratara, en momentos reaccionando como si de berrinchudos se tratara. Esto, en un ambiente de gritos y sombrerazos, dispara las alarmas del taurinísimo, ausente cuando más se necesita. Vuelta exagerada del joven ganadero y pasos atrás los más y para delante los menos de la terna que corta orejas pero deja pendiente conocer la dimensión real de su evolución y su estado torero.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Solo una novillada sin picadores, a lo mucho dos, debería haber en la Plaza México.

En todo el año.

Obligada por la Ley, La México da, brinda, las novilladas tratando de innovar lo ya inventado y, al dejar a este invento de fijo pues, según dicen “no hay novilleros”, deja al descubierto falta de madurez taurina. Y esto es más cuando Guadalajara, al parecer, también se raja de las lides novilleriles. Una lástima. Yo me pregunto, ¿Qué ocurre de un año para acá con las demás plazas del mismo grupo al que hoy pertenece, al menos en lo económico, La México?

Simplemente nada, plácidamente durmiendo.

Decía José Luis Ramírez “El Padrino”, hay que hacer empresa, primero, con gusto.

En los toros lo forzado, si no es el de pecho, no sale, o sale mal.

Entonces queda confiar en la bravura.

La ganadería de Las Huertas cierra la Temporada Novilleril anterior y abre la presente con la misma emoción pero en diferente tono. Se va ayer ovacionado y con vuelta al ruedo su ganadero contagiado por la concurrencia y sin el consejo atinado en el callejón, con dos toros sin oreja cada uno, más un homenaje póstumo y con el deber cumplido.

Asegunda, eso ya es de buen labrador.

Pero habrá que decir que será bueno verle con caballos, no quedarse en este refugio y serenar el juicio, de ahí que la salida al tercio habría sido lo mejor para no perderse entre los vapores del aplauso del variopinto tendido pues nada más real para el toro de lidia y para esta tan perdida concurrencia que enfrentar y observar a novillo y caballo en la suerte de varas, respectivamente. Ya veremos cuando será tal prueba pues si la supera, con constancia, la ganadería de Las Huertas estará en el camino de la historia.

No solo de la anécdota.

Y no porque el encierro no tuviera bravura o emoción o no mantuviera la muy débil atención del público en todo momento, es más, los tres primeros por su prontitud y fijeza la han tenido, sino porque esos tres, en ciertos momentos, así como cuarto y quinto, han volteado contrario y buscado la querencia en varios momentos.

Quizá, de haber sido picados…

A pesar de esto, podemos concluir que tercero y sexto han sido bravos, indudablemente.

O sea el encierro trae un lote premiado. Una mano ganadora.

Pero, aun sin redondear en el sorteo, incluso con cartas menores, Ricardo De Santiago e Isaac Fonseca enfrentan cada quien, tanto al viento como a un novillo con amplias posibilidades como el primero, al que el potosino De Santiago no termina por templar, luce con el capote, en banderillas en el primer par y sobre todo en el segundo donde pasa en falso al ganarle el novillo la cara para luego cuadrar. Ya con la muleta, entre desarmes e imprecisiones, su desigual faena no remata donde debe, pincha y todo se desvanece.

El cuarto, novillo que mansea pero que tiene un inicio con la muleta bueno tras doblarse, le da una terrible voltereta a Ricardo al no salir bien de la suerte en quites, siempre trae al novillo encima al no rematar debidamente, le rompe parte de los labios y a como puede banderillea a un astado que dobló contrario lo que quiso porque no se le somete y con el que, tal como en el primero, escucha un aviso.

Pocos avances en uno de los toreros más esperados.

Tristemente.

En cambio Fonseca, de Morelia, se nota con mayor suficiencia torera de un año para acá.

Lo extraño no son sus intervenciones, lucidas en quites, gaoneras a pies juntos al que abre temporada de cartel, sino que el inicio a un novillo pronto y fijo como el segundo no es por bajo y. sobre todo, la colocación inicial en cada tanda de la muleta. Atención, a novillos así, sin picar, si no se les impone mando y sometimiento en todo tiempo se van para arriba.

Inicia por alto y remata con desdén pero a pesar de la emoción, no trae la imposición.

Siempre tan necesaria.

Fonseca liga por ambos lados e intenta pasar del tercer muletazo pero la reacción del novillo tras ligar le rebasa y no atempera, al contrario, a cada pase de la tanda el novillo en lugar de asentarse, de resentir el mando de cada muletazo, los hay muy buenos, se crece y protesta en buena medida por no ser picado ni sometido, consideramos. En algún punto lo compromete y el torero se descompone, no obstante, es capaz de dejar un espadazo, en uno de los pocos momentos con silencio de la tarde, de gran ejecución, a un tiempo, entera que, no obstante lo tendida y trasera es, hace tronar la piel del toro.

Isaac no desespera, muy atinado con la cruceta, sin acelerarse, corta una oreja cariñosa, cortesía de Jorge Ramos y su taurina ceguera, así como la sensible, casi piadosa concurrencia que necesita urgentemente aplaudir.

Luego en el quinto, el más serio, tampoco alcanza a cortar la salida al manso que termina rehuyendo la pelea y buscando el toril, todo deriva de una larga cambiada de salida que no llega y que muestra de nuevo el chiquero al astado. Se la pasa Fonseca queriendo hacer la misma faena que en el primero, es decir, terminar dando naturales y derechazos, a la misma colocación y altura, por fuerza.

Yo pregunto si acaso la tauromaquia es solo tal cosa.

Tampoco lo es el final por alto, a la trágala y sin espada con la muleta por detrás, que alarga el trasteo sin necesidad alguna. Mata con descabello a dos tiempos, uno del cual el novillo resiente pero resiste y otro, fulminante, con notable facilidad que sepulta al astado.

Aun así, valdrá verle de nuevo

Contraste, es diferencia y resultado de confrontar estilos.

El de Morelia encuentra su contraste en fachada y estilo, incluso estructura, en también incipiente hidrocálido Gutiérrez que brinda en sentida dedicatoria a los médicos que le atendieron el año pasado en su fallido debut. Éste apenas destaca en el capote y muestra la técnica que les parece insertada a todos y cada uno de los novilleros hidrocálidos: retorcimiento, poco toreo de capa, largueza en los muletazos y siempre por la derecha. Todo esto ante un novillo, algo feo y paliabierto, pero que comienza a embestir largo y por abajo.

Gutiérrez pega muchos, quizá demasiados derechazos.

No hay temple ni imposición. Ni despaciosidad.

Parece que estos toreros en vez de usar la de cobrar, les cobran por usarla.

Pues cuando busca la mano izquierda, un desatino de su parte, adelantar y no presentar la muleta en sitio exacto, provoca la colada que impide ver al cárdeno al natural, simplemente ya no lo intenta. Ni por asomo. Y qué bien le habría hecho al astado desengañarse y, sobretodo, al mismo torero, porque torear es muchas veces, quizá siempre, hacer posible lo que parece no ser.

Muy mal con la espada.

Pero en el sexto, otro novillo principalmente fijo y con mejor son, Gutiérrez se observa con mayor soltura, torea más largo y con más temple, ahora sí, por ambos pitones no obstante las tandas son de altibajos y no crecen porque, como con Fonseca, después del segundo y tercer muletazo la tanda por colocación o falta de mando no va a más. Y en buena medida es resultado de esa programación que dice que en todos los turnos hay que hacer lo mismo, trapear la arena e ignorar la altura y su debida elección en cada pase que desahogaría a los bureles, sobretodo, cuando de tan jóvenes reaccionan cambiantes.

Como casi adolescentes.

Que hoy eso son los novillos.

Y los novilleros.

Y la empresa… y, tristemente, la mayoría de la concurrencia.

Por ello la oreja, tras un cambio de mano de mucho temple y sello, quizá lo más artístico de la tarde y estocada entera algo tendida, importa mucho para la mayoría que encuentra que la alegría está en las orejas. Ojalá estuviera en el respeto a la lidia, o sea, en el silencio de las Porras y los vendedores que no hay Autoridad o ésta algún interés protege. Y, sobre todo, en la serenidad que no existe en la vuelta del Ganadero, la salida al tercio sería suficiente.

Pero así las cosas, a falta de caballos, la rienda muchos en La México la traen suelta.

Arte es, en buena parte, nuestra madurez.

Menos mal nos queda el toreo, su temple, su interior estructura y fuerza, su galope y su paso. Aunque sea adolescente. Siempre y cuando, no lo olviden, no lo guarden en espuertas y despachos, no lo dejen para el rato porque lo que más se requiere aquí, urgente, es mando y sometimiento de lo indómito.

Más aún, claro está, cuando de adolescentes se trata.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Novilleril 2017. Primera Novillada Sin Picadores. Menos de un cuarto de entrada en tarde nublada con lluvia intermitente y viento molesto. Público variopinto y distraído, entre gritos y vendedores la mayor parte de la tarde.

6 Las Huertas, 6 (Divisa Negro, Amarillo y Oro) Desiguales de presentación, feos en su mayoría, salvo primero, segundo y cuarto. Con fijeza y bravura tercero y sexto, con intermitencia en su embestida en la muleta pero con posibilidades de triunfo. Mansos cuarto y quinto con reacciones sumamente contradictorias principalmente en la muleta.

Ricardo de Santiago (Azul Añil y Oro) Silencio tras Aviso en Ambos; Isaac Fonseca (Corinto y Oro) Oreja y Palmas; Héctor Gutiérrez (Rosa y Oro) Silencio y Oreja.

El ganadero da exagerada vuelta al ruedo al terminar la lidia del sexto en compañía del tercer espada.

Mal las cuadrillas en banderillas y estrellando al toro en burladeros entre cada tercio. Oportuno quite de Juan Ramón Saldaña en banderillas al cuarto, no obstante apurado se nota toda la lidia.

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Lunes de @Taurinisimos 94 – Sebastián Castella Triunfa en la Plaza México.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del lunes 30 de Enero de 2017. Conducen Miriam Cardona (@MyRyCar) y Luis Eduardo Maya Lora (@CaballoNegroII).

Actualidad Taurina. Plaza México Temporada Grande 2016 – 2017.

Análisis corrida de Montecristo y faenas de Juan Pablo Sánchez y de Los Encinos para Sebastian Castella, “El Payo” y Diego Silveti.

Salida a hombros de Sebastián Castella en la Plaza México con los toros Jardinero y Arbolero de Los Encinos.

Reapertura de la Plaza Santamaria de Bogotá con Roca Rey a hombros.

Toros en Juriquilla: 6 De Santiago, 6 para Juan Pablo Sánchez, Diego Silveti y Sergio Flores.

Clip: Despacio – Sebastián Castella.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 3 de Febrero de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

Twitter: @Taurinisimos.

Mail: taurinisimos@gmail.com

FB/Taurinísimo

Reseña: “Seis Claves del Arte de Torear” de Francis Wolff – Sobre los Toros, el Arte… y José Tomás.

Libro: Seis Claves del Arte de Torear de Francis Wolff.
Libro: Seis Claves del Arte de Torear de Francis Wolff.

Hace poco más de un mes, fui a una muy conocida librería de la Ciudad de México que no visito mucho por cuestiones geográficas. Fue una agradable sorpresa descubrir que ahora ya cuentan con una sección de tauromaquia; tomando nota de lo que había en los estantes descubrí cierta variedad de títulos que antes parecían inconseguibles. Esta es una pequeña reseña del más reciente libro de Francis Wolff.

Por: Fabiola FloresDe SOL Y SOMBRA.

La gran maravilla de nuestra era digital es que podemos acceder a un sinnúmero de programas de radio, televisión o tertulias taurinas.

Porque lo que más le gusta al aficionado, además de ver toros, es hablar de toros (o en su defecto, escuchar hablar de toros). Muchas veces he escuchado lamentaciones por la escasez de “intelectuales” de peso que hoy en día se declaren aficionados y además reflejen esto en su particular campo de acción. Es decir, que hoy no basta con blandir tres nombres de pintores y un premio nobel por allí, lo ideal sería que ese premio nobel actualizara la narrativa taurina. Esas quejas dejan de lado la gran calidad que han alcanzado ciertos textos taurinos de reciente publicación, hablo de los últimos veinte o veinticinco años.

A ese reclamo responde la obra de Francis Wolff, quien sin atraer la misma cantidad de reflectores que los laureados es identificado por el grueso de la afición. Tal vez es más conocido que leído. Wolff es egresado y docente de una de las instituciones educativas más prestigiadas de Francia, la École Normale Supérieure y se dedica principalmente al estudio de la Filosofía clásica, también ha publicado títulos con respecto a su otra pasión, la música. Ya es una obra de referencia sus famosas 50 Razones para defender las corridas de toros y que puede leerse aquí.

Su más reciente libro se titula Seis claves del arte de torear, publicado por Ediciones Bellaterra.

El título es muy acertado si atendemos a dos acepciones de la RAE: “noticia o idea por la cual se hace comprensible algo que era enigmático” y “elemento básico, fundamental o decisivo de algo”. Aislar cada uno de estos elementos da pie a pequeños ensayos que no dejan de formar un todo; van consolidando, una y otra vez, su tesis fundamental: que la fiesta es un fenómeno donde es imposible separar lo estético de lo ético.

Hay que mencionar que el estilo claro evidencia las grandes dotes pedagógicas del autor, supongo que la traducción le hace justicia a su quehacer de profesor. Por eso, no estaría mal recomendar este texto al neófito, a cualquier interesado en indagar un poco en lo que significa la tauromaquia sin tener que adentrarse en los innumerables detalles que demanda la apreciación de este arte.

Primera clave, la época.

Leemos a Wolff como quien descubre algo ya sabido pero que aún no hemos estructurado. Todo mundo sabe que los toros no entran en las sensibilidades que han sido atrofiadas desde la modernidad -que no la postmodernidad, eso nos queda bien claro-. Que quien busca la desaparición de la tauromaquia sólo cae en el espejismo de una “aldea global”, donde no pueden existir las particularidades culturales. El mérito del escritor está en desmenuzar y analizar dicho momento histórico con razonamientos incuestionables.

Por encima de todo, Francis expone esta particularidad de la fiesta: es una manifestación cultural donde el hecho estético es indisoluble del estético; además, añade, es la única práctica viva de esta índole (al menos en occidente).

Pero es, en esta coyuntura “postmoderna”, donde cobra mayor vigencia porque nadie pone en duda la crisis de los objetivos de la “modernidad” pues para la mayoría de los habitantes de este planeta ha representado el fracaso del bienestar prometido. En ese contexto la fiesta de toros retoma su más auténtico sentido, experimenta un giro de 360 grados y vuelve al origen.

                       “Ser moderno era considerar todos los ritos como convenciones arbitrarias; pero lo contemporáneo y la tauromaquia vuelven a descubrir los valores de lo ritual al margen de lo religioso; reconocen que la ceremonia de la muerte puede contribuir a darle sentido a la vida mostrando que es una victoria de cada instante sobre la posibilidad misma de su negación”.

Experimentamos una supuesta “crisis de las ideologías”, existe un enorme hueco sin marcos teóricos que puede llenarse con cualquier cosa. ¿Es menos legítimo colmarlo con lo que representa la tauromaquia?

Segunda clave, la Plaza.

Francis Wolff ha preferido explicar esta clave publicando de manera íntegra el texto que escribió en el año 2010 cuando fue invitado a dar el famoso pregón taurino de Sevilla que marca el comienzo de cada Feria de Abril. Muchos de esos pregones son joyas literarias, el de Wolff no se queda atrás. En dicho texto expone cómo una tarde de toros permite experimentar el momento en que “la frontera entre presentación y representación se diluye” […] “El toreo alcanza la realidad mientras que las otras artes – y el arte total de la ópera también- se conforman con soñarla”.

En la plaza, lugar donde confluye la polis, es posible constatar la existencia de las más importantes doctrinas de la filosofía clásica. Los arquetipos ideales de Platón y su reflejo en el mudo; las oposiciones aristotélicas entre el Ser en potencia y fáctico o sea, entre la materia y la forma; el estoicismo, ser estoico “es afirmar con arrojo que la quietud es más fuerte que el movimiento y que la tranquilidad del alma puede imponerse a la violencia del cuerpo, tanto el del toro como el del hombre”.

Y por último, en una tarde de toros podemos experimentar la más refinada de las teorías del placer, el epicureísmo. Sí, todo eso allí, en el albero de la Maestranza de Sevilla.

Tercera clave, el toro.

Aquí el autor intenta dar luz sobre el conocido debate acerca de la esencia de la bravura. Retoma conceptos que el aficionado cree por bien sabidos: casta, genio, bravura y mansedumbre; sus límites son difusos, entre ellos pueden existir mezclas y superposiciones. Wolff nos dice que un toro bravo es la síntesis de contradicciones constantes; su método: el planteamiento de preguntas. ¿Qué es la bravura, algo inherente o artificial? ¿Se conserva, se crea, se transforma, se pierde?

El concepto de la bravura ideal ha determinado los gustos de la afición, y por lo tanto el devenir de los cambios en la tauromaquia. Como todo buen aficionado sabe, la tauromaquia no se crea ni se destruye, sólo se transforma, no es un bloque monolítico estático. El autor nos invita a mirar con lupa esos conceptos tan llevados y traídos que a veces no resultan tan claros. ¿No es la embestida, en realidad, una especie de “defensa” que ataca para “huir”? ¿Hay bravura sin casta y/o viceversa?

¿Cuáles serían todos los matices intermedios? En dicho caso, hablamos del toro bravo como una especie en general, pero el comportamiento de ciertos individuos contradice el adjetivo.

Wolff nos recuerda que hablamos con calificativos absolutos sólo a partir de una faena en un día y hora específicos, juzgamos a un toro por el comportamiento que mostró en sólo unos cuantos minutos de su vida. ¿Y el contexto? ¿Puede jugar un papel determinante? ¿Qué es un animal doméstico? ¿El toro bravo es doméstico o salvaje?

Esto es más complicado de lo que parece; la misma existencia del toro bravo es un hecho que, por lo menos, debería deslumbrarnos. Wolff lo resume en una comparación: “El toro bravo es como la rosa, el fruto natural de la cultura humana, cultura que sólo puede mandar en la naturaleza obedeciéndola”.

Cuarta clave, el torero.

Para pocos es noticia que Francis Wolff es parcial para con un torero actual. Este apartado es una apología al arquetipo del Torero, léase José Tomás. Afortunadamente en el mundo del toro podemos convivir todos, en acuerdo y desacuerdo. José Tomás es para Wolff la más depurada personificación de lo que representa un torero, un argumento bien fundamentado.

El problema surge cuando meditamos acerca de si es posible serlo sin ser completamente una “figura” del toreo. Porque entonces comenzaríamos por tratar de definir qué implica ser una figura del toreo y en eso no entra el autor (esto es de mi cosecha). A Wolff sólo le importa demostrar como toda la metafísica del mundo entra en juego cuando torea José Tomás.

Al parecer, este apartado resume algo que desarrolló de manera más amplia en su anterior libro. Insinúa que sin importar el camino creador que hubiera elegido nuestro artista en cuestión –pudo haber sido pintor o cantante- esta autenticidad sin artilugios le lleva a depurar su arte de cualquier accesorio, lo vuelve minimalista. Como si fuera un epítome del racionalismo arquitectónico de Le Corbusier o del neoplasticismo de Mondrian (mis comparaciones). José Tomás se despoja de todo lo que no es él, se vuelve el arquetipo ideal de lo que es un torero y de esa manera recuerda al concepto griego de lo que implicaba ser un filósofo-sabio.

No sólo busca la verdad… él es la verdad.

Lo mejor es que el lector podrá corroborar todo esto si tiene la suerte de poder entrar a la Plaza México el próximo 31 de enero. Ya le darán o no la razón a este filósofo francés.

Quinta clave, los mitos del arte de torear.

Cuando el aficionado quiere indagar en la historia del toreo se enfrenta ante el monstro de la veracidad. El problema es que, siendo un arte temporal, sólo nos quedan los testimonios a manera de crónicas, fotos – que por congelar el momento no dicen mucho de la dinámica de la lidia- y en el mejor de los casos, algunos videos antiguos. Dentro de esta memoria histórica es fácil que se anquilosen, como piedras, muchos de los llamados tópicos o mitos del toreo.

Para Wolff, todo depende del cristal con que se mire, se detiene a examinar de manera detallada los dos extremos opuestos: el del aficionado que menosprecia el presente dando por sentado las glorias pasadas y a su antípoda, aquellos que sobrevaloran demasiado el momento actual de la tauromaquia – los de la frase de que “hoy se torea mejor que nunca”.

En este apartado se analiza no sólo los cambios formales por sí mismos, sino lo que implican dentro de ese marco ético-estético. A pesar de que el buen aficionado se autodenomine “abierto” o accesible, la verdad es que nos cuesta mucho trabajo separarnos de nuestros marcos de referencia taurinos.

Para quienes caen en la trampa de las etiquetas y se autodefinen con un “ismo” -toristas, toreristas o seguidores de algún torero o ganadería en específico- este aparatado es un reto a su afición, un guiño para tratar de entender la evolución de este arte de otra manera. En la parte final se explica la razón de la de la suerte suprema con la tal lucidez que muestra cómo algo tan obvio, muchas veces, nos es vedado por una cortina de humo.

Sexta clave, los aficionados y sus partidos.

Simpática es la manera en que Francis Wolff trata de definir y categorizar al aficionado taurino como si de tendencias políticas se tratase. Esta descripción puede parecerle muy ajena al lector mexicano, no le parecerá nada coherente equiparar la extrema izquierda con el aficionado ultra torista (tipo Talibán) y a su opuesto en la más reacia derecha.

Esto es debido a que en Europa, y particularmente en Francia, los procesos sociales y políticos tienen características completamente diferentes a las de nuestra reciente y muy apaleada democracia. Resulta un ejercicio interesante tratar de identificarnos dentro de alguna de estas tendencias (muy convencionales y que no tienen nada que ver con alineamientos políticos reales).

¿A qué corriente taurina pertenecemos? ¿La ultraizquierda, la izquierda, el centro, la derecha o la ultraderecha? Wolff adjudica a cada corriente sus plazas, sus ganaderías, sus figuras, sus procederes. Claro que nada es completamente absoluto, pues pueden darse combinaciones diversas, lo que daría lugar a un aficionado ecléctico.

Es un texto rico, conciso y breve, muy recomendable para cualquier aficionado. Sería una excelente lectura para aquel que, sin ser adverso a la fiesta de los toros aún no tenga un sentido claro de su peso en el subconsciente colectivo. Vivimos interesantes tiempos para el toreo de acuerdo a lo que piensa Wolff, aún es válido para la sociedad el laboratorio metafísico que se planta sobre la arena cada tarde de toros.

A eso, añado yo, se le suma la suerte de coincidir con un gran aficionado francés que nos regala tanto material para la reflexión.

Twitter: @Cassiel_28.

Francis Wolff

Seis claves del arte de torear

Ediciones Bellaterra. Col. Muletazos. 2013. 177 p.p.