Archivo de la categoría: Victorino Martin

Lunes de @Taurinisimos 108 – Cierre Feria de Abril, Sevilla y San Marcos 2017.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del lunes 8 de Mayo de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Actualidad Taurina.

Cierre FNSM Aguascalientes, 2017.

Enlace con Sergio Martín del Campo, crítico taurino.

Corridas Feria de Abril, Sevilla 2017.

Recuerdo de Manuel Montoliú en su XXV Aniversario Luctuoso.

Faenas de Ferrera, Morante, Roca Rey, Castella y encierros de Jandilla, Victoriano del Río, Victorino Martín, entre otros.

Foto: Muriel Feiner.

Producción: Miguel Ramos.
Operación: Abraham Romero.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 12 de Mayo de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

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La gran bronca del Cid y Victorino

Manuel Jesús El Cid, ante el tercero de los seis victorinos con los que se encerró en Las Ventas. / álvaro garcía
Feria de San Isidro:  La gran bronca

Finalizada la corrida, Manuel Jesús El Cid y los hombres de la cuadrilla de a pie cruzaron el diámetro de la plaza entre una sonora bronca que tenía el sabor amargo de la derrota más cruel. Diez hombres abatidos, con las cabezas gachas, midiendo cada paso, escuchando sin querer oír el rugido de la turba encolerizada; y, al frente, el jefe de filas, el líder del fracaso, la mirada fija en el suelo y la cabeza hirviendo; el semblante, desencajado, y la incredulidad como justificación de una realidad lacerante que ojalá fuera un mal sueño.

No habían transcurrido ni dos horas, y el sol radiante de la ilusión se había apagado por la fuerza de la desesperanza, que se fue abriendo camino entre toro y toro. Una gran ovación había recibido al héroe por su mayúscula gesta, y los mismos que sonreían ante el deseado triunfo enseñaban ahora los dientes en señal de amargura.

Es el sino de quienes apuestan su vida al cara o cruz de una tarde; pueden disfrutar de un éxito clamoroso o sufrir un frustración inolvidable. El Cid se presentó en Las Ventas con la apuesta más trascendental de su vida: solo antes seis victorinos con el único objetivo de resucitar como figura del toreo. Le avalaban su larga historia de laureles alcanzados con esta divisa y su experiencia. Pero, quizá, le pudo la ingenuidad, y no quiso entender que ya no tiene hambre y que los años no pasan en balde

Hace tiempo que no es El Cid de la mano izquierda prodigiosa que atornilla las zapatillas, arrastra la muleta y dibuja como nadie el arte del toreo. Hace tiempo que es reo de las prisas, de la rutina y de los compases vacíos y vanos. El tiempo es cruel y lo ha sido en grado sumo con El Cid.

A pesar de todo, le honra su gesta; anunciarse con seis toros en plena Feria de San Isidro no está al alcance de cualquiera que se vista de luces. Esa es una decisión para elegidos, aunque la vida les demuestre instantes después que están equivocados. El Cid fracasó. Rotundamente. Pero solo pierden los héroes, y solo ganan la vida —o la pierden— los que tienen la gallardía de apostarla.

Claro que nadie podía imaginar que el gran ganadero Victorino Martín iba a traer a Madrid una moruchada de tan alto calibre como la lidiada ayer. No hubo un solo toro que ofreciera las mínimas posibilidades para hacer el toreo. Justos de fuerza, muy desiguales en los caballos, con abundancia de mansedumbre, avisados en banderillas, y sosos, sin casta, deslucidos, ásperos y peligrosos en el tercio final. Dicho con otras palabras: el ganadero debió compartir la bronca final con todo merecimiento.

Claro que nadie podía imaginar que las cuadrillas iban a tener tan mal día; es difícil lidiar peor una corrida de toros, en la que se impuso el desorden, el pánico y las carreras entre el lamentable y justificado choteo general. El tercio de banderillas al cuarto fue impropio de profesionales, incapaces de acercarse con un mínimo de soltura a la cara del toro. Muy mal, también, los picadores, a excepción de Tito Sandoval ante el sexto.

Mientras la cuadrilla de turno trataba infructuosamente de colocar garapullos a ese cuarto toro entre el griterío popular, El Cid, en barrera, tenía el alma en los pies. Estaba asistiendo en ese momento al derrumbamiento de su sueño más preciado. No habría ya gigante capaz de levantar aquel desastre que, en un momento, se había apoderado del festejo.

Tampoco era imaginable que el propio líder se mostrara toda la corrida tan falto de ideas y encadenado a una terrible sensación de incapacidad. Nunca dijo en voz alta que venía dispuesto a dominar la situación, a mandar, a ser el amo. Le faltaron recursos, no le acompañó la torería y su cara era el espejo nítido de estar fundido, de tener la cabeza a punto de estallar ante la imposibilidad de encontrar el medio para sobrevolar sobre el drama.

Ni un capotazo, ni un quite, un natural —solo uno— en el primero, mal colocado casi siempre y ventajista cuando pudo; a la defensiva y con grandes dosis de inseguridad… En fin, que la tarde estaba gafada.

A todos se nos rompió la esperanza de tanto usarla; a todos se nos fue hundiendo poco a poco la ilusión de un inalcanzable triunfo que merecía la fiesta, el propio torero y la afición. Quien ha sido depositario de la mejor zurda de los últimos años merecía otra suerte. Pero la vida es así de dura. O, quizá, es el sino inescrutable de los héroes.

MARTÍN / EL CID, ÚNICO ESPADA

Toros de Victorino Martín, correctos de presentación, mansos, sosos, deslucidos y peligrosos. Una auténtica moruchada.

Manuel Jesús El Cid: metisaca (silencio); casi entera tendida (silencio); pinchazo y estocada caída (silencio); estocada y dos descabellos (silencio); media tendida y dos descabellos (protestas); media y un descabello (pitos). El torero fue despedido con una gran bronca.

El subalterno David Saugar Pirri sufrió una herida en la axila derecha de 15 centímetros en el tercio de banderillas del cuarto toro. Pronóstico menos grave.

Plaza de las Ventas. 5 de junio. Vigesimonovena corrida de la feria de San Isidro. Lleno.

La corrida de hoy: espectáculo de rejoneo

Toros de María Guiomar Cortés de Moura, para los caballeros Rui Fernandes, Sergio Galán y Manuel Manzanares.

Castella, Valencia, Juan Pedro y Victorino, los triunfadores de la Feria de San Cristóbal.

Victorino Martín recibe la Medalla de Oro a las Bellas Artes de manos de los Reyes
Victorino recibe la Medalla de manos de los Reyes, en presencia de Wert.
San Cristóbal, Venezuela. Los premios oficiales de la Feria de San Sebastián de San Cristóbal recayeron en el torero francés Sebatián Castella, al triunfador, Daniel Luque como la mejor faena, Antonio Ferrera, a la mejor estocada y la corrida de Juan Pedro Domecq, como la mejor.

Los premios del Círculo de la Dinastía Bienvenida recayeron en el matador venezolano Cesar Valencia, que tomó la alternativa e indultó un toro. Se llevó la Fábula Taurina como triunfador y el premio Antonio Bienvenida como mejor torero nacional.

El premio al mejor toro fue para Moñito, de Victorino Martín, por su bravura y calidad y que selló el debut en América de este hierro. Lo recibió Victorino Martín García.

El veterano picador Luis Quintana arrasó con premios oficiales y la mención del Círculo Bienvenida por su brillante labor. El acto oficial de entrega de premios fue en el restaurante Harrys del aficionado y empresario Juan José Guerrero.

Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes

El ganadero Victorino Martín Andrés ha recibido de manos de Sus Majestades los Reyes la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. El prestigioso criador de toros de lidia, máxima figura en el campo bravo, comparte este reconocimiento con otras grandes personalidades.

El mundo del toro es reconocido un año más como Cultura, ministerio al que pertenece, esta vez en la figura de Victorino.

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La leyenda de los victorinos.

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Por Joaquín Vidal.

24 junio de 1976.- Se enzarzaron en una disputa el Cordobés y Palomo, años ha por un póngame acá esos bichos. Ambos pretendían la blanca mano de los galaches para su exhibición en la feria de San Isidro. Como tontos: elegían a la más guapa y más facilona del baile.

El poderío de mandones del toreo lo iban a demostrar llevándose al río a los galachitos que además de la fama de fofones que ya tenían, eran en aquella ocasión figuritas de porcelana. Y no les daba vergüenza, no, aunque a la afición sí le daba.

Suspiraba la afición: iSeñor, señor, qué cosas, si los padres de la tauromaquia levantaran la cabeza … !

Desde el Illo y Pedro Romero, estoqueadores de morlacos de las cavernas, hasta el Chamaco, que paseaba tan serrano por Barcelona con las hijas del gobernador, y no sabía leer por aquel entonces, nadie se había atrevido a tanto. Muchos renegaron de su afición y la escondían.

Y en aquella disputa estábamos cuando apareció un paleto, de Galapagar por más señas, que se fue a los periódicos con unas fotos y dijo: Estos son toros; se los regalo a la empresa de Madrid para que los toreen mano a mano Palomo y El Cordobés.

Hasta en foto asustaban aquellos toros. ¡Que toros, Dios! Los ven los galaches y echan a correr. Los ases de la disputa ni los vieron, claro. Sí, un tal Andrés Vázquez, ¿suena el nombre?, que se midió con ellos y triunfó.

Allí empezó Victorino Martín a ser Victorino, y allí empezaron los antiguos albaserradas -después Escudero Calvo– a ser victorinos. Nació una leyenda que aquí está.

La afición se relame de gusto con estos toros porqué, buenos o malos, tienen el significado de cuanto se ha venido pidiendo, cuarenta años hace, para la fiesta. Son el palmetazo al fraude, al privilegio y al triunfalismo, y abrieron el camino de la autenticidad, en el que estamos.

Después de aquello, verdad no hay más que una, los victorinos salieron unas veces bravos y otras pegando bocaos, pero, verdad no hay más que una, siempre dieron espectáculo, que es lo bueno.

Por eso el anuncio de los victorinos para la corrida de la Prensa de este año de 1976 ha sido un campanazo. Esperan en los corrales pidiendo guerra, y se la van a dar tres valientes sin novela, Miguel Márquez, Julio Robles, Roberto Domínguez, ante una cátedra severa, que no se casa con nadie y menos aún si tiene leyenda.

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