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El Cid, la zurda más pura del toreo, quiere volver a ser lo grande que fue

El torero, ilusionado y experimentado, se prepara para entrar otra vez en las grandes ferias.

Por ANTONIO LORCA.

Cuatro salidas a hombros por la Puerta del Príncipe de la Maestranza y dos por la Puerta Grande de Las Ventas lo avalan. Casi nada… Durante varias temporadas fue figura indiscutible, santo y seña de la pureza y la profundidad del toreo gracias a una mano izquierda prodigiosa; después de aquella cara de triunfos y reconocimientos ha conocido —conoce ahora— la cruz de la levedad de la memoria.

Pero Manuel Jesús Cid Salas, El Cid en los carteles, (Salteras, Sevilla, 1974) no se amilana. Se presenta puntual a la cita, a mediodía, recién salido de la ducha tras una intensa mañana de entrenamiento, desprende olor a colonia de anuncio, y está hecho un chaval días antes de cumplir 44 años, y con la ilusión por las nubes.

Su nombre aparece en el cartel del Domingo de Ramos en Madrid junto a Pepe Moral y Fortes en una terna que parece consolidar la búsqueda de una oportunidad ante los toros de Victorino, y mal colocado una sola tarde en la Feria de Abril. Dos contratos más, en Benidorm y Fitero (Navarra), componen todo su bagaje cuando la temporada está a punto de comenzar.

Quizá, por eso —ahora lo explicará— se muestra dolido, resentido, tal vez, y con un rictus de rebeldía en su ánimo. No elude la autocrítica, pero también dice estar convencido de que ha escrito brillantes páginas en la reciente historia del toreo; y de que la profesión ha sido con él muy exigente y, a veces, injusta.

“Uno no puede estar siempre al máximo nivel; yo no soy una máquina”, afirma con una mueca de tristeza en el semblante, pero al momento recupera el ánimo y cuenta y no para las satisfacciones que dice estar viviendo.

“Profesionalmente, me encuentro en mi mejor momento”, asegura el torero. “Y entreno como si estuviera empezando”, continua, “con más ilusión que antes porque he adquirido más conocimiento. Intento profundizar en mi toreo y hacer cosas nuevas. No quiero perder la frescura de mis inicios, pero, ahora, que toreo menos, analizo constantemente mi tauromaquia”.

El Cid ha tenido en Madrid grandes broncas y triunfos importantes. Ha sido Sol y Sombra.

Torea menos, es verdad. A estas alturas, solo cuatro contratos están encima de la mesa.

“No me preocupa, porque así me ha ocurrido toda mi vida, en las buenas y en la malas épocas; ya me hubiera gustado algún año tener diseñada la temporada desde el mes de marzo… Siempre me he visto en la obligación de triunfar en Sevilla y Madrid, sí o sí, y, si no lo lograba, se corría la voz de que El Cid estaba acabado”.

“Y eso duele”, enfatiza el torero. Porque El Cid está convencido, y así es, de que ha escrito “alguna página bonita en el toreo”, y de que su “nombre quedará reflejado en algún cuadrito, quizá no tan grande como el de otros con mejor marketing, pero ahí quedará”.

La verdad es que el mundo del toro es complicado…

— Muy complicado. Yo no lo he tenido fácil ni cuando gozaba de la consideración de primera figura, y aún no he encontrado la explicación. Creo que como no estés amparado por una empresa taurina fuerte, tienes que ser un crack para estar bien colocado en las ferias. Y yo soy de los pocos toreros independientes del escalafón…

— ¿Entonces?

— Pues que estoy en un momento profesional y personal ideal para entrar otra vez en las grandes ferias. Me hace falta, eso sí, un triunfo fuerte en Sevilla o Madrid, y en ello estoy.

— Pero su colocación en la Feria de Abril (una sola tarde) no parece la más idónea…

— No lo es. Después de mis triunfos en esta plaza, creo que tenía derecho a algo más, pero la memoria taurina es efímera. La de algunos, al menos. Me hubiera gustado, sí, estar también en la corrida de Victorino Martín.

— ¿Y Madrid?

— No es un demérito torear el Domingo de Ramos en Las Ventas. Ni mucho menos. Es un reto lidiar la corrida de Victorino. Además, estaré en San Isidro, y espero que bien colocado. Si no es así, trataré de ganármelo con la espada y la muleta.

— Con la muleta, sí, pero con la espada… No son pocos los triunfos perdidos a causa de fallos en la suerte suprema. Soy zurdo de pies y manos. A veces, he matado con la mano izquierda, pero la idea no ha cuajado. Creo que esta circunstancia ha influido en mi trayectoria porque la sincronización con la derecha no es la misma. Quizá, por eso toreo mejor con la izquierda. Ciertamente, me siento más protegido.

Pero la trayectoria de El Cid no solo está salpicada de gloriosas tardes de desencanto a causa de los aceros; a partir de 2008, inició una particular travesía del desierto que, a su juicio, le ha pasado una factura demasiado alta.

“Más que de travesía del desierto, yo hablaría de una época de dientes de sierra. No fui capaz de mantener la regularidad. Me afectó mucho la enfermedad y el posterior fallecimiento de mi padre, un pilar importantísimo en mi vida. Era mi amigo y consejero y convivíamos las veinticuatro horas del día. Después, hubo momentos en que los toros no ayudaron a principios de temporada y en tardes trascendentes. Han sido años duros. En fin…”.

El 5 de junio de 2015 se encerró con seis victorinos en Las Ventas y la apuesta resultó fallida porque los toros no embistieron; al año siguiente, indultó un toro de Adolfo Martín en Santander, y mostró una nueva imagen en la Feria de Otoño, pero…

Es difícil mantenerse arriba…

— Muy difícil. Las exigencias son fuertes y si pretendes hacer el toreo puro, más todavía. Conmigo se ha sido muy exigente. Nadie imaginaba que al toro de Victorino se le podía torear así, porque no se había visto antes. Pero eso no se puede hacer todos los días.

“Desanima pasar de torear 80 corridas a 25, pero también esa circunstancia me sirve de acicate para alcanzar la cima de nuevo. Ya he dicho que estoy en un momento dulce y sin la obligación de demostrar nada”.

Porque Manuel Jesús El Cid está plenamente convencido de que le queda mucho que decir en el toreo.

“Claro que sí; puedo aportar calidad. Y voy a intentarlo desde el compromiso de atraer a muchos aficionados que han dejado de creer en mí. Quiero que vuelvan a ver a El Cid puro de la mano izquierda, henchido de la ilusión de quien empieza, pero con el conocimiento que da la experiencia”.

— ¿Y?

— Y solo falta que el toro ayude.

Publicado en El País

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Faena de “El Tato” en Sevilla 1997, “El Cid” en Bilbao y recuerdo de “Zotoluco” en Valencia.

Faena e indulto de “Cobradiezmos” en Sevilla, 2007.

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El Cid: “La Fiesta no peligra por los antis, sino por cómo está montado el sistema”

El Cid: "La Fiesta no peligra por los antis, sino por cómo está montado el sistema"

Dijo el torero sevillano en una conferencia en la localidad de Alcázar de San Juan-España y que registra el portal Cultoro.com y que nosotros reproducimos, por considerarlo de interés para los aficionados, además porque proviene de un profesional de la fiesta.

Por  WILFRIDO CAMACHO / MANCHAINFORMACION.COM

La antesala a la entrega de la XVIII edición de los Trofeos taurinos a los triunfadores de la pasada feria de septiembre de Alcázar de San Juan, contó con la participación en tertulia taurina de Manuel Jesús “El Cid” y de Curro Robles, acto que se llevó a cabo en el local de la propia peña dedicada al torero local Aníbal Ruiz y que está situada en la misma plaza de toros.

El matador de toros participó activamente en todas las cuestiones que surgieron durante el coloquio con los aficionados y se “mojó” cuando dio su opinión sobre el estado actual de la fiesta de los toros y todo lo que le rodea. En este sentido, puso en valor que “el peligro del futuro de la fiesta no viene de la mano de los antitaurinos, que son pocos pero muy bien organizados, sino por cómo está montado el sistema actual, con muchos impuestos desde el Estado que hacen que el espectáculo sea muy costoso de organizar y luego estando en manos de unos políticos nuevos que a pesar de ser minoritarios, por los pactos, tienen el poder en los ayuntamientos y presionan para retirar el apoyo económico que de siempre se ha destinado para la promoción y organización de los festejos taurinos”.

El sevillano también hizo un repaso a su temporada 2015, que calificó de “ascendente y de reencuentro con lo auténtico de su tauromaquia”, lo que le ha hecho muy feliz. Repasó algunos de sus triunfos importantes en plazas de gran repercusión en su carrera como las de Sevilla, Madrid y Bilbao, y comentó que “en plazas como la de Alcázar de San Juan uno se siente torero, porque en sí la plaza es torera, está muy bien cuidada y reúne las condiciones ideales para sentirse uno a gusto”.

La política de no cuidar todas las veces las retransmisiones taurinas, “con carteles que muchas veces no tienen aliciente para el aficionado”, el estado de la fiesta en otros países como Francia, las previsiones de cara a la próxima temporada y la visión que se tiene en la actualidad de la profesión de torero, fueron otros de los temas que se trataron. El momento entrañable de la velada se produjo cuando a El Cid le enseñaron una fotografía en la que su padre era el protagonista cuando vino en otra ocasión a recoger otro trofeo en su nombre.

En la tertulia también participó el banderillero Curro Robles, quien con un discurso mucho menos extenso, pero también interesante para el aficionado, desglosó algunos momentos de su vida, como sus comienzos cuando quiso ser torero y “al no terminar de salirle las cosas como novillero terminó por meterse a banderillero y vivir intensamente su profesión vestido de plata”. Asimismo comentó que en la cuadrilla de El Cid está experimentando una progresión continua que le hace sentirse “cada vez más a gusto sobre todo con el capote”.

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La gran bronca del Cid y Victorino

Manuel Jesús El Cid, ante el tercero de los seis victorinos con los que se encerró en Las Ventas. / álvaro garcía
Feria de San Isidro:  La gran bronca

Finalizada la corrida, Manuel Jesús El Cid y los hombres de la cuadrilla de a pie cruzaron el diámetro de la plaza entre una sonora bronca que tenía el sabor amargo de la derrota más cruel. Diez hombres abatidos, con las cabezas gachas, midiendo cada paso, escuchando sin querer oír el rugido de la turba encolerizada; y, al frente, el jefe de filas, el líder del fracaso, la mirada fija en el suelo y la cabeza hirviendo; el semblante, desencajado, y la incredulidad como justificación de una realidad lacerante que ojalá fuera un mal sueño.

No habían transcurrido ni dos horas, y el sol radiante de la ilusión se había apagado por la fuerza de la desesperanza, que se fue abriendo camino entre toro y toro. Una gran ovación había recibido al héroe por su mayúscula gesta, y los mismos que sonreían ante el deseado triunfo enseñaban ahora los dientes en señal de amargura.

Es el sino de quienes apuestan su vida al cara o cruz de una tarde; pueden disfrutar de un éxito clamoroso o sufrir un frustración inolvidable. El Cid se presentó en Las Ventas con la apuesta más trascendental de su vida: solo antes seis victorinos con el único objetivo de resucitar como figura del toreo. Le avalaban su larga historia de laureles alcanzados con esta divisa y su experiencia. Pero, quizá, le pudo la ingenuidad, y no quiso entender que ya no tiene hambre y que los años no pasan en balde

Hace tiempo que no es El Cid de la mano izquierda prodigiosa que atornilla las zapatillas, arrastra la muleta y dibuja como nadie el arte del toreo. Hace tiempo que es reo de las prisas, de la rutina y de los compases vacíos y vanos. El tiempo es cruel y lo ha sido en grado sumo con El Cid.

A pesar de todo, le honra su gesta; anunciarse con seis toros en plena Feria de San Isidro no está al alcance de cualquiera que se vista de luces. Esa es una decisión para elegidos, aunque la vida les demuestre instantes después que están equivocados. El Cid fracasó. Rotundamente. Pero solo pierden los héroes, y solo ganan la vida —o la pierden— los que tienen la gallardía de apostarla.

Claro que nadie podía imaginar que el gran ganadero Victorino Martín iba a traer a Madrid una moruchada de tan alto calibre como la lidiada ayer. No hubo un solo toro que ofreciera las mínimas posibilidades para hacer el toreo. Justos de fuerza, muy desiguales en los caballos, con abundancia de mansedumbre, avisados en banderillas, y sosos, sin casta, deslucidos, ásperos y peligrosos en el tercio final. Dicho con otras palabras: el ganadero debió compartir la bronca final con todo merecimiento.

Claro que nadie podía imaginar que las cuadrillas iban a tener tan mal día; es difícil lidiar peor una corrida de toros, en la que se impuso el desorden, el pánico y las carreras entre el lamentable y justificado choteo general. El tercio de banderillas al cuarto fue impropio de profesionales, incapaces de acercarse con un mínimo de soltura a la cara del toro. Muy mal, también, los picadores, a excepción de Tito Sandoval ante el sexto.

Mientras la cuadrilla de turno trataba infructuosamente de colocar garapullos a ese cuarto toro entre el griterío popular, El Cid, en barrera, tenía el alma en los pies. Estaba asistiendo en ese momento al derrumbamiento de su sueño más preciado. No habría ya gigante capaz de levantar aquel desastre que, en un momento, se había apoderado del festejo.

Tampoco era imaginable que el propio líder se mostrara toda la corrida tan falto de ideas y encadenado a una terrible sensación de incapacidad. Nunca dijo en voz alta que venía dispuesto a dominar la situación, a mandar, a ser el amo. Le faltaron recursos, no le acompañó la torería y su cara era el espejo nítido de estar fundido, de tener la cabeza a punto de estallar ante la imposibilidad de encontrar el medio para sobrevolar sobre el drama.

Ni un capotazo, ni un quite, un natural —solo uno— en el primero, mal colocado casi siempre y ventajista cuando pudo; a la defensiva y con grandes dosis de inseguridad… En fin, que la tarde estaba gafada.

A todos se nos rompió la esperanza de tanto usarla; a todos se nos fue hundiendo poco a poco la ilusión de un inalcanzable triunfo que merecía la fiesta, el propio torero y la afición. Quien ha sido depositario de la mejor zurda de los últimos años merecía otra suerte. Pero la vida es así de dura. O, quizá, es el sino inescrutable de los héroes.

MARTÍN / EL CID, ÚNICO ESPADA

Toros de Victorino Martín, correctos de presentación, mansos, sosos, deslucidos y peligrosos. Una auténtica moruchada.

Manuel Jesús El Cid: metisaca (silencio); casi entera tendida (silencio); pinchazo y estocada caída (silencio); estocada y dos descabellos (silencio); media tendida y dos descabellos (protestas); media y un descabello (pitos). El torero fue despedido con una gran bronca.

El subalterno David Saugar Pirri sufrió una herida en la axila derecha de 15 centímetros en el tercio de banderillas del cuarto toro. Pronóstico menos grave.

Plaza de las Ventas. 5 de junio. Vigesimonovena corrida de la feria de San Isidro. Lleno.

La corrida de hoy: espectáculo de rejoneo

Toros de María Guiomar Cortés de Moura, para los caballeros Rui Fernandes, Sergio Galán y Manuel Manzanares.

San Isidro 2015: “El Cid” con seis victorinos en solitario.

La actualidad en vísperas de las Fallas de Valencia deja dos noticias impactantes para cerrar un invierno como no recordábamos otro en cuanto al volumen de acontecimientos. La noticia más torera la protagoniza Manuel Jesús “El Cid” que ha logrado su objetivo de matar seis victorinos en solitario. Se ofreció para realizar este gesto en la feria de Sevilla pero no cuajó la intentona y será Madrid, su plaza talismán, la que en San Isidro sirva de marco para que el torero de Salteras intente repetir la hazaña que en ya en 2007 consiguió en Bilbao, la tarde más grande de su carrera, en una actuación memorable.

Con estas noticias la feria de San Isidro, que deberá estar definitivamente cerrada el 16 de marzo para ser aprobada por parte del Consejo de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, comienza ya a tomar mas forma.

En otras noticias que ha publicado por ejemplo el diario EL MUNDO, se dice que Morante matara la corrida de Alcurrucén, acompañado por Juli y Castella, en uno de los carteles estrella del serial. Castella quien es apoderado por Martínez Erice, empresario de Las Ventas, actuará, además de en esa corrida de Alcurrucén, en otras dos tardes más: una de ellas será con Escribano y Urdiales para matar la corrida de Adolfo Martín.

Mientras que Miguel Abellán y el de Logroño (ambos presentes tres veces en la feria) compartirán cartel con Antonio Ferrera -presente en dos tardes- para lidiar otro encierro de Alcurrucén.

José María Manzanares hará el paseillo sólo una vez para estoquear la corrida de El Pilar.

La otra noticia bomba del dia no es torera pero si de gran calado para el mundo de la empresa taurina y se trata de la salida de Simón Casas de su alianza con el mexicano Alberto Bailléres, dentro de la llamada Fusión Internacional por la Tauromaquia en la que se mantiene, sin embargo, la unión del mismo Bailléres y José Coutiño.

Con la separación de Simón Casas se desligan las plazas de Valencia, Zaragoza, Nimes, Alicante y Mont de Marsan controladas por Casas.

El Cid quiere encerrarse con seis toros de Victorino en la plaza de las Ventas

Por Antonio Lorca.

‘Mi deseo es matar seis toros de Victorino Martín en Madrid’, decía el día de ayer el diestro Manuel Jesús El Cid ante un nutrido grupo de periodistas a los que convocó en la plaza de la Maestranza para repasar su carrera, que ahora cumple quince años como matador de toros, (tomó la alternativa el 23 de abril de 2000 en Madrid), y comunicar sus planes para una temporada en la que tiene previsto ‘cumplir importantes retos’.

Cuando fue preguntado por los detalles de la anunciada gesta dijo que no sabe cuándo, ni cómo, y se limitó a apuntar que ‘ahí estamos’.

El Cid protagonizó un largo monólogo en el que repasó su trayectoria como torero, eludió la autocrítica y afirmó tajantemente que ‘me encuentro en mi mejor momento taurino’. No ofreció más datos sobre su encerrona ‘porque no los tengo’, recordó sus éxitos en Sevilla y Madrid, agradeció el cariño de la afición, recordó a su cuadrilla, y negó que haya pensado en una retirada cercana.

El acto supo más a reivindicación de su propia figura, devaluada en los últimos tiempos, que a celebración festiva de los quince años como matador. De hecho, solo anunció lo de Madrid, que no es más que un deseo, y añadió que está abierto a cualquier buena oferta que pueda hacerle la empresa de Sevilla.

Recordó los dos años ‘muy malos’ que pasó con motivo de la muerte de su padre, ‘un puntal en mi carrrera’, y ‘no dejé de torear porque los baches hay que solucionarlos delante del toro’. Evocó sus ‘tardes bonitas’ en Madrid, materializadas en dos salidas por la puerta grande ‘que pudieron ser doce si hubiera acertado con la espada’, y reconoció que la hora de matar es su talón de Aquiles, ‘quizá, porque soy zurdo, y por eso toreo mejor con la mano izquierda’. ‘No tengo la regularidad deseada’, añadió, ‘pero estoy muy contento con mi forma de ser y el tipo de toreo que interpreto’.

Habló de Sevilla y de sus cuatro Puertas del Príncipe, a una sola del récord de Curro Romero y Espartaco, y que él piensa igualar esta temporada, aunque tampoco sabe nada sobre su participación en la próxima Feria de Abril.

Dijo tener una espina clavada con México, donde solo ha toreado una vez en la Monumental de la capital, habló maravillas de la América taurina, y descartó que haya pensando en retirarse de la profesión. ‘Cuando me vaya’, terminó, ‘será para no volver, y no ha llegado ese momento’.

Fuente: El País.

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5ª de la Feria de San Isidro en Madrid. Puerta Grande para Fandiño con orejas de distinto valor.

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La que cortó del segundo toro del estupendo corridón de Parladé  fue muy barata, pero carísima la del quinto al que entró a matar sin muleta. Le hubiera cortado dos de no haber descabellado. Lamentable naufragio de El Cid. Y muy torero además de finísimo Teruel, que dio una buena tarde sin premio.

Por J.A. del Moral.

Madrid. Plaza de Las Ventas. Martes 13 de mayo de 2014. Quinta de feria. Tarde muy ventosa y fresquita con tres cuartos de entrada.

Seis toros de Parladé (Juan Pedro Domecq), magníficamente presentados y de muy  buen juego. Mejor lidiado y sin viento, hubiera sido un buen toro el primero. Bravo, encastado y noble por los dos pitones el segundo. Blando pero muy noble el tercero. Noble aunque inédito el cuarto. De frío en su salida a muy más y a mejor el quinto. Y casi otro tanto aunque en menor nivel el sexto.

El Cid (amapola y oro): Dos pinchazos, estocada trasera y dos descabellos, aviso y silencio. Estocada corta trasera, silencio.

Iván Fandiño (avellana y oro): Estoconazo, oreja barata. Estoconazo entrando a matar sin muleta saliendo volteado por encima de los pitones y tres descabellos, oreja que pudieron ser dos. Salió a hombros.

Ángel Teruel (marfil y oro): Estoconazo, incomprensible silencio. Pinchazo, estocada y descabello, ovación.

Antier les prometimos decir algo sobre los resultados oficiales de Sevilla. Y como lo prometido es deuda, allá vamos. Los premios más o menos oficiales que se otorgan tras finalizar esta Feria han coincidido en nombrar como autor de la mejor faena a Antonio Ferrera. Fue la obra más redonda sin lugar a ninguna duda y la llevó a cabo frente a uno de los dos toros de gran clase que echó Victorino Martín.

También se ha coincidido en premiar como mejor toro al llamado “niñito” que le cupo en suerte a David Mora. Y asimismo se ha coincidido en declarar desierto al triunfador y a la mejor corrida. No estoy de acuerdo con esto último: Hubo dos que, pese a no ser completas, lo merecieron: la de Montalvo y la de Victoriano del Río. En ambas hubo sendos lotes de Puerta del Príncipe que se escaparon. Lo peor es que, a lo largo de la feria, se fueron sin aprovechar en todo o en parte nada menos que 16 reses, algunas también premiables. Lo que indica que los nuevos valores no respondieron a las expectativas.  El único torero capaz de lograr una gran faena con un toro que apenas valió para un simple aliño fue Enrique Ponce. También el valenciano fue la única gran figura que compareció en el ciclo sevillano y se lo agradecieron, no solo por lo que le hizo al toro menos malo de los cuatro que mató. También por reaparecer en La  Maestranza tras su gravísimo percance de Fallas. Dicho quede para que conste.

En la tarde que nos ocupa hoy, quinta de San Isidro, actuaron dos diestros que salieron “tocados” de la feria de Sevilla: El Cid, por dejar escapar un gran toro de Victorino y no porque no quiso sino porque no pudo; e Iván Fandiño que, sin suerte a sus dos tardes, no pasó de voluntarioso e incapaz de resolver los problemas que le presentaron sus reses. Ayer comparecieron en Las Ventas con la enorme responsabilidad que ello implica. Si El Cid solventara la papeleta, seguiría funcionando con relativa credencial. No lo consiguió.  Mientras que Fandiño, indudablemente uno de los últimos diestros favoritos de Madrid, si triunfara seguiría considerado como tal en Las Ventas: Pero si no está como todo el mundo espera, su carrera sufriría un frenazo. Así de duro es el tema para ambos. Fandiño superó con creces las expectativas. Angelito Teruel pasó sin pena ni gloria en su primera tarde isidril, pero el año pasado nos dio una excelente impresión. Ayer salió obligado a repetir su primer placet venteño. Faltaba el tercero y volvió a encantarnos pese a no cortar ninguna oreja.

Pese al medio tropiezo de Sevilla, en Las Ventas seguro que se acordarán de la gran faena que El Cid cuajó en la pasada feria de Otoño. Con este recuerdo empezó la corrida. Iba a molestar mucho el viento. El primer toro, negro y bien puesto de pitones, apenas amagó con llegar a tablas ni se prestó fácilmente a los capotazos de El Cid en su recibo. Tras un enredo para colocarle ante el caballo, tomó el primer puyazo con bravura y recargando hasta escupirse. Le dieron demasiado y lo acusó blandeando de remos.  Mal se pusieron las cosas cuando El Cid no se confió en la brega anterior al segundo encuentro que se cubrió de trámite. Mal que bien se banderilleó y el animal berreó dolido. Tuvieron que llevar al toro bajo los tendidos de sol, donde menos soplaba Eolo. Y allí empezó la faena. Tanteos previos a un frustrado intento de torear al natural. El toro se defendió por alto y El Cid no pudo centrarse aunque logró algunos muletazos ayudándose con la espada. Sin viento, por el lado izquierdo podría haberle sido más posible relajarse. Manuel Jesús llevaba en la cabeza muy buenos deseos pero no pudo hacerlos realidad. Se le iban solos los pies. Por el lado derecho anduvo algo más entonado aunque por momentos enganchando la franela y otra vez incómodo. A la postre, este mismo toro, mejor lidiado y sin viento, hubiera dado bastante mejor juego. Pinchó Manuel.

Muy cuajado y serio el cuarto. Otro toro muy noble. El Cid se salió con él a la verónica hasta los medios aunque los lances los dio con el paso atrás. Mal picado. Rectificó el varilarguero. Hubiera bastado con el primero. Pero era bravo como demostró en el segundo. Fandiño quitó por chiculelinas. Se dolió el toro tras el primer par de Alcalareño. Bien El Boni con el capote y frustrado tercer par. El Cid salió con la muleta montada en la mano derecha para tantear por el lado izquierdo, su mano preferida. No mandó y resultó desarmado al dar el segundo natural. Con la derecha el toro acusó el enganchón y trajo algo aperreado al matador. Acto seguido, El Cid se animó con la derecha. Pero solo en la primera tanda. Y la gente se hartó. Lamentable naufragio. Inclemente el público. Y a por la espada de verdad. Estocada corta. Fue inapelable el naufragio de El Cid y mucho que lo sentimos.

El segundo toro, muy parecido en hechuras al anterior, salió suelto de las verónicas de Fandiño. Pero metió la cara. Fue al caballo al relance y se dolió en varas quedando casi sin picar. Pedro Lara trató de esmerarse en palos. Mejor el primer par. Brindis del matador al público. Fandiño Inició la faena citando con la derecha en los medios desde lejos, aguantó y ligó tres redondos rapidillos resultando casi alcanzado en el de pecho que repitió bien. Bueno el toro en las siguientes rondas recetadas como la primera, con aguante pero con rapidez. Si fue bien por el derecho, por el izquierdo mejor aunque ya tardeando un poco. Algún buen natural entre otros regulares. Más a derechas precipitados aunque jaleados por lo mucho que trasmitió el animal. Había que matar ya, pero Fandiño, insatisfecho consigo mismo, siguió hasta dar sus inevitables manoletinas que no le salieron limpias. Lo medio arregló con un estoconazo de rápidos efectos. Le fue concedida una oreja muy barata. Se le había ido el toro y estábamos en Madrid por mucho que tragaran los del 7.

Un pavo castaño el quinto. No metió la cara de salida y se mostró distraído, desentendido. Apenas cumplidor en varas. Sonaron los estribos. Nada que ver con los toros anteriores en el primer tercio. Bonito quite por chicuelinas y recorte a pies juntos de Teruel. Muy bien en palos Miguel Martín y Jesús Arruga. El toro pareció irse arriba y mejorar como así fue. Cambiados de Fandiño con la derecha, de pecho y trinchera. Bien. Y muy bien al natural ligados al de pecho con la derecha en dos tandas. Muy puros. Ahora sí.  Se acobarda un poco el toro, recula incluso. Pero luego embiste de cine y Fandiño borda entregadísimo más naturales con doble pase de pecho por ambos lados. Refrendo irreprochable con la derecha. Entra a matar sin muleta, no consuma en el primer envite pero mete la espada en lo alto a la segunda saliendo volteado por encima de los pitones. Impresionante.

Bajo, con mucha cara y menos volumen, el tercero fue protestado por el sector más intransigente. Y además, blando de remos. O eso pareció. Echó las manos por delante al ir casi por su cuenta al caballo y salir suelto. El segundo puyazo lo tomó con los del 7 en contra. Querían que lo devolvieran a los corrales. La murga siguió en banderillas. Cuando no les gusta un toro son insufribles. Angelito había visto bueno al toro y lo brindó entre protestas. ¿Bueno he dicho? Buenísimo. Bien en los primeros derechazos. Y en los medios pese al viento molesto. No tan bien los que siguieron. Y señores, excelentes los naturales. Pero la gente seguía a la contra. Incomprensible. Más con la derecha muy decentes. Más por alto y trincheras al paso para terminar ciertamente incomprendido. Y estoconazo haciendo muy bien la suerte de matar. Tardó el toro en doblar. ¡Qué buena escuela tiene Teruel hijo! Huele a torero. Me trae al fresco este nefasto público de Madrid capaz de premiar una vulgar faena y silenciar otra tan fina.

Hermosísimo ejemplar el castaño sexto. No humilló de salida en los apenas apuntados lances de Teruel. Distraído,  costó llevarlo al caballo. Por fin empujó aunque defendiéndose en el primer puyazo. Al relance y doliéndose en el segundo. Le vino bien el castigo. Y bien los banderilleros. Doblones muy toreros y trinchera de Teruel en el arranque de la faena.  Más que correcto por redondos pero molesto el toro en el de pecho. De cortos a largos los naturales aunque desarmado en el cuarto. Insistió al natural con entrega y los dio largos. Más con ambas manos. De nuevo muy torero y valiente Angelito. Finísimo. Manoletina, trinchera y desplante con gusto. Lástima de pinchazo. Pero pidió contratos y hay que dárselos ya mismo. Sería muy injusto ignorarle.

Via: http://www.detorosenlibertad.com/?p=45500