Archivo de la categoría: Ivan Fandiño

Lunes de @Taurinisimos 125 – Aste Nagusia, Bilbao 2017. Adiós a Dámaso. Manolete, 70 Aniversario.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del lunes 28 de Agosto de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Actualidad Taurina. Plaza México Temporada Novilleril 2017. Novillada Inaugural: 6 Las Huertas, 6 para Ricardo De Santiago, Isaac Fonseca y Héctor Gutiérrez.

Recuerdo de Manolete en el LVII Aniversario Luctuoso.
Testimonio de Francisco Cano “Canito”, fotógrafo taurino.

Análisis sobre la Semana Grande de Bilbao, Aste Nagusia 2017.
Puerta Grande de Enrique Ponce.

Faenas de Curro Díaz, Antonio Ferrera, Juan del Álamo, Joselito Adame, Diego Urdiales, Roca Rey, Román. Encierros de Miura, Victorino, Victoriano del Río, Alcurrucén, entre otros.

Recuerdo de José Cubero “Yiyo” en su XXXII Aniversario Luctuso. Musical “Mi Amigo El Yiyo”

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 1 de Septiembre de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

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Mail: taurinisimos@gmail.com

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El porqué de la admiración innata hacia los toreros

Por José Vega.

Hace tiempo no escribo en el Blog y un hecho doméstico y cotidiando con Adriana, (mi hija de 23 meses) me hizo pensar sobre el porqué de nuestra admiración innata hacia los toreros. Digo y recalco innata porque ella, Adriana, no está “contaminada” con ningún perjuicio ni afición, no entiende de filias y fobias, y apenas empieza a empatizar con el entorno.

El otro día se acercó sin que yo lo notara por detrás del último Cuadernos de Tauromaquia que ojeaba y al notar su presencia, lo retiré y allí encontré su carita, con los ojos muy abiertos, y el dedito señalando la portada y la sonrisa eterna del malogrado Iván Fandiño.

Vi en sus ojos el interés, la admiración y el respeto que un bebé de 23 meses puede llegar a tener, pero que intuye que ahí, dentro de ese traje de oro y seda, hay algo sobrenatural y grandioso. Le di vueltas desde las alturas vertiginosas que da la edad, y llegué a la conclusión que la historia del hombre no podría escribirse sin los toreros, sin ese salto al vacío que es la plenitud del toreo. Al torero le admiramos de dentro afuera, es decir, desde nuestros sentimientos más intímos a la realidad de cuando estamos delante de uno de ellos, como Adriana frente a la foto de Iván Fandiño.

Le admiramos porque la gloria y la miseria del torero es la situación del péndulo en el que se aferra un hombre infinito y único en nuestra especie. El instinto de aferrarse a la gloria explica su obrar desmesurado, orientado y puesto en servicio del Toro y del Arte para buscar su razón de ser. Al torero le admiramos innatamente todos, incluso los que ahora están narcotizados por la droga que los Señores Oscuros del Falso Animalismo les han inyectado en su propio beneficio.

Incluso esos, innatamente, cayeron rendidos cuando estaban “limpios” de ese veneno que produce paranoias terribles y hace ver a los toreros como asesinos manchados de sangre.

El torero se le admira porque es un heredero del pasado en busca de un futuro más pleno, libre, y acorde con la naturaleza del arte por medio del toreo. Es un Titán capaz de guardar en una sonrisa como el malogrado Iván, toda la grandeza y audacia que da el lanzarse cada tarde a lo extraño por el mero hecho de su quehacer artísitico, olvidando que delante está la muerte. Es un hombre auténtico que vive su existencia exhalando admiración y plenitud de valores que hoy se han perdido por la droga de los Señores Oscuros del falso Ánimalismo.

Por eso yo no puedo pasar inadvertida la admiración que en mi hija despertó el torero. Desde la libertad en su educación la transmitiré esos valores que encierra un torero, y luego que decida, pero si su cara sigue siendo como la que tuve enfrente el otro día, será una privilegiada por admirar al torero, al toro y su trascendencia.

Foto: Portada del último número de la publicación taurina Cuadernos de Tauromaquia.

La carta del torero Iván Fandiño: “Si estáis leyendo esto, todo habrá acabado”


«Seguramente, si estáis leyendo esto, todo habrá acabado».
Así, con tan desgarradora frase, sin ambages y fiel a su personalidad, comienza la carta que Iván Fandiño escribió dos años antes de su trágico percance. En esta sociedad a veces desnaturalizada, donde la mayoría cierra los ojos ante la muerte, un hombre la miró fijamente.

Como cuenta magistralmente Rosario Pérez en ‘ABC’ este 9 de agosto de 2017, Fandiño no solo dialogaba con ella cada tarde en el patio de cuadrillas -pongamos que hablamos de Madrid-, sino que la conversación se alargaba en la soledad del hotel. A sus 10 años de alternativa era ya una vieja amiga.

Y en ese silencio de la suite 201 de un cinco estrellas capitalino, en mayo de 2015, Fandiño derramó tinta mar sobre dos folios en blanco para escribir la misiva que hoy, dos años después, ha visto la luz. La luz en su familia, destinataria de la correspondencia, la de sangre y la de corazón.

La figura vasca escribió las líneas de puño y letra el 15 de mayo (así está fechada), mes y medio después de su encerrona de «No hay billetes» en Las Ventas, con seis toros de hierros míticos, en una tarde que salió cruz en lo artístico y cara en un llenazo histórico.

Aquel 15 de mayo, festividad de San Isidro, el León de Orduña, de rosa y oro, se reencontraba con la Monumental, con el calor de los fieles que siempre aguardaban su rugido pero también con su crudeza. «Probablemente, el precio que me ha tocado pagar es demasiado duro, pero mi alma está tranquila», deletrea el torero de Orduña en esta carta, algo desteñida por el paso del tiempo y que ha recorrido medio mundo, desde España a Francia, de Colombia a México, de Perú a Ecuador.

«La llevaba en una maleta que sólo utilizaba él. Su mujer, hace unos días, haciendo limpieza, se la encontró. Imagínate la emoción que sentí cuando la leí, el orgullo que siento de haber apoderado a un tío tan tío», contó su apoderado, Néstor García, a Manolo Molés en el programa «Los Toros».

En unas profundas líneas de renglones torcidos, Iván Fandiño -en la eternidad desde el pasado 17 de junio por una cornada «mortal de necesidad»- se despedía de su familia, de sus padres, de su «aita» Paco y de su «ama» Charo; de su hermana, Itziar; de su apoderado, Néstor; de su mujer, Cayetana, su gran amor, que cruzó el Atlántico para sellar una vida en común, y de su mayor tesoro, su hija Mara.

Antes de nacer su hija

Como Gabriel García Márquez, uno de sus escritores favoritos, el maestro sabía que «el mañana no le está asegurado a nadie». Cuando rubricó aquella especie de crónica de una muerte anunciada, de esa vieja conocida a la que entregaba su corazón libre por amor al toro, su hija aún no había nacido.

El destino tenía reservadas 764 lunas más al hombre y al torero, al torero y al hombre. La Historia le regaló un trozo de vida más, de aprendizaje: quiso dar valor a las cosas, no por lo que valían, sino por su significado; caminó mientras otros se detenían; se tiró de bruces, no al sol, sino al de las barbas negras y los pitones astifinos, dejando descubierto no solo su cuerpo, sino su alma.

Y a lo Nobel, el 1 de septiembre de 2015, aprendió que «cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre». Fandiño pudo sentir aquella desbordante emoción, pero cuatro meses y medio antes, cuando firmó esa misiva tan desnuda y doliente, sabía que «la muerte tenía un precio», como aquella película que tantas veces visionó antes del paseíllo, y era consciente de que su hora podía llegar en cualquier momento…

El torero entró en las páginas de la más heroica inmortalidad el 17 de junio de 2017, pero aquella carta del 15 de mayo de 2015 engrandece aún más su leyenda. Mara, en el umbral de las dos primaveras, aún no sabe leer.

Pero tiene quien le escriba: su padre. Y quien le enseñe: su madre, sus abuelos, sus tíos y su padrino, Néstor García, el hombre que confesó sentir un inmenso vacío sin su otra mitad y que ya prepara un libro sobre Iván Fandiño Barros. La historia de un mito a golpe de realidad. Como la vida. Como la muerte.

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La feria de Bilbao rendirá homenaje al torero Iván Fandiño


De SOL y SOMBRA.

El mundo taurino de Bizkaia llevará a cabo numerosos actos durante la próxima Aste Nagusia de Bilbao en recuerdo y homenaje al torero de Orduña Iván Fandiño, fallecido el pasado mes de junio tras ser corneado por un astado en la plaza de Aire Sur L’Adour (Francia).

Los homenajes, presentados hoy, han sido preparados conjuntamente por la Junta Administrativa de la Plaza de Toros de Bilbao, la Casa Chopera, responsable de la temporada taurina; la Federación de Clubes y Peñas Taurinas de Bizkaia, los dos clubes taurinos de Bilbao y el de la comparsa Tintigorri.

Aunque los actos tendrán lugar a lo largo de toda la Semana Grande, los principales se concentrarán en el día 21 de agosto, jornada en la que estaba anunciada su actuación en las Corridas Generales de Vista Alegre.

Ese día, se le recordará durante el apartado de los toros durante la corrida se interpretará el Agur Jauna, con los toreros y sus cuadrillas ya en el ruedo, y el pasodoble “Fandiño” durante el paseíllo de los matadores Curro Díaz, Joselito Adame y Juan del Álamo, que ese día lidiarán reses de la ganadería de Alcurren y en teoría brindarán sus primeros toros al matador fallecido y a su familia.

Las entradas para ese cartel costarán un 30 por ciento menos.

Además, se abrirá una pequeña exposición de fotografías de faenas del torero de Orduña y se exhibirá el cartel de las Corridas Generales en el que aparece el torero con un traje de luces que también se mostrará al público.

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El mundo del toro recuerda a Fandiño en Las Ventas

Misa funeral en recuerdo del torero en la Plaza de Toros de Las Ventas de Madrid. (Diego Perez Cabeza / EFE)
Misa funeral en recuerdo del torero en la Plaza de Toros de Las Ventas de Madrid. (Diego Perez Cabeza / EFE)
  • Centenares de personas se han congregado para recordar al matador de toros con una misa funeral un mes después de su trágica muerte.

De SOL y SOMBRA. 

Centenares de personas, entre aficionados y profesionales, se han congregado hoy en el ruedo de madrileña plaza de Las Ventas para recordar al matador de toros Iván Fandiño con una misa funeral en su memoria justo el día en el que se cumple un mes de su trágica muerte en la ciudad francesa de Aire Sur L’Adour.

Un acto cargado de mucha emoción, en el mismo albero de la Monumental madrileña, con un improvisado altar justo debajo del tendido 1, ataviado con un capote de paseo y, junto a él, la imagen del malogrado torero de Orduña (Vizcaya) y la de la Virgen de la Paloma, patrona popular de los madrileños.

Muchos rostros conocidos del mundo del toreo se han dejado ver por el ruedo madrileño.

Muchos rostros conocidos se han dejado ver por el ruedo capitalino, toreros de ayer y hoy como los veteranos Jaime Ostos, Ortega Cano, Lázaro Carmona, el Fundi o Gómez Escorial se han fusionado con otros en activo como Iván Vicente, Alberto Aguilar, Gonzalo Caballero, Gómez del Pilar, Chechu, Javier Herrero o Sánchez Vara.

Especialmente significativas han sido las presencias del salmantino Juan del Álamo, con quien Fandiño compartía cartel la trágica tarde del pasado 17 de junio, y de David Mora, con quien entabló una importante rivalidad en la que fue una época dorada para ambos espadas.

También los novilleros Alejandro Gardel (último torero al que apoderó Palomo Linares) Amor Rodríguez y Juan Miguel, los ganaderos Juan Pedro y Álvaro Domecq, Antonio Bañuelos, Agustín Montes y Antonio López Gibaja, y, fuera de los ruedos, del cineasta Agustín Díaz Yanes.

Y junto a ellos centenares de aficionados, los mismos que disfrutaron, y mucho, de Iván Fandiño, torero relanzado y encumbrado en Madrid, plaza de la que se convirtió en unos de sus “consentidos” en sus años de gloria en la profesión. Muchas de tardes de triunfos avalaron aquella ascensión del torero vasco, que logró descerrajar la Puerta Grande una vez en su carrera, en 2014, dentro del marco de la Feria de San Isidro.

La ceremonia ha sido oficiada por el padre Goñi, capellán de la plaza de toros de Las Ventas, en compañía de Pepe Soria, sacerdote de Orduña, y David Benavente, capellán taurino a nivel nacional y párroco en Colmenar de Oreja (Madrid).

Esta iniciativa se ha llevado a cabo gracias a la Federación Taurina de la Comunidad de Madrid, la Unión de Toreros, la Unión Nacional de Picadores y Banderilleros de España (UNPBE), así como otras asociaciones de aficionados y abonados de la plaza de toros de Las Ventas, en colaboración con el Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid.

Publicado en lavanguardia.com

Recuerdo a un grande, lágrimas a un amigo: “Va por tí Ivan Fandiño”

La plaza de toros de Las Ventas, en Madrid, acoge este lunes un funeral por Iván Fandiño, que murió el pasado 17 de junio en la plaza de toros francesa de Aire Sur L’Adour, según ha informado el Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid en un comunicado. La Federación Taurina de la Comunidad de Madrid, la Unión de Toreros, la Unión Nacional de Picadores y Banderilleros de España y distintas asociaciones de aficionados y abonados de la plaza de toros de Las Ventas, con la colaboración del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, han organizado la ceremonia, que tendrá lugar un mes después de la muerte del torero. En la ceremonia también serán recordados otros dos toreros fallecidos recientemente: Sebastián Palomo Linares y Gregorio Sánchez.

Lo que daría yo por empezar de nuevo…
Por volver a esas capeas en las que me ilusionó el toreo, y no un toreo cualquiera sino “TU TOREO”. Ese que tenía tanta verdad y pureza que erizaba la piel y que consiguió que te admirase desde el primer día que te ví en aquella plaza de pueblo.

Lo que daría yo…por volver a ver tu lucha, esfuerzo y sacrificio, que era el espejo donde mirarme para salir adelante día a día, porque si tú podías con todo, yo también tenía que intentarlo. Ser “Fandiñista” no era sólo seguirte como torero, era y es mucho más, es una forma de vida guiada por la honestidad y la fidelidad a unos principios y valores. Forma de vida que tú nos enseñaste y que a partir de ahora será tu legado… “Con el corazón seguro”.

Lo que daría yo… por volver, a disfrutar de tus triunfos, y ver esa carita de felicidad, orgullo y satisfacción por el trabajo bien hecho. Momentos en los que todos querían estar a tu lado, ensalzarte y adularte, pero tú sólo querías tomarte un simple “McFlurry” con los tuyos, los de siempre; sin más.

Lo que daría yo… por volver a acompañarte en tus batallas perdidas, cuando las legiones que te izaban en volandas al principio, se diluían cual nube de humo, al verte caído. E incluso cambiaban de bando para ahondar en la herida. Pero al final te levantabas…SIEMPRE te levantabas.

Lo que daría yo… por volver a verte con él, con Néstor: tu mentor, tu apoderado, tu amigo, tu hermano. Codo con codo, con esos gestos de complicidad que sólo vosotros entendíais y qué bien entendíais….Ese tándem indisoluble , que era y será la envidia de muchos, que no encontraran algo parecido ni en los mejores de sus sueños.

Lo que daría yo… por verte de nuevo…, como esa última tarde de gran toreo en Plasencia, una semana antes de la tragedia, en la que el destino me regaló el honor de poder despedirme de tí, sin saberlo, quedándome en el recuerdo SIEMPRE, esa sonrisa y ese abrazo sincero que me diste al verme.

Lo que daría yo… por empezar de nuevo Iván…, porque esa tarde del 17 de Junio se borrara de nuestras vidas, esas que dejaste vacías para siempre, y fuera sólo un sueño…un mal sueño.

Lo que daría yo… porque vieras cómo te llora hoy todo el toreo. Pasaste a formar parte de la historia de la Tauromaquia como querías, sin ser uno más. Incluso esos que ayer te cuestionaban y vilipendiaban, ahora….también te lloran y homenajean. Quizás tarde, quizás por compromiso, quizás por protagonismo,… pero te lloran y te homenajean. Hasta eso has sido capaz de conseguir, maestro.

Te fuiste pronto león, muy pronto, cuando aún tenías muchas cosas que dar y que recibir. Allá donde estés no dejes de proteger a tu familia, a tu mujer, a tu pequeña, a tus amigos,… no dejes de protegernos a todos, y en especial a él…tu otra mitad, tu “APO”…la vida también se le fue contigo.

Lo que daría yo mi león, por empezar de nuevo….GRACIAS por tanto amigo.

Hasta siempre TORERO, AGUR Iván!!! #OrgulloFandiñista Eterno.

Yolanda Lario López.

Opinión: La muerte de Ivan Fandiño 


Por Luis de la Calle Robles.

No es casualidad que los soldados que regresan a sus países de origen tras haber participado en misiones de ocupación en el extranjero sufran trastornos de estrés postraumático. Como documentó la premio Nobel Svetlana Alexievich en su extraordinario Zinky Boys, no había nada más deprimente para un joven soviético que hubiera decidido cumplir en la guerra de Afganistán con su “deber internacionalista” que regresar a la URSS y descubrir que, en el mejor de los casos, sus conciudadanos le miraban con pena y en el peor, con desprecio. La camaradería creada durante la guerra, la dependencia mutua para salvar la vida, la rutina de la muerte y el éxtasis de la supervivencia, eran todas estrategias adaptativas que se volvían perjudiciales una vez recuperado el rango civil en una sociedad anestesiada frente a los horrores de los conflictos externos.

El también periodista Sebastian Junger narra en su librito Tribe pautas semejantes para los soldados estadunidenses desplegados en Iraq y Afganistán: más que una enfermedad producida por los estragos de la guerra, el sufrimiento de dichos soldados al regresar a casa parece estar dirigido por su incapacidad para adaptarse a una sociedad que no valora (e incluso rechaza) los valores y comportamientos que son precisamente necesarios para sobrevivir en un conflicto bélico. Ese desajuste entre el igualitarismo agresivo de la vida en una unidad militar y el individualismo ecléctico de la sociedad norteamericana cortocircuita a los soldados que al regresar descubren que sus esfuerzos, lejos de ser agradecidos, son en el mejor de los casos ninguneados. Los eclécticos encuentran poco que elogiar en el soldado, porque este es mero asalariado víctima del sistema (en la visión más bienpensante) o un sádico deseoso de venganza (en la visión más fanática). 

En las sociedades modernas no hay sitio para la violencia. Esto no quiere decir que no exista, sino simplemente que se trata públicamente como una mutación sorpresiva del gen humano que más pronto que tarde desaparecerá. En parte hay motivos para este optimismo. En su monumental The Better Angels of Our Nature, el psicólogo Steven Pinker evidencia la caída paulatina que las muertes violentas han experimentado al menos en Occidente. Las guerras internacionales parecen una reliquia del pasado. La caída de la URSS aceleró las transiciones democráticas (qué tipo de democracia se consolidó, esa es otra cuestión), así como la apertura de mercados internos al comercio internacional. La literatura académica sobre violencia ha encontrado que los países democráticos rara vez hacen la guerra entre ellos y que el intercambio comercial entre países también reduce las probabilidades de guerra. En el frente doméstico, con la hecatombe del marxismo rebelde, los conflictos violentos son casi monopolio del yihadismo islámico desde hace más de una década. Y donde no hay yihadistas, las disputas internas se canalizan cada vez más hacia fórmulas supuestamente apolíticas en las que los antaño rebeldes robinhoudianos hoy se rigen por la más escrupulosa regla del beneficio propio. Los ladrones, es sabido, deberían minimizar su uso de la violencia para no atraer el foco policial, y cuando se lo atraen, poco importa cómo se acabe con ellos siempre y cuando se acabe.

Sin guerras internacionales, la violencia es personificada por las masacres que con periodicidad tristemente admirable se repiten en Estados Unidos producidas por jóvenes perturbados con acceso fácil a las armas, por los ataques suicidas realizados por yihadistas en territorio europeo y por las narcofosas llenas de cadáveres anónimos. En los tres casos, los perpetradores de la violencia se representan como seres alienados y autoexcluidos, que han renunciado a formar parte de una sociedad occidental ilusionada con la utopía pacifista. Aislados de cualquier red de legitimidad política, los nuevos malvados ni siquiera tienen el consuelo de saberse en posesión de la verdad histórica. Su violencia es perversa, dice el discurso oficial, porque está desenraizada de la pacífica civilización vencedora. Pero desgraciadamente toda civilización tiene su cuota de sangre y no hay Roma sin gladiadores.

El pasado 17 de junio, el torero vasco Iván Fandiño fue mortalmente corneado en la plaza francesa de Aire-sur-l´Adour, cuando quitaba por chicuelinas al tercero de la tarde, toro de nombre “Provechito” y perteneciente a la ganadería de Baltasar Ibán. A pesar de que no faltaron miembros de la civilización pacífica que salieron a alegrarse por la desgracia ajena, tanto los profesionales (ganaderos, toreros, empresarios y periodistas) como los miles de aficionados al toreo sintieron en sus almas esa comunidad del dolor, esa solidaridad del silencio que los soldados “imperialistas” relatados por Alexievich y Junger no encontraron al regresar de sus misiones por el extranjero. 

El ritual taurómaco seguirá teniendo sentido siempre que haya personas dispuestas a jugarse la vida al ponerse delante de un toro y haya miles de aficionados que reconozcan el significado último de ese enfrentamiento atávico entre un hombre valeroso y artista y un animal fiero y noble. Sin esa comunidad de sentido, el toreo no es nada. Con esa comunidad, ya pueden aprobarse leyes y apagones mediáticos, que no desaparecerá. 

Quizás llegue el día en el que el ser humano sea capaz de abstraerse de su pasado evolutivo y garantizar derechos efectivos a los otros seres vivos que pueblan el planeta. Hasta que ese día llegue, las corridas de toros seguirán siendo una representación popular del sangriento enfrentamiento entre los hombres y los animales, un enfrentamiento que para Iván Fandiño tristemente acabó en derrota.

Publicado en La Silla Rota 

Asociaciones taurinas francesas denuncian una canción que se burla de Fandiño


En el año 2017 el mundo ya no sabe llorar la muerte de un torero…

Dos de las grandes asociaciones taurinas de Francia han pedido la intervención de la autoridad audiovisual y de la dirección de la radio pública francesa tras la emisión en esta cadena, el pasado viernes en un programa humorístico, de una canción que se mofaba de la muerte del torero Iván Fandiño.

De SOL y SOMBRA.

PARÍS. “Aunque el aspecto provocador y de mal gusto de los humoristas no puede cuestionarse por principio”, en este caso “se han superado ampliamente los límites admisibles de la libertad de expresión”, señalaron en un comunicado conjunto la Unión de Ciudades Taurinas Francesas (UVTF) y el Observatorio Nacional de Culturas Taurinas (ONCT),

En particular -añadieron- porque en la referida canción de Frédéric Fromet hay una “voluntad deliberada de ofender” y un “ataque a los sentimientos de aflicción de la familia” de Iván Fandiño, que sufrió una cornada mortal el pasado día 17 en la plaza de Aire sur Adour, en el suroeste de Francia.

Por eso la UVTF y el ONCT justificaron su petición para que, ante unos contenidos “incalificables” contra el diestro, intervenga el Consejo Superior del Audiovisual (CSA), la dirección de Radio France, así como la de la emisora “France Inter” y su mediador.

También exigieron “por el honor de la radio de servicio público y por la credibilidad de sus programas”, que haya “excusas públicas” del autor de lo que consideran una “agresión tan inmunda como gratuita”.

Y que se les dé un derecho de réplica para “hacer justicia al hombre de honor” que fue el diestro vasco, “insultado en antena”.

Recordaron que el CSA -con competencia para evaluar el respeto de las reglas que se imponen a radios y televisiones- sancionó hace más de veinte años a una emisora porque un presentador se felicitó de la muerte en servicio de un policía, un dictamen que fue refrendado por el Consejo de Estado.

“La dimensión festiva que se dio a la muerte del torero se corresponde de forma manifiesta al mismo tipo de comportamiento”, afirmaron.

Además, advirtieron de que la “profunda hostilidad” de la creación de Fromet podría generar “reacciones malsanas, incluido el uso de la violencia” en un momento en que “el activismo anti-taurino se desborda regularmente”.

En esa línea, las organizaciones taurinas se quejaron de que la radio pública “al autorizar tales derivas (…) favorece el empobrecimiento cultural que lamentamos en las jóvenes generaciones y alimenta el aumento de la intolerancia” en la sociedad.

El humorista Frédéric Fromet, que la presentó como una “canción festiva”, decía entre otras cosas en la letra: “el toro te redujo a chorizo”, “hizo de ti una brocheta española”, “hizo de ti una fantástica tortilla” o “te fuiste como una boñiga”.

Twitter @Twittaurino