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Sobre héroes y tumbas (In memoriam Iván Fandiño, 29.09.1980 – 17.06.2017)

Por Jean Juan Palette-Cazajus.

«Dense prisa…porque me estoy muriendo», intuyó el torero IvánFandiño tras la cornada, hoy hace un año. ¿Acaso es posible resumir mejor la historia de toda existencia humana? En el momento de encarar su trágico destino, Ivan Fandiño se convirtió en exacerbada metáfora de todos nosotros. «In Ictu Oculi», reza un cuadro sobrecogedor de Valdés Leal, en el sevillano Hospital de la Caridad. Esto es, «En un abrir y cerrar de ojos». Así vuela toda vida y así lo recordaban a todas horas los barrocos. Pero hemos olvidado su lección. Huye volando toda vida, pero más rápido se trunca todavía la de los héroes ¿Cuánto tiempo llevamos menoscabando el concepto de muerte heroica? La del soldado hace tiempo que ha pasado a ser un valor obsoleto, casi despreciado, propio, de épocas brutales, bárbaras y, queremos creer, pretéritas. Pero «el hombre es aquello que le falta» decía Georges Bataille. Es decir que iluso y peligroso es todo aquél que espera del ser humano cosa alguna que no termine generando carencia y frustración.

La historia nos lo ha mostrado y nos lo sigue mostrando inexorablemente: cuando una sociedad repica campanas triunfalistas, éstas sólo pueden sonar estridentes, destempladas y a la postre siempre fraudulentas. Prestemos oídos a un tañido aparentemente más modesto, en realidad todavía más ambicioso, el que postula nuestras sociedades democráticas simplemente como las menos malas en la historia humana. Sostenidas por valores definitivamente frágiles, precarios y cada vez más inciertos. Por esto son altamente temibles los yihadistas del progreso impepinable, los ciegos ante lo conseguido y los cegados por la quimera de las causas finales. Los insensatos que piensan que una sociedad se puede operar a corazón abierto. Entre los tumores por extirpar están los valores sacrificiales de la tauromaquia ¡Valores reaccionarios y brutales! consideran. Que sólo pueden entorpecer el porvenir entre algodones que nos espera. O esto creen.

En realidad nuestras sociedades sobreviven en un mundo cada día más tambaleante. Las vemos asediadas por jaurías brutales, dogmáticas y oscurantistas. No lo dudemos un segundo, se acerca el momento en que habrá que volver a aprender a morir en nombre de valores. Algunos ya lo están haciendo por nosotros. Pero, de momento, la única forma de muerte heroica, ejemplar y desinteresada que todavía conoce nuestra sociedad es la del torero en el ruedo y me atrevo a decir que el objetivo es el mismo: recordarle al ser humano que si realmente quiere seguir siendo un sujeto emergente, definitivamente extraído del magma indiferenciado de la vida animal, tiene que elegirse un destino. Y no hay destino individual sin riesgo. Siempre que rechacemos la sumisión al determinismo, a la inercia de nuestra herencia biológica. Siempre que marquemos diferencias: así, mientras el toro ni siquiera sabe que es toro, nosotros podemos elegir ser torero…o militante antitaurino. A los aficionados, los toros nos apasionan por muchas razones. Muchas razones tenemos también de sentirnos cada vez más frustrados. Nuestra fidelidad se debe a la grata certeza que tenemos de habernos apuntado a «la escuela más austera de vida», en expresión de Marcel Proust, a la misma exigencia ética que llevó quien empezara siendo un lechuguino mundano, a sacrificar su salud y su vida a la escritura de una obra excelsa.

El torero también nos lleva «En busca del tiempo perdido». El toreo, cuando es auténtico, crea por un momento un tiempo virgen, recrea el tiempo puro del Ser, provoca una efímera fisura en el espacio-tiempo. Por esto, cuando muere el torero, es de los pocos que merecen acceder al aura intemporal de los héroes homéricos. No nos engañemos, cuando hablamos de la dimensión «sacrificial» de los toros no nos referimos a la muerte del animal. La pasión que lleva el aficionado a la plaza es la conciencia de que la vida del torero es «Pasión». Él es el único sacrificado en el ruedo. Y no solamente cuando muere, sino tantas veces como hace el paseíllo, tantas veces como sabe que puede morir. Extraño oficio que ve la conversación habitual con la muerte elegida a modo de singular rutina.

Y es así porque el lenguaje es el genitor de nuestro destino y la placenta que alimentó nuestra condición. Y no le busquemos más destino a ninguna especie viva fuera de lo que sea capaz de contar de sí misma. Por esto la muerte es patrimonio exclusivo de nuestra especie y el Ser-hacia-la-Muerte definición privativa del individuo humano.

La evolución primero, la capacidad simbólica del hombre y la selección ganadera después, hicieron de las astas del toro de lidia el más expresivo vector de la muerte trágica. El toro es el mejor «eidós» de la muerte, su forma-idea mejor representada y expresada. En la embestida del toro bravo no percibimos el movimiento sino sólo la amenaza y el peligro. Sus astas dibujan en el espacio un programa perforante que aterra las carnes. Las heridas por asta de toros suelen ser devastadoras. Las de Iván Fandiño lo fueron en grado extremo. Nosotros, que somos naturaleza, hemos humillado la naturaleza y la hemos devastado. Esto quiere decir que nos hemos convertido también en seres humillados y devastados. Por esto el asta letal del toro destroza las carnes pero devuelve sus víctimas a la inocencia y a las zonas del alma que sólo conocieron los pueblos primeros. El torero muerto nos devuelve al mundo de sentimientos y al tipo de imaginación que alumbraron los mitos fundadores.

Hay otra modalidad de fatalidad mortal cuya perspectiva me aterra particularmente por su atroz mediocridad. Me refiero a la más frecuente en nuestra sociedad, el accidente de tráfico, carente de toda grandeza, carente de toda significación, carente de toda finalidad pero tranquilamente metabolizado por nuestras sociedades, mientras la muerte del torero escandaliza a los atolondrados. El accidente, que reduce la realidad humana a su peor inexistencia aleatoria, al amasijo de carnes sanguinolentas y de chatarra humeante. No solamente se pierde la vida en aquellas ocasiones sino la pertenencia a la humana condición. La sangre sucia en el asfalto entre cristales rotos y restos orgánicos nos retrotrae a la insignificancia cósmica del caracol aplastado que cruje bajo el zapato.

Las almas piadosas que han venido diciendo que la muerte de Iván Fandiño era gratuita no estaban interesadas en conocer la diferencia entre el accidente y la tragedia. Gratuita, la muerte de Iván lo fue en el sentido oblativo, fue su último regalo. Por esto la muerte del torero aparece realmente crística. Nos redime a todos y a todos nos engrandece. Incluso a los cínicos.

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En la plaza de Las Ventas, con Iván Fandiño en el recuerdo

Fortes brindó su primer toro a la memoria de Fandiño. PLAZA1.
Fortes brindó su primer toro a la memoria de Fandiño. PLAZA1.

Por Alejandro Martínez.

A las siete y cinco minutos de la tarde, justo al finalizar el paseíllo, en la plaza de toros de Las Ventas se hizo el silencio. Los toreros, desmonterados; el público, en pie. Un minuto de mutismo sepulcral y emociones contenidas para rendir tributo a Iván Fandiño, héroe y artista, muerto en las astas de un toro, justo hace un año, en el coso francés de Aire sur l’Adour. Un año ya sin Fandiño. Parece mentira.

Pero no fue el único homenaje de la tarde en honor y recuerdo del torero de Orduña. Dos de sus compañeros, Fortes y Álvaro Lorenzo, brindaron uno de sus respectivos toros al cielo. Y seguro que ambos, y también el tercer integrante de la terna, Joaquín Galdós, se vistieron de toreros con la idea de homenajear a su compañero con muleta y espada. No pudo ser. Y es que, al final, ese minuto de silencio inicial en recuerdo de Iván Fandiño fue, sin duda, lo más emotivo y destacable de la tarde.

Los culpables de tan pobre espectáculo fueron, sobre todo, los toros de Fermín Bohórquez. Había cierta expectación por ver lidiar a pie una corrida con este hierro, habitual en los festejos de rejoneo. Pero la expectación se tornó en total decepción conforme fueron saliendo, uno a uno, por chiqueros los seis astados enlotados. ¡Qué corrida más blanda y descastada, Dios mío! Un verdadero fraude para todos aquellos aficionados deseosos de regresar a casa repletos de emoción. Eso sí, pese al insufrible juego de los toros de Bohórquez, el mayor culpable de tan lamentable espectáculo fue el presidente Justo Polo. Sin inmutarse, e ignorando las sonoras y reiteradas protestas de los aficionados, el usía mantuvo en el ruedo varios inválidos y no los devolvió, como merecían, a los corrales.

Y así pasó; luego, los toreros no tuvieron la más mínima opción de lucimiento. Fortes, que quedó inédito, fue el más perjudicado por la afrenta presidencial. Sus dos toros fueron exactamente iguales: tan nobles como inválidos. Dos animales a los que apenas se picó y que, aún así, llegaron al último tercio absolutamente desfondados, como borrachos. Cansado de que sus oponentes perdieran las manos, y entre los gritos de enfado e indignación de los espectadores, el torero malagueño no tuvo más remedio que tirar por la calle de en medio y tomar la espada.

Dentro del desastre ganadero hubo dos ejemplares, tercero y quinto, que, a pesar de su innata sosería, al menos tuvieron algo de movilidad. En el país de los ciegos, el tuerto es el rey. Frente a ellos, ni Álvaro Lorenzo, ni Joaquín Galdós lograron decir nada. El primero, que nada pudo hacer ante el blando y descastado segundo, no se acopló en ningún momento al quinto, perdió pasos reiteradamente y no ligó dos muletazos seguidos.

Y peor fue lo de Galdós. El peruano no sólo se mostró acelerado y mecánico con su primer enemigo, sino que en un ejercicio de pasmoso ventajismo, se dedicó a citar siempre fuera de cacho y a retrasar la pierna contraria, descargando la suerte. Además, tras pinchar en tres ocasiones al sexto, desistió en su obligación de matar al toro con el estoque y recurrió al descabello.

¡Qué falta de ambición y torería!

BOHÓRQUEZ / FORTES, LORENZO, GALDÓS

Toros de Fermín Bohórquez, correctamente presentados (salvo el cuarto), nobles, flojos y descastados. Algunos, como primero y cuarto, inválidos.

Fortes: pinchazo y estocada corta (silencio); bajonazo (silencio).

Álvaro Lorenzo: estocada baja y trasera (silencio); pinchazo y estocada algo desprendida (silencio).

Joaquín Galdós: estocada ligeramente desprendida y atravesada (palmas y sale a saludar); tres pinchazos y seis descabellos (silencio).

Plaza de toros de Las Ventas. Domingo 17 de junio. Menos de un cuarto de entrada (8.874 espectadores, según la empresa). Se guardó un minuto de silencio en memoria de Iván Fandiño en el primer aniversario de su cornada mortal.

Publicado en El País

SENTIDO HOMENAJE A IVÁN FANDIÑO EN ORDUÑA

De SOL y SOMBRA.

Tarde tristemente histórica en la plaza de toros de Orduña para presenciar el festival en homenaje al fallecido Iván Fandiño. Los 1,000 afortunados que pudieron adquirir su localidad en el pequeño ruedo donde se forjó el diestro vizcaíno disfrutaron de un soleado e emotivo festejo taurino. Entre los asistentes, destacar que a excepción de algunos aficionados de Bilbao y sus alrededores, la gran mayoría eran vecinos de la localidad.

Como es tradición, los acordes de la tarde corrieron a cargo de la Banda Municipal de Orduña, que tras un “aurresku” de honor entonó la banda sonora de la película “La Misión “, que finalizaría con sentida ovación de aplausos.

Es de destacar, que por la mañana, la cantante Inma Vilches, íntima amiga de Fandiño, ofreció un concierto gratuito en la Plaza de Toros. Posteriormente en las inmediaciones del coso se realizó la inauguración del busto erigido en homenaje al matador.

El festejo:

Diego Ventura. Toro de José Luis Pereda de nombre Rellenito: Tras brindar el toro al cielo, apareció sobre la arena una res lenta, sin recorrido desde los primeros compases, y al que Ventura colocó dos rejones de castigo. Levantó magníficamente la lidia en el tercio de banderillas, templando al toro y demostrando su dominio del caballo. A pesar del trasero rejón de muerte que colocó, el Portugués logró una oreja tras petición.

Enrique Ponce. Toro de Garcigrande de nombre Aireado: Toro con planta para Ponce que a pesar de perder las manos en dos ocasiones humilló en el capote y se empleó con fuerza en el caballo. Desastrosos dos pares de banderillas que prosiguieron con un brindis a la plaza y su gran amigo. Arte y emoción es lo que el valencianotransmitió en cada pase. Por izquierda y por derecha, al natural o ayudado… sin duda la lidia más hermosa que la ciudad de Orduña recuerde. Pero en el último tercio pinchó, dejó un cuarto de estocada y finalizó a la segunda con el verduguillo. Ovación para Ponce que saludó desde el centro del ruedo.

Curro Díaz. Toro de Cayetano Muñoz de nombre Ruiseñor: Rápida presentación con el capote y en el caballo. Tercio de banderillas de trámite y muletazos altos con numerosos enganchones. En su sobria actuación en la que únicamente hay que reseñar un susto en el tercer molinete que el de Linares realizó. Dejó media estocada eficaz que propició una leve petición de oreja. El generosísimo presidente se la concedió.

“El Fandi”. Toro de Torrealba de nombre Templado: Morlaco de 3 años y medio que “El Fandi” recibió con una larga cambiada de rodillas. Tumbó el toro al caballo en su única entrada y tras ello el granadino se lució con el capote. Vitoreado por el público, él mismo colocó cuatro majestuosos pares de banderillas, poniendo en pie la plaza. Hubo bronca con presidencia, ya que en el tercer par ésta había cambiado de tercio. Comenzó de rodillas junto al burladero sur; burladeros que como novedad presentaban un estampado del característico logo del león de Fandiño. De los molinetes a los estatuarios, el granadino mostró lo mejor de su repertorio bailando con el Torrealba al son de la música. De rodillas y con hermosos desplantes, “El Fandi” fascinó a una entregada plaza. En el tercio de muerte hundió la espada, ligeramente baja eso sí, y finalizó descabellando a la tercera. El presidente no se olvidó del desacato en el tercio de banderillas y a pesar de la sonora petición para la segunda oreja, esté solo le entregó un trofeo.

Ivan Abasolo. Toro de Jandilla de nombre Malechor: En su cita más importante, jugándose el todo o la nada ante su público, el torero Orduñés comenzó la lidia delicadamente a verónicas. Se entregó el toro en su entrada al caballo pero perdió las manos a su salida. Mal tercio de banderillas que Abasolo presenció con nerviosismo. Con la muleta éste sacó una buena segunda serie por la izquierda, pero no consiguió ligar. Pinchazo y estocada trasera pero suavecita que le sirvió para lograr una oreja. Lidia plana que le deparará incertidumbre al matador en su carrera profesional.

José Rojo. Toro de Mollalta de nombre Jornalero: El novillero de trujillano recibió al toro a Porta gayola con gaoneras, imitando lo que hizo su maestro en el año 2011 en Pamplona. Después de enganchar el capote de Rojo, dos veces entró la res al caballo. Tras el desastroso tercio de banderillas en el que uno de los banderilleros se llevó una voltereta, José Rojo puso toda la carne en el asador. Su excesiva valentía unida a falta de técnica fruto de su juventud tensionó los tendidos que ya lucían sombra casi en su totalidad. El toro no le acompañó durante la lidia, pinchó en la primera, dejó media estocada trasera y descabelló a la octava. Aplausos con saludo para animar al joven novillero.

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Solo para Villamelones: Siempre Libres…

Por Manuel Naredo.

Cuando el 17 de junio del año pasado, sobre la arena de la plaza de Aire Sur L´Adour, Iván Fandiño quedó a merced de aquel toro que le empitonó cuando lanceaba con el capote, se volvería aún más clara la enorme gesta, la épica historia, de un torero vasco que luchó siempre contra corriente.

Es una historia de fuerza y valor que ya se conocía, pero que acaso no se transparentaba del todo, más allá de los corrillos cercanos a su personal y callado mundo de lucha: las puertas que se cerraban, el extraoficial boicot de las figuras, el cobro de cuentas para un torero que nunca quiso ceder a los intereses de las familias que dominaban, y dominan aún, el mundo del toreo.

En aquella lucha, el diestro nacido en Orduña contó siempre con una segunda mano incondicional, fiel como ninguna, y seguramente tan valiente como él; un enjuto alcarreño, apenas unos años mayor, que había intentado ser torero y se había conformado con hacerse parte del mundo de la mercadotecnia: Néstor García.

El mismo Néstor ha asegurado que si Fandiño hubiese nacido en Sevilla quizá otra hubiese sido la historia. También la hubiese sido si las riendas de un torero de las dimensiones del vasco hubieran sido atendidas por algún representante de las casas empresariales que dominan el negocio, pero el caso fue que se trataba de un hombre de carácter inquebrantable, ideas fijas y persistencias al límite.

Así que Fandiño y García hicieron una mancuerna indisoluble y anduvieron el camino de cardos con la frente en alto y con una necedad a toda prueba, haciendo de algunas plazas su emporio, y obligando a las empresas a hacerles compartir paseíllo con figuras que, en otros sitios, no se juntarían con ellos. Bilbao, Pamplona, Zaragoza y algunas en Francia, fueron ejemplo claro de ello.

La carrera de Fandiño, no ausente de sinsabores y descalabros, aunque siempre de la mano de Néstor, alcanzó alturas que seguramente despertaron molestias, y fue aderezada con detalles, de mayor o menor calado, que también le dieron forma: Su silencio en el rincón de siempre en el patio de cuadrillas, el perfilarse a matar sin muleta, o convertirse en el único alternante capaz de no brindar la muerte de alguno de sus toros al mismísimo Rey Juan Carlos de Borbón, en la corrida de la Beneficencia, en Madrid.

Meses después de la partida de Fandiño, Néstor García presenta este próximo lunes, en el madrileño teatro de Bellas Artes, un libro biográfico sobre el torero vasco con el título de “Mañana seré libre”. Ahí, repasa la vida de quien fuera, más que su poderdante, su amigo íntimo, y desvela las muchas piedras de ese camino que recorrieron juntos y que le ha convencido de poner distancia definitiva del mundo del toro.

Fandiño es el último héroe del siglo veintiuno”, ha dicho García, quien ha comparado al negocio taurino con la mafia siciliana, recordando los muchos pasajes de una historia que no puede entenderse sin el binomio que conformó con Iván. Un binomio, una sociedad inquebrantable, una lealtad a toda prueba, que no pudo romper, si acaso, mas que la propia muerte.

Medio kilo de papel, editado por el propio autor en clara muestra de su independentista carácter, de veinte euros de costo, con la foto del torero de terno ensangrentado en la portada y dedicado a esa niña que se quedó hace unos meses sin padre, y que debe saber que proviene no de un mártir, sino del que fuera el último héroe del siglo que vivimos.

Publicada en el Diario de Querétaro

«El Juli ha sido el torero que más daño ha hecho a la carrera de Iván. Él y lo que manejó»: Nestor García

Nestor García momentos antes de la entrevista - Belén Díaz.

«Iván Fandiño fue un icono y un modelo a seguir, el último héroe del siglo XXI» El apoderado del torero le rinde homenaje en un emotivo libro.

Por Inés Martín Rodrigo.

La valentía, el coraje que se necesita para ponerse delante de un toro no es comparable al arrojo de escribir un libro. Pero la literatura también requiere agallas, y el miedo a la página en blanco sólo lo comprenden quienes lo han experimentado. Por eso el caso de Néstor García (Guadalajara, 1974) es aún más meritorio. Compañero leal, durante dieciséis años, de Iván Fandiño (1980-2017), el 17 de junio de 2017 se detuvo el tiempo para él. El corazón del torero se paró y el de su apoderado se desgarró. Hoy, aunque la herida sigue abierta, sangra con menos intensidad. Y lo hace gracias a las palabras. Esas que ha escogido para rendir homenaje a Fandiño en«Mañana seré libre», un libro que recoge su historia y engrandece al mito.

—¿Por qué decidió escribir el libro?

—Lo decidí hace mucho tiempo, incluso antes de que todo ocurriera

—¿Se refiere a la muerte de Fandiño?

—Sí. Siempre tuve pensado escribir un libro y contar nuestra historia. Lógicamente, el desenlace trágico lo precipitó. He conseguido escribir el libro que quería escribir, y eso me da mucha paz.

Si tuviera que explicarle quién era a alguien que no le conoció, ¿qué diría?

—Fue un héroe, porque los héroes no nacen; los héroes son personajes que en función de las circunstancias que les tocan vivir consiguen hacer de su vida una heroicidad permanente. Si Iván hubiera nacido en Sevilla y se hubiera apellidado de otra manera, a lo mejor no hubiera tenido la necesidad de ser héroe. Pero nació en Bilbao, no tuvo un biberón de plata, y se tuvo que adaptar a sus circunstancias. El hecho de ser vasco ni le benefició internamente ni mucho menos externamente.

—Y menos aún en el mundo del toro.

—Sí, porque es el primer caso en la historia que sale un torero del norte de España con esa proyección. Incluso decidió no brindar un toro al Rey en la Corrida de Beneficencia por una cuestión personal y se achacó a su independentismo, cuando a Iván no le interesaba la política. Aquel brindis nos hizo mucho daño, se buscaron cosas rarísimas.

«El Juli ha sido el torero que más daño ha hecho a la carrera de Iván. Él y lo que manejó»

El libro está lleno de anécdotas y, precisamente, una de ellas está sacada de aquella tarde. En el palco, Don Juan Carlos les dijo a Fandiño y El Juli: «Qué cerquita os habéis puesto, con lo mal que os lleváis en la plaza».

—Sí, cuando subieron los tres toreros a cumplimentar en el palco hubo un momento de tensión en el que nadie sabía qué decir y el Rey, haciendo gala de un gran dominio de las distancias cortas, dijo eso.

—¿Se llevaban mal en la plaza?

—El Juli ha sido el torero que más daño ha hecho a la carrera de Iván. Él y lo que manejó. Él ha sido abanderado de una generación e Iván sufrió eso.

—¿Quiere eso decir que había vetos? ¿Las grandes figuras se negaban a torear con Fandiño?

—Ha toreado con todos, pero en las plazas donde él mandaba tanto o más que ellos: Francia, Bilbao, Pamplona… Fuera de ahí, no ha toreado con ninguno.

—¿Por qué?

—Todo lo que digo en el libro es demostrable. Lógicamente, no puedo decir que hubo un veto cuando no tengo un documento que lo diga, pero tampoco hace falta ser muy inteligente… Es el caso más dramático de la historia del toreo porque, durante tres temporadas, Iván dominó el escalafón y, sin embargo, le cerraron el paso. Iván fue un rebelde, en el toro y en la vida. En una sociedad tan clasista como la que vivimos y en una profesión si cabe más clasista todavía, la rebeldía no se permite.

Habla de una profesión clasista… En el libro compara la estructura del toreo con la mafia siciliana.

—Hablo del modelo organizativo. No hace falta más que analizar el toreo. Las grandes plazas, ¿en manos de quién están? ¿Y de quién llevan estando 40 años? Las grandes familias, y hablamos ya de tercera y cuarta generación, siguen dominando el toreo como lo dominaban hace 50 años.

«La estructura organizativa de la tauromaquia es muy similar a la de la mafia siciliana. No hace falta más que analizar el toreo»

¿Pesan más los intereses económicos que el arte del toreo?

—Pesan los intereses particulares y, en la mayoría de los casos, económicos, sí. Que salga un torero desde la independencia total y pueda exigir ciertas cosas que entre ellos no dominan, es una resta económica para ellos.

¿Quiénes son ellos?

—Las grandes casas empresariales que dominan el toreo, los Chopera, los Lozano… Durante tres años no pudieron dominar a Iván y cuando Iván hizo una apuesta definitiva y le salió mal sufrimos toda la venganza.

—¿Se refiere a los seis toros de Las Ventas?

—Sí, todos los enemigos utilizaron aquello como arma arrojadiza, movieron todos sus tentáculos empresariales, periodísticos…

—¿Esos enemigos volvieron a aparecer tras su muerte?

—De momento no, todavía no han tenido valor. La muerte es algo que en el mundo del toro se respeta todavía, pero no tardando mucho aparecerán.

—¿Iván tenía miedo a la muerte?

—No lo sé.

«Fandiño murió de la mejor manera que podía morir, yo al que echo de menos es a Iván»

—¿No hablaron nunca de ella?

—Yo con Iván he pasado 16 años muy intensos y hemos hablado de casi todo. Pero, cuando ocurrió todo y me preguntó la familia si lo incinerábamos o lo enterrábamos, dije que nunca me había hablado de ello. Hablábamos de la muerte, pero no de la suya.

Relacionada con el mundo del toro.

—Sí, pero nunca de la suya. Y, sin embargo, él la tenía muy presente porque hace cuatro o cinco meses descubrimos una carta que había escrito despidiéndose de todo. La llevaba en su maleta personal siempre. Pero su muerte no es un tema del que habláramos nunca.

En esa carta, él le pide que cuide de su hija y, precisamente, en este libro usted le dedica una carta a la niña en la que dice que su padre no fue un mártir, sino un héroe, y que no le pregunte cómo murió, sino cómo vivió.

—Sí, es que intento no pensar en lo que pasó después. Yo he tenido la suerte de disfrutar de Iván mucho tiempo. Su padre fue tan importante y tan grande como para recordarle por todo lo que hizo en vida. Quizás este libro es mi último contacto con esta profesión.

—¿Eso lo tiene claro?

—Clarísimo.

—¿No hay nadie que le pueda convencer?

—Si hubiera tenido él un hijo que hubiera querido ser torero, pero como eso no ha ocurrido… Y haré todo lo que pueda por apartar a mi hijo de la profesión. Igual que a él lo llamaron grandes casas y nunca se planteó irse, yo tampoco me lo planteé nunca. Lo que vivimos fue tan insuperable que cualquiera a quien apoderara se iba a quedar muy lejos.

«El médico me tuvo que repetir siete veces la noticia. Como la cornada no fue con sangre, porque la sangre era interna, casi ni me asusté»

Imagino que en su memoria tiene grabada cada hora de aquel 17 de junio.

—Le voy a contar una cosa que no le he contado a nadie: hay cinco o seis momentos de aquel día en los que perdí la memoria, no me acuerdo de nada, momentos en los que me traslado de un sitio a otro del hospital y no sé cómo llegué allí. El médico me tuvo que repetir siete veces la noticia y yo le decía siempre que no lo entendía. Nunca tuve conciencia de que eso fuera a ocurrir. Como la cornada no fue con sangre, porque la sangre era interna, casi ni me asusté. Nunca se me pasó por la mente que aquello pudiera ser trágico.

—Nunca pensamos que los toreros mueren de verdad.

—Sabes que está ahí, pero crees que no te va a tocar a ti. Fandiño murió de la mejor manera que podía morir, yo al que echo de menos es a Iván.

«La sociedad está desnaturalizada en general. Damos más valor a un animal que a un hombre»

¿Hacía falta una muerte para dar más valor al toreo, en un momento difícil, en el que se reciben tantos ataques, tantas amenazas?

—La sociedad está desnaturalizada en general. Damos más valor a un animal que a un hombre. Yo no entiendo las asociaciones animalistas mientras mueren personas en el tercer mundo. Cuando me llamaron para plantear la posibilidad de denunciar algunos ataques en redes sociales, me negué porque a mí no me afecta que alguien con seudónimo diga una salvajada; me duelen bastante más las reacciones del toreo por dentro, porque esas sí son controlables.

—¿Qué momento va a guardar para siempre de la relación que tuvieron?

—Muchos, no podría decir uno. Los principios fueron los más bonitos. El primer apretón de manos lo recuerdo bien, el brindis que me hizo el día de la alternativa, su boda, la tarde de antes de su muerte hablando de qué piscina pondría en su finca… Él delegaba todo en mí, se murió sin saber el dinero que tenía, las cosas que tenía, yo era administrador único de sus empresas, compraba pisos y no sabía que los había comprado…

—¿Ha borrado sus mensajes?

—Los tengo, los tengo.

—¿Cómo le gustaría que fuera recordado Iván Fandiño?

—Como un hombre que rompió todas las barreras que le pusieron, que consiguió lo que se propuso, que abanderó una forma de vida de la que después muchos se han beneficiado… Es el último héroe del siglo XXI. Todas las zancadillas que le pusieron las superó y fue capaz de hacer lo que él quiso. Desafió a todo y a todos y fue un hombre en lucha permanente contra él mismo, y contra todos. Gente como él hace que la vida tenga sentido. Fue un icono y un modelo a seguir.

Publicado en ABC

Plaza México: Lección de vergüenza torera de Juan Pablo Sanchez 

Juan Pablo Sánchez ante un imponente toro de Torreón de Cañas.

Por Juan Carlos Valadez –  De SOL y SOMBRA.

Fermín Rivera sufrió un duro revés en la Plaza México y si el escándalo no fue mayúsculo, fue porque la plaza se encontraba semivacía. Rivera escucho los tres avisos en una estrepitosa manifestación de incompetencia torera y en una tarde que quizás vaya a ser recordaba como el mayor fracaso de su vida.

La plaza registro una entrada muy floja.

Un desconocido Fermín Rivera capoteó regular a sus dos astados y les aplicó sendas faenas pretenciosas con accesorios superfluos, pero sin una mínima técnica que posibilitara el toreo fundamental que alguna vez nos ilusionó de este torero, hoy por el contrario las series fueron reiterativas, interminables y destempladas.

Homenaje al recuerdo de Ivan Fandiño. Lo malo han sido las hechuras y el tipo de mulo del astado de Torreón de Cañas.

Pero el escándalo se produjo en el quinto, un mulo sin muchas hechuras para embestir de la ganadería de Torreón de Cañas que desarrolló cierta manejabilidad de inicio, pero al que Fermín no le ligaba los pases, o si se los ligaba, no los templaba y solía resolverlos con enganchones.

El toro tras un buen inicio se vino a menos muy rápido y cuando se marchó a la barrera para tomar la espada de verdad, Rivera ya iba marcado por el estigma del fracaso. Volvió, y se puso a pinchar al irse descaradamente de la suerte, sonaron los avisos, no acertaba con el descabello, gritos a la cuadrilla, desesperación y finalmente le sonaron el tercer aviso.

Desencajado se metió al callejón y ahí se tapó después de una escandalosa e injustificada falta de respeto al público y a su profesión, que no hay que olvidar es la de matador de toros.

La lección de vergüenza torera la dio Juan Pablo Sánchez con su primer toro al que le hizo una faena de menos a más, pisando terrenos muy comprometidos. Fue en esos terrenos donde consiguió ligar algunas series con muletazos hondos y emotivos. Señaló un estoconazo y la oreja que le dieron era de ley.

¡Extra! Un toro en La México.

Su faena al sexto transcurrió con algunos altibajos, pero es que el toro de Torreón de Cañas no valía nada y aun así Sanchez se jugó alegremente la vida con pundonor y una generosa entrega.

El respeto al público durante toda la tarde fue algo importante que había que agradecerle a este torero de dinastía, que estuvo muy por encima de un lote muy complicado.

Pero si Sánchez triunfó y Rivera fracasó, la ganadería de Torreón de Cañas también tropezó, ojo no en la presentación porque tres de los cuatro toros lidiados tuvieron el suficiente trapío para una plaza de primera categoría, el fracaso estuvo en el juego que dieron sus reses en líneas generales.

Flojos y descastados sería el resumen de los cuatros toros lidiados, tres de ellos del encaste Domecq  y uno de Saltillo que decepcionaron al poco público asistente. No hubo en niguno de los toros esa nobleza encastada que todos esperábamos.

Abrió el festejo el rejoneador español Andy Cartagena que ha tenido una actuación con dos toros de José Mª Huerta más digna de un espectáculo cirquense, que de rejoneo.

Si Cartagena se dedicara al rejoneo con la misma atención que presta en implorar aplausos, sus actuaciones quizás tendrían mejor calidad. Pero ayer solo lo vimos torear al público y cortar una oreja protestada que el mismo presionó para que el juez se la concediera.

Cartagena decepcionó, no metio gente y además corto una oreja protestada que el mismo presiono para que se la otorgarán como se puede ver en la foto.

Por eso entre tanto show y pinchazos  destacó la verdad y el valor seco de Juan Pablo Sánchez, uno de los pocos toreros mexicanos que junto a los nombres de Sergio Flores y otros dos más, podrían revalorizar a nuestra alicaída baraja taurina.

Twitter @Twittaurino 

“Mañana seré libre”, la obra sobre Iván Fandiño


Por Rosario Pérez.

 No sé si la tristeza tiene voz ni si la amargura posee tono, tampoco sé si la pena se ahoga en lágrimas o son las lágrimas las que se ahogan en ella. Pero la noche del viernes (en una noche que se alarga desde el 17J) tenían nombre y apellido: Néstor García. Al filo de las nueve, esa tristeza, esa amargura y esa pena eran suyas. Recibí su llamada antes de entrar en el concierto de Loquillo, acompañada por mis amigos Maxi y Lucas. El eterno apoderado de un torero para la eternidad me contó que acababa de terminar su libro en homenaje a Iván, así, a secas, como suele llamarlo, y me envió la portada y la contraportada por whatsapp. Me impactaron mucho.
Hablamos sobre la crudeza de relatar la verdad del toreo y Néstor me comentó que él se había planteado desde los inicios escribir una obra sobre Fandiño (verá la luz en febrero), pero nunca con ese trágico final. La trayectoria del torero, de puño y letra de quien más y mejor lo conoció, y que tal vez haya sido lo más cercano a una terapia frente al desconsuelo, ese que solo halla cierta calma en la sonrisa de su pequeño Álvaro y en la purasangre Fandiño que es Mara. Solo ellos, dice, le ayudan a recomponer las piezas de “un yo” roto de dolor.

Entre la multitud, Maxi, Lucas, su amigo Iván -que nos salvó de la cola con un saleroso “paripé”- y yo accedimos al concierto del “hombre de negro”. Sus clásicos retumbaban en el Palacio de los Deportes, rebosante como tantas tardes de Fandiño en la Monumental de las Ventas, como ese 29M de seis hierros legendarios que la figura de Orduña ¡quería repetir!

Cuando sonó una de las favoritas, entre el toreo de salón de Maxi y quizá por la conversación reciente, mi mente recordó el tándem Néstor-Fandiño, “una alianza sin fisuras en hermandad y lealtad”, reza la contra. Mientras escuchaba aquella letra, pensé que “Mañana seré libre” (brutal y magnífico título) debe de ser algo así como la memoria de esos jóvenes de otrora, la memoria de un apoderado en el retiro, que ya no tiene dónde, que ya no tiene a su porqué. La memoria de alguien que vivió al filo, que no quiso formar parte del sistema al uso, la memoria de un hombre que quiso marcar la diferencia, que hoy vive “al norte del futuro y al sur de la esperanza”. “Mañana seré libre” debe de ser algo así como la memoria de un hombre que caminó “por la cuerda sin hacer reverencias”.

Siempre nos quedarán José María Sanz, Madrid y sus calles, los toreros, esos “locos sueltos” que viven sin límites el arte, esos que nos ganaron la partida como Joselito a Belmonte en Talavera. Al común de los mortales nunca nos matará un toro. Ni nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto. Nosotros no somos héroes, somos espectadores de quienes se atreven a soltar riendas y cabalgar hasta la eternidad, sin atajos ni “paripés”.

“Mañana seré libre” no es solo su memoria, es la memoria de dos que fueron uno, de dos mitades que caminaron “sin aliados por reinos conquistados” (Loquillo canta), que amaron el toreo como lo soñaron “y lo soñaron siempre armados”. Armados de libertad, esa que ya le pertenece a un superhombre: Iván Fandiño.

Publicado en ABC Blogs

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